¿Hoy tampoco “tlabajas”?


Cuando, empujado por la expansión de la burbuja inmobiliaria, hace cerca de una década me fui a vivir desde la gran urbe madrileña a un pueblo de mediano tamaño de la Sierra de Guadarrama, donde era todavía posible adquirir un piso decente por una cantidad de dinero exagerada pero no manifiestamente absurda, había en mi nuevo lugar de residencia tres negocios regentados por ciudadanos chinos, dos restaurantes y un pequeño bazar de todo a 1€. A día de hoy la población de este municipio serrano se ha duplicado respecto de la que había cuando llegué y su oferta de servicios también ha crecido de manera notable, así como su población inmigrante, que viene a ser actualmente el 15% del total.

Y aunque la población china no es precisamente la más numerosa, pues anda por detrás y bastante lejos de la marroquí, la búlgara y la rumana, las más abundantes con diferencia, y la de origen latinoamericano (colombiana, ecuatoriana, peruana y argentina) también está muy por delante, parece que no hay duda de que es la más laboriosa y a la que menos está afectando la crisis. Los dos restaurantes chinos siguen estando en su sitio, con más o menos clientes, pero además del pequeño bazar hay ahora mismo otros siete u ocho negocios regentados por miembros de esta comunidad, también relacionados con el comercio al por menor, pero en locales de gran tamaño y muy bien situados, en pleno centro del pueblo, locales que antaño estuvieron ocupados por tiendas de muebles, de ropa o por las hasta hace nada omnipresentes inmobilarias.

Uno de estos nuevos negocios es una pequeña tienda de ultramarinos, un negocio que hasta hace dos o tres años regentaba una familia local de modo poco exitoso, pues a escasa distancia se había abierto unos años antes un hipermercado de una muy conocida cadena con gran implantación en Madrid. Hartos de malvivir a costa de los cuatro clientes fieles que les quedaban, traspasaron la tienda a una joven pareja china no mucho antes llegada de su país, de la que podría decirse que en los dos o tres años transcurridos no ha salido de la tienda, pues a pesar de tener tres niños pequeños a los que a veces se ve pulular por allí, Dani y Ailín, que esos son los “nombres españoles” que se han dado (entiendo que hagan eso, pues los verdaderos seríamos incapaces de aprenderlos y les llamaríamos cualquier otra cosa, y a lo mejor hasta nos parecería muy gracioso, aunque seguro que a ellos no tanto), permanecen no menos de 13 o 14 horas al día en la pequeña tienda, desde las 10 de la mañana hasta las 11 ó 12 de la noche, o incluso más los fines de semana, normalmente ella por la mañana y él por la tarde y noche. Ahora la tiendecita suele estar abarrotada, aunque no de las amas de casa (o amos de casa, estos escasos, que sigue siendo un pueblo tradicional) que hacen la compra “de verdad”, sino de niños y adolescentes que compran chucherías (es impresionante la variedad de ellas que hay, no como cuando yo era chaval y teníamos los sugus, el regaliz, las esponjas y las gominolas de osito), de solterones que adquieren comidas precocinadas y otros alimentos de rápida elaboración (ejem, ejem…) o de chavales o no tan chavales que compran bebidas alcohólicas para sus botellones (incluso, discretamente y asumiendo un gran riesgo, más allá de la hora a la que está permitido). Una clientela “selecta”, como es de imaginar, ante la cual los encantadores Dani y Ailín nunca dejan de mantener la sonrisa, a pesar de tener que tragar muy habitualmente con descortesías, groserías e incluso alguna que otra agresión leve.

Pero ellos siguen allí, día tras día y hora tras hora, con su perenne sonrisa y sus simpáticos saludos, quizá involuntariamente cómicos, pero eso sí, en un español progresivamente mejorado, aunque no tan bueno como el de sus niños, nacidos y educados en España. Como la tienda está a apenas doscientos metros de mi casa y yo podría adscribirme sin problemas a una de las tres clases de clientes arriba descritas (adivinen cuál), frecuento bastante el negocio y tengo buena relación con ellos, que muchas veces me preguntan cosas de España con un interés que me parece genuino, el de quien tiene intención de quedarse aquí mucho tiempo.

Recuerdo que una de las primeras veces que pasé por allí, un sábado por la mañana, la simpática Ailín, con quien ya tenía algo de confianza, me preguntó con su mejor sonrisa: ‘¿Hoy no “tlabajas”?’ Le respondí que los sábados, como la mayoría de los españoles, yo no trabajaba, algo que me parece que, casi recién llegada a España, le resultaba asombroso. Algún tiempo después, quizá era un martes o un miércoles, pasé por allí a eso de las cinco de la tarde y la encantadora Ailín me saludó preguntándome: ‘¿Hoy tampoco “tlabajas”?’ Así que le expliqué que yo soy funcionario (en realidad le dije que “trabajo para el Estado”, algo que entendió a la primera a pesar de su incipiente español, tal y como imaginé) y que los funcionarios en España no trabajamos por la tarde. En otra ocasión en que acudí a comprar un día de entre semana, me vi obligado a responder a su habitual pregunta-saludo que ese día era fiesta en Madrid capital, donde trabajo, aunque no lo fuera en el pueblo donde vivo. En la siguiente, que estaba de vacaciones; en otra más que me había cogido un día libre (y no llegué a explicarle la historia del ministro de UCD Javier Mosoco, cuyo santo nombre veneramos los funcionarios, aunque a punto estuve); en otra ocasión, que estaba enfermo y no había podido ir a trabajar (aunque ya se ve que no tanto como para no poder recorrer los doscientos metros que separan la tienda de mi casa).

A estas alturas ya he empezado a sentir una mezcla de vergüenza e inquietud cada vez que me paso por la tiendecita donde la pareja de laboriosos chinos está creando su futuro y el de su numerosa prole a base de tesón, modestia y simpatía, mientras el país que les ha adoptado sigue deslizándose por el tobogán sin fin de la crisis, la pérdida masiva de empleos, la deuda externa e interna, la falta de competitividad, la desconfianza de los inversores… y para qué seguir. He llegado a considerarlo un símbolo del cambio que no es ya que se avecine, es que es inminente, el de Estados Unidos por China como primera potencia económica mundial. Porque ya no se trata sólo de restaurantes, de tiendas de alimentación de barrio, de bazares de todo a 1€ o de tiendas de ropa de pésima calidad. La inversión china está alcanzando niveles realmente importantes en España, al igual que en todo el mundo, aunque de modo destacado en África, en la que hay países enteros que se podría decir que han sido comprados por China, que ejerce un nuevo tipo de colonialismo, lo mismo que inventó uno nuevo de capitalismo.

No voy a entrar a analizar esta cuestión del auge de China, acompañada de otros países emergentes, sobre todo India y Brasil, en paralelo a la decadencia o, como mínimo, atasco de Europa y Estados Unidos, de la que yo al menos no tengo muchas dudas. Creo que hay que asumirlo y empezar a pensar que el mapamundi tradicional, en el que Europa aparece en el centro del mundo, con España en un lugar tan privilegiado que en los manuales escolares franquistas se decía “que Dios la ha puesto en el centro del Mundo con la intención indudable de favorecerla con Sus dones”, tendrá que ser sustituido por el que usan en China, en el que su país lógicamente aparece en el centro y en el que Norteamérica ocupa todavía un lugar destacado, al otro lado del Pacífico, pero en el que esa pequeña península de Asia llamada Europa se ubica en el extremo izquierdo, casi insignificante, con una mínima protuberancia en su extremo occidental en forma de piel de toro que casi se sale del mapa.

Yo, desde luego, voy a tener el nuevo mapa del Mundo bien presente. En cuanto encuentre uno (que me parece que no va a ser difícil) me lo compro para ponerlo de póster en mi despacho. Y aunque no me veo capaz de aprender chino, pues ni siquiera he sido capaz de conseguir un nivel decente en la lengua del actual Imperio a pesar de los muchos años de tirar el dinero en academias, sí pienso poner interés en conocer algo de su país, su cultura, sus costumbres y demás. Así, cuando llegue el momento, de aquí a un par de décadas, en que mi exigua pensión de funcionario (si es que para entonces siguen existiendo esos conceptos, el de “pensión” y el de “funcionario”) no me permita ni siquiera una subsistencia digna y tenga que ir a mendigar un trabajo de reponedor en la cadena de supermercados “Dani&Ailín”, la quizá ya no tan simpática chinita, a la que imagino convertida para entonces en una Angela Channing de los ultramarinos, muestre alguna conmiseración conmigo y no me reciba con una ligera variante de su saludo habitual: ‘¡Hoy tampoco “tlabajas”!’

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8 respuestas a ¿Hoy tampoco “tlabajas”?

  1. lisufelligus dijo:

    Jo, Alex. está hecho una máquina.
    A este paso nos vas a ganar a todos en número de entradas y, sobre todo, calidad de éstas.
    Enhorabuena de nuevo por tu interesantísimo Blog y un abrazo.

    • alexroa dijo:

      Gracias, Gonzalo. He tardado en lanzarme porque me daba un poco de vergüenza, pero lo he cogido con ganas. De hecho tengo ideas y bocetos para unos cuantos artículos más, pero intentaré racionarlos, no sea que me quede sin inspiración de golpe.

  2. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Hoooombre, hoooombre! el sobrevuelo de este blog ha supuesto para mi una agradable sorpresa, ya que me ha parecido reencontrar al chavalito aquel a quien intentaba gorronear fotocopias que trataban de vacas que pastaban en los prados y cabras en las montañas…
    Aún no he tenido tiempo de empaparme bien en lo que me parece sendo ejercicio onanístico redaccional… pero me mola el tono, que te hace más joven.

    • alexroa dijo:

      Es que la política rejuvenece el intelecto. Ya hace años que te vengo recomendando tan motivadora actividad.

      Au revoire

  3. Jose dijo:

    Bueno, Alex. Puedes comprobar que hice la tarea tal como te comenté en el correo.
    Ya marqué las casillas correspondientes para recibir nuevas entradas y demás, para no perderme nada. Y más tras ver comentarios como el inmediato anterior a éste.
    Saludos.

    • alexroa dijo:

      Pues ahora sí que voy a tener que hacer un esfuerzo para mantener alto el listón, sabiendo que estáis Fran y tú al otro lado. Como dice nuestro buen amigo francés adoptivo, esto del blog me rejuvenece. De momento me ha trasladado a los buenos tiempos pucelanos.

  4. Venga Alex, confiesa ¿a que Ailín te hace la misma pregunta lunes, martes, miercoles, jueves y viernes? son cosas del funcionariado….

    Bromas aparte, me alegro de que te hayas decidido a publicar un blog, la escritura es un buen ejercicio para ordenar las ideas. Yo tengo mi blog, aunque está muy restringido a temas astronómicos. Te estaré leyendo en cada nueva entrada. Saludos

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