Sobre héroes y dragones (Mis deseos para el 2011)


"San Jorge y el Dragón", óleo sobre lienzo de Paolo Ucello (h. 1456)

El pintor renacentista italiano Paolo Ucello (1397-1475), natural de Florencia, fue uno de los grandes del Quattrocento, entusiasta seguidor de la por entonces nueva ciencia de la perspectiva que introducía en todos sus cuadros, a veces de modo un poco forzado, sin por ello abandonar el estilo gótico en el que se formó, lo que da a sus pinturas un extraño aspecto, nada naturalista, entre lo arcaico y lo fantástico.

Una de sus obras cumbre es la representación que hizo de la leyenda de San Jorge y el Dragón, un óleo sobre tela de pequeño tamaño pintado a mediados del siglo XV que actualmente se encuentra expuesto en la National Gallery de Londres, y que he adoptado como emblema de mi blog, aunque recortándola un poco y estirándola mucho para adaptarla al formato establecido. Desde la primera vez que vi una reproducción de este cuadro, en mis lejanos tiempos de estudiante de Historia del Arte, ejerce sobre mí una extraña fascinación. Por una parte tenemos ese aire de irrealidad, casi como de cómic, con esa perspectiva tan forzada típica de Paolo Ucello, esa extraña cueva como de cartón piedra y esas nubes de tormenta tan sui géneris, y por otra se trata de un poderoso tema clásico, el del caballero cristiano San Jorge, patrón de las Letras y de naciones tan dispares como Inglaterra, Etiopía y la antigua Corona de Aragón, entre otras muchas, alanceando al dragón que tiene cautiva a la princesa de Silene, montado sobre su caballo blanco. El que la princesa aparezca tan tranquila y aparente llevar al dragón con una correa como si fuera su mascota le da al cuadro un aire aún más desconcertante, pero es consecuencia de la fusión de dos momentos de la historia en uno solo: aquel en que San Jorge deja al dragón malherido e indefenso y el posterior en que pide a la princesa que le ate con su cinturón para llevarlo a la ciudad de Silene y exponerlo ante sus pobladores.

Batman combate a su particular dragón, símbolo de la locura, en "Arkham Asylum", de Grant Morrison y Dave McKean (1989)

La simbología de esta obra de arte es bastante evidente, pues para el cristianismo el dragón es el símbolo del Mal, del Pecado, mientras que San Jorge es el enviado de Dios para combatirlo, montado sobre el caballo blanco que simboliza a la Iglesia. Sin embargo la figura del dragón, ubicua en Oriente y en Occidente desde hace varios milenios, tiene una infinidad de significados asociados, normalmente benéficos en Oriente, donde es símbolo de buena suerte, pero habitualmente maléficos en Occidente.

Aparece en todas las mitologías y muy  habitualmente lo hace en asociación con su némesis, el héroe que combate al dragón, ser multiforme que adopta una infinidad de aspectos, mezcla por lo general de características de animales de tierra, mar y aire. Y así nos encontramos con el griego y luego romano Herakles/Hércules combatiendo a la Hydra de siete cabezas, al germano Beowulf combatiendo al dragón hasta la muerte de los dos, al Sigfrido del Cantar de los Nibelungos matando al dragón Fafnir y bañándose después en su sangre para hacerse invulnerable … Son mitos poderosos, cristianos o paganos, que han llegado con fuerza hasta nuestros días, y así nos seguimos encontrando dragones y héroes matadragones en las modernas ficciones, sean arcaizantes, como las historias de la Tierra Media de J. R. R. Tolkien, o modernas, por ejemplo en los cómics de superhéroes que no dejan de ser herederos de todos esos relatos fantásticos de dioses y semidioses, héroes y villanos, horribles monstruos y hermosas doncellas, grandes gestas y extraordinarias aventuras, que nos acompañan desde los albores de la escritura y, sin duda alguna, desde los inicios del lenguaje hablado.

Y de entre todos estos símbolos y ficciones, tal y como escribió Mario Vargas Llosa en el prólogo al libro de Pedro González Trevijano Dragones de la política, “el dragón es una de las encarnaciones más espectaculares del mal, aquella vocación que inspiran el diablo o la naturaleza retorcida de los humanos de hacer daño al prójimo, envilecer y corromper lo existente (…) Al dragón lo inventamos por lo mal que pensamos de nosotros mismos y por eso, ahora en el cine de ciencia ficción como antes en la literatura y la pintura, luce siempre lozano y se renueva sin tregua, invulnerable a los siglos que lleva encima“.

El dragón es por tanto una proyección de lo peor de nosotros mismos: el Mal, el Dolor que infligimos a otros, la Corrupción, la Brutalidad, la Ignorancia … Este último significado es que yo escogí cuando convertí a San Jorge en patrón también de mi blog, y así lo reflejé en el lema que acompaña a su efigie en la cabecera: “Un modesto intento de debilitar un poco al inmortal Dragón de la Ignorancia”. Y de eso se trata, no de combatir a los ignorantes como una querida amiga pensó que yo podría querer decir, sino de combatir al monstruo de la Ignorancia, presente en todos nosotros en distinto grado y progenitor de todos los demás monstruos arriba de este párrafo mencionados. Y aunque yo no tengo una lanza ni un caballo blanco como San Jorge, utilizo los modestos medios a mi alcance para combatir al bicho, infinitamente más poderoso que yo, mucho más que cualquiera, y si consigo hacerle alguna mella de vez en cuando ya me doy por satisfecho.

Y es que, citando a otro clásico moderno, John Le Carré, hoy en día (cualquiera que sea ese día) “hay que ser un héroe para ser simplemente una persona decente“. Por eso, para el año que viene, para ese 2011 que está a punto de llegar, no os deseo según costumbre que seáis felices, pues la felicidad es una consecuencia, una circunstancia, a veces un mero azar. Os deseo en cambio que seáis heroicos y os animo a ello, a que combatáis a los dragones que salgan a vuestro paso. Y aún más: a que seáis vosotros los que salgáis a buscarlos a ellos para combatirlos, aunque no sea vuestra ciudad la que esté siendo atacada, vuestro tesoro el que haya sido robado, o vuestra princesa la que se encuentre cautiva del dragón.

Que tengáis un heroico año 2011.

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