¿Voto útil? ¿Para quién y para qué?


Las encuestas electorales publicadas estos días por diversos medios de comunicación, aún con ligeras diferencias, muestran un panorama general muy similar: hundimiento del PSOE en toda España, no sólo a nivel nacional sino también en el autonómico y municipal, con posibilidad de perder sus llamados “feudos” (estúpida expresión, casi tanto como la de “caladero de votos”, como si los votantes fuéramos vasallos o besugos) tradicionales, Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, y ascenso también generalizado del PP que, de cumplirse las encuestas, podría arrasar a nivel nacional con una mayoría absoluta superior a la que consiguió en el año 2000 y hasta a la que obtuvo el PSOE en 1982, además de hacerse con el poder en todas esas autonomías en las que perdería el PSOE (o “que perdería” el PSOE, según esa idea tan extendida de que los partidos son los dueños de las comunidades autónomas, sus “feudos”).

Según la última encuesta publicada por El Mundo la diferencia entre los dos primeros partidos podría llegar a ser de 18 puntos, 48% para el PP frente al 30% para el PSOE. Otras encuestas dan también una importante diferencia entre ambos partidos, aunque un poco menor en general. También coinciden las encuestas en un ascenso de IU, que podría duplicar los votos que obtuvo en el año 2008, pasando de uno a dos millones de votantes, algo así como el 6 ó 7% de los votos. En cuanto a UPyD, parece que en estos momentos el número de ciudadanos dispuesto a votar a esa opción es mayor que en el 2008, entre el doble y el triple (entonces fueron algo más de 300.000), que no está mal pero tampoco es como para tirar cohetes.

Por supuesto que las encuestas no son más que una aproximación a la realidad y, por soltar un tópico, la única encuesta válida es la de las urnas y para las próximas elecciones generales falta todavía más de un año. Y según oí decir a alguien o leí en algún sitio, parece ser que al votante medio sólo le influye lo que ocurre tres meses antes de las elecciones, lo que me parece bastante creíble. Es más, aún me parece un periodo de tiempo generoso, porque si nos fijamos en las del año 2004 parece que sólo importó lo que ocurrió durante los tres días previos a la apertura de las urnas el día 14 de marzo a las 09:00, concretamente desde las 07:37 de la mañana del día 11, cuando hicieron explosión las primeras mochilas-bomba en el tren que entraba en la estación de Atocha.

Así pues, lo que expresan las encuestas electorales es, ante todo, un estado de ánimo de los ciudadanos españoles, irritados a más no poder con el actual Gobierno y, sobre todo, con su Presidente. Y aunque la oposición tampoco inspire un gran entusiasmo, y aún menos su líder, parece ser que los españoles están (estamos) dispuestos a aplicar una vez más el mecanismo de lo que se conoce como el “voto útil”. Pero, ¿qué utilidad es esa a la que se apela tan reiteradamente? ¿Es que votar al PP, un partido que ha gobernado ya durante ocho años y que por tanto es corresponsable de la desastrosa situación en la que nos encontramos, que todo eso de la burbuja inmobiliaria, la constante cesión al chantaje nacionalista o el derroche y la incompetencia de las Administraciones no son cosa de los últimos siete años, va a ser algo útil para el conjunto de los españoles? Habrá quién piense que sí, claro está, seguramente millones de personas que votan al PP pase lo que pase, lo mismo que hay otros tantos millones que votan al PSOE así se esté hundiendo el mundo. Pero, ¿y todos esos votantes que cambian su voto en función de las circunstancias? Se dice que son los indecisos los que deciden las elecciones, curiosa paradoja, pero lo que yo veo es que hemos llegado a un movimiento pendular, a una dinámica de pesadilla por la que parece que estamos condenados a ser gobernados por el PSOE y el PP, alternándose cada ocho años (lo de Felipe González fue sin duda extraordinario), con el apoyo interesadísimo de los tres o cuatro partidos nacionalistas que se las apañan para sacar tajada en todas las circunstancias, CiU y PNV siempre, y a veces CC y algún otro.

A estas alturas no me queda más remedio que concluir que lo que los españoles entendemos por “voto útil” sólo significa una cosa. No se trata de elegir a los mejores, de depositar nuestra confianza en nadie, de pensar que nuestro voto puede ser útil para mejorar las cosas. Se trata tan solo de echar del gobierno a quienes están en él, de manifestarles nuestro desprecio, aunque sea a costa de que gobiernen “los otros”, en quienes tampoco tenemos confianza alguna, a quienes despreciamos por igual, y a quienes volveremos a echar dentro de cuatro o de ocho años haciendo uso del mecanismo del “voto útil”. Muy triste.

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