Unos días de relax


Nieve en el embalse de la Jarosa, Guadarrama. 4 de diciembre de 2010

Mientras el caos se adueña del espacio aéreo español, sometido una vez más al chantaje de esos absolutos sinvergüenzas que son los controladores aéreos, que espero que esta vez reciban de verdad lo que se merecen, sea considerado o no su comportamiento como un delito de sedición; mientras persiste la incertidumbre sobre si la economía española será intervenida o no por la Unión Europea, y si Bélgica e Italia se unirán al grupo de las naciones a las que someter a un férreo marcaje; mientras el Gobierno del PSOE continúa anunciando medidas antisociales y/o cosméticas para reducir el déficit público en vez de acometer las profundas reformas que de verdad son necesarias y la oposición del PP sigue sentada en el banquillo esperando su momento para entrar en el terreno de juego; mientras se detiene o no al gran divulgador de wikicotilleos Julian Assange; mientras se organiza o no la nueva “marcha verde” sobre Ceuta, una vez más patrocinada por el rey y por el gobierno marroquíes, como hace treinta y cinco años en el Sáhara;  mientras todo eso y otras muchas cosas ocurren o no ocurren, yo me dispongo a tomarme unos días de descanso, todo este largo puente, en el mejor sitio que se me ocurre para pasar estos revueltos días: mi casa y el pueblo donde vivo, Guadarrama.

Esta fría y soleada mañana he dado un paseo rodeando el embalse de La Jarosa, en la parte alta del pueblo, bellísimo con la nieve recién caída. El embalse se construyó a finales de los años sesenta, como tantos otros, y bajo sus aguas se encuentra un caserío que formó parte del término municipal de Guadarrama. Desde sus orillas se divisa la gran cruz del Valle de los Caídos, que se encuentra ubicada en el vecino término de San Lorenzo de El Escorial, lo mismo que el Monasterio del mismo nombre, y que algún energúmeno ha propuesto demoler, toda sea por la memoria histórica y el desagravio a las víctimas. Se pueden contemplar también desde allí las algunas de las montañas más altas de la Sierra madrileña, ubicadas en los vecinos municipios de Cercedilla y Navacerrada: la Bola del Mundo, con su inconfundible antena que recuerda al cohete de Tintín, la Maliciosa, los Siete Picos y otros lugares emblemáticos para los numerosísimos aficionados madrileños al montañismo y otras actividades al aire libre.

El municipio de Guadarrama es el último de Madrid saliendo por la N-VI, y el hecho de ser un lugar de paso, de tener el mismo nombre que la Sierra y de que no cuenta con altas cumbres, ni de las orográficas ni de las histórico-artísticas, hace que quizá no esté lo suficientemente identificado en el imaginario de los madrileños, que si acaso lo asocian con algún renombrado restaurante. Sin embargo Guadarrama tiene bastante interés desde ambos puntos de vista: el histórico-artístico y el medioambiental, y es, sobre todo, un muy agradable lugar para que vivan sus 15.000 vecinos. Aquí me vine a vivir desde Madrid capital hace ahora siete años, obligado hasta cierto punto por las circunstancias, pues andaba yo a la búsqueda de una vivienda para comprar y eran aquellos los tiempos en los que un piso en Madrid subía de precio entre el momento en que entrabas a visitarlo y aquel en el que su dueño te enseñaba las magníficas calidades del cuarto de baño de dos piezas: una ducha de plato con agujero multiuso y un toallero con capacidad para dos toallas.

Y aunque, como digo, el irme a vivir a Guadarrama hace siete años fue casi una decisión forzada, no me he arrepentido de ella ni un solo día. La calidad de vida que se tiene en un lugar como éste es algo que merece la pena aunque se trabaje en la capital y se emplee cada día una hora en ir y otra en volver al trabajo. Y si las cosas van como está previsto, es posible que mi relación con Guadarrama cambie en un futuro inmediato y que pueda tener la oportunidad de devolver algo de lo mucho que he recibido como ciudadano de este agradable y acogedor municipio serrano.

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2 respuestas a Unos días de relax

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  2. Javi dijo:

    ¡Qué suerte tienes, compañero!

    Cercedilla ha sido durante toda mi infancia mi residencia de vacaciones estivales. Un lugar tranquilo y mágico a 7 horas de Sevilla, donde resido.

    Nunca he estado por allí en estas fechas y es una lacra que quiero quitarme de encima, ahora que tengo barba y algo de posibilidades económicas (no muchas, eh?).

    Me encanta la sierra y los largos paseos por ella. En mi ‘currículum montañae’ aparece la colonización de la Bola del Mundo y de la Maliciosa (desde ese día comprendí el origen de su nombre), y si en verano hace frío al subirlos….¡ahora ni te cuento!

    ¡Saludos!

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