Esta semana … hablaremos de los gobiernos (Recortes, nº 3, 2ª parte)


En la primera parte de este artículo, que a su vez es el tercero de una serie de longitud por el momento indefinida (aunque es muy probable que conste de diez artículos, que uno es muy cartesiano) vimos la evolución de los gobiernos nacionales del actual régimen democrático. Echemos un vistazo ahora a la de los gobiernos autonómicos, desde su nacimiento a principios de los 80 hasta la actualidad, condensada de modo sucinto en la siguiente tabla:

gobiernosautonomicos

Gobiernos autónomos. Elaboración propia a partir de múltiples fuentes. (Pinchar para ampliar)

En la primera columna aparece el nombre de las C.C.A.A., no el oficial sino el “popular”, que es más o menos el que tenían cuando eran regiones, allá por mi bachillerato. En la segunda aparece la población en millones de habitantes, con dos decimales, para llegar hasta las decenas de millar y poder mostrar la de Ceuta y Melilla que cuentan con alrededor de 80 mil y 70 mil habitantes, respectivamente. No es necesario, ni tiene mucho sentido en este caso, dar la cifra completa de población, hasta las unidades, como se acostumbra a hacer en numerosos estudios. Esa forma de usar las cifras es otro ejemplo de anumerismo, pues lo mismo que usar más palabras y con más sílabas no implica necesariamente que algo esté mejor escrito sino muy probablemente que el que lo haya hecho es un pedante o un ignorante, pasa algo similar con las cantidades matemáticas y las cifras que las representan. Recuerdo, por ejemplo, cuando un par de días después del terrible maremoto y posterior tsunami de las navidades de 2004 que el diario que leo más habitualmente (vaaale, es “El Mundo”, lo confieso) publicó que el número de fallecidos provisional era de 206.347. Me extrañó una cifra tan precisa, más aún cuando no habían pasado ni 48 horas, pero la explicación venía justo debajo del titular: 47 fallecidos en Somalia, hasta donde llegó la ola gigante varias horas después, unos 300 en Ceilán, más o menos 6000 en Tailandia, y aproximadamente 200.000 en Indonesia. Total, 206.347, clavaos. Como en el chiste de los 2002 indios, que delante venían dos y detrás unos dos mil.

En la tercer columna aparece la vía por la que la comunidad o ciudad autónoma llegó a serlo, que incluye la del artículo 151 C.E. para las nacionalidades “históricas”y la del 143 C.E. para las demás, salvo Navarra que en realidad es una comunidad foral y cuya autonomía se rige por la Ley de Amejoramiento del Régimen Foral de 1982. En cuanto a Ceuta y Melilla, accedieron a la condición de ciudades autónomas por la vía del artículo 144 C.E. en 1995.

En la cuarta columna tenemos a los primeros presidentes autonómicos, casi todos del PSOE en aquellos tiempos en que parecía que el mundo era suyo. De algunos queda poco recuerdo hoy en día, pero otros han marcado la historia reciente de España, destacadamente José Bono, que rigió los destinos de Castilla-La Mancha durante 21 años , ahora es Presidente del Congreso tras haber sido Ministro de Defensa, y parece que aún tiene cuerda para rato, Jordi Pujol, que hizo lo propio con los de Cataluña durante 23, y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuyos 24 años al frente de la autonomía de Extremadura parecen una marca difícil de superar.

En la quinta columna tenemos el número de consejeros que inicialmente componían los gobiernos autónomos y entre paréntesis los vicepresidentes. Sumándolos todos en suma ligeramente asíncrona, hacia 1983 el número de consejeros era de 163 y el de vicepresidentes tan sólo de 5. A continuación tenemos el número de consejeros de los actuales gobiernos y el de vicepresidentes. Vemos que el número total ha subido hasta 207, 44 más que en 1983, de los que 22 corresponden a las ciudades autónomas. Pero si hubiéramos hecho estas cuentas hace poco más de un año tendríamos al menos 12 ó 13 consejeros más, pues desde entonces ha habido alguna reducción, drástica en el caso de Castilla-La mancha, donde José María Barreda ha pasado de 14 a 7 en dos fases, y más suave en Andalucía, donde se ha pasado de 15 a 13, y en el País Vasco, donde Patxi López ha recortado ligeramente el gobierno respecto del de Ibarretxe. Llama la atención que el número de vicepresidentes ha aumentado hasta 15, de ellos 3 en la Comunidad de Valencia. El número de altos cargos, no reflejado aquí, ha aumentado en mucho mayor grado que el de consejerías, que se mantienen en unos límites más o menos razonables, generalmente algo inferiores a los del Gobierno de la nación, pues por ahora no hay consejerías de defensa y asuntos exteriores, que es de lo poco que queda por transferir, aunque respecto de lo segundo ya andan algunos gobiernos autónomos haciendo sus pinitos, según vimos en el post anterior de esta serie. De las competencias de defensa, en cambio, no han intentado apoderarse, que eso es cosa de opresores españolistas, por mucho que digan que recorren medio mundo en misiones de paz. Por cierto, que me sorprende que a estas alturas todavía no se le haya ocurrido a Zapatero cambiar el nombre de Ministerio de Defensa, bastante eufemístico ya, por el orwelliano de Ministerio de la Paz. O, ya puestos, Ministerio de la Paz, la Concordia y la Alianza de Civilizaciones. Casi me arrepiento de haber lanzado esta idea, no vaya a ser que por alguna casualidad le llegue y le parezca buena. Que dos años por delante dan para muchas sandeces todavía.

En la sexta columna tenemos a los actuales presidentes de las C.C.A.A., con el PP y el PSOE casi igualados. Los más antiguos son el de La Rioja, Pedro Sanz, y el de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, ambos del PP, que llevan 15 años en el cargo y que si repiten victoria electoral el año que viene podrían acercarse en duración a los tres mencionados antes, Bono, Pujol y Rodríguez Ibarra, aunque desde luego no en influencia, sobre todo el semidesconocido mandatario de La Rioja, pues al de Murcia se le ha oído bastante a cuenta de la guerra del agua. La lista cuenta con una sola mujer, la simpar Esperanza Aguirre, que junto con María Antonio Martínez García, presidenta de Murcia en dos periodos, unos meses de interinidad en 1984 y otros dos años entre 1993 y 1995 sustituyendo a sus dimitidos antecesores, son las únicas de un total de 83 presidentes autonómicos que han desempeñado el cargo en los últimos treinta años, siendo Aguirre la única elegida en las urnas. Una fracción bastante mayor que la correspondiente a las féminas es la de presidentes autonómicos que han sido imputados por diversos delitos en el ejercicio de su cargo, de los cuales algunos han sido absueltos, otros condenados en firme y unos cuantos andan de juzgado en juzgado desde hace muchos años, aunque si no me equivoco sólo uno ha pisado la cárcel, por ahora. Luego recordaremos a algunos de ellos, que lo de Camps y Matas no es precisamente una novedad.

En la última columna tenemos el sueldo anual de los presidentes autonómicos en miles de euros, antes de los recortes de hasta el 15% que empezarán a aplicarse próximamente. Las cifras son algo inseguras, pues las fuentes no me parecen del todo fiables y a la hora de calcular las retribuciones hay que tener en cuenta los diversos complementos y pagos en especie, así como las incompatibilidades para cobrar por otros cargos, pero de ser ciertas, el Presidente de la Generalidad de Cataluña tendría asignado un sueldo de casi 170.000 € anuales, cerca del doble del que cobra el Presidente del Gobierno de España, que es de unos 90.000 €, algo difícil de comprender. Otros presidentes autonómicos, como el del País Vasco y la de Madrid, e incluso el Alcalde-presidente de Ceuta, estarían también por encima o alrededor de ese valor. Según las fuentes consultadas, incluso los consejeros del gobierno catalán ganarían más que el Presidente del Gobierno, por encima de 120.0000 €.

Veamos ahora la tabla con un poco de detalle. Empezando por las nacionalidades “históricas” o de la vía del artículo 151 C.E., el Gobierno de la Generalidad de Cataluña (o Generalitat de Catalunya, pero no Generalitat de Cataluña) consta actualmente de 14 consejeros más el Presidente Montilla. Cuando nació, o mejor dicho, renació la autonomía, allá por 1980, Jordi Pujol tenía a su mando a 12 consejeros, por lo que no ha habido grandes cambios en ese aspecto. Puede decirse que la autonomía catalana, al igual que la diosa Atenea, nació ya adulta, algo muy comprensible dada su historia anterior. En lo que sí ha habido un cambio es en lo que respecta a las vicepresidencias. Aquí hay que aclarar que en todas las comunidades autónomas el presidente no lo es sólo del gobierno, sino que ostenta la máxima representación del conjunto de las instituciones, que incluyen también a los correspondientes parlamentos autonómicos y otros órganos. En ese sentido los presidentes autonómicos equivalen a jefes de estado, lo que introduce una peculiar disimetría con el presidente del Gobierno de la nación, del que en cierto modo están por encima. Si unimos a esto lo que hemos visto sobre los sueldos y el código del Buen Gobierno aprobado en 2005 por el ejecutivo socialista-buenrollista de Zapatero, que elimina el tratamiento de “excelentísimo” para los ministros, dejándoles tan sólo en “señor” o “señora”, el desequilibrio se hace aún más evidente. Un importante hito en el resoluto camino de los políticos e instituciones catalanas hacia la transformación en un estado completo con toda la parafernalia asociada, lo marcó el nombramiento de Artur Mas como “conseller en cap” en el año 2001 con vistas a su lanzamiento como candidato en las elecciones del 2003. De este modo quedaba patente por vez primera el presidencialismo de la autonomía catalana, con Jordi Pujol ejerciendo de Presidente y Artur Mas haciendo de Jefe de Gobierno. La figura de “conseller en cap” de origen medieval, que ya se sabe lo mucho que les gusta tirar del fondo de saco de la Edad Media a los nacionalistas catalanes y asimilados, mientras que los vascos son más aficionados a rememorar la Edad Antigua e incluso la Prehistoria (¡ay, aquella Arcadia feliz en la que los árboles derramaban leche, miel y transferencias estatales…!), fue transformada por Pascual Maragall, ganador de las elecciones de 2003, en “conseller primer”, cargo que ocupó inicialmente el inefable Josep Lluís Carod-Rovira y posteriormente, tras las escaramuzas con la ETA del mencionado sujeto, Josep Bargalló, mientras que Maragall, bastante pasado de vueltas a esas alturas, ejercía felizmente de Reina Madre. Con la llegada de Montilla se ha rebajado un poco, al menos en apariencia, toda la parafernalia asociada a la presidencia de la Generalitat, y el puesto de conseller primer se ha transformado en vicepresidencia, como en los demás gobiernos autónomos, volviendo a ocuparla de nuevo el intragable Carod-Rovira, que hacía mejor pareja cómica con Maragall que con su sucesor, al que por cierto me han dado ganas de quitarle las interrogaciones finales de su periodo como presidente en la tabla de arriba. Parece que le ha llegado la hora, con siete años de retraso, al “delfín” de Pujol, o al menos eso dicen las encuestas.

En cuanto al Gobierno vasco de Patxi López cuenta hoy día con 10 consejerías, que son cuatro menos que las 14 que tenía el primero de Carlos Garraicoetxea en 1980 y dos menos de la que tenía el último gobierno de Juan José Ibarretxe, del que eliminó la vicepresidencia. Posiblemente los diversos gobernantes vascos hayan sido menos ostentosos que los catalanes, más dados a los símbolos emocionales que a los signos de ostentación externos, lo que no quita que no se haya derrochado el dinero a espuertas a base de subvenciones a todo lo que alimente la ideología nacionalista, además de una pasta gansa en enseñanza de su “lengua propia” que a pesar de todo sigue sin ser utilizada por la mayoría de los vascos en su vida diaria. Esto de las subvenciones es en realidad otra cuestión, pues no tienen por qué depender del rango del departamento que las asigna, de que sea una dirección general o una consejería, por ejemplo.

Tampoco en Galicia, aunque el número de consejerías se haya mantenido en estos años, se ha reparado en gastos para imponer la enseñanza de la lengua gallega, especialmente con la coalición PSOE-BNG gobernante durante la anterior legislatura, ni en parafernalia asociada a las instituciones de autogobierno, como por ejemplo los 1500 gaiteros que acompañaban las investiduras de Manuel Fraga.

En Andalucía tampoco ha habido un incremento importante del número de consejerías, se ha pasado de 11 a 13, aunque llegó a haber 15. Una vez más, el derroche por parte de los gobiernos autonómicos no tiene por qué venir necesariamente derivado de su estructura orgánica sino que es más bien consecuencia de las malas prácticas de gobierno, el amiguismo y la corrupción a todos los niveles, favorecida por la falta de alternancia de los partidos gobernantes, como bien saben en la tierra del PER, los “hermanísimos”, las “hijísimas” y el régimen de partido único que dura ya casi treinta años.

El repaso a las comunidades históricas no queda completo sin mencionar a Navarra, que como decíamos se rige por una ley especial, la de “Amejoramiento del Régimen Foral”, de 1982. Como el País Vasco, Navarra tiene un régimen fiscal propio, llamado Cupo en el primer caso y Aportación en el segundo, una reliquia de tiempos preconstitucionales que consiste en que ambas autonomías recaudan sus propios impuestos y luego pagan al Estado central por los servicios no transferidos que éste le presta. Estos pagos se revisan cada varios años, siempre con ventaja para el País Vasco y Navarra, normalmente a cambio del apoyo al gobierno nacional de turno en la aprobación de los PGE. Se ha estimado que en el caso vasco la diferencia entre lo que pagan y lo que deberían pagar es de unos 2.000 millones de € anuales, mientras que en el navarro es de unos 600 millones, cantidades que están en proporción a la población de ambas comunidades. Un cálculo más justo de esas cantidades, tal y como propuso UPyD en su programa electoral de 2008, o mejor aún, la erradicación de ese privilegio preconstitucional, no supondría un ahorro para las arcas del Estado, pero sí una distribución más justa para el conjunto de los españoles.

El caso es que en Navarra, a la chita callando (ventajas de tener un vecino tan ruidoso) se han aprovechado muy bien los recursos para ir “amejorando” durante estos últimos treinta años hasta llegar a ser, junto con el País Vasco, una de las comunidad más ricas en cuanto a la renta per cápita, superadas ambas tan sólo por Madrid, la más dinámica con diferencia, mientras que Cataluña, seguramente a consecuencia de su empeño en las políticas identitarias está perdiendo posiciones, habiendo sido recientemente superada por Madrid en peso económico absoluto. Mientras tanto, como decía, en Navarra se ha ido produciendo un “amejoramiento” reflejado entre otras cosas en el incremento del número de consejerías y vicepresidencias de su gobierno, que han pasado de 8 y 1 a 12 y 2 respectivamente. Pero quienes sí que “amejoraron” de verdad su renta per cápita fueron ese par de sinvergüenzas que ejercieron el cargo de presidentes de la comunidad foral en primer y tercer lugar, los socialistas Gabriel Urralburu y Javier Otano, implicados en la trama navarra del “caso Roldán”. El primero fue condenado a once años de prisión, luego rebajados a cuatro, y a 780 millones de pesetas de multa por el cobro de comisiones ilegales. El segundo se libró por considerarse prescrito el delito de corrupción del que se le acusaba.

Puede decirse que en general las autonomías históricas nacieron ya con la idea de ser miniestados con la estructura de gobierno completa y que en el nivel máximo no han tendido a crecer demasiado, e incluso en el caso vasco ha habido disminución del número de consejeros. Otra cosa es el crecimiento desbocado en todos los demás niveles de las respectivas administraciones y, peor aún, en aquellos cargos que no forman parte de sus estructuras jerárquicas, es decir, esa plaga conocida como asesores, pero ese será el tema de otro post si es que algún día consigo vislumbrar algo en medio de esa jungla. Pero, ¿qué ha pasado con las autonomías “no históricas”, las del artículo 143 C.E., de las que en los inicios del proceso constituyente no estaba previsto que alcanzaran ese estátus?

Recientemente José Bono, en el mismo acto en el que emulando a Churchill dijo aquello de que “para ganar el futuro a veces hay que perder las elecciones” comentaba a un periodista que cuando a principios de los 80 se encontraron con lo del “café para todos”, la mayoría de los dirigentes políticos, entre ellos los de la entonces Castilla la Vieja, no sabían muy bien que hacer con aquello. Claro que eso era en aquella inocente época en que los jóvenes políticos de la joven democracia española, con excepción de algún experimentado zorro como Jordi Pujol, no habían echado aún la tercera dentición, esa por la que las piezas dentales llamadas caninos, más habitualmente conocidas como colmillos, se retuercen sobre sí mismas hasta alcanzar un desarrollo y una complejidad que ya quisieran para sí los machos dominantes de las manadas de suidos ibéricos conocidos científicamente como “Sus scrofa” y vulgarmente como jabalíes. Desde entonces los políticos regionales no sólo han aprendido que al café se le puede echar leche y azúcar y acompañarlo de churros, zumo de naranja, tostada y bollería diversa, sino que han descubierto que no pasa nada por añadir un par de crujientes huevos fritos, unas chorreantes lonchas de bacon, quesos de todo tipo, embutidos variados y hasta cereales de mil clases, convirtiendo aquel sobrio y mesetario café amargo en algo que a estas alturas ya no se sabe si es un desayuno continental o una merienda de negros. Y Don José Bono, alumno aventajado de aquella generación de novatos y que debe de ir ya por la cuarta o quinta vuelta de colmillo, debe de saber muy bien lo que está haciendo y diciendo estos días al presentarse como un estadista que piensa en las próximas generaciones y no como un político que piensa en las próximas elecciones. Seguro que él no piensa en las de 2012 ó 2011, si es que se adelantan, que como casi todos en su partido debe de dar ya por perdidas se presente quien se presente como cabeza de lista, pero las siguientes… eso ya es otra cosa.

Dejamos estas comunidades “no históricas” para la tercera y última parte de este post, que se está conviertiendo en un tocho considerable. Voy a tener yo también que aprender a hacer recortes en mi barroquismo literario.

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3 respuestas a Esta semana … hablaremos de los gobiernos (Recortes, nº 3, 2ª parte)

  1. Alfonso dijo:

    Tu barroquismo literario se está convirtiendo con él paso de los dias en un interesante informe que cuando esté terminado, capítulo diez para respetar que tú mente segun dices tambien fuenciona en base 10, creo que merecerá la pena darlo a conocer en foros de mayor audiencia. Saludillos y buena campaña de afiliación.

    • alexroa dijo:

      Pues tengo previsto escribir algo acerca de las subvenciones a la minería del carbón dentro de un contexto más amplio sobre la (falta de) política energética de España, algo que tú sabrías explicar mucho mejor que yo, sin lugar a dudas. Si te animas, admito post invitados. Creo que es un magnífico ejemplo de cómo los prejuicios ideológicos de quienes nos gobiernan están hundiendo nuestro futuro. Bueno, nuestro presente ya.

      Suerte también a los galapagueños con la campaña de afiliación. A ver si es verdad que doblamos nuestro número y podemos descansar un poco algunos.

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