¿El fin de la hegemonía socialista?


El 28 de octubre de 1982 se celebraron las terceras elecciones generales del actual régimen democrático español. Como es bien sabido, el Partido Socialista Obrero Español, liderado por el carismático Felipe González, arrasó de un modo que no se ha vuelto a ver desde entonces: obtuvo algo más de diez millones de votos, el 48,11% de los emitidos, que se tradujeron en 202 escaños, 26 más de los necesarios para la mayoría absoluta. El PSOE triunfó en prácticamente todas las provincias, ganando tan sólo su principal rival, la Alianza

Mapa electoral 1982. Fuente: "El camino de la libertad (1978-2008)". Tomo 5. Unidad Editorial

Popular de Fraga, en tres de las cuatro provincias gallegas y cuatro de Castilla y León (entonces aún Castilla la Vieja), mientras el PNV era la fuerza mayoritaria en Vizcaya y Guipúzcoa y CiU en Gerona, que entonces aún se escribía así.

Unos meses después, el 8 de mayo de 1983, tuvieron lugar las primeras elecciones autonómicas en las comunidades que entonces se decían “no históricas” (sic). El PSOE obtuvo de nuevo una mayoría abrumadora, de modo que de las trece comunidades en las que hubo elecciones obtuvo la mayoría absoluta en nueve y con ayuda del CDS en Castilla y León y de UPN en Navarra consiguió también el gobierno de estas dos autonomías. AP, por su parte, sólo consiguió la mayoría absoluta en Cantabria, mientras que en Baleares hubo empate al 35% de votos y 21 escaños para AP y PSOE, pero fueron los primeros quienes consiguieron el gobierno con ayuda de otros partidos menores. En las comunidades “históricas” gobernaban desde 1980 el PNV en el País Vasco y CiU en Cataluña, desde 1981 AP en Galicia, y desde 1982 el PSOE en Andalucía, donde ganó con una abrumadora mayoría del 52,77%. Igualmente abrumadora fue la victoria nacionalista en el País Vasco, pues los votos de los distintos partidos de ese signo (PNV, HB, EE y otros) se acercaron al 70%, mientras que de los partidos nacionales el primero fue el PSOE con apenas un 14,21% de los votos. En Cataluña, por su parte, el PSC-PSOE obtuvo un 22,33% de los votos, el peor resultado de los socialistas hasta que llegó Montilla, ese recordman, mientras que en Galicia consiguió el 19,62%.

Quince días después se celebraron las segundas elecciones municipales de la Democracia, y de nuevo el PSOE arrasó, como ya había hecho cuatro años antes, consiguiendo o manteniendo la alcaldía de casi todas las capitales de provincia y de los principales municipios de España.

En resumen, a principios de los ochenta, toda España era “roja”. ¿Toda? ¡No! Unas pocas aldeas pobladas por irreductibles galos, digo vascos, cántabros, baleares, catalanes y gallegos, se resistían al todopoderoso PSOE. Y eso era algo que no podía tolerarse.

Cuando en marzo de 2012 tengan lugar las próximas elecciones generales (estoy bastante seguro de que Zapatero va a aguantar, en la esperanza del inicio del fin de la crisis) el PSOE habrá gobernado España durante veintidós años de un total de treinta, contando desde su primer triunfo electoral. Más o menos los “veinticinco años de pasada por la izquierda” que decía creo que Alfonso Guerra, a pesar de lo cual continúan intentando echar la culpa de todos sus fracasos a la derecha, a los mercados y a la herencia del franquismo. Además de eso, para esa fecha el PSOE habrá gobernado en todas las comunidades autonónomas, sin excepción, aunque sólo halla sido un ratito.

Sin embargo el mapa electoral de 2012, una vez que hallan tenido lugar las autonómicas y municipales del 2011 y las generales del año siguiente, me temo que va a estar más que dominado por el color azul. Además del triunfo del PP a nivel nacional, las distintas encuestas pronostican la pérdida por parte del PSOE de casi todas las autonomías que aún gobierna, incluidas Castilla la Mancha y Andalucía (¿quién lo hubiera imaginado?), además de algunas ciudades importantes, la primera de ellas Barcelona que podría pasar a manos de CiU tras más de treinta años de alcaldes socialistas.

Estamos contemplando por tanto un vuelco casi total, quizás irreversible, no en el sentido de que estemos condenados a estar gobernados eternamente por el trío PP-CiU-PNV, sino en el de que el Partido Socialista, y con él la doctrina socialdemócrata (pues esa es, o fue, la verdadera ideología del PSOE, aunque haya mantenido el nombre de “socialista” y hasta el de “obrero”) ha dejado o está dejando de ser la fuerza política hegemónica en España. Desde luego que en esto nuestro país no es un caso aislado. Al contrario, es una tendencia imparable en toda Europa occidental. No hay más que ver la estrepitosa caída del SPD, el Partido Socialdemócrata Alemán, que durante décadas fue la principal fuerza política en competencia con los democratacristianos del CDU, normalmente con un porcentaje de votos de entre el 35% y el 40%,  y que en las pasadas elecciones del año 2009 obtuvo apenas el 23% de los votos. Algo parecido ha pasado en Francia y en otros países europeos, incluso en Suecia, paradigma del Estado del Bienestar, donde el Partido Socialdemócrata ha gobernado casi ininterrumpidamente durante la mayor parte del siglo XX, con porcentajes de votos que en ocasiones han superado el 50%, que en las elecciones del 2006 optó por la Alianza por Suecia, coalición de centroderecha. Y aunque los socialdemócratas siguieron siendo la primera fuerza, “sólo” obtuvieron el 34,9% de los votos, su peor resultado en más de un siglo.

He leído estos días varios sesudos artículos, repletos de referencias históricas y palabras polisílabas, analizando el declive de la ideología socialdemócrata asociada al Estado del Bienestar y la caída en desgracia de los partidos de ese signo, que no parecen ser capaces de adaptarse a los retos de la globalización. De hecho, actualmente en Europa sólo quedan tres gobiernos socialistas: Grecia, Portugal y España, un país ya “rescatado” por la UE y otros dos en el filo de navaja. Creo que la cosa es bastante elocuente.

Pero independientemente de los análisis de mayor escala y de que seguramente tampoco los partidos conservadores y liberales europeos serán capaces de adaptarse a la globalización mientras sean nacionales, por muy grande que sea la nación, incluso en el caso de Alemania, el declive del socialismo español tiene, en mi opinión, una causa local evidente, relacionada con las irreductibles “aldeas galas” de la periferia. Y es que, en su afán por llegar a todo y a todos, el PSOE se ha convertido a lo largo de estas décadas en un ente amorfo y mutante, más feminista que las feministas más acérrimas, más ecologista que los ecologistas más trasnochados, más progay que el representante de Locomía, y, sobre todo, más nacionalista que una merienda campestre de Arana, Macià y Castelao.

El último fracaso de la deriva nacionalista de los socialistas acabamos de verlo en Cataluña, con los tres miembros del tripartito hundidos estrepitosamente, pero ya ocurrió antes en Galicia tras la desastrosa coalición con el BNG que apenas se mantuvo una legislatura, entre 2005 y 2009. En Baleares, el hexapartito encabezado por el PSOE que arrebató el gobierno al PP en 2007 a pesar de su mayoría amplísima, también acabará pasando factura, ahora que la trama de corrupción de esa asociación de delincuentes llamada Unión Mallorquina está saliendo a la luz (aunque aquí no se libran ni el PP ni el PSOE). En cuanto a Cantabria, es un caso aparte, pues si no pudieron terminar de conquistarla ni los romanos ni los árabes, pocas opciones tenían los socialistas, que sólo gobernaron un año, entre 1990 y 1991, y no dejaron muy buen recuerdo precisamente (y si no es así que me corrija mi buen amigo José). También el caso vasco es peculiar, pues durante los años 90 los socialistas gobernaron con el PNV y actualmente vuelven a hacerlo pero con el apoyo del PP. Pero esto es porque en el País Vasco la Democracia lleva tres décadas de retraso y cuando otros están de vuelta allí todavía están yendo.

Se diga lo que se diga, estoy bastante convencido de que el principal factor de desafección hacia los socialistas en el conjunto de España es su evidente deriva nacionalista. Preguntaba irónica o retóricamente hace unos días el portavoz de los socialistas en el Parlamento Catalán, Miquel Iceta, si la caída de la intención de voto del PSOE se debía al desastre del tripartito catalán. Pues mire, Señor Iceta, la respuesta no puede ser otra que un rotundo SÍ.

Para los que concebimos España como una única nación, seamos o no nacionalistas (concuerdo con Savater en que la distinción entre ser ciudadano de una nación y ser nacionalista es equivalente a la de tener apéndice y sufrir de apendicitis), todo lo que ocurre en cualquier rincón de ella, sea en Galicia, en Madrid, en Andalucía, en el País Vasco o en Cataluña, nos concierne. Hay días en que hasta nos acordamos de que las Canarias son un territorio español y no un paraíso caribeño.

No hay más que ver cómo empezó la desafección hacia el socialismo: los primeros gobiernos importantes que perdieron para no volverlos a recuperar fueron el del Ayuntamiento y el de la Comunidad de Madrid, hace ya veinte años. Es posible que para las próximas elecciones autonómicas y municipales el PSOE baje de la barrera del 25% de los votos madrileños y que pierda los pocos ayuntamientos que aún mantiene. De Madrid la cosa se ha ido extendiendo y hasta en los tradicionales “feudos” socialistas de Castilla-La Mancha y Andalucía parece que puede haber un vuelco en próximo mes de mayo, si bien Extremadura, que sigue siendo la región de España más atrasada socioeconómicamente, podría resistir todavía como socialista. Y a cambio de perder votos de modo masivo en toda la España que es exclusivamente castellanohablante (bueno, y en Andalucía, que dicen que también hablan en castellano, ejem) sólo ha conseguido detentar el poder de modo fugaz en las autonomías bilingües, antes llamadas “históricas”, como si Asturias, por ejemplo, no tuviera historia.

La historia es bien sencilla: por querer contentar a todo el mundo los socialistas han conseguido lo contrario, que es lo que suele pasar. Que además haya una crisis global que les obligue a renunciar a su bandera tradicional de defensa de los derechos de los trabajadores no es más que la puntilla para un partido y para una forma de entender el gobierno de España basada no en la defensa de lo común, de aquello que nos une, sino en hacer hincapié en las diferencias entre unos y otros ciudadanos de España: vascos, catalanes o castellanos, de izquierdas o de derechas, hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, buenos ciudadanos o malvados salvajes que no respetan las normas de la corrección política y el lenguaje no sexista… en fin, para qué seguir. Ha sido una loca huída hacia adelante, siempre buscando nuevas ideas que poder presentar como “de izquierdas”, cada vez más disparatadas e incoherentes, forzando su sedicente progresismo hasta pasarse de frenada con leyes que son discriminatorias hacia los varones, y dilapidando y hasta ensuciando una herencia ilustre, la de la socialdemocracia europea, que tanto progreso del de verdad trajo a nuestra sociedad occidental durante varias décadas a partir de la Segunda Guerra Mundial.

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7 respuestas a ¿El fin de la hegemonía socialista?

  1. Ciclón dijo:

    Hegemonía ¿socialista?, por llamarlo de alguna manera supongo. Ciclón Ceci, no puedo escribir más, tengo que atender al público, mañana más….pero no mejor. Un besote

  2. manuel ruiz dijo:

    Pues eso, que se van cumpliendo mis peores pronósticos cuando dije en este mismo foro que ZP no se conformaría sólo con dejar España “en liquidación”. Aún le quedaba como tarea destruir su propio partido, como apuntas en tu artículo, llevar al caos a la Unión Europea, lo que no es ya tan lejano viendo el miedo de ésta ante la imposibilidad o extrema dificultad de un rescate económico de España, y, como colofón, despachurrar la OTAN, que no sé como lo hará pero ya se le ocurrirá algo. Finalmente sólo le quedaría por destruir a su propia familia, el tiempo nos dirá.
    En contrapartida espero que de ahora en adelante, una vez quede agotada nuestra contribución al fenómeno planetario pajinillero, las cosas se tranquilicen un poco. Porque si el PSC se echó a adelantar a los nacionalistas catalanes metiéndose de lleno en el carril del nacionalismo ¿Qué iban a hacer en CiU y ERC? ¿Apuntarse a la Falange y predicar la unidad nacional indiscutible?.
    A lo mejor en breve todo el mundo interpreta papeles políticos mas coherentes con su propia naturaleza, sin necesidad de los estrambóticos esperpentos que hemos vivido.
    Y …. ¡perdona si suena pedante! pero la cita del “apéndice y la apendicitis” se la leí a Savater, en efecto, pero él citaba a Julián Marías, quien dijo:
    “Uno puede saber que pertenece a una nación sin ser nacionalista lo mismo que puede saber que tiene un apéndice sin padecer apendicitis. El nacionalismo es una inflamación de la pertenencia nacional”.
    (No estoy con la SGAE -de la que por cierto soy socio- pero sí con los “autores”)
    ¡Buen artículo Alex!

  3. amparo987 dijo:

    Muy bueno Alex, acabo de recordar muchas cosas y ganar en perspectiva histórica, que con las prisas diarias y la inmediatez de las noticias se pierde. Por cierto, yo sigo diciendo y escribiendo Lérida, Gerona, Mahón, Ibiza, Londres… En castelleno no existe la grafía “Gi” leída como “Yi”, por mucho que, políticamente, se haya obligado a la Academia a aceptarlo…

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  5. Alicia dijo:

    Ha comenzado la guerra hacia el peor de todos los enemigos: el hombre heterosexual. Presunto maltratador de mujeres, presunto violador y mal padre , incapacitado para atender las tareas domésticas e incapaz de cuidar a sus hijos y de educarlos . No puedo escribir mucho rato porque me tengo que ir , me han invitado a la fiesta de “el marido apedreado” en casa de Leire Pajín, creo que hoy va a ir Cristina Almeida como invitada especial y nos va a enseñar unos cuantos trucos para poder reducir a ese terrible enemigo (no recuerdo si era reducir o aplastar). Yo no era así antes, yo antes creía en la igualdad absoluta pero tengo miedo de que me puedan acusar de algo ,así que he dejado aparcada la idea que tenía de escribir un libro titulado :”¿POR QUÉ COÑO SON TAN FEAS TODAS LAS FEMINISTAS?” y he intentado unirme a las nuevas corrientes de pensamiento progresista.

    • alexroa dijo:

      Aunque intentes unirte a esas corrientes nunca conseguirás estar en la vanguardia, están desbocadas. Pretenden combatir el machismo con el hembrismo, la homofobia con la homofilia, el centralismo con el nacionalismo periférico, el racismo con más racismo de signo inverso, y el odio al cristianismo con la aceptación acrítica del islam. Así que casi mejor sé tú misma y sigue siendo demócrata en el sentido de Harry el sucio.

  6. exUPyD dijo:

    Dices : “La historia es bien sencilla: por querer contentar a todo el mundo los socialistas han conseguido lo contrario, que es lo que suele pasar”.
    No estoy de acuerdo, a los actuales dirigentes socialistas les importa un pimiento el bienestar de los ciudadanos, solamente han buscado en cada quiebro parlamentario el mantenerse en el Poder a toda costa, regalando dinero a mansalva a cambio de votos para sacar adelante los Presupuestos y las Leyes que a ellos les interesaban, incluso cediendo en cada caso parcelas de ese Poder a los nazionalistas, vendiendo para ello la igualdad de los españoles ante la Ley y la Justicia.

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