A ojo de buen cubero y tres tontadas más (Tontadas de verano nº 8)


Ya va acabando el verano, aunque castigando con una ola de calor espantosa en su tramo final, y toca vuelta al cole y a las cosas serias, por lo que ha llegado el momento de finalizar esta serie de “tontadas de verano”, al menos por este año. El que viene ya se verá, si seguimos por aquí.

Para este último post de la serie tenía varias ideas. Una de ellas hubiera sido un artículo con un título bastante explícito: “Más peligro que uno de letras armado con una hoja Excel”. Trataría, como es de suponer, sobre lo engañosos que resultan los gráficos elaborados con la aplicación informática ‘Excel’ o similares para el que no sabe utilizarlos o, peor aún, para el que sí sabe pero los utiliza con intención de manipular. Buscando algunos ejemplos en la web me encontré con una gráfica genialmente absurda, que incluyo a continuación.

 En ella se representa la probabilidad de morir a manos de Iñigo Montoya según el número de dedos en cada mano. Para quien no lo sepa o no lo recuerde, Iñigo Montoya era un personaje de la exquisita película “La Princesa Prometida” (The Princess Bride, Rob Reiner, 1987), un caballero español que iba buscando al hombre que mató a su padre cuando él era niño, del que sólo sabía que tenía seis dedos en cada mano. Iñigo Montoya (el actor Mandy Patinkin, que últimamente ha interpretado el papel de Jason Gideon en la serie “Mentes criminales”) se bate en duelo con diversos oponentes que no son el asesino de su padre y por tanto tienen cinco dedos en cada mano, y a algunos los mata y a otros no (probabilidad 50%). Finalmente encuentra a quien anda buscando, el hombre con seis dedos en cada mano, y tras decir la famosa frase (famosa al menos para los frikis cinéfilos como yo) “hola, me llamo Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”, se bate con él y le mata (probabilidad 100%). Un ejemplo genial de gráfico absurdo, pero es que hay tantos como ese que pasan por ser serios y científicos y son igualmente absurdos…

Otra idea que, al menos por ahora, se queda sólo en el título es “Ya lo dijo Spengler” sobre los artículos, muy habituales en este mundillo de la política, que se basan en acumular citas de autores prestigiosos supuestamente leídos, algo sobre lo que ya llamó la atención Husserl siguiendo en esto a la escuela de Nuremberg, si bien hay que tener en cuenta las aportaciones de Hanna Arendt, muy influenciada por su relación con Walter Benjamin. Y ya dijo Benjamin que “en la improvisación reside la fuerza. Todos los golpes decisivos habrán de asestarse como sin querer”. (Por supuesto que todo lo anterior no tiene ningún sentido y que yo no he leído una sola palabra de esos señores y señora).

Tenía pensado también escribir sobre “la dictadura de los pelmazos”, y no me refiero a los dictadores pelmazos tipo Fidel Castro, que en cierta ocasión pronunció un discurso de siete horas y media en la sede de la ONU, o de su émulo venezolano Hugo Chávez, que en su programa televisivo diario “¡Aló Presidente!” ha superado ya en un par de ocasiones las ocho horas de parloteo ininterrumpido. Me refiero más bien a cierta cualidad que, desgraciadamente, es muy útil en política. Y es que vemos una y otra vez cómo en el discurso político prima la cantidad sobre la calidad, la repetición y la confusión sobre las ideas claras y sencillas, de modo que se considera una buena cualidad en política ser capaz de hablar durante largo rato, aunque no haya nada que decir, y hacer bueno el dicho de Camilo José Cela “el que resiste, gana”. Y así, es sabido que en las maratonianas reuniones de la Unión Europa en las que se negocia el reparto de los fondos en sesiones que duran hasta altas horas de la madrugada, acostumbra a sacar una mejor tajada quien tiene mayor resistencia física y un mejor control de sus esfínteres (o sea, el que no tiene que ausentarse de la mesa de negociación). Recuerdo también que en la Comisión parlamentaria de investigación del 11-M, a finales del año 2004, Aznar declaró durante nada menos que 11 horas seguidas, sin parar ni a comer un bocadillo. Unos días después, e imagino que para no ser menos que su antecesor, Zapatero declaró durante 13 horas, también sin pausas ni refrigerios. Ninguno de los dos aportó nada a la investigación y ni siquiera respondían realmente a las preguntas que se les hacían, según puede observar durante el rato en que los estuve escuchando, puede que un par de horas a cada uno. Simplemente soltaban sus ya conocidos discursos, repitiendo los mismos argumentos una y otra vez, sin verdadera interacción con sus interlocutores. Y es que lo que realmente caracteriza a los pelmazos no es que hablen mucho sino que no interaccionan con los demás. Van a lo suyo, como autómatas.  En la vida diaria los tenemos por todas partes, esos “cansinos” que tan bien retrata José Mota. En la política son una auténtica plaga, esos émulos de Demóstenes o de Castelar, esa gente encantada de escucharse a sí mismos y que prosperan a base de persistencia más que de cualquier otro talento. Alguno incluso llega a ministro o a presidente del Gobierno.

Y un último tema que tenía pensado dentro de la línea temática más habitual en este blog, la del anumerismo, es el de las estimaciones “a ojo de buen cubero” (o sea, a bulto) de medidas de cualquier clase, tema en apariencia ligerito pero con mucha miga. En la vida diaria tenemos infinidad de ejemplos de estimaciones (que no cálculos) a las que hay que aplicar un determinado coeficiente corrector para hacerse una idea adecuada. Así, si un hombre dice que se ha acostado con X mujeres en su vida, ya sabemos que hay que dividir por 2 ó 3, como norma general, mientras que si una mujer dice que ha tenido relaciones con X hombres, habrá que añadir unos cuantos más, esos que ella desearía borrar de su lista y que por tanto no cuenta. Otras típicas fantasmadas masculinas están relacionadas con los coches (la otra medida de su virilidad) y es muy habitual que cualquier hombre afirme haber tomado sólo diez o doce clases antes de examinarse del carnet de conducir que por supuesto sacó a la primera, o bien que asegure hacer el trayecto Madrid-Valladolid en una hora (hay 193 km de centro a centro) y cosas así. Para este último caso, el de los desplazamientos, generalmente hay que multiplicar por un coeficiente comprendido entre 1.5 y 2, según lo fantasma que sea el sujeto, para acercarse a la realidad, es decir, desde que te subes al coche para iniciar del viaje hasta que te bajas de él, no desde que dejas atrás el último cartel del término municipal de Madrid hasta que ves el primero que dice “Valladolid”, que incluso contándolo así es más de una hora si no sobrepasas demasiado los límites de velocidad.

En cuanto a las estimaciones de distancias y tiempos andando, es evidente que Dios o la Naturaleza no han dotado al ser humano de unos sensores medianamente buenos o de sentido común a la hora de usarlos. Y así, cuando alguien me dice que determinado establecimiento está “por allí, to’ tieso, a unos 100 metros”, ya me hago a la idea de que tendré que andar no menos de 300 ó 400 metros. Y si paseando por el monte pregunto a alguien cuánto falta para llegar a algún sitio y me dice que “15 ó 20 minutos y además todo es llano,” rápidamente hago la conversión y me mentalizo para tres cuartos de hora de caminata arriba y abajo. Eso sí, las escasísimas veces que alguien me da una estimación correcta me llevo una enorme alegría, por lo inesperado.

¿Y que decir del “te llamo en un minuto” (que se convierte en un cuarto de hora) , del “llegamos en diez minutos” (más de media hora)  o del “ya casi estoy” (aquí no hay regla que valga, puede ser cualquier cosa)? En estos casos lo que hay es una combinación entre la incapacidad para estimar el tiempo y la falta de respeto a los demás, pues ya decía no sé quien, puede que yo mismo, que robar el tiempo es como robar la vida y que debería estar proporcionalmente castigado en el Código Penal.

Y hablando del Código Penal y las estimaciones a bulto, y entrando ya en la política, tenemos innumerables casos de obras financiadas con dinero público cuyos costes se sobreestiman, y ya sabemos dónde van a parar los extras habitualmente, o bien se subestiman inicialmente y luego se disparan de manera sospechosa. Pero aún sin entrar en comportamientos delictivos no es nada extraño en este mundillo el de hacer estimaciones a bulto, a ver si cuelan entre los votantes. Recuerdo por ejemplo que cuando la catástrofe del Prestige el gobierno del PP presentó el llamado “Plan Galicia” para reactivar la economía de la comunidad dotado con 12.500 millones de euros. Luego resultó, y así lo reconoció el propio Aznar, que más de 7.000 millones ya estaban previamente presupuestados y que la nueva inversión era sólo de 5.200 millones, aproximadamente el 40% de lo anunciado a bombo y platillo. Es también muy habitual prometer en campaña la construcción de tropecientos kilómetros de metro o de tren de cercanías (en Madrid tenemos a un par de especialistas en la materia) obviando que al menos la mitad de esos tropecientos kilómetros ya están en construcción, con las tuneladoras trabajando a toda pastilla, y lo mismo vale para autovías o para el AVE. Siguiendo con las ofertas electorales resulta un tanto absurdo prometer, como hizo el malogrado candidato a presidente madrileño Rafael Simancas en la campaña del 2007, la reducción de emisión de gases de efecto invernadero en la Comunidad de Madrid un 30% en ocho años (por voluntarismo que no quede). Ciertamente los programas electorales son una mina en este aspecto de las estimaciones a bulto. Da la impresión de que se elaboran sin ninguna intención de cumplirlos, pero ya sabemos que esto no es posible, pues nuestros nuestros políticos son gente estricta y rigurosa que jamás osaría engañar a sus votantes dejando de cumplir sus promesas electorales, ¿verdad? Yo desde luego, pondría la mano en el fuego por ello.

Y con esta demostración palpable de los estragos que en mi cerebro ha causado la reciente ola de calor, que por suerte ya ha remitido, concluyo las “tontadas del verano 2010”. A partir de ahora en este blog todo serán análisis sesudos y rigurosos, cifras a punta pala, sangre, sudor y lágrimas, y llanto y crujir de dientes.

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7 respuestas a A ojo de buen cubero y tres tontadas más (Tontadas de verano nº 8)

  1. AliciaLTQ dijo:

    ¡¡¡¿¿¿¿¿QUE IÑIGO MONTOYA ES JASON GIDEON?????!!! No tenía ni idea. Es
    increíble. Yo estoy mazo por Jason Gideon aunque no es guapo, pero es muy
    interesante y muy macho alfa. Bueno, ya sé que el tema no era ese pero es que me
    parece increible que no me haya dado cuenta con lo que me gustan LA Princesa
    Prometida y Mentes Criminales . En fín. Asi que dices que cuando las chicas
    hacemos el cómputo de los chicos con los que hemos estado eliminamos a aquellos
    de los que nos sentimos avergonzadas por cualquier motivo como por ejemplo
    porque no invitaban nunca, porque contaban chistes malos o porque su
    conversación era como la de un lemur recien despertado de un coma…. Dices que
    todos esos tipos deben ser contados ,y que no podemos negar hasta que nos
    torturen que hemos estado con ellos …¿Dónde lo pone? Yo no lo he visto
    escrito en ningún sitio. Ahora va a resultar que todos cuentan.. pues
    no.Faltaría mas.

  2. mararoa dijo:

    El otro día, un compañero de trabajo estaba indignado porque el Ayuntamiento de Madrid “se había gastado en papeleras de esas que se ponen en la calle, 70 millones de euros”. Claro , yo, ya alertada por tus artículos sobre anumerismos y demás, que estoy ultimamente más ojo avizor, le rebatí su dato y le dije que me parecía una barbaridad. Otro compañero me apoyó, pero el primero estaba mas indignado porque dudábamos de su palabra y él lo había leido no sé donde. Intentamos por todos los medios hacerle razonar, que pensara lo que había dicho, pero no, él cada vez mas enfadado porque le estábamos haciendo quedar de mentiroso. Incluso le ofrecimos la posibilidad de que quizá estuviera mal escrito y que no fueran mas que 7 milones de euros, que ya son euros en papeleras, pero no, su respuesta fue : “Estáis tontos, yo no digo que se hayan gastado todo ese dinero en papeleras, eso es lo que dice el Ayuntamiento, se habrán gastado 7 y lo demás se lo han repartido,que no os enterais de nada” Impresionante, verdad? O sea que la gente no es que se lo crea todo , pero saben hacer sus propias deducciones sobre donde va ese dinero, que luego dicen que somos tontos.

    • alexroa dijo:

      Pues parece ser que sí que son 70 millones, un total de 60.000 papeleras “inteligentes” a 1.200€ cada una. Una barbaridad, por muy inteligentes que sean. Claro que el razonamiento de tu compañero es irrebatible. ¿Qué contestar a algo así? Es el pan nuestro de cada día.

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  4. Jose dijo:

    Un momento, que quiero defender la costumbre de calcular el tiempo empleado en un viaje tomando como punto inicial el cartelito de fin de población y como punto final el ídem indicador de que ya llegaste al pueblo al que te dirigías. Lo que hay antes y después se ve mediatizado por los semáforos y el tráfico urbano, y a mí me gusta saber qué tal ha sido de fluido el viaje en carretera (mi memoria es mala y al llegar suelo haber olvidado si tuve mucho o poco tráfico). Eso sí, tomo el tiempo con todo rigor.
    Y sobre lo de a buen cubero o al bueh tuntún, qué decir de esos 44 ó 45 grados que se dan durante el verano día sí y día también en cada villa del interior peninsular, del paralelo 43 para abajo. Anda que no iba a agradecer la seguridad social que tales cifras se alcanzaran, pues el número de pensionistas caería en picado en un par de semanas. En temas de calor, sólo me fío de los sevillanos y cordobeses. De Sevilla no olvidaré nunca aquella serie de días en los que a las 12 de la mañana se alcanzaban 40 grados, teniendo que esperar hasta las 20:00 para ver de nuevo al mercurio pasar por dicho valor, pero ya en descenso.Eso es el calor.

    • alexroa dijo:

      Hombre, Jose, bienvenido de nuevo. Con lo de las temperaturas que no son no hay nada que hacer. Hasta hay quien piensa que el Gobierno oculta los datos verdaderos para no asustar a la gente. Si se supiera que a pleno sol sobre un suelo de asfalto, a la altura de los pies, es muy habitual superar los 50ºC en verano, seguro que el pueblo se amotinaba y exigía que rodaran cabezas. Lo de Valladolid viene de la época en que hacía habitualmente el viaje desde Madrid, allá por el primer lustro de los 90 (¿por cierto, cómo se llama esta década que acaba dentro de cuatro meses? ¿tiene ya nombre popular?), tardando casi dos horas desde que salía de mi casa de Madrid hasta que aparcaba en la que teníamos alquilada en Valladolid, cosa que a alguno de mis colegas del barrio les parecía increíble, insistían en que Madrid-Valladolid se hace en una hora o muy poco más. Y sí, se hace si cuentas desde que has salido de Madrid hasta cuando entras en Valladolid y no bajas de 160 km/h. Y no es que yo sea de los lentos, precisamente. Ya llevo unas cuantas multas, religiosamente pagadas eso sí, por exceso de velocidad. Ya me hacen hasta un descuento del 50% por cliente habitual. Bueno, creo que se lo hacen a todo el mundo, pero me hace más ilusión pensar que me lo hacen a mí especialmente como los de las empresas de telefonía móvil y demás timadores (un día de estos les voy a dedicar un post, que últimamente mi compañía desde hace más de diez años me la ha jugado bien, y con recochineo).

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