¡Cómo nos gustan las elecciones!


El domingo pasado se despejó la incógnita de quién era el candidato preferido por los votantes de la agrupación del Partido Socialista Madrileño para enfrentarse (y seguramente ser vapuleado, al menos eso dicen las encuestas) a la actual presidenta de la Comunidad de Madrid. De los 18.000 afiliados con derecho al voto, nada menos que 14.600, un 80% en números redondos, participó en las elecciones primarias que, como es sabido, ganó Tomás Gómez por muy escaso margen, 7.613 votos, el 51,8%, frente a 7.055, el 42%, que consiguió Trinidad Jiménez (imagino que el 0,2% que falta serán los votos en blanco). Una victoria pírrica, como diría algún comentarista deportivo de esos que creen que la expresión significa “ganar por la mínima” en vez de “ganar una batalla pero perder la guerra” que es lo que le pasó a Pirro frente a los ejércitos de Roma. Quizá alguno de esos comentarista crea que “pírrica” viene de “Pirri”, aquel futbolista del Real Madrid activo en los años sesenta y setenta, que todo es posible.

En fin, a lo que iba. Lo más sorprendente de todo ha sido para mí la extrema atención mediática que se ha dispensado al evento, como si los implicados no fueran únicamente los afiliados del Partido Socialista Madrileño, sino todos los madrileños y aún todos los españoles. La razón, evidentemente, es que la intervención de Zapatero y de sus fieles Blanco, Rubalcaba y Pajín ha deformado el proceso electoral y lo ha convertido en poco menos que en un plebiscito sobre la persona del Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE. De este modo los posibles méritos y deméritos de cada uno de los candidatos han quedado reducidos a unos sencillos eslóganes: por una parte teníamos al hombre “que dijo no a Zapatero” (y apostaría a que Rubalcaba se ha arrepentido más de una vez de haber definido así a Gómez, suministrándole involuntariamente lo mejor de su artillería) y por otra a la mujer “que alojó en su casa de Madrid al joven diputado José Luis cuando llegó de León con su maleta roja hace ahora diez años dispuesto a convertirse en el nuevo líder del renovado PSOE”.

Desconozco si los votantes del PSM han votado en función de esos estereotipos, pero eso es lo que han transmitido los diversos medios de comunicación, hasta el punto de que los que menos quieren a Zapatero hablaban al día siguiente de su derrota, no de la Jiménez o del triunfo de Gómez.

A mí personalmente me interesaron mucho más otras elecciones que tuvieron lugar el mismo día a miles de kilómetros de distancia, las de la presidencia de Brasil, que con sus doscientos millones de habitantes es actualmente la cuarta democracia del mundo por población, tras la India, los Estados Unidos e Indonesia, y la octava potencia económica mundial según el FMI, o novena según el Banco Mundial, por delante de España en cualquier caso, que según a quién preguntes ocupa un lugar entre el noveno y el decimotercero… y bajando.

Al igual que en Madrid, cada uno de los aspirantes a la presidencia de Brasil tenía bien construido su retrato, o su “relato” como dicen los que saben de esas cosas. Aunque será necesaria una segunda vuelta, la virtual ganadora es la heredera de Luiz Ignacio “Lula” da Silva, Dilma Rousseff, presentada además de como heredera de Lula como una antigua guerrillera que combatió contra la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985, que fue encarcelada y torturada durante tres años y recibió el apodo de “la Juana de Arco de la guerrilla”.

Ante semejantes avales poco podían hacer sus rivales, José Serra, experimentado político que pasará, seguramente para perder con claridad, a la segunda vuelta y Marina Silva, la candidata ecologista que también tenía un magnífico relato: pobre y negra, o más concretamente zamba, mezcla de indios y negros (no como los otros candidatos, de familia acomodada o de clase media, y descendientes de búlgaros e italianos, respectivamente) fue analfabeta hasta los catorce años, a pesar de lo cual consiguió asistir a la universidad e introducirse con gran éxito en la política, primero en el Partido Comunista y luego en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula de Silva, que la nombró ministra de Medio Ambiente en 2003. Hace un par de años Marina Silva dimitió como ministra y abandonó el PT para ingresar en el Partido Verde, que ahora la ha presentado como candidata a la presidencia de Brasil, obteniendo en esta primera oportunidad un meritorio 19% de los votos.

Se da por hecho que en la segunda vuelta, a celebrar el próximo 31 de octubre, Dilma Rousseff, que en la primera ha obtenido casi el 47% de votos, ganará sin problemas a José Serra, que se quedó en el 33%. El apoyo de la descartada Marina Silva a uno u otro de los candidatos puede ser importante para el resultado final.

Pero independientemente de que gane uno u otra, de que si lo hace Rousseff se convierta en la primera presidenta de Brasil, y de que si lo hubiera hecho Marina Silva hubiera sido no sólo la primera presidenta sino la primera persona de una minoría étnica que consiguiera llegar al cargo, lo importante, creo yo, es lo que supone para Brasil, como para el resto de las naciones iberoamericanas que están en el mismo proceso, el llevar veinticinco años de democracia ininterrumpida, con gobiernos estables que garanticen la necesaria tranquilidad para que esos países con tan gran potencial puedan por fin materializarlo. Parece que va quedando atrás el tiempo de la democracia vigilada por los militares, siempre dispuestos a intervenir en cuanto les parecía que había demasiado revuelo. No queda en América más dictadura que la de los hermanos Castro, cincuenta y un años ya, se dice pronto. Ni siquiera la hay en Venezuela, mal que le pese al energúmeno del presidente Chávez que muy probablemente tendrá que dejar el gobierno en las elecciones del año que viene a pesar de todas sus marrullerías.  Y episodios como el vivido la semana pasada en Ecuador, no se sabe si un intento de golpe de estado o de magnicidio en la persona de su presidente, Rafael Correa, se han vuelto afortunadamente excepcionales.

La mayor parte de las naciones iberoamericanas disfrutan hoy en día de regímenes democráticos estables, semejantes al de los Estados Unidos, su fuente de inspiración desde que hace doscientos años se independizaron de España y Portugal como lo había hecho poco antes su vecino del norte respecto de Inglaterra. Y al igual que los Estados Unidos, casi todas estas naciones son repúblicas, unas federales y otras unitarias, pero siempre presidencialistas y con limitación de dos mandatos para los presidentes. De no existir esa limitación, Lula de Silva hubiera podido presentarse de nuevo, tras sus ocho años como presidente, y arrasando en las urnas, o al menos eso decían las encuestas. Del mismo modo el anterior presidente de Colombia, Álvaro Uribe, tremendamente popular gracias a haber casi exterminado a la narcoguerrilla de las FARC, tenía una popularidad del 80% al final de su segundo mandato, y sus ocho años de gobierno han constituido el periodo de mayor estabilidad política de la historia de Colombia. Aunque hizo un amago de cambiar la Constitución mediante un referéndum para poder optar a un tercer mandato, no tardó en echarse atrás y asumir que no debía forzar las cosas. Su sucesor Juan Manuel Santos, designado por Uribe como Rousseff lo ha sido por Lula, ha arrasado igualmente en las elecciones presidenciales del pasado mes de junio con un 70% de los votos en la segunda vuelta.

Más fácil aún hubiera tenido la reelección la anterior presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que se despidió del cargo el año pasado con un 84% de popularidad tras un único mandato, que es a lo que obliga la constitución de ese país, extremando al máximo el rigor. A su sucesor, Sebastián Piñeira, de distinto partido que Bachelet, le recibió el mayor terremoto de la historia de Chile y uno de los más violentos de entre los que hay registro histórico, el 27 de febrero de este año. Pero frente a esa inestabilidad sísmica, el pueblo chileno ha conseguido encadenar ya veinte años de elecciones democráticas y cinco presidentes (Alwyn, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera) que han podido terminar sus mandatos sin mayores problemas y sin la sombra de Pinochet desde hace cuatro años.

¡Qué cosa tan asombrosa! Un continente donde sus máximos mandatarios se despiden con altísimas cotas de popularidad obligados por las limitaciones de mandatos que establecen sus constituciones. Igualito que en España, donde tenemos a un presidente del Gobierno empeñado en terminar su mandato “como sea” a pesar de haber caído hasta un 75% de impopularidad. Más o menos como le pasó antes a González y como quizá le hubiera pasado a Aznar de no haberse autolimitado él mismo.

Puede que mi percepción sobre la valoración que tienen los americanos de sus gobiernos y de sus líderes sea errónea, pues al fin y al cabo lo que llega, como en el caso de los candidatos a las primarias del PSM, es una reconstrucción de la realidad elaborada por los medios de comunicación para el consumo del gran público, el “relato” del que hablábamos al principio. Una recreación de la realidad que puede llegar a alcanzar un interés inusitado, como ocurrió en el duelo Barack Obama-Hillary Clinton para hacerse con la candidatura del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, tan absorbente que es muy probable que hoy en día haya mucha gente que piense que las elecciones presidenciales se dirimieron entre ambos candidatos, llamados a ser la primera mujer o el primer negro en alcanzar la presidencia de su país, olvidándose de un tal McCain, senador del Partido Republicano, que fue el verdadero rival de Obama en la contienda final. El relato de McCain, por cierto, tampoco estaba nada mal, una especie de Rambo de la guerra del Vietnam, como no lo estaba el de su rival interna dentro del Partido Republicano, la peculiar casi Miss Alaska (quedó segunda) Sarah Palin, que aún sigue dando mucho juego como líder del Tea Party, opositores acérrimos de las políticas “socialistas” de Obama.

Pero por mucha ficción que haya en estos relatos que en cierto modo convierten la democracia representativa en una representación de la democracia, siempre será preferible de largo, de larguísimo, al relato que están construyendo en Corea del Norte al hijo de Kim Jong-Il y nieto de Kim Il Sung, para convertirlo en heredero del gobierno de la dictadura comunista hereditaria que dura ya sesenta y dos años y que ha convertido a aquel país en un auténtico Infierno en la Tierra.

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6 respuestas a ¡Cómo nos gustan las elecciones!

  1. Alicia. LLR dijo:

    Es curioso que en España los últimos tres presidentes han conseguido un grado de impopularidad alarmante durante su gobierno . Yo diría que más que impopulares han conseguido ser odiados .Esto sucede porque en España se utiliza el voto como castigo y cada vez que un presidente comete un error se cambia lo malo conocido por lo más malo por conocer . Estos errores pueden ser desde muy graves a menos graves y van desde gestionar mal la economía de un pais a apoyar el terrorismo y los asesinatos de Estado Unidos en su paranoia de que la vida es un videojuego en el que su función es masacrar a los demás paises para conseguir puntos . Y si las víctimas son civiles pobres, de campo, ignorantes y están desarmadas consiguen más puntos. Pero esto es otro debate. En fín. Lo que quiero decir es que es una pena que la ideología política de la mayor parte de la gente se encuentre en tierra de nadie y que les dé lo mismo votar a unos que a otros. Yo creo que las creencias deben existir y formar parte del ser humano como si de una segunda naturaleza se tratara porque creo que si los principios políticos no están definidos ni claros tampoco lo están las cosas que tienen que ver con la ética. ni con los principios .Me da miedo una persona que vote con la misma alegría a Aznar que a Zapatero que a Felipe González. No me fío de la ideología de alguien cuyo voto alcanza todas las variables, me gusta la firmeza de ideas que no está reñida con la flexibilidad. Entiendo que alguien se sienta decepcionado con un gobierno y de oportunidad a otro , eso demuestra una mente inteligente y con capacidad de adaptarse y de razonar en detrimento de esas personas que dicen : ” Yo soy de derechas de toda la vida porque mi abuelo y mi padre eran de derechas”·Ante una línea argumental tan sólida y razonada qué se puede contestar, verdad? En fín. Pero eso no significa que cada vez que haya unas elecciones haya que cambiar el voto porque el gobierno haya cometido algún error. Me da miedo el poder del subconsciente colectivo que es el responsable de que el ciclo pp-psoe-pp-psoe-pp-psoe se mantenga hasta el infinito. Ahora después de Zapatero volverá el PP y lo harán mal y volverá el Psoe y así hasta el fín de los tiempos. El subconsciente colectivo también es el responsable de que Belén Esteban sea tan popular y de que existan Jaimito Borromeo, Félix el Gato, Miguel Caiceo y los que es infinitamente peor :Los Morancos.Bueno de que existan son responsables sus padres , me refiero a que existan humorísticamente hablando , que exista gente que encuentre gracioso que un tío de mas de cuarenta años se vista de niño pequeño y se intente hacer pasar por uno de ellos. A mí me parece terrorífico y escalofriante. En fín. Creo que voy a escribir un ensayo sobre los diferentes personajes de terror que nos vienen amenazando a lo largo de nuestra vida, se llamará . “Historia del terror desde Torrebruno hasta nuestros días pasando por Teresa Rabal y por Bigote Arrocet”. El caso es que no soy ninguna visionaria si digo que después de Zapatero vendrá otro castigo al gobierno del PP por algo que harán mal.

    • alexroa dijo:

      En realidad lo del voto de castigo lo padece sobre todo el PSOE, que oscila entre 7 y 11 millones de votos en unas u otras elecciones, mientras que el PP se mantiene en los 10 millones casi de modo constante desde 1996. Es un fenómeno curioso que algunos interpretan como que la izquierda es más crítica que la derecha. Ahora, como ven que Zapatero hace políticas “de derechas” (recortes, reforma laboral…) los votantes “de izquierdas” le abandonan. Yo esto lo veo de otra forma, pero como el tema da para un post lo dejo para más adelante.

  2. Carlos dijo:

    Interesantes reflexiones de profundo calado, como el sainete del PSOE en las secundarias, digo primarias, o el terrorismo impune de Jaimito Borromeo.

    Sobre lo primero: yo creo que es saludable este tipo elecciones, al menos más que la dedocracia, que se suele volver contra el señalante (véase Ansar con Fraga o Rajarrajoy con Ansar), sin embargo la imagen que ha quedado de las primarias en Madrid ha sido pobre. El papel de los principales medios de comunicación ha sido bochornoso, y en lugar de hablar en profundidad sobre los problemas de Madrid (que está hecha un solar y un casino, a mi modo de ver) y las propuestas que cada candidato tenía para resolverlos, se ha mediatizado la contienda entre dos prebostes del PSOE en términos de puro y duro liderazgo (quién de los dos está más en disposición de intentar derrotar a Espe) y de que una vez teniendo a Gómez de ganador debatir hasta la náusea si ZP gana o no gana con ello, si es una derrota de ZP etc, etc; pero de los problemas de la gente de Madrid nada de nada.

    Lo único que han conseguido es que Tomás Gomez se haya dado a conocer, porque antes de las primarias no le conocían ni sus hijos, que le veían por casa y pensaban que era el señor ese de marrón que andaba por la casa de Gila. Un día le preguntaron a su madre: “mamá, ¿quién es ese señor que nos arropa todas las noches y nos canta la internacional?”.

    Ahora Tomás Gómez desborda un optimismo más grande que la caja torácica de Robert Mitchum (que cómo metía tripa, tenía una cara de tortuga el hijo de puta…).

    Sobre lo segundo: por favor no me toquéis a Belén Esteban que iba a mi clase en el cole. No es broma. Aunque realmente Belén Esteban es la constatación de que las moscas van a la mierda. Y no tengo nada contra ella.
    De acuerdo en lo de Miguel Caiceo (espero que finalmente haya muerto, que es lo único que él deseaba y sabía decir). También lapidación a Jaimito Borromeo, que aunque se parece bastante a mi, constata aquello de que un tonto nunca se recupera de un éxito. Sin embargo rompo una lanza en favor de Félix el Gato, el hombre más influyente salido de mi barrio, es sólo verle y me parto la caja torácica. Para los Morancos les deseo un puesto de vendedores en el Corte Inglés y un buen abogado. A Bigote Arrocet sólo le deseo que desista por fin del suicidio, joder tio, es agua pasada, no te guardamos rencor. En cambio a Paz Padilla nunca le perdonaremos lo que nos ha hecho a los televidentes con más de 100 de cociente intelectual.
    Perdón por extenderme.

  3. Malonso dijo:

    Evidentemente estais muy equivocados en cuanto a elecciones y otras zarandajas. A la gente lo que realmente le interesa es que a Belén Esteban le ha dejado su marido (pobrecilla) yque el marido sale llorando en televisión por, creo, medio millón de euros. Si acaso, se fijan en los pobres mineros enterrados en el fondo de esa mina, les suena lo del Premio N obel encerrado en la carcel (pero no pregunteis mucho). En cuanto a lo del payaso de Chaves yo creo que estás equivocado Alex (ójala no sea verdad) pero ese tipo tiene para rato, no hay más que ver lo molón que está con su chandal rojo y amarillo. B ueno por lo menos con tu blog aprendo un montón de historia y me divierto. Alicia no sabía

  4. Malonso dijo:

    Se ha cortado el comentario y lo siento, no se si llegará algo, pero este demonio de ordenador siempre me dice que está duplicado y me corta. Cada vez me convenzo más de que soy un virus informático. Que le voy a hacer volverá al boli y al papel

    • alexroa dijo:

      Ha llegado tu comentario, aunque se ha cortado en “Alicia no sabía”. Habrá que aclarar qué es lo que Alicia no sabía o que es lo que tú no sabías de Alicia.

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