Minorías, colectivos, los del hecho diferencial y el resto


Leyendo estos días las encuestas electorales me encuentro con la frase “tampoco las mujeres y los jóvenes, colectivos especialmente favorecidos por las políticas de Zapatero, tienen como preferencia de voto el PSOE” y me da que pensar, esa mala costumbre.

¿Cuándo empezó a usarse y cuándo se ha impuesto en España esa división del electorado en “colectivos”? Imagino que desde que coexisten elecciones, sociólogos y encuestas, pero tengo la impresión de que la cosa ha ido a más con los años, al ritmo del crecimiento de la influencia de la demoscopia en la acción política de los partidos y gobiernos. Por supuesto todos pertenecemos a algún colectivo, o a más de uno, pues colectivos hay tantos como divisiones queramos hacer en una población que supera los 47 millones de habitantes, pero a la hora de hacer los estudios electorales y las políticas correspondientes hay algunos que al parecer son válidos y otros que no. Por ejemplo, el partido X puede hacer una política orientada a las mujeres o a los jóvenes, entendiendo que está destinada a beneficiarles, pero nunca ocurre que desarrolle una política orientada a los hombres (en el sentido de sexo, que no género, masculino, no en el de “humanidad”), pues supuestamente por serlo ya tienen algún privilegio o ventaja, así sea por razones históricas. Esto mismo ocurre con el colectivo de funcionarios, al cual pertenezco, aunque estos días cuando alguien me pregunta por mi trabajo prefiero decir que me dedico a la trata de blancas y al tráfico de drogas a gran escala, profesiones mucho mejor consideradas.

Esta división de los electores en colectivos es propia de los estudios sociológicos de mercado, pero se ha impuesto sin discusión en los electorales, que en el fondo vienen a ser lo mismo. La idea es buscar objetivos o “targets” para que los partidos políticos hagan sus ofertas electorales en campaña (o sea, todos los días de todos los años, no las dos semanas preceptivas cada cuatro años), tanto si gobiernan como si no. A mí me desagrada la idea de sentirme como un blanco o una diana, que es lo que significa “target”, pero no tanto como que me consideren en un besugo o una pescadilla, que es lo que me viene a la mente cada vez que leo o escucho esa expresión tan de moda y tan sumamente estúpida de “caladero de votos”.

Estos estudios de mercado electoral me descolocan por muchos motivos. Por ejemplo, cuando se dice que el perfil de votante del Partido del Albatros (por poner un ejemplo) es el de una mujer de 40 a 49 años, profesional liberal, con estudios superiores y afición a la escalada libre, si luego miras con un poco de detalle el estudio puedes observar que entre los que se declaran votantes de ese partido hay un 60% de mujeres y un 40% de hombres; que el tramo de edad de 40 a 49 años es el primero con un total del 40%, sin distinguir entre hombres y mujeres; que las profesiones liberales están en primer lugar con un 30% , los estudios superiores lo mismo con un 40% y la afición a la escalada libre es la primera entre diez posibles elecciones que se le han ofrecido al entrevistado o entrevistada con un 15%. Así que el votante de ese partido reunirá todas las características descritas con una probabilidad del 100*0,6*0,4*0,3*0,4*0,15=0,4% , o sea, que en realidad solo uno de cada 250 votantes potenciales de ese partido reúne esas características (¡Vaya perfil tan poco representativo!). Y además con esos datos no se nos dice cuántas mujeres con estudios superiores, de entre 40 y 49 años, profesionales liberales y aficionadas a la escalada libre NO votan al Partido del Albatros, que casi seguro que es la mayoría, pues no creo que haya ningún colectivo, puede que ni siquiera el de banqueros, que vote en su totalidad o casi a uno u otro partido.

Como no soy sociólogo, ni ganas, no tengo mucha idea de dónde vienen estas cosas, aunque imagino que de los E.E.U.U., donde desde hace medio siglo se presta atención a las minorías de todo tipo, especialmente a las raciales, tema en el que son auténticos expertos como sabe cualquiera que haya tenido que rellenar un impreso al entrar en el país. Lo curioso es que las llamadas minorías raciales suponen actualmente cerca del 40% de la población de los E.E.U.U. y en pocas décadas, dada su mayor natalidad, podrían llegar a ser mayoría. La actual mayoría la compone la raza blanca, claro está, aunque allí lo de la raza blanca está limitado a los descendientes de europeos que no sean hispanos. El concepto aún más restrictivo de WASP (White Anglo Saxon and Protestant) excluiría también a los descendientes de irlandeses e italianos de esa mayoría tan poco mayoritaria . Todo esto nos produce a este lado del Atlántico un poco de risa, lo tomamos como una de tantas peculiaridades de los norteamericanos, pero si lo pensamos un poco no andamos tan lejos de ellos. Recuerdo, por ejemplo, como durante la celebración de no sé qué edición del Campeonato Mundial de Atletismo o de los Juegos Olímpicos, un periodista, no sé si francés o español, preguntó al gran corredor marroquí Hicham el Gerrouj, favorito como de costumbre en la prueba de los 1500 metros, si pensaba que habría algún corredor blanco en el podio. A lo que el campeón respondió, comprensiblemente molesto: “Oiga, que yo soy blanco”.

Aquí en España me parece que ha prosperado más el término “colectivos” en detrimento del de “minorías”, cuya aplicación en el sentido de grupos desfavorecidos, que es el habitual en estos estudios, lleva al sinsentido de considerar en alguno como minoría a las mujeres (lo he visto con estos ojos que se han de comer los gusanos, en serio), que son la mayoría de la población en España como en cualquier país, generalmente un poco más del 50%. Además el término minoría se puede interpretar en sentido no numérico sino de minusvalía, como en “minoría de edad”, por lo que no es muy afortunado.

Así que se ha impuesto el uso de colectivos, que surgen como setas, espontáneamente, sin necesidad de que los sociólogos los caractericen. Quién más, quién menos, busca formar parte de alguno, sobre todo si puede sacar alguna ventaja en forma de subvención, ayuda estatal o visibilidad social, pero cuando te lanzas a poner etiquetas para dividir a la humanidad en cajitas se sabe cuándo empiezas pero no cuándo terminas. Quienes rizan el rizo son los del Colectivo LGBT. Al principio sólo había gays que celebraban el día de su Orgullo, pero como gay se usa más bien para los homosexuales masculinos se añadió lo de lesbianas para atender la reivindicación de las mujeres homosexuales, que se sentían doblemente discriminadas. Para no dejar a nadie descontento se añadió lo de bisexuales y transexuales.  Pero aquí ya la cosa se lía, pues los tres primeros términos están relacionados con la orientación sexual, mientras que el último se refiere a una cuestión médico-fisiológica. Si siguiéramos por ahí habría que incluir a los asexuados y a los hermafroditas y tendríamos el colectivo LGBTAH. Y como nos descuidáramos un poco íbamos a necesitar todo el alfabeto para abarcar a tan heterogéneo colectivo, que al parecer sólo se define por su oposición a la “normalidad”. Sé que metiéndome en estas cuestiones corro el riesgo de que algún lector me malinterprete y me tache de homófobo, lo que me ha ocurrido en alguna ocasión a cuenta de este tema o de la cuestión del matrimonio homosexual, del que defiendo que no es un derecho de los homosexuales, que siempre han podido casarse (eso sí, con personas del sexo opuesto, habitualmente por guardar las apariencias) sino de todos los españoles que ahora podemos casarnos con quien queramos sea o no de nuestro mismo sexo y sea cual sea nuestra orientación sexual, ya que los derechos son de las personas consideradas individualmente, no de los colectivos. Ante quién me acusa de homófobo por razonamientos de este tipo no suelo responder con sandeces del tipo de “los gays son muy buena gente” o “algunos de mis mejores amigos son gays o lesbianas” (ya se sabe que “excusatio non petita, etc.”) sino que le pido que me muestre cómo infiere mi homofobia a partir de mis razonamientos, con lo cuál su habitualmente débil andamiaje lógico se viene irremediable abajo y tengo que soportar que se me añada el estigma, quizá merecido, de pedante al ya gratuitamente atribuido de homófobo.

Pero si el origen de los conceptos “minorías” y “colectivos” referidos a grupos humanos (o de votantes, que son algo parecido a los humanos) no lo tengo claro, no me cabe ninguna duda acerca de dónde sale esa fuente permanente de disputas entre españoles conocida como “hecho diferencial”. No entraré en la cuestión, que me daría para varios post (ya llegará), sólo observaré que al parecer, por esa figura literaria no sé si conocida como metonimia, sinécdoque o vayausteasaberqué, parece que se está produciendo una transferencia de sentido de modo que ya no es sólo que determinado territorio posea cierto hecho diferencial, normalmente una lengua distinta de la común, sino que los propios habitantes de ese territorio son definidos por ese hecho diferencial. De todo esto, como digo, reflexionaré en otro post, que tiene mucha miga.

Así pues, como no soy mujer ni homosexual (o transexual), ni entro ya en la categoría de joven, a pesar de lo mucho que la han estirado, pues a veces se oye en los medios hablar de “un joven de 38 años…” (un ejemplo, para que se vea que no me lo invento); como aún me faltan bastantes años para llegar a la tercera edad, si es que llego algún día, porque según me acerco a ella la van alejando poco a poco, como le pasaba a Aquiles con la tortuga; puesto que tampoco creo pertenecer a ningún colectivo de interés, salvo que me considere como decía Mafalda “uno más del montón de los que no quieren ser uno más del montón”; y como al parecer no poseo ningún hecho diferencial  que me haga acreedor de derechos extraordinarios (ni siquiera estoy seguro de tener “lengua propia” y creo que a lo más que llego es a que el número de mi DNI es mío y sólo mío), debo pertenecer, por definición, al resto de españoles. O mejor, al colectivo del resto de españoles. Que fijo que mayoritario no es. Así, a bote pronto, se me ocurre que en él entramos mi buen amigo Jose de Cantabria y yo. Seguro que hay alguno más pero ahora no caigo. Pero qué se le va a hacer, es el signo de los tiempos. Además el resto es el mejor lugar de España para vivir, como bien saben los meteorólogos que siempre nos anuncian “chubascos y tormentas por allí, trombas marinas y vientos huracanados por allá, granizos como huevos de gallinas por acullá y poco nuboso o despejado en el resto”.

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13 respuestas a Minorías, colectivos, los del hecho diferencial y el resto

  1. Daniel dijo:

    Éste atículo no le gustaría un pelo ( si lo leyera) al insigne Arriola, que pastorea demoscópicamente los destinos del Partido del Albatros, no se si para bien o para mal. A juzgar por los resultados de las últimas elecciones, más bien para mal.

    • alexroa dijo:

      Ese pájaro (Arriola, no el albatros) es el más listo de la pandilla. Lleva pastoreando como tú dices los destinos del PP desde tiempos inmemoriales, con Aznar y con Rajoy, sacándose unos buenos cuartos por ello y sin necesidad de dar la cara.

  2. El maldito Fran dijo:

    La política es un mercado. El partido es una marca. El candidato es un producto. Los estudios de mercado sirven para posicionar todo esto. Y que se venda. Y que gane. O no.
    A las ¾ partes de la población les importa un carajo saber qué defiende cada uno. Lo que les importa es poder pagar las letras y que sus colegas no le vacilen por votar “al otro”. Izquierdas, derechas, güelfos, gibelinos… Eso sí, excelente reflexión. Sigue así, campeón.

  3. El maldito Fran dijo:

    Otra: En política se ha pasado del SABER HACER al HACER SABER en los últimos 25-30 años (especialmente, en los 15 últimos). Quien consigue enviar la buena información al buen público –y que la descodifique-, gana. Entre bastidores, Maquiavelo; frente a la masa, Rupert Murdock.

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. El maldito Fran dijo:

    Y si piensas descifrar los recovecos de la inteligencia humana por medio de la lógica y las matemáticas puras …me temo que te expones a tremenda frustración. Los instintos es una parte totalmente irracional del hombre. Y por tanto, bien presente en su conducta. El instinto de conservación, o el de pertenencia al grupo (o manada) son un par de ejemplos cojonudos.

    O que haya perdido el control de mis impulsos por contradecirte a cualquier precio (hi, hi!) Venga, ahora sólo flores. Campeón.

    • alexroa dijo:

      Vale, vale, ya te he hecho el ingreso de esta semana en tu cuenta corriente, ya puedes dejar de pelotearme un rato. Ahora, con menos coña, celebro que en estas cuestiones estemos más de acuerdo. La política se ha convertido en una mercancía más, y lo mismo daría que los partidos se llamaran Partido Azul y Partido Rojo, lo mismo que Pepsi Cola y Coca Cola, o que Vodafone y Movistar, porque lo único que importa de cara al público votante es la imagen de marca. Hace tiempo que en los partidos quien corta el bacalao son los expertos en marketing, como el mencionado Arriola.

  6. El maldito Fran dijo:

    Lo que sí que tengo claro es que una cosa es hacer política y otra es ganar unas elecciones. Son variables que a veces (y sólo temporalmente) convergen.

    Sobre lo que te comentaba antes (y de lo cual se podría hacer toda una tesis, carallo!), en cuanto al perfil del votante y su integración, identificación o mimetismo en colectivos y otras puñetas, pienso que es esencial tener en cuenta lo que yo llamo el factor Depeche Mode. Agárrate, Manuela.

    Conozco a varias personas que no tienen absolutamente nada en común. De lo mas diverso y variopinto, créeme. Pero todas estas personas son acérrimos seguidores de Depeche Mode. A la hora de centrarse en un perfil de votante, no hay que buscar al soltero de estudios superiores que tiene una profesión liberal. Vas a buscar al fan de Depeche Mode: es la fibra sensible lo que decide, el corazón, no la cabeza. Lo irracional. Y creo que aquí tenemos una concepción del mundo diametralmente opuesta …hum, desde hace un huevo de años, chavalito.

    Por eso es tan importante el marketing (y la comunicación, que no es lo mismo!): hay que vender la moto con argumentos que te diferencien (y te den preferencia) con respecto a las otras marcas.

    Aún tienes cuerda?

  7. mararoa dijo:

    Uf!,qué susto! Por un momento pensé que pertenecía al partido de Albatros, menos mal que yo no tengo estudios superiores de esos y no soy mas que una puta funcionaria, pero muy profesional,eh! y muy liberal tambien ,aunque solo sea de pensamiento. Eres muy hábil con tus deducciones numéricas , al menos eso creo ,porque como tú bien sabes yo pertenezco a ese colectivo que cuando se le habla de cifras , se le hace bola. Estoy muy orgullosa de mi hermanito.

    • alexroa dijo:

      Hoy mismo aparece esta noticia en el diario gratuito Qué:

      El drogadicto madrileño es varón, soltero, con estudios primarios y policonsumidor
      El perfil del toxicómano madrileño corresponde al de un hombre de entre 31 y 40 años, soltero, con un nivel socioeconómico medio, con estudios primarios o inferiores, que vive en casa y sin incidencias legales actuales, según los datos de 2008 del Estudio de Indicadores de Consumo Problemático de Drogas en la Comunidad de Madrid de la Agencia Antidrogas, a los que tuvo acceso Europa Press.

      Me da a mí que se refieren al Luisma…

      • alexroa dijo:

        Y ahora que caigo, yo también soy varón, soltero, madrileño, con estudios primarios (y secundarios y superiores y de postgrado…), tengo un nivel socioeconómico medio y vivo en casa sin incidencias legales actuales. Menos mal que paso un poco de los 40 años y que como consumidor soy más bien del “Gigante” que del “Poli” (¿es una cadena de supermercados, no?) porque si no no habría duda de que soy un drogadicto.

  8. Daniel dijo:

    Pues no se bien como encaja en todo esto el “colectivo” del yo voto PSOE o PC (perdón IU) porque mi familia siempre les han votado desde ni se sabe cuando. O bien, yo no voto PP ni loco porque soy “rojo” de toda la vida. O incluso, los que diciendo lo anterior votan PP y lo llevan como un estigma interior. Evidentemente, lo anterior se cumple igualmente en la orilla contraria. Con toda ésta patulea el márketing no sirve de nada, solo el autobús y el bocadillo para integrarse bien en el “colectivo de los borregos”

  9. Alfonso dijo:

    Perfecto Alex, enhorabuena. Sólo una objeción. Me niego a admitir que no perteneces al colectivo de jovenes. No te pido que definas mi colectivo puesto que queda claro en tú artículo lo ridiculo que es establecer clases, pero yo te seguire considerando joven o incluso muy ¡muy joven! Es puro egoismo.

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