Políticamente obsoletos


La obsolescencia es algo inevitable en todos los aspectos de la vida, pero especialmente en lo que respecta a la tecnología. Y dentro de ésta, en las últimas dos décadas hemos vivido en una permanente revolución en la informática y electrónica domésticas, una vorágine de nuevos dispositivos (ordenadores portátiles, impresoras, videoconsolas, teléfonos móviles, cámaras digitales, reproductores mp3, agendas electrónicas y cacharros que sirven para todo lo anterior menos para imprimir), dispositivos viejos pero renovados espectacularmente (pantallas planas y  gigantes de televisión), nuevas formas de comunicación basadas en la transmisión de información vía internet o telefonía móvil,  y de software cada vez más sofisticado para manejar todo lo anterior o para llevar a cabo casi cualquier cosa que se nos ocurra, hasta para hacer ejercicio en casa.

Es prácticamente imposible mantenerse al margen de la catarata de novedades que como cualquier otra da lugar a la polarización entre “apocalípticos e integrados” que decía Umberto Eco allá por 1965. Para los integrados, tal profusión de cacharritos tecnológicos en perpetua renovación o de formas de comunicarse con conocidos o desconocidos, es el Paraíso en la Tierra. Algunos prácticamente viven por y para ello. En cuanto a los apocalípticos, no les queda más remedio que integrarse un poco para no tener que tragarse más frases del tipo de “eso de internés es como las páginas amarillas, no tiene ningún interés” o “menuda tontería, eso de llevar un teléfono encima”. Por mi parte llevo unos cuantos años diciendo que eso de las redes sociales en internet no va conmigo, pero quién sabe, a lo mejor el día menos pensado me apunto al “feisbus” o rompo a “tuitear”.

Pero aunque lo que más haya llamado la atención de la mayoría de la población sea aquello, el avance tecnológico está presente por doquier. En los automóviles por ejemplo, que aunque exteriormente sigan siendo muy similares (no vuelan ni nada de eso, como en la ciencia ficción antigua se nos vaticinaba que harían en el siglo XXI) interiormente han cambiado de modo radical. Eso sí, su “corazón” sigue siendo el mismo, unos cilindros rellenos de un derivado del petróleo que se mueven y hacen mover el resto del mecanismo por medio de una serie de explosiones activadas por una chispa eléctrica. Como el corazón humano, más o menos.

También estos avances tecnológicos son recibidos por el común de los ciudadanos con alegría e interés, y aunque a veces nos cueste mucho, hacemos el esfuerzo por llegar a entender como funcionan las novedades tecnológicas. Mejor dicho, cómo se usan, porque entender como funcionan es otro asunto muy distinto que no está al alcance de quien no tenga conocimientos científicos o ingenieriles. De hecho, el nivel de comprensión científico de la mayor parte de la población está más o menos al nivel de los conocimientos que había en el siglo XVI o XVII, antes de la invención del cálculo diferencial, lo que no impide que disfrutemos de los avances científicos y de sus derivados tecnológicos. Simplemente, asumimos que no entendemos de verdad cómo funcionan las cosas (y no me refiero sólo a la alta tecnología, sino incluso a la más simple, por ejemplo al principio que hace funcionar una cafetera italiana) y no nos sentimos especialmente incómodos ni frustrados, ni lanzamos diatribas contra los científicos e ingenieros que no hacen más que inventar cosas que no entendemos. O yendo más allá, con la temeridad que da la absoluta ignorancia de las cosas, nos lanzamos a dar explicaciones de lo que nos rodea, como si fuéramos nosotros esos científicos o ingenieros. Yo he visto, por ejemplo, a los tertulianos del bar de abajo de mi casa debatir larga y detenidamente sobre aerodinámica, tracción, resistencia de materiales y otros conceptos físicos igualmente complejos, con un aplomo y una seguridad que ya quisieran algunos Premios Nobel. ¿Y a cuento de qué, esa elevada discusión? Para resolver el misterio sólo hay que echar la vista al fondo de la tasca, donde el televisor nos muestra, volumen al máximo, las últimas hazañas de uno de nuestros héroes deportivos nacionales, el piloto Fernando Alonso a los mandos de su Ferrari.

Pero esas discusiones entre osados ignorantes son completamente inofensivas, en parte porque por fortuna los ingenieros de la escudería del Cavallino Rampante no tienen ninguna obligación de tener en cuenta sus opiniones a la hora de diseñar los alerones o los “spoilers” de sus bólidos (por fortuna sobre todo para Fernando Alonso, claro) y en parte porque a estas discusiones sobre ciencia y tecnología no les suele afectar el virus de la “escoritis”, palabra que me acabo de inventar sobre la marcha a falta de una mejor para definir la tendencia a irse a un lado o a otro, a escorarse a la izquierda o a la derecha. Excepción hecha de lo relativo a las centrales nucleares (que como todo el mundo sabe son de derechas) y al cambio climático (cuya constatación y denuncia son incuestionablemente de izquierdas), no se me ocurren muchos temas científicos o tecnológicos afectados por esa patología. Aunque, pensándolo bien, a veces me da la sensación de que los seguidores de la empresa informática de la manzana se ven a sí mismo como progresistas de izquierdas frente a los reaccionarios derechistas de las ventanitas. Maduraré un poco esto, a ver si me da para un post.

En contraste con nuestra postura relajada frente a los avances tecnológicos, al buen humor con el que nos los solemos tomar, aunque no nos resulten particularmente interesantes, y al reconocimiento de que si no somos capaces de desempeñarnos correctamente en el mundo moderno es porque nos hemos quedado tecnológicamente obsoletos, tenemos la actitud mayoritaria de la ciudadanía ante los cambios políticos, que aunque no sean tan rápidos como los tecnológicos, ni mucho menos, también ocurren. Desde luego, en los 35 años transcurridos desde la muerte de Franco, que son de los que yo he sido consciente, pues tenía casi 10 años cuando aquello, España ha cambiado radicalmente en ese aspecto. De ser un país atrasado, o en vías de desarrollo, marginado por la Europa desarrollada y sin apenas influencia en el resto del Mundo, sometido a una dictadura militar y con la Iglesia católica dominando las conciencias, sin tradición democrática verdadera, con una administración altamente ineficiente y otras mil carencias, hemos recorrido, quemando etapas a toda pastilla, el camino del desarrollo, la consolidación de la democracia, la integración en Europa y la liberación de la tiranía de la Iglesia sobre nuestras conciencias (pero ¡qué dolor! dejándonos atrapar por otras tiranías mentales igualmente nefastas).

Se mire por donde se mire, la España de 2010 es sustancialmente diferente de la de 1975. Lo es su paisaje y lo es su paisanaje, con un 10% o más de población inmigrante. Lo es su industria, su cine, su arte… hasta la gastronomía ha cambiado, quién lo hubiera pensado, con lo orgullosos que estamos de nuestra tradicional cocina española.

Pero hay algo que no cambia, así pasen las décadas, al menos para muchos de nuestros conciudadanos. Millones de ellos siguen anclados en ideas políticas que ya eran antiguas cuando las adquirieron, allá por su adolescencia o primera juventud, que es cuando suele ocurrir ese proceso. Y pueden pasar veinte, treinta o cincuenta años, que no se bajan del burro. Y, por supuesto, en ningún momento se les ocurre que se hayan quedado ideológicamente obsoletos, y posiblemente ese concepto les sonaría incluso a ciencia ficción. Para ellos, orgullosos de ser “loqueseístas de toda la vida”, incluso por tradición familiar, aunque el mundo sea progresivamente más complejo, las relaciones entre grupos humanos estén en mutación permanente, la ciencia  y la tecnología  nos aporten increíbles novedades cada día, o su propia vida sea un cambio y evolución constantes, su férrea obstinación en las escasas y simplistas ideas políticas adquiridas en su etapa de formación (o su adhesión inquebrantable al equipo de fútbol de sus amores, que tanto da) les supone un asidero ante los embates de la realidad, al que se aferran en cualquier circunstancia, especialmente en tiempos difíciles como los que estamos viviendo.

Desgraciadamente, a diferencia de los ingenieros de la escudería Ferrari que no tienen por qué tener en cuenta las opiniones de la ignorante mayoría, la democracia tiene la servidumbre de que depende por igual de los votos de todo los ciudadanos con derecho a ejercerlo, sean catedráticos de Ciencias Políticas o sean unos patanes sin la más mínima formación en la materia ni el más mínimo interés en tenerla. Y no vayan a pensar que estoy proponiendo que se hagan exámenes previos para adquirir el derecho al voto, no. Lo que creo es que todo el que ejerza ese derecho debería tener la honestidad de informarse adecuadamente de qué es lo implica. Estoy bastante convencido de que es mucho más fácil conocer las distintas propuestas políticas que hay en el mercado de las ideas que estudiarse el manual de usuario de cualquiera de los cientos o miles de gadgets que pululan por ahí. Seguro que hasta el de un cepillo eléctrico tiene más páginas que un programa electoral medio.

Pero claro, intentar informarse de las nuevas ideas políticas implica haber adquirido la conciencia previa de estar políticamente obsoletos, algo que muy pocos somos capaces de admitir de nosotros mismos.

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11 respuestas a Políticamente obsoletos

  1. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Señor Roa, tiene usted más cuerda que los sherpas de Miss Oh (cuyo nombre no sé si define exclamación, onomatopeya o eufemismo, vaya usted a saber). Y eso está muy bien, pues tu prolijidad va dando enjundia al blog y argumentos para tocarte alegremente la barrila, desde un aspecto constructivo de la puñeteríl dialéctica (o dialéctica puñeteríl, pues no sabría decir cuál de las dos es adjetivo o nombre) que con tanto mimo cultivo. Mis loas hay que sudarlas, chavalito.

    Todos, en algún momento de la vida, nos quedamos obsoletos. Personalmente, lo concibo como un estado de ánimo, al que llegamos tras concluir que cualquier momento pasado fue mejor… y eso te lo dice alguien que a sus treinta y tantos no sabe aún que va a ser de mayor, mientras se entretiene en formar personas para una vida llena de incógnitas de la cual se hacen pocas preguntas. Paradójicamente, es mi voluntad por estar en la misma longitud de onda que mi público lo que me ha evitado, en buena parte, acabar “apocalíptico” perdido.

    Lo que comentas sobre la obsolescencia aplicada a la política tiene su interés, pero entiendo que podría haber 2 grupos más. La cosa quedaría, por orden decreciente como sigue: Creadores, Integrados, Funcionales y Apocalípticos. Los que crean, son un puñado de tipos geniales, de esos que encontramos en una proporción de 1/Cien millones de habitantes en la Tierra. Son los que han respondido con éxito a una necesidad humana, de cualquier índole, previa o creada para la ocasión. En el caso de la comunicación, podríamos aplicar el cuento a Graham Bell (inventa el teléfono) y S.Jobs (el del I-Phone, entre otros), respectivamente. Generalmente, los primeros suelen pasar por iluminados y los segundos por genios del marketing: son ese tipo de cabronazos que han logrado hacerse de oro consiguiendo que el mundo se beba un café 100% de síntesis (si digo sintético, quizás más de uno de tus lectores se espante) con Nespresso, o que se tomen la panoplia de productos de Danone porque quieren cuidar su salud.
    El otro grupo que te sugiero es el de los funcionales. Si bien estoy completamente de acuerdo con tu definición de integrados y de apocalípticos, creo que hay individuos que no son ni creyentes ni refractarios, sino que (mal que bien, pues aquí también podría haber varios grados) se adaptan a lo que va llegando, y consiguen tener un cierto albedrío en su uso. Que no es poco, pues, junto a los creadores, ello les hace hasta cierto punto libres.

    Los cuatro perfiles (los que crean, los que siguen, los que se adaptan y el garrulo) se adaptan perfectamente a los parámetros consumo, política e incluso religión, si la admitimos en tanto que ideología dogmática, como todos los –ismos del XIX y principios del XX. Pero esto ya es otro jardín, Blas.

    Ahora bien, la carga que haces sobre las tendencias políticas de cada quisque me deja perplejo. Reconozco que hay razones inescrutables en la inteligencia humana, pues me costaría definir qué razones me empujan a ser del Atleti y sentir un subidón cuando gana algo, pero soy de los que piensan que la política evoluciona con (o por, no me he parado a pensarlo) la sociedad. Y que las ideologías son creadas respondiendo a una necesidad de toda la sociedad (o parte de ella), son seguidas y se van adaptando a los tiempos que corren …o mueren. Eso se puede aplicar a los “viejos partidos”, con sus “viejas ideologías”, pero también a los nuevos, como el tuyo, al que le deseo lo mejor.

    Mis ideas políticas son el fruto de una razonable maduración, pero también de no pocas circunstancias personales. Y creo que es el caso de una buena parte de la gente. Otra cosa es que sus centros de interés no sean los mismos que los tuyos, los míos o los del de más allá. Y por esa razón no parece buena idea hacer un sufragio censitario (haciendo un censo a partir del intelecto, se entiende), pues estoy convencido que cada sociedad tiene su forma política de gobierno que se merece en cada momento. Y que esta situación evoluciona en función de la sociedad… como está pasando en Rusia, en los países de America Latina, en China, en EEUU… y como ha pasado en España, cada cual con su vaina, obviamente.

    Así que, amigo Alex, no te lamentes tanto de que la gente no tenga ni (…) idea de política y dime en qué perfil estás. Y si eres de los primeros, ya sabes lo que tienes que hacer. Y si quieres te ayudo, coño, pa’ que no te quejes.

    • alexroa dijo:

      Hombre, chavalito, veo que el clima francés no ha hecho mella en tu proverbial locuacidad, lo cual me alegra sobremanera. Pero como de nuevo en tu comentario hay mucha miga y apunta en varias direcciones, me centraré sólo en la cuestión de la obsolescencia. No me refiero tan sólo a que unas u otras ideologías se queden obsoletas, algo que me parece incuestionable, sino al propio esquema utilizado para tratar con ellas, el eje único izquierda-derecha que se usa desde hace algo más de dos siglos, para clasificar las distintas ideologías. El que se mantenga esta clasificación tan extremadamente simplista obedece sin duda a los intereses de la propia clase política, del mismo modo que el ejemplo de obsolescencia que ponía a cuenta de los automóviles, que su motor siga siendo el de explosión de derivados del petróleo y no haya sido sustituido hace décadas por algún tipo de batería eléctrica, obedece también a los intereses de la poderosa industria petrolífera (o a una conspiración masónica, como decían en un episodio de los Simpson que vi ayer). Me parece absurdo que para describir la complejidad de la ideología política utilicemos un único eje, y creo que cualquiera que lo piense un poco podría llegar a la misma conclusión. Tú mismo has matizado la clasificación apocalípticos-integrados de Umberto Eco (no mía) añadiéndole nuevos matices, que igualmente podrían formar otro eje. Ahora que lo pienso, hace tiempo escribí un artículo sobre estas cosas que fue publicado en la web de UPyD, y que voy a rescatar y publicar como próximo post. Así además descanso un poco.

      Pero no quiero despedirme sin poner un par de ejemplos de lo que considero ideologías claramente obsoletas: en el número 1, el comunismo, que ya ha tenido casi un siglo para demostrar su ineficacia y su absoluto fracaso a la hora de hacer progresar a las personas y a las naciones, y que se ha convertido en una ideología residual, pues en China ya no existe como tal, por más que el partido único se siga llamando comunista (igual podían cambiarse el nombre a Partido Único, lo cual es una contradicción en los términos, o a Partido de China, que sería más ajustado a la realidad). Ya casi sólo queda la pobre Cuba, imagino que por poco tiempo, y ese Infierno en la Tierra que es Corea del Norte. En Vietnam, que sigue siendo comunista, no sé cómo están los cosas hoy en día, aparte de más pacíficas que hace treinta años. En África me parece que ya no queda ningún país comunista. Etiopía era uno de los últimos, pero ya hace casi veinte años desde que Mengistu Haile Marian fue derrocado. Y a pesar de lo pacífico y bondadoso que es el pueblo etíope (estuve por allí hace un par de años) han establecido como fiesta nacional el día de la ejecución de Mengistu, lo que nos dice bastante sobre el buen recuerdo que dejó.

      Y otra ideología claramente obsoleta no es para mí otra que el nacionalismo, que si en el siglo XIX estaba en vanguardia de la libertad (recordemos el caso de Italia, por ejemplo), en el XX se convirtió en la mayor fuente de conflictos en Europa y en la Era de la Globalización es un anacronismo retrógrado, pero desgraciadamente con mucha influencia todavía.

      Hala, hasta la prochaine.

  2. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Mu’ bien. En ese caso, define ideología. O, en su caso, qué consideras que la sociedad debe acoger y/o aceptar para que el mundo sea mejor.

    No basta decir que algo es caduco cuando hay entre un 10 y un 15% de la población que va detrás. Si quieres secar un pozo de petróleo puedes hacer 2 cosas: sobreexplotarlo (como paso en Alemania hace 50 años) o abrir pozos alrededor (como hacen los ecologistas aquí, con respecto al PS). Échale un vistazo a There will be blood (hummm… Pozos de nosécuantos, allá), cojonuda metáfora sobre el poder.

    En otra te cuento lo que pienso de tu coche a motor de explosion.

  3. Yo estoy de acuerdo en el punto en que hablas de la obstinación de los “loqueseistas de toda la vida”, parece que hay gente que sostiene opiniones porque las heredaron de su familia, o tienen una especie de prestigio; y me estoy refiriendo fundamentalmente al comunismo, no importa los millones de muertos que tenga a sus espaldas y sus fracasos, se considera una ideología repartidora de justicia y paradigma de bondad. Sería deseable que al menos las personas se diesen un tiempo para decidir sus posturas, antes de tomar lo heredado, o lo que resulta más políticamente correcto.

    En la postura frente a las obsolescencias, no dudaría en ponerme entre los integrados, pero quizá involuntariamente uno se puede ir haciendo apocalíptico según le inciden los sucesivos cambios tecnológicos. Me encuentro cómodo en la informática e internet, pero no puedo evitar un cierto desdén hacia la telefonía móvil, más por la costumbre de hablar poco por teléfono que por el hecho en sí del dispositivo.

    Me considero entusiasta de la tecnología, creo que produce cambios sociales, pero no cambia la naturaleza última del hombre, ahora y hace 20 siglos siguen naciendo personas con unas capacidades en potencia y vicios y virtudes.

    Las obsolescencias políticas no creo que sigan el mismo proceso que el cambio tecnológico, están marcadas por una inercia mucho mayor, social, de costumbres, de mentalidad (de lo que comentaba en el primer párrafo por ejemplo). Para mi, la divisioria política está en la asunción de la libertad y responsabilidad individual, o en la preponderancia del colectivo y el estado. Ambas asunciones se encuentran en orillas tanto de la izquierda como de la derecha. Yo estoy en la primera asunción, la segunda me parece a mi obsolescente. Pero mi opinión no cuenta mucho en el devenir de los acontecimientos, puesto que me parece que se encaminan a lo segundo, a un mayor poder estatal y un aumento de la intervención gubernamental.

  4. Jose dijo:

    Con permiso, y bajando el tono
    En tu artículo he podido leer…o su adhesión inquebrantable al equipo de fútbol de sus amores, que tanto da….
    Cuidadín. No crucemos la raya roja (cada vez que oigo a un tertuliano largar esta metáfora me apetece apagar la radio). Qué nos estás llamando a los que aún nos queda una componente irracional tan bien encauzada ( ojito, que sin entrar en clasificaciones más precisas sé distinguir entre el hooligan fanatizado capaz de insultar, cuando no agredir físicamente, a todo rival que se le ponga delante y el forofo talludito que es capaz de alegrarse el día por un buen resultado o de amargarse toda la semana por uno malo), irracionalidad que radica también en que no se contempla para nada la opción de cambiar de club de tus amores en un momento dado, atendiendo a criterios objetivos.
    Disculpa la tontería.
    Y suscribo prácticamente al 100 % el resto de lo leído.

    • alexroa dijo:

      Pues me parece que incluso en eso podemos estar de acuerdo, porque también ese es un campo en el que hay distintos grados de racionalidad, como bien dices. Yo mismo me he “ablandado” con los años en ese aspecto, y ahora disfruto mucho, y con motivo, de los éxitos deportivos españoles, incluidos los del fútbol a pesar de que me resulta aburrido como espectáculo. Creo que, en general, es lo que tú dices, un buen cauce para esa componente de irracionalidad que todos tenemos. Pero también que hay gente, mucha, a la que sólo le importa que ganen “los suyos”, al precio que sea. Para mí eso no es propiamente un aficionado al fútbol, pues lo usa como excusa o instrumento para otras cosas. Vemos por ejemplo, como algunos intentan apropiarse de los éxitos del que dicen que es el mejor equipo de Europa, o al menos lo era hasta hace unos días, el F. C. Barcelona, para sus propios fines espurios. Pensándolo bien, todo esto me puede dar para otro post. Muchas gracias por la observación y ¡A por ellos, oé! que ya no queda ná para que empiece el Mundial de Sudáfrica.

  5. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Me parece que se os va un poco la olla con lo del fútbol… lo que confirma de forma irrefutable la irracionalidad humana. Y os digo esto cuando escribo desde un país que se considera oficialmente laico, y que hoy celebra el Pentecostés, que se me parte el labio.

    Y sin embargo, estoy completamente de acuerdo con lo de meter en ese mismo saco política y fútbol. Y religión. Existe no solo una identificación con determinados colores, sino una proyección de nuestro ego que, maltratado de forma cotidiana por el jefe, los compañeros de trabajo, el graciosos de turno (¿José… Melendi, ése que canta?), la vecina de enfrente y un largo etcétera, encuentra una forma cojonuda de canalizar tanta frustración, vulgaridad, mediocridad (táchese el que proceda) con algo o alguien con éxito (o, al menos, reconocimiento) social. Porque es ahí donde está buena parte del meollo, en tanto formamos parte de una sociedad, grupo o manada. Y mayor es la identificación cuanto mayor es la dependencia personal del entorno social en que uno vive. Quizás ello explique el porqué del comportamiento de los hooligangs o el partidismo familiar del que se habla arriba.

    Cielos, no quería enrollarme mucho y… bueno, ahí va otro torpedo. Por cierto, siempre he pensado, Alex, que si no te da ni frío ni calor un buen partido de furbo es porque tienes la sangre de horchata. Donde esté un buen Barsa-Atleti, que se quite Titanic, dónde va a parar…

    Hale, y me voy, que hace mu’ bueno. Hasta otra y encantado de leeros. Ahora sí que me siento más joven 🙂

    • Jose dijo:

      Jose ese que canta , no; soy Jose ese que te pegó un escobazo cierto día en un café pucelano, remontando ni se sabe cuántos puntos en las dos o tres últimas manos.
      Y salvaste que no coincidimos en el trivial, chaval, pues tu campeonato facultativo no te habría servido para nada.
      Saludos cordiales, monstruo.

  6. El maldito Fran dijo:

    Envido a grande.

    No te voy a decir si voy de farol, aunque sí que tomo ciertos riesgos al continuar en esta partida, pues he observado que, según pasa el tiempo y vas yuxtaponiendo entradas, lo mas antiguo va quedando poquito a poco sepultado en un olvido más o menos latente. Y es una pena, pues muchos de los temas que has tocado me siguen pareciendo de actualidad.

    Peor, tengo la impresión de que vas balizando el camino hacia ideas de cierta sustancia -no sé aún si son reflexiones o componen pensamiento-, que corren el riesgo de acabar enterradas en los sustratos sucesivos del blog.

    En un primer fuego cruzado, hemos hablado de la obsolescencia de ideologías, de mentalidades o aún de comportamientos. Humm, veo que si sigo dándote coba me van a declarar hijo ilegitimo en Móstoles, que esto parece mu’ intelestuar. En fin, allá que voy.

    Obsolescencia política e ideológica: conformismo, el problema
    No te falta razón al mortificarte en voz alta sobre por qué las elecciones indican, una y otra vez, y de forma implícita, lo que llamas el “loqueseísmo de toda la vida” en la población, que Miguel identifica también muy acertadamente con “inercia”. No parece lógico que se sigan apoyando ideas, corrientes o partidos que han demostrado que no funcionan. Y, sin embargo… Pero, como comentaré más abajo, la inteligencia humana no esta sólo regida por la lógica.

    Pensemos en cuándo y el cómo de tal enroque ideológico en cada cual: pubertad e identificación. En efecto, todo comienza en la adolescencia, frontera vital entre hacer el ganso y la consciencia de las consecuencias de nuestros actos. Este es el momento en el cual se crean y se fijan buena parte de nuestros valores y de nuestra personalidad. Y la confección de esta personalidad implica también la identidad, tanto individual como colectiva, en tanto que elemento inscrito en una sociedad. Todo ello conformando distintos círculos concéntricos: la familia, los amigos… es aquí, por ejemplo, cuando comenzamos a fumar, a escuchar un tipo de música o a defender a tal equipo… más por identificación (y/o mimetismo) con el grupo que por una total (y libre) convicción. Eso llega mucho después… o no.

    La adscripción de determinadas ideas políticas llega de la misma forma, y ¡ahí se quedan! Ya sabes que yo no creo que unas elecciones se ganen, sino que se pierdan. Muy poca gente cambia de bando, y quienes lo hacen no son –para mí- decisivos. Los que sí cuentan son los desencantados, que no van a votar. Esto es lo que pienso que hace fluctuar votaciones y, en buena parte, alimenta el porcentaje de abstenciones.
    No ha habido grandes progresos en la Humanidad sin grandes necesidades previas. Lo mismo puede decirse en un plano individual. Esta es una de las razones por las cuales ya no hay revoluciones: no se vive bien …pero tampoco se vive mal, si pensamos en otras épocas.

    Así que la raíz del problema está en ese momento en el que encontramos respuestas a las preguntas que nos hacemos siendo púberes. Identidad individual y, en tanto que miembro de un grupo, que vamos modelando en función de los refuerzos positivos y negativos. Es posible que así se forjen nuestros valores, lo que implica un carácter, pero también un sentido de dependencia, puesto que la independencia absoluta no existe. Incluso quien se declara marginal está inscrito en un sistema de relaciones de grupo. Olvida (repito, olvida) la ideología. Lo que cuenta es la inscripción del individuo dentro de su entorno social.

    Ello explica que, cuanto más tiempo pasa desde ese momento, más difíciles son los cambios en ese sentido, lo que nos hace a todos conservadores en algún momento de nuestra vida, inapelablemente. El paso de la adolescencia a la edad adulta no implica madurez en ese tipo de valores, convicciones y tal, pero este paso coincide con el paso de vivir en familia a buscarse la vida: la prioridad pasa, por tanto, a satisfacer las necesidades vitales. Lo esencial de nuestra personalidad queda, por tanto, grabado en el mármol, si pensamos que, en un momento dado, debemos (también) responder a las necesidades de otros, al crear una familia.

    Uno de los fracasos del Estado del bienestar es la desideologización del individuo, una vez que los dos primeros escalones de la pirámide de Maslow están colmatados. Y te lanzo un Scud: pienso que esa evolución de la que tan orgulloso pareces (y que está muy bien) sólo es posible en individuos liberados de alguna de las condiciones arriba expuestas. Pienso en los casos que conozco y se cumple… dime que no, venga.

    Identificación política: crear una imagen que gane adeptos, la solución
    Todo eso que comentas de los esquemas lineales en política esta muy bien. Me parece francamente interesante. Pero se nota que tienes un alma “de Ciencias”, puesto que hay un aspecto esencial con el que no cuentas: no todo es lógica en la inteligencia humana. Y te lo dice alguien que está a punto de comprarse un New Beetle a pesar de que la sensatez (y mi novia, que suelen ser lo mismo) me dicen que casi todo son inconvenientes.

    En la vida, hay cosas que se pueden medir, pero no controlar, como un huracán, o una erupción volcánica. Pero también hay cosas que no se pueden medir, pero que se pueden controlar, como los impulsos, llamémoslo corazonadas o ganas de hacer algo sin razón alguna…

    La ideología no basta a la hora de identificarse. No basta con los acólitos: unas elecciones sólo se ganan si se tienen más SIMPATIZANTES que te siguen. En esta frase, la palabra “simpatizante” no esta elegida al azar, como comprenderás. Un dato clarividente: cualquier líder político sabe que no es a quienes acuden a sus mítines, a quien hay que convencer. Esos ya estan en el saco.

    La percepción que se tenga de ti es esencial para determinar tu sitio en la sociedad tal y como esta estructurada hoy. Esto sirve para el individuo, pero también para un partido politico. En la Era de la Comunicación, la imagen que proyectas es la base de esa percepción.

    Tomando el ejemplo de tu coche con motor a explosión, sí, es cierto que el principio siempre es el mismo. Pero sólo venderás tu coche si se adecua a las demandas de tu clientes, que evolucionan constantemente: ahora más rápido, ahora más seguro, ahora más aerodinámico, ahora más ecológico… Naturalmente, necesitas que ese cliente lo sepa: marketing y comunicación en estado puro. Y no olvidemos que hay un coche para cada tipo de público. El éxito esta, en este caso, en determinar a quien te diriges y en descodificar cómo satisfacerle.

    En la política de hoy pasa, a mi entender, lo mismo. De este modo, hay muchos productos, pero sólo 4 gamas:
    – Los partidos “patrimoniales”, creados por un político de fuerte personalidad… hasta tal punto de solapar la propia personalidad del partido. Suele desaparecer de la escena política al mismo tiempo que su jefe de filas, como ocurrió con el CDS y esta a punto de pasar aquí con el FN.
    – Los partidos “moderadores”, (que no necesariamente moderados) de los grandes partidos. Esta es la gran virtud de un sistema donde es complicado tener mayorías absolutas. En este parámetro entraría IU y, a escala nacional, CiU, etc.
    – Los partidos “alternativa”, que son 2, como en todas partes, chaval.
    – La “máquina de ganar elecciones”. No es un caso frecuente, pero son partidos de los que se intuye que, pase lo que pase, su momento ha llegado. Nada les puede parar. Son los casos del PSOE del “Cambio” o del PP de Aznar II.

    Entiendo esta escala en tanto que círculos concéntricos, lo que da pie a la evolución (en las 2 direcciones) de todo partido político. También entiendo la política en concepto de mercancía que se crea, se anuncia y se vende. Ya me dirás qué piensas de ello.

    Todo este tremendo ladrillo lo he escrito para decirte que, si quieres que la gente te vote más, lo primero que hay que hacer es una buena estrategia de comunicación… a medio plazo, al menos. Buscar un público y crear una imagen …a su imagen. Es así como se crean los fenómenos de moda, que es lo que realmente mete al producto en los circuitos de gran distribución. Luego, ampliar ese público, aunque eso signifique modificar en algo la percepción inicial del producto. La mayoría de lo que nos rodea ha seguido esos pasos: el ordenador, el móvil, el tanga…

    Sólo si se crean simpatizantes, identificados con lo que se propone, se tendrán votantes. Y aquí la imagen proyectada es esencial. Luego están las ideas, pero eso ya es otra historia: cuando compras un cepillo eléctrico es porque intuyes que va a satisfacer una necesidad precisa. Luego, en este orden, eliges “el más bonito”. Más tarde (y sólo más tarde… y si es realmente necesario) te lees las instrucciones.

    Ya sabes porque la gente no vota “bien”. Píntamelo de azul.

    • alexroa dijo:

      Veo que vuelves a la carga con renovadas energías. Con este tipo de razonamientos sí que podemos entendernos. Creo que, como mínimo, estamos de acuerdo en que debemos hacer (todos) una autoevaluación de nuestras ideas, no sólo de las políticas. A mí esa autoevaluación me ha llevado, por el momento, a militar en un partido político, cosa que no me había planteado hasta ahora, pero no es eso lo esencial de la cuestión. Lo esencial es ser consciente de que a la evolución que experimentamos en todos los aspectos de nuestra vida no debería ser ajena una cuestión tan esencial como nuestra relación con el entorno social, marcada por nuestras ideas políticas. Esa reflexión te puede llevar por un camino u otro, no siempre por el mismo. A algunos les pasa que de jóvenes son de extrema izquierda y luego se pasan a la extrema derecha, lo que no es precisamente una evolución. Tampoco una involución. Es simplemente más de lo mismo. Y el que todos nos hagamos más conservadores con la edad es biológicamente inevitable, pero quizá muchos tienen el prurito de intentar aparentar que siguen siendo jóvenes haciendo gala de los mismos símbolos y consignas (que no ideas) que aprendieron cuando tenían quince o veinte años.

      Del resto de tu comentario hay un montón de ideas interesantes que quizá desarrolle en posteriores post, como la de la pirámide de Maslow y los tipos de partidos políticos. Por el momento tengo más o menos claro lo que pretendo contar durante los próximos dos o tres meses, algo que he ido madurando durante mis últimos años de experiencia política, pero por supuesto todas las aportaciones son bienvenidas.

  7. El maldito Fran dijo:

    Celebro que me contestes tan prontito, aunque la cosa me haya dejado cierto gusto agridulce. Me esperaba un tocho presocrático semejante al que te envié pero, en fin, otra vez será.
    Sin embargo, según lo que me dices, no sé si he sido muy claro. Era un truño difícil de digerir, pero se articulaba en varios ejes:
    – Las preferencias políticas (y no digo ideas) se gestan en el momento en el cual nos formamos como individuos. Es el momento de las grandes preguntas del tipo qué quiero ser, cómo quiero ser, con quién quiero estar, de qué manera y un largo etcétera. Y te haces del Atleti porque tu familia y/o tus colegas son del Atleti. A partir de ese momento, toda voluntad de cambio es inversamente proporcional al tiempo que pasa.
    – La ideología política no existe. Y a nadie le importa. Pocos saben de qué va cada ideología (mas allá de los tópicos), y suelen ser unos integristas del Copón. Hoy, un partido político es concebido como una marca comercial. No tiene el mismo perfil el que se compra un Dacia del que se compra un Seat, o aún un Volkswagen. Cada una de estas marcas implican un perfil muy distinto de público. Y para tener muchos votantes, hay que vender la moto como Dios manda: primero, posicionar el producto; luego, hacer un marketing a medida. No entiendo que se sigan haciendo debates sobre izquierda y derecha en el mundo en que vivimos.
    – Sobre gustos, no hay nada escrito. Intentas explicar la elección que cada cual hace de una ideología política de una forma analítica, con esquemas lineales y tal, y no tienes en cuenta la variable irracional que todos tenemos, la que nos hace elegir un pantalón verde, y no azul, rubias, y no morenas, ser del Atleti y no del Madrid… Te decía que hay cosas que se pueden medir y no controlar, y cosas que no se pueden medir, pero sí controlar: las emociones, los sentimientos son fundamentales en este tipo de elecciones. Busca el término Neuromarketing en Wikipedia, a ver qué te dice.

    Yo no tengo ninguna experiencia política, ni he escrito absolutamente nada, y lo que te envío te lo suelo escribir del tirón, a partir de lo que cuentas. Eso hace que mis argumentos puedan chirriar. Pero es ahí donde está la gracia. En mi caso, cuenta conmigo siempre que quieras más aportaciones.

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