Sobre las corrientes internas en los partidos (Últimas reflexiones sobre las elecciones primarias)


Queda sólo un día para el sábado 23 de octubre, fecha en el que como ya se ha contado repetidamente por aquí, tendrán lugar las primarias para elegir al candidato de UPyD destinado a encabezar la lista de la Asamblea de Madrid. Una vez que pase esa fecha mi blog volverá a la normalidad, es decir, a contar cualquier chorrada que me pase por la cabeza, que me trae menos visitas pero me lo paso mejor. Pero mientras tanto concluyo esta miniserie sobre las elecciones primarias con unas últimas reflexiones, en este caso sobre las reales o supuestas corrientes internas en los partidos políticos.

No dudo de que en otros tiempos, cuando en los partidos políticos primaba la ideología por encima de la pervivencia, existieran corrientes internas de carácter ideológico en su seno. Corrientes que podían llevar a la escisión del partido que fuera y a la creación de otro nuevo, algo que ha sido una tradición secular entre los de izquierda. Pero en el momento presente, cuando los partidos prácticamente han renunciado a la ideología en favor del markéting y la demoscopia, ¿en qué consisten dichas corrientes? De nuevo volvemos al socorrido ejemplo del duelo Jiménez-Gómez dentro del PSM, ya que ha tenido tanto impacto mediático. ¿Qué es lo que se dirimía en esas primarias, quién pensaban los afiliados del PSM que sería mejor candidato para enfrentarse a Esperanza Aguirre o era alguna otra cuestión?

Yo pensaba, en mi ingenuidad, que la alta participación en esas primarias, nada menos que el 80%, 14.600 afiliados de un total de 18.000, había estado motivada por la ilusión que les hacía a los socialistas de Madrid el poder votar en unas elecciones internas por una vez, pero un compañero del partido más experimentado que yo, lo que no es nada difícil, coordinador de un consejo local de uno de los grandes municipios del sur de Madrid, famoso por su monstruo, para más señas, me explicó que en esa zona los “trinitarios” y los “tomasistas” estaban enfrentados a muerte entre ellos y que los partidarios de uno y otro bando habían presionado en plan mafioso a los afiliados utilizando la técnica del palo y la zanahoria, amenazas y promesas de cargos.

Puede que esa visión sea correcta o que sea un poco exagerada, pero lo cierto es que lo que se ha transmitido en las primarias del PSM es que lo que estaba en juego no era la cara que los socialistas madrileños querían para enfrentarse a Esperanza Aguirre sino meramente una cuestión interna, el control del partido en Madrid, que a su vez será importante cuando se juegue el partido a nivel nacional. Ya hemos oído estos días al muy crecido Tomás Gómez proponer la limitación a dos mandatos para el cargo de presidente del Gobierno. ¿Se verá a a sí mismo como posible sucesor de Zapatero una vez que Aguirre le haya vapuleado?

El caso es que la actitud de Gómez y de otros revela que en el PSOE existen corrientes internas, motivadas exclusivamente por la supervivencia, ahora que ven que Zapatero ya no es ese hombre providencial que les hizo ganar dos elecciones generales sino más bien un lastre que puede hacer que se pierdan hasta las autonomías históricamente gobernadas por los socialistas, Andalucía y Castilla-La Mancha. Pero estas corrientes internas ya ni siquiera se molestan en buscarse justificaciones ideológicas y autodenominarse “renovadores”, “nueva vía”, “tercera vía” o cualquier otra variante de lo mismo, y ni siquiera aluden a figuras de peso en el partido, como era el caso de los “guerristas”, enfrentados a los “renovadores” o viceversa. Tal y como han evolucionado las cosas no me extrañaría nada que cualquier día nos presentaran no ya las corrientes sino las marcas TG (de Tomás Gómez) o JB (de José Bono) como candidatas a hacerse con el control del PSOE dejando atrás la etapa de ZP. Eso, si les dejan APR, nuevo hombre fuerte del Gobierno, y el otro JB, que sigue controlando el partido ahora que a LP la han hecho MS, digo Ministra de Sanidad.

Igualmente en UPyD hemos tenido o tenemos conatos de corrientes internas, reales o supuestas, considerando reales las ideológicas y supuestas las personales. Respecto de las primeras, hubo cierto debate previamente al Primer Congreso sobre el modelo de estado, entre los partidarios de mantener, aunque con las debidas correcciones, el sistema autonómico, y los de dirigirnos hacia un sistema federal, eso sí, manteniendo la monarquía. Pero el debate no fue lo bastante largo ni lo suficientemente profundo, que es lo que hubiera sido deseable tratándose de un asunto de semejante calado, y además a la hora de votar por una u otra postura durante el Congreso el debate quedó desvirtuado al mezclarse con otras cuestiones de las que no corresponde hablar aquí, pues son asuntos internas del partido y además ya han sido solventados.

Espero y deseo que la cuestión vuelva a plantearse más adelante y con la debida tranquilidad, y no porque yo votara por la opción que perdió, la autonomista, que ya estoy acostumbrado a perder en las votaciones desde que estrené mi derecho al voto en 1986 metiendo en la urna la papeleta del NO cuando el referéndum sobre la OTAN.

Y al igual que con el asunto del federalismo, espero y deseo que cada vez que haya cuestiones de esa profundidad e interés, podamos debatirlas tranquilamente, y cuando llegue la hora de votarlas durante algún próximo congreso, que cada uno lo haga en conciencia y no condicionado por otras circunstancias. Lo que no tiene ningún interés ni debería tener lugar en nuestro joven partido es la formación de bandos o corrientes basadas en el personalismo, creadas en torno a alguna figura destacada.

Y es que en UPyD, como en cualquier otro partido, nos pasamos el tiempo estrechándonos las manos, besándonos y abrazándonos. Tantos abrazos nos damos que a veces se nos olvida en la espalda de quien hemos dejado clavado el puñal, y lo mismo que un día somos los mejores amigos del mundo, al siguiente hacemos valer la clasificación del que fue canciller aleman tras la Segunda Guerra Mundial, Konrad Adenauer, sobre los grados de enemistad en orden creciente: adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido. La política tiene esas cosas.

De ahi que, al igual que en otros partidos, las corrientes internas en UPyD hayan consistido hasta ahora principalmente en luchas de egos más que en debates ideológicos. Y hemos visto como unos y otros afiliados se apuntaban a una corriente o a otra sin más motivo en muchos casos que la simpatía o la antipatía por alguno de los egos en disputa. Por supuesto que no ha sido asi en todos los casos y que seria una injusticia tremenda adjudicar a esa causa toda disidencia, discrepancia o diferencia de criterio con la corriente principal de UPyD. Yo mismo, que soy el afiliado de UPyD que mejor conozco, no he sido capaz de dejar de lado por completo mi ego cuando he discrepado en algún aspecto, habitualmente más de tipo organizativo que ideológico.

¿Y qué relación tiene todo esto con las elecciones primarias? Pues que, además de no tener sentido el falso debate “base-aparato” del que hablábamos en el anterior post, tampoco debería ser importante a la hora de elegir al candidato que nos ha de representar ante los cuatro millones y medio de posibles votantes madrileños (y lo mismo vale para las demás autonomías o municipios en las que nos presentamos, claro está) el tener en cuenta las simpatías o antipatías personales y las supuestas corrientes internas. Es decir, no deberíamos convertir la votación al candidato en primarias en una extensión de nuestras posibles disputas o diferencias internas, como hemos visto que hacen los partidos grandes y asentados. En otras palabras, apoyar a uno u otro de los candidatos debería estar motivado “por” algo, la consideración de que es el mejor candidato posible para representar nuestras ideas, pero no “para” algo que no sea para conseguir lo anterior.

Ahora es cuando entiendo bien la disposición de los estatutos de UPyD por la cual por una parte se elige al cabeza de lista en primarias y por otra al resto de la lista por acuerdo de los Consejos Locales, sin intervención del ganador de las primarias salvo como uno más del Consejo, si pertenece a él. De este modo se evita que el candidato pueda prometer a nadie formar parte de las listas o cualquier otra prebenda, tal y como nos han recordado desde el Consejo de Dirección estos días, que por algo lo habrán hecho.

Y aún iría más allá. Pienso que deberíamos ser capaces de abstraernos de cualquier tipo de estrategia interna a la hora de elegir a nuestros candidatos y no pensar en posibles movimientos posteriores derivados de la elección de uno u otro, pues una cosa son los órganos del partido (el “aparato”) que se eligen en los Congresos y Asambleas, y otra los candidatos que presentamos a los votantes, elegidos por medio de elecciones primarias. Si somos capaces de establecer esa distinción con claridad y de llevarla a rajatabla, habremos avanzado mucho en la consecución de ese partido que no es un instrumento de sí mismo sino una herramienta para condicionar la política española en todos sus niveles, que es lo que se supone que queremos y debemos ser.

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2 respuestas a Sobre las corrientes internas en los partidos (Últimas reflexiones sobre las elecciones primarias)

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