Violencia de género, número y caso (Tontadas de verano, nº 1)


Al igual que otros medios de comunicación llegados los calores estivales publican relatos de verano para leer en la tumbona de playa, inauguro también yo mi propia serie en este medio de comunicación unipersonal, que al fin y al cabo eso es un blog, a la que titulo “tontadas de verano” por oposición al rigor, seriedad y profundidad de mis otros artículos, que si no han merecido todavía el Pulitzer de los blogs, que seguro que lo hay, es porque en España somos muy envidiosos.

Entrando ya en el tema de este post, a causa de algún extraño recoveco de mi poco disciplinada psique, cada vez que oigo o leo la expresión “violencia de género” le añado mentalmente lo de “número y caso”, que se me quedó del bachillerato. Ya sé que este tema de la violencia de género es un asunto muy serio y no hay ninguna intención de burla por mi parte, pues lo único que pretendo comentar es la dificultad de encontrar una denominación adecuada a una realidad bien conocida, así que no me meteré en la gran desgracia que supone que a estas alturas del siglo XXI tengamos todavía que estar pendientes de esa lacra social, esa barbarie que contradice décadas y siglos de evolución de la convivencia. Tampoco diré nada sobre las leyes y los medios que en España se han establecido para combatirla, ni sobre la pasada de frenada que ha supuesto restablecer en el Código Penal el delito de autor por el que se castiga con una pena mayor al hombre que golpea a una mujer que a una mujer que golpea a un hombre, o acerca de la tremenda injusticia y los abusos derivados de que un hombre pueda ser detenido exclusivamente a causa de la denuncia de malos tratos de una mujer, o al respecto de la distorsión que supone inflar las cifras de malos tratos a mujeres y al tiempo ocultar el número de hombres muertos a manos de sus parejas femeninas, que es así como una cuarta parte del de mujeres asesinadas por hombres. De todas estas cosas tan serias no hablaré hoy aquí, pues sólo quería centrarme en la dificultad de encontrar un nombre con el que designar esa triste realidad.

Volviendo con lo de “género, número y caso”, me parece que debe de ser un residuo del único año de latín que estudié en segundo de B.U.P, porque el caso es que en la lengua castellana no es habitual el caso, salvo en los pronombres si acaso, pero lo de “caso” viene muy al caso si recordamos aquel periódico semanal que se llamaba “El Caso” lleno de crímenes truculentos que tanto éxito tuvo durante los años del franquismo y principios de la democracia, llegando a vender hasta medio millón de ejemplares, y que con tanta fruicción devoraba mi abuelita, con lo dulce que era.

Lo de “número” también viene al caso, o al número, dadas las cifras con las que se nos obsequia continuamente, esa especie de ránking anual permanentemente actualizado y publicitado de mujeres asesinadas por hombres (ya digo que el de hombres asesinados por mujeres no tiene apenas eco), aunque por otra de esas extrañas asociaciones de ideas que no controlo, siempre pienso en el aquel chiste de Gila de tres tipos que le estaban pegando una paliza a otro, me meto, no me meto, y al final me metí y menuda paliza le pegamos entre los cuatro.

Y es que lo de “género” es un error conceptual o semántico, tan persistente que parece que ya no vamos a poder con él, pues es bien sabido que el género es una cuestión gramatical que afecta a los sustantivos y adjetivos, además de ser sinónimo de “mercancía”, mientras que las personas y demás animales lo que tenemos es sexo, aunque no siempre con la frecuencia que uno desaría. Pero claro, la expresión “violencia de sexo” tampoco es muy acertada, pues viene a ser lo mismo que “violencia sexual” que por lo general es entre desconocidos o semidesconocidos, aunque por supuesto también la hay dentro de los hogares.

Más acertada me parece la expresión “violencia doméstica” y sus más o menos sinónimos “violencia familiar” o “violencia intrafamiliar” aunque en cierto modo parece un oxímoron o contradicción en los términos, pues “doméstico” significa lo relacionado con el hogar pero “domesticar” es hacer tratable a los animales en general, también a los humanos en particular. Aún así me parece más acertada porque hace referencia al ámbito en que se produce habitualmente este tipo de violencia, el hogar compartido por una pareja, sin prejuzgar quien es el/la agresor/a o el/la agredido/a, válida para parejas heterosexuales, homosexuales, tríos o cualquier otra combinación, aunque también para la violencia entre padres e hijos y otras combinaciones de parentesco.

No me parece en cambio nada acertada la expresión “violencia machista”, sobre todo si con ella se pretende designar la ejercida por un hombre sobre una mujer. Primero porque el machismo no es la cualidad de ser macho sino una actitud mental o visión del mundo compartida por hombres y mujeres. Y segundo porque es algo muy difícil de demostrar. ¿Cómo distinguir si un hombre ha golpeado a su mujer o viceversa motivado por su visión machista del mundo o lo ha hecho simplemente porque no ha podido controlar su ira en ese momento, a pesar de ser un hombre (o una mujer) sin ningún rasgo machista en su personalidad?

Existe además la tentación de contraponer “machismo” a “feminismo”, cuando hacen referencia a cuestiones diferentes. Según el DRAE machismo es “la actitud y prepotencia de los varones respecto a las mujeres”, aunque la definición del diccionario on-line Word Reference me parece más ajustada: “actitud y comportamiento de quien discrimina y minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores a los hombres”. Esta última definición no hace referencia a quien muestra esa actitud y comportamiento, que puede ser tanto un hombre como una mujer. Incluso a un perro que hiciera más caso a su dueño que a su dueña se le podría atribuir un comportamiento machista.

El feminismo, en cambio, es más una ideología que un comportamiento, una ideología nacida al menos hace un siglo y que ha llevado a toda una serie de conquistas sociales que deberían concluir, en mi opinión, en la igualación completa de derechos entre hombres y mujeres, evitando como a la peste cualquier intento de ir más allá con políticas de discriminación positivas, códigos penales que castigan a los hombres por el hecho de serlo y costumbres socialmente aceptadas como esa insistencia en decir que las mujeres son mejores que los hombres en todos los aspectos, más nobles, más fuertes, mejor organizadoras…, que ya nos vale, por favor.

Lo opuesto al machismo no sería por tanto el feminismo sino más bien el “hembrismo”, degeneración del feminismo que teoriza la superioridad de la mujer sobre el hombre, palabra que aún no está en el diccionario de la Real Academia pero que merece estarlo por que define muy precisamente una realidad y además es buen castellano. Machismo y hembrismo son ambos expresiones de sexismo, por lo que la expresión “violencia sexista” es más inclusiva y tampoco prejuzga quién es el agresor ni quién el agredido.

Pero entonces, ¿cómo designar a aquella ideología que denuncia y pretende corregir los abusos que se están cometiendo para favorecer al sexo femenino en detrimento del masculino, y que ya he mencionado someramente? Pues aunque lo opuesto o contrario a “femenino” es “masculino”, la palabra “masculinismo” no me gusta nada, me suena como “culturismo” o algún otro tipo de culto a la imagen. Así que propongo el uso de otro neologismo derivado de “varón”, “varonismo”, que nada tiene que ver con el machismo y sería el equivalente a “feminismo” en cuanto a que propone la igualación de derechos de hombres y mujeres evitando y corrigiendo algunos abusos discriminatorios hacia los hombres a los que se ha llegado en los últimos tiempos. Para mi sorpresa, aunque en realidad no demasiada pues hay muchas cabezas pensando en el mundo al mismo tiempo, al consultar en Google he descubierto que la palabra y su definición ya se les habían ocurrido a otros. Lo cual me reconforta. Es bueno saber que uno no es el único “varonista” del mundo. Aunque lo de ser el único varón entre millones de mujeres, esa recurrente fantasía masculina, no me parecería tan malo.

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2 respuestas a Violencia de género, número y caso (Tontadas de verano, nº 1)

  1. Jose dijo:

    Un amigo a quien asignaron una compañera de trabajo, subordinada, no tuvo ningún reparo en sincerarse con ella y contarle que hubiera preferido un varón pues al trabajar solos en una dependencia quedaba completamente a su merced ante cualquier denuncia de la susodicha. Hasta ahora, si alguien te denunciaba debía de aportar pruebas para que la justicia obrara en consecuencia; la nueva ley no espera a comprobar la veracidad de las denuncias para comenzar a aplicar medidas contra el denunciado. Y todo por la Igualdad, con mayúsculas.

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