“¿Qué hay de lo mío?”


En la sesión parlamentaria de ayer, jueves 18 de noviembre, el presidente Zapatero dirigió unas amabilísimas palabras al portavoz del Grupo Nacionalista Vasco, Josu Erkoreka, tan amables que fueron respondidas desde los escaños del PP y del Grupo Mixto con gritos de “¡Que se besen, que se besen!”. El motivo de esto, no el de la puerilidad de nuestros representantes sino el del idilio de Zapatero con Erkorera, es el apoyo del PNV a los últimos Presupuestos Generales del Estado, como sabe cualquiera medianamente informado, apoyo que permitirá a nuestro menguante líder planetario y a su partido acabar la legislatura, así sea arrastrándose. Bueno, escarbando, porque arrastrarse ya se arrastran.

También son suficientemente conocidas las contrapartidas que ha conseguido el PNV a cambio de sus seis escaños, básicamente terminar de rebañar el fondo del barril de las transferencias, rompiendo de paso la caja única de la Seguridad Social con la transferencia de las políticas activas de empleo, y de propina eliminar oficialmente el nombre en castellano de dos de las tres provincias vascas.

También Coalición Canaria, con sus dos escaños, necesarios para conseguir la mayoría absoluta al sumarlos a los del PSOE y PNV, se ha llevado su parte del pastel en este enésimo chantaje nacionalista al conjunto de la ciudadanía española. Porque esto ocurre año tras año, siempre que los partidos gobernantes no han tenido mayoría absoluta en el Congreso, algo que sólo han conseguido el PSOE de González entre 1982 y 1989 y el PP de Aznar entre 2000 y 2004. El que nos encontremos inmersos en una crisis económica posiblemente sin precedentes no ha disminuido ni un poco el ansia de rapiña de los de siempre. Puede que incluso la halla exacerbado, viendo a su presa tan debilitada.

Tristemente en eso se ha convertido la política nacional, en un mercadeo perpetuo por el cual un gobierno central progresivamente debilitado va cediendo competencias, transferencias y recursos públicos a unos gobiernos autonómicos dominados por nacionalistas o asimilados que al parecer sólo tienen en mente una única idea: “¿Qué hay de lo mío?”

Al mismo tiempo que se mantiene el equilibrio externo, siempre inestable, los partidos se ven obligados a mantener el interno, satisfaciendo a sus distintas federaciones regionales o corrientes internas, de modo que todo el mundo pueda quedar razonablemente contento. Y así, no es nada raro que el Gobierno de España, del PSOE en estos últimos años, presente un “equlibrio regional” con una cierta cuota de ministros catalanes, otros tantos andaluces, etc. A lo que nuestro feminista presidente ha superpuesto con insistencia (aunque hasta en eso ha cedido en la última crisis ministerial) la paridad de ministros y ministras, con lo que al “¿qué hay de lo mío?” de las distintas federaciones del PSOE le ha añadido una mayor complicación, fruto de su propio capricho.

Y claro está, además de las cuotas territoriales, hay que recompensar a los más fieles, a aquellos que aunque en público no muestren otra cosa que adhesión incondicional al líder, lealtad incuestionable al partido y espíritu de sacrificio, también tendrán su corazoncito y esperarán que tanto sacrificio, tanto trabajo duro, y puede que sucio en ocasiones, tenga su premio. Y así nos encontramos con que Zapatero ha recompensado últimamente a José Blanco con el Ministerio de Fomento, a Trinidad Jiménez con el de Exteriores y ¡a Leire Pajín con el de Sanidad!

Quizá los dos primeros casos sean una buena o al menos aceptable elección, sobre todo el segundo, pues Trinidad Jiménez ya tenía una cierta trayectoria en ese campo (aunque lo cierto es que su estreno, con la crisis del Sáhara, no ha podido ser más nefasto), pero el último, el de nombrar a una licenciada en Sociología de 33 años como ministra de Sanidad para recompensar su lealtad, me parece una muestra clarísima de cómo se colocan los intereses personales, el “¿qué hay de lo mío?”, por encima de los de los ciudadanos. A Pajín la recompensan y a nosotros nos castigan, quizá por no querer bastante a Zapatero, que según la última encuesta del CIS inspira poca o ninguna confianza al 81% de los españoles.

Por supuesto todo esto de lo que estamos hablando sólo ocurre en el perverso mundo de la política, especialmente entre los partidos que gobiernan en uno u otro momento o en uno u otro lugar de España, ¿verdad? Pues va a ser que no.

El efecto o síndrome “¿qué hay de lo mío?” (le llamaremos QHDLM en adelante, para abreviar y para adaptarnos al signo de los tiempos), es una lacra omnipresente en cualquier lugar, circunstancia, asociación y comunidad humana, al menos en nuestro país, que es el único que conozco de verdad. Lo encontramos en el trabajo, en las comunidades de vecinos, en las familias, en las oenegés, en los sindicatos … y por supuesto en los partidos políticos, incluyendo aquellos que aún no tienen mucho poder como es el caso de UPyD, tan joven y ya tan viejo para algunas cosas.

Pero claro, no hay que pensar que el QHDLM se expresa siempre de una misma manera, ni siquiera lo hace de forma explícita en la mayor parte de las ocasiones. En realidad las más de las veces lo hace de modo disimulado, sutil y hasta sibilino, por lo que hay que estar muy atentos y fijarse no sólo en lo que se dice sino en quién lo dice, y cuándo, cómo, dónde y en qué circunstancias lo hace. Según sean estas variables (quién, cuándo, cómo, dónde y en qué circunstancias) un mismo mensaje puede tener una infinidad de interpretaciones, que oscilan entre que signifique de verdad lo que dice literalmente o bien se pueda traducir a lenguaje QHDLM. Veamos algunos ejemplos sencillos que creo que ilustrarán lo que digo mejor que cualquier explicación:

Ejemplo 1: Sería un error monumental no presentar una candidatura de UPyD en mi municipio, donde los vecinos están hartos de los manejos de los partidos de siempre y además ya tuvimos un 10% de votos en las elecciones europeas.

Traducción a lenguaje QHDLM: Yo me he metido en esto de UPyD, que en realidad me da igual, ni me he leído el programa, para ser concejal en mi pueblo, que es lo que me mola, lo mismo que me hubiera metido en cualquier otro partido que pasara por allí y que pensara que me iba a servir para medrar.

Ejemplo 2: Los “de arriba” tienen que ser conscientes de lo bien que estamos trabajando en nuestro Consejo Local de Villanutrias de la Encina.

QHDLM: Con lo guapo y lo listo que soy y lo bien que hablo en público, ¿cómo es que no me dan más palmaditas en la espalda? Eso es que me tienen envidia.

Ejemplo 3: UPyD es un partido estalinista, sin ningún respeto por la democracia interna y dedicado a la adoración de la diva de su lideresa.

QHDLM: Con lo que yo valgo intelectualmente, mil veces más que toda esa chusma junta, y no he sido el número dos, como poco, de UPyD.

Ejemplo 4: En UPyD se expulsa a la gente incómoda sin respetar las garantías estatutarias con excusas tan peregrinas como tener un enlace a una canción de Carla Bruni, que como todo el mundo sabe está casada con Nicolas Sarkozy.

QHDLM: Me ha salido mal la jugada de presentarme a cabeza de lista electoral, con lo bien que había disimulado mi ambición durante todos estos años, que les tenía a todos convencidos de mi compromiso con el proyecto, así que como ya no tengo futuro en UPyD me dedicó a esparcir mierda y así dejar un bonito recuerdo de mi paso.

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Por supuesto que todos estos ejemplos son meras ficciones producto de mi imaginación y cualquier parecido con la realidad, si lo hubiera, no es más que una simple coincidencia.

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2 respuestas a “¿Qué hay de lo mío?”

  1. manuel ruiz dijo:

    No andas despistado, no, no te faltan ni razón ni intención. Me parece que a lo mejor empiezo a llamarte Alex M. GorROArán (la “M”, ya sabes, por lo de la meteorología)

    • alexroa dijo:

      En realidad soy el Mini-Gorri, un clon de la Mente Magenta Suprema destinado a sustituirle si tuviera un accidente, pongamos por caso ahogarse en su propia mala baba, dicho sea con toda mi admiración.

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