PP y PSOE, dos monedas de la misma cara


Un pequeño trabajo en el que he tenido la oportunidad de participar recientemente sobre la percepción de los votantes y de los medios de comunicación acerca de lo que es y lo que puede llegar a ser UPyD, me ha llevado a reflexionar sobre la cuestión del bipartidismo imperfecto PP-PSOE (o PPSOE, según la nomenclatura cada vez más extendida y a cuya extensión aporto mi granito de arena) al que parece que habíamos llegado como culminación de tres décadas de régimen democrático.

Desde un punto de vista puramente numérico, hay que decir que el avance hacia el bipartidismo no ha sido continuo desde la pronta desaparición de la UCD, en el año 1982. Vemos en la gráfica como en ese año 1982 la suma de los votos de PSOE y AP para el Congreso de los Diputados llego a ser casi el 75% (concretamente el 74,47%), pero esa cifra bajó de modo considerable durante los años 80,  al 70,03% en 1986, cuando el CDS de Afolfo Suárez llegó a tener el 9,22% de los votos y 19 escaños, y llegando a un mínimo del 65,39% en 1989, año en que IU, fundada en 1986, obtuvo el 9,07% de los votos y 17 escaños, mientras que el CDS se mantenía con el 7,89% y 14 diputados.

A partir de principios de los 90 la cosa cambió, evolucionando ya de modo decidido hacia el bipartidismo imperfecto, primero con la práctica desaparición del CDS tras abandonarlo Suárez en 1991, y luego con el rápido descenso de IU tras retirarse Julio Anguita en 1996, año en el que consiguieron sus mejores resultados: 10,54% de votos y 21 escaños.

A partir de esa fecha y hasta las elecciones del 2008, la suma de los votos de PP y PSOE se incrementó de modo más que notable, hasta alcanzar un máximo ese año del 83,81% y un número de diputados de 169 el PSOE y 154 el PP. Es decir, 323 diputados entre los dos, el 92% del total. De los otros 27 diputados, dos eran de IU, uno de UPyD (es el año en que Rosa Díez entró en el Congreso) y los 24 restantes de los partidos nacionalistas habituales, casi todos de CiU (10) o PNV (6).

Pero al mismo tiempo o poco después, como cosa única en los más de treinta años del actual régimen democrático, los dos grandes partidos gobernaban en casi la totalidad de las comunidades autónomas, incluidas las de mayor tradición nacionalista: en Cataluña con el tripartito PSC-ICV-ERC, entre los años 2003 y 2010, con los socialistas Maragall y Montilla como Presidents, sucesivamente, y en el País Vasco, a partir de marzo de 2009, con el socialista Patxi López como Lehendakari, apoyado por el PP. Ese año de 2009, tan sólo dos comunidades autónomas con poco peso no tenían un presidente que no fuera del PP o del PSOE, aunque los dos grandes partidos sí participaban en sus gobiernos: Cantabria, donde Miguel Revilla, del PRC, formaba gobierno de coalición con el PSOE (aunque fue el PP el que ganó las elecciones), y Canarias, donde Paulino Rivero, de CC, gobernaba con el apoyo del PP (que también había ganado las elecciones). Y, en cuanto a las capitales de provincia, tan sólo en Bilbao y en Santa Cruz de Tenerife había un alcalde que no fuera del PP o del PSOE.

Y qué decir de los medios de comunicación, perfectamente definidos a favor de uno u otro partido, tanto la prensa como las emisoras de radio y las cadenas de televisión, alguna incluso creada expresamente para hacer de altavoz del entonces partido gobernante. O del reparto de los jueces del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial, con las consabidas etiquetas de “progresistas” y “conservadores”, más alguna concesión a los nacionalistas. O de los consejos de administración de las cajas, o de la infinidad de empresas públicas, fundaciones y demás excrecencias de la Administración, creadas sobre todo para colocar a los afines sin que tengan que pasar por las urnas ni por un proceso de selección.

Esta Administración hipertrofiada y confundida hasta el punto de ser casi indisociable con los dos principales partidos políticos más sus cómplices nacionalistas (y con la habitual complicidad de IU con el PSOE, muy pocas veces cuestionada, que lo convierte en poco más que su “ala izquierda”) es el régimen bipartidista imperfecto que conocemos. Quizás algunos pensaban que iba a durar para siempre, pero el terremoto que  está sacudiendo nuestro mundo occidental desde hace al menos cuatro años está poniendo todo en cuestión.

Y, lo primero que habría que cuestionar, en este caso, es la realidad del mensaje que ambos partidos quieren transmitir a los ciudadanos españoles, el de que son partidos complementarios y además suficientes para cubrir todo el espectro político. Es decir, que las etiquetas de “progresistas” y “conservadores” que se autoasignan (aunque en el PP prefieren definirse como de “centro reformista”) bastan para cubrir todas las opciones políticas. Y si hace falta hacer guiños al nacionalismo para tapar algunos huecos, pues se hacen, cada vez con menos esfuerzo. Vamos que, en realidad, las etiquetas con las que pretenden autodefinirse no son más que eso, etiquetas sin contenido, quizá reminiscencias de un pasado en el que sí tenían algún significado.

Porque los dos grandes partidos, PP y PSOE, buscan exactamente lo mismo: imbricarse en todos los niveles del poder municipal, autonómico y estatal, en todos los organismos públicos, semipúblicos o participados, en el poder judicial, el financiero, el económico y en los medios de comunicación, y convertirlos en algo indisociable de ellos mismos. Vamos, lo que es un régimen de partido, sólo que no de partido único, como sucedió en México durante setenta años con el PRI, sino de dos partidos que se alternan y se entremezclan, pues son muchos los ámbitos de poder y hay tarta de sobra para repartirse.

Pero todo se acaba, y este régimen bipartidista imperfecto en el que el PP y el PSOE no se hacen la oposición sino la competencia, mostrando a todo el que quiera verlo que no son dos caras de la misma moneda, que es lo que se dice cuando sólo puedes ver una u otra, pero no las dos caras a la vez, sino dos monedas con la misma cara, perfectamente capaces de convivir siempre que haya suficiente para repartir, aunque jueguen a que se llevan mal para guardar las apariencias, este régimen bipartidista imperfecto, decía, también habrá de tener su final.

Por de pronto, en las últimas elecciones de noviembre de 2011, ya se ha producido por vez primera en dos décadas un descenso del asfixiante bipartidismo, y no pequeño, pues se ha pasado de una suma de votos del PPSOE del 83,81% a un 73,39%, más de 10 puntos de caída, todos ellos (y más) achacables al hundimiento del PSOE. Las encuestas más recientes, tras seis meses de gobierno del PP, le dan una caída de al menos 5 puntos en intención de voto, al tiempo que el PSOE no remonta, incluso cae un poco más. Los partidos que recogen casi toda esa pérdida de votos son, por ahora, IU y UPyD.

Habrá que ver si esa tendencia se mantiene o es algo coyuntural. Pero mi impresión es que va a ser lo primero, y que aparecerán nuevos partidos políticos que tenderán a difuminar el bipartidismo ya menguante. La crisis interminable está poniendo a la vista las carencias del PPSOE, la miopía con la que se han conducido durante las pasadas décadas y que les impide ver que no estamos al borde del abismo, que hace ya tiempo que estamos en caída libre y que si no nos hemos hecho mucho daño todavía es porque aún no hemos chocado con el fondo. Una miopía que les impide, aún a pesar de la gravedad de la situación, colaborar en la salvación de aquello que ha de ser salvado. Y así vemos al PSOE, ahora que no gobierna casi en ningún sitio o, mejor dicho, que se ha quedado casi sin porción de la tarta, dedicándose a poner toda clase de obstáculos al PP, aunque sólo sea por guardar las apariencias, olvidando toda responsabilidad y convirtiéndose en un auténtico peligro para la convivencia entre españoles en estos momentos críticos. Que es lo mismo que ha estado haciendo el PP hasta hace unos meses, aunque a ellos, quizá por los habituales complejos de la derecha frente a la total deshinbición de la izquierda, se les note menos.

Pero en eso, como en casi todo lo demás, tanto da PPSOE como PSOEPP, aunque sea más fácil de pronunciar lo primero.

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2 respuestas a PP y PSOE, dos monedas de la misma cara

  1. Francisco dijo:

    Todo lo que se pueda hacer para acabar con la casta parasitaria … a por ellos!!!

  2. Lucio dijo:

    Rómpetechos mola.
    Lo demás, muy clarito, haber si nos vamos dando cuenta de como ha funcionado esto y por favor no se contagia.

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