Diez años de burbuja (1ª parte)


A pesar de lo que pueda parecer por su título, no voy a tratar en este post de la burbuja inmobiliaria, que duró más o menos una década antes de estallar o, al menos, desinflarse, ni tampoco de la burbuja financiera o de la tecnológica ni de nada de ese estilo. Este post se lo dedico al máximo responsable, aunque haya muchos otros y muchas circunstancias, no sé si atenuantes, de la crisis a todos los niveles por la que atraviesa España. Me refiero, como no podía ser de otro modo, a nuestro incomparable Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ya sé que es el segundo post que le dedico en menos de dos semanas, e intentaré que sea el último, al menos en mucho tiempo, que no es bueno obsesionarse ni tampoco es sano hacer leña del árbol caído. Y además no quisiera parecerme a esos columnistas que parece que viven de criticar a los gobernantes, da igual de qué partido sean. Bueno, no lo parece, puesto que cobran por ello.

Tan sólo pretendo reflejar el estupor que me ha producido siempre el que alguien con su personalidad pueda ser, o haber sido, considerado un líder. Ya desde su sorpresiva elección como Secretario General del PSOE el 22 de julio de 2000 me llamó la atención la vacuidad y grandilocuencia de su discurso, y aún más que al parecer conectaba con un buen número de nuestros conciudadanos. A lo largo de estos años ha perfeccionado su técnica para hablar sin decir nada, para desmentirse a sí mismo continuamente, para afirmar una cosa y su contraria sin descomponer ni un ápice el gesto. Un discurso que ha sido y sigue siendo magníficamente deconstruido durante estos años por ese gran periodista que es Santiago González. Sus altamente impostados gestos teatrales, su parsimonia, su repetición constante de frases o palabras, sus tics, sus circunloquios, todo ello le convierte a mis ojos en una persona irreal, en algo así como un autómata. Con él siempre tengo la sensación de que es como si no estuviera donde está.

Y no creo que eso sea un efecto de la distancia que impone el haberle visto tan sólo por televisión, porque tampoco a sus antecesores he tenido oportunidad de verlos en persona salvo en cierta ocasión en que sin saber muy bien cómo me vi desfilando en una manifestación anti-ETA justo delante de los ex-presidentes Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo y del entonces Presidente José María Aznar  (eso sí, separado de ellos por una fila de policías y escoltas) y en otra en que vi de lejos, durante al acto de cierre de campaña de las elecciones de 1982 a un exultante Felipe González a punto de arrasar en las urnas. Por cierto que en aquella ocasión se dijo, y así nos lo creímos, que aquel acto festivo-político en los terrenos de la Universidad Complutense de Madrid había contado con la asistencia de medio millón de personas. Imagino que de haber existido entonces la empresa Lynce, ese gran adalid de la verdad, no a lomos de un brioso caballo como San Jorge, sino de un parsimonioso zepelin, nos hubiera dicho que en realidad allí estábamos 38.127 españoles ilusos (por eso se decía pocos años después que Felipe González era presidente de España y Portugal, porque le habían votado “diez millones de españoles y lusos”).

Y ya que los hemos mencionado, si comparamos a José Luis Rodríguez Zapatero con sus predecesores, los anteriores presidentes del actual régimen democrático, veremos que tiene algunos puntos en común con ellos, pero también una diferencia fundamental, que quizá sea la clave de este asunto.

Antes de entrar en esa comparación, diré que aunque me gustaría que la política no fuera una cuestión de personalidades, tampoco puedo negar que sea así, y de modo muy destacado en España, que en eso no se distingue de la mayoría de las naciones del mundo. Quizá las orientales sean un poco diferentes en eso (premio para el que sepa decir sin mirar la Wikipedia los nombres de los actuales líderes de China, Japón, India e Indonesia, además del cargo que ostentan), pero en la mayor parte de las naciones occidentales la figura de Jefe de Estado o de Jefe de Gobierno se asimilan en gran medida a la de un Rey electo. Esto es muy evidente en las repúblicas presidencialistas, como los Estados Unidos, donde el Presidente es a la vez Jefe del Estado y del Gobierno, o Francia, donde el Presidente es el Jefe de Estado y el Jefe de Gobierno es una figura secundaria (otro premio para el que sepa cómo se llama el Primer Ministro de Francia, sin recurrir a San Google), lo mismo que pasa en la mayoría de las naciones iberoamericanas.  Pero también lo es en las repúblicas que no son presidencialistas (más premios para quién conozca el nombre de los presidentes de Alemania, Italia e Israel, que no son Angela Merkel ni Silvio Berlusconi ni Benjamin Netanyahu) e incluso en las monarquías parlamentarias, como el Reino Unido y España (aquí ya no hay premio para quien sepa quiénes son los Jefes de Estado correspondientes). En estos últimos casos en realidad los ciudadanos no eligen al Jefe de Gobierno. Es más, la mayoría ni siquiera tienen oportunidad de votarle. Lo que se elige es la lista de determinado partido para el Congreso de los Diputados, que una vez constituido elige al Presidente del Gobierno, previa propuesta del Rey. Podría ocurrir, y de hecho ha ocurrido en algunas Comunidades Autónomas, que el Presidente del Gobierno no fuera el líder del partido más votado. Mirándolo bien, el millón seiscientos mil votos que obtuvo Aznar en Madrid en el año 2000 es lo máximo que ha conseguido un candidato a la presidencia del Gobierno en los casi 35 años de democracia. Mejor dicho, lo máximo que ha conseguido un candidato triunfante, porque en 2008 Rajoy obtuvo cien mil votos más, que a su vez fueron cuatrocientos mil más que Zapatero.

Pero a pesar de esa disfunción entre lo que los ciudadanos creen que votan y lo que realmente votan, lo cierto es que el cargo de Presidente de Gobierno de España en el régimen de la Constitución del 78 tiene una dimensión que no había tenido en anteriores etapas democráticas de la convulsa historia española, en las que los gobiernos y sus presidentes se sucedían con una velocidad frenética, hasta el punto de que se conoce como “gobierno largo” a aquellos que duraron al menos dos años.

Ahora los gobiernos tampoco duran mucho porque se renuevan casi continuamente, pero los presidentes permanecen, cambiando a su antojo a los ministros y marcando fuertemente con su personalidad la acción de gobierno al mismo tiempo que dirigen su partido por medio de un fiel escudero (Alfonso Guerra, Francisco Álvarez-Cascos, José Blanco…), lo que a su vez se traduce en el control del grupo parlamentario correspondiente y en el de todos aquellos cargos nombrados por el partido, que incluye a los jueces del Tribunal Supremo y del Constitucional. Mucho poder para depositarlo en una sola persona, en mi modesta opinión de ciudadano y blogero. Está bien que haya estabilidad, pero no me parece muy propio de un país democrático hablar del “felipismo”, la “Era de Aznar” o, rizando el rizo, y en la línea de trivialización que se ha impuesto sin prisa pero sin pausa, “la España de ZP”.

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5 respuestas a Diez años de burbuja (1ª parte)

  1. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Alex, para, que ibas muy bien (bueno, que tampoco se te suba el papo) y de golpe parezca que escribas en El Mundo. Si metes caña, que no sea gratuita, o me borro. Y lo siento, pero considero que lo visceral no tiene nada que ver con la lógica, que me consta que es lo que realmente te pone. Así que, Alex, antes de que venga alguien e intente sentar cátedra diciendo que hay opiniones más validas que otras, construye. Construyamos. Y seamos radicales, pero de verdad, no de los que se ponen la camiseta del Che porque es muy fashion.

    Ah! y Delenda est Zapatero, claro.

    • alexroa dijo:

      Espero que no cumplas tu amenaza, que se iban a reducir mis lectores a la mitad. 😉

      Ahora en serio, ¿por qué te parece tan visceral mi artículo? Tan sólo digo lo que he observado durante estos diez años, no lo que me ha sugerido ningún calentón reciente. En cuanto a lo de construir, ya te dije que tengo toda la intención de hacerlo, pero que primero hay que allanar el terreno. Aunque no lo parezca todavía, tengo un plan pensado para mi blog (un poco más sencillo que el de “Lost”, eso sí). No es mi intención limitarme a escribir una colección de ocurrencias y onanismos varios. Wait and see.

      Y por cierto, que yo nunca me he puesto una camiseta del Che, aunque creo recordar que tenía un póster suyo en mi dormitorio cuando era un chaval. También tenía otro de Jesucristo que decía “Se busca”. ¡Qué tiempos!

  2. Jose dijo:

    ¿Leña del árbol caído? Dónde habría que firmar para tal cosa, porque tenemos sequoia para rato.
    Y vergüenza me da reconocer que no he merecido ningún premio de los que repartías.

  3. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Hace años que tuve que salir del país. Época incierta y coyuntura económica complicada obligaban, pues España iba bien, pero los españoles no. Y menos si eras joven y sin experiencia laboral previa. Considero mi generación como una de las últimas privilegiadas por un Plan de estudios, el del ’73, que se mostró, con sus defectos, mucho más eficaz que la Logse como método para la formación y (¡ay!) educación del futuro ciudadano. Pues sí, con su BUP, su COU y en el riesgo real a repetir curso si hacías mucho el canelo, obligaban a mantener una cierta tensión y a desarrollar ciertas capacidades, como la memorística, pero también la abstracción y ciertas estructuras lógicas. No puedo evitar preguntarme, cada vez que me conecto a TVE Internacional dónde ha ido a parar todo esto.

    Como decía, pertenecía a una generación por entonces conocida como JASP (jóvenes, aunque sobradamente preparados), que la Era Aznar empujó a la diáspora. Porque era eso o servir copas hasta las tantas de la mañana 6 días por semana. O el Carrefour. O la moto del Telepizza. Trabajos muy dignos, pero ni tienen proyección ni son fuente (a medio o largo plazo) de satisfacción personal, salvo coartada vocacional. Y no era el caso, ni mucho menos.

    Lamento la digresión. Me cuesta argumentar una defensa a Zapatero, porque no soy zapaterista. Pero la distancia me una claridad de ideas que alguien que esté recibiendo de forma consciente o inconsciente -pero en cualquier caso sistemática, y por multitud de canales- información en sentido inverso, consigue tener difícilmente. Tengo la convicción de que Zapatero ha cometido 3 errores.
    El primero, creer haber dado con la piedra filosofal, capaz de convertir el plomo en oro. Las cosas se hicieron bien durante unos años, la coyuntura económica internacional seguía el mismo diapasón y debió pensar que la cosa iba para ciclo largo. Si no, no entiendo cómo se le ocurrió dar duros a cuatro pesetas.
    Su segundo error fue creer en la memoria, individual o colectiva. Nadie se acuerda ya del Zapatero “bueno”, el de los avances sociales, el del superávit. El utópico.
    El tercero, considerar que el sentido crítico es un don universal. La crisis es mundial. Otros países de la UE (y no hablo de Grecia) están tomando medidas en la misma dirección. Con más tacto y sin una oposición pirómana, cierto. Lenta, pero progresivamente. Pues bien, en España no veo que esto cale.

    El PP ha preparado cuidadosamente el terreno para el aterrizaje. Que nadie dude que, si ello ocurre, se seguirá adelante con lo del decreto. Bienvenidas sea la (todavía mayor, si cabe) “flexibilización” laboral, el aumento de las desigualdades, los “trabajillos”… que se vaya preparando todo estudiante universitario para salir del país (comienza a ser una tradición!) o trabajar en una terraza, a precio de saldo. Y todo trabajador a lo que Rato llamaba “contención salarial”. Y al pobre, que le den, que si es pobre, por algo sera.

    No olvidemos, por último, que nuestro modelo de desarrollo se apoyaba en el ladrillo, y que las bases de ese modelo, raíz de buena parte de nuestros males …las puso el PP, con decisiones como la ley de 6/98 de liberalización del suelo, según la cual, todo suelo no protegido era urbanizable. Pero esto ya es otra historia.

    166-165. Memoria, abstracción, estructuras lógicas… dónde ha ido a parar todo esto. Delenda est Zapatero. Y luego, pan y circo. Y Operación Triunfo.

  4. Francisco Salamanca Jr. dijo:

    Y no es 166-165, sino 169-168. No, hoy no es mi dia. Calladito me habria quedado mas guapo.

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