¿Súbditos o ciudadanos?


Fuente de la imagen: http://keseyoke.blogspot.com

En mi anterior post, “¿Voto útil? ¿Para quién y para qué?”, hacía mención al uso tan habitual que hacen los periodistas de la palabra “feudo” para referirse a aquellas comunidades autonómas en donde invariablemente gana siempre el mismo partido, caso por ejemplo de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha respecto del PSOE, que ha gobernado allí durante treinta años sin interrupción, o Galicia y Castilla y León respecto del PP, aunque en estos casos sí ha habido temporadas en las que gobernó el PSOE.

Pero lo cierto es que, aunque el término me parezca irritante y hasta insultante, creo que refleja bastante bien la realidad, esa tendencia que tenemos los españoles (y no sólo los españoles) a considerar a los políticos como a nuestros señores feudales, algo que resulta especialmente evidente a nivel autonómico, con esos “barones” que se eternizan en el cargo veinte años o más (en el caso de Pujol, veintitrés y Mas), rentabilizando al máximo la figura de defensor de “sus dominios” frente al siempre sospechoso poder central, ya no representado por la monarquía, que cumple otro tipo de funciones, sino por el Gobierno de España. Si coincide que el barón autonómico es del mismo signo político que el del Gobierno central puede vender a “sus súbditos” los grandes beneficios que esto les reporta: la llegada del AVE, nuevas autovías, paralización del Plan Hidrológico Nacional aunque a otros les fastidie… Y si en cambio el barón es de un partido diferente al del Gobierno de la nación podrá convencer a sus vasallos de que están siendo ultrajados por éste, que ni les trae el AVE, ni invierte en nuevas autovías y que ha paralizado el Plan Hidrológico Nacional para favorecer a los suyos.

Una dinámica perversa, pero muy efectiva, por lo que he podido ver al vivir en tres comunidades autónomas diferentes a lo largo de mi vida, ahora en los dominios de la “baronesa” Aguirre (literalmente en su caso, aunque consorte), siempre presta a quejarse de la marginación a que somete el Gobierno de Zapatero a los madrileños en cuanto a inversiones en infraestructuras. Una dinámica a la que algunos no dudan ni un minuto en apuntarse en cuanto ven la oportunidad, tal y como hemos visto hacer a Álvarez-Cascos hace unos días confundiendo su colosal ego con la encarnación de Asturias, ese país “pequeño, lejano y aislado”. Dudo que el recurso le funcione, más allá del calentón inicial, pero ahí ha quedado el gesto de envolverse con la bandera de su “pequeño país”.

Y una dinámica que, por supuesto, no funciona tan sólo en el nivel autonómico, aunque sea allí donde es más evidente. Lo hace a nivel nacional y europeo, con la defensa en los distintos foros comunitarios de los intereses españoles (o polacos, o griegos o irlandeses) frente a los de la poderosa “emperatriz” de Alemania, Angela Merkel, primus inter pares entre los “monarcas” europeos Sarkozy, Cameron, Berlusconi y demás. Y, desde luego, lo hace en el nivel municipal, allí donde el concepto de ciudadanía debería tener mayor sentido.

Aristóteles, en el libro VI de su Política definía la ciudad como “una forma de comunidad de iguales con el fin de vivir lo mejor posible”. Ya vemos que el concepto de ciudadanía bien entendida es antiguo, clásico incluso, pero no parece que, al menos en España, haya arraigado correctamente. Lo que hemos visto en estos años de democracia, especialmente desde que entramos en la Unión Europea y el dinero empezó a circular en abundancia, ha sido a regidores prometiendo a sus votantes (y consiguiéndolos) todo tipo de bienes materiales y de ocio: polideportivos, rotondas, parques, centros comerciales, escuelas de música, danza, tai chi y risoterapia, estupendas aceras de diseño, carriles bici, vaquillas a tutiplén, ferias taurinas con primeros espadas, conciertos de Chenoa y Bustamante, iluminaciones navideñas espectaculares y fuegos artificiales dignos de la inauguración de unos Juegos Olímpicos. Y como había que mantener en marcha la bicicleta, no fuera a ser que dejáramos de pedalear y se cayera, hemos tenido una colosal burbuja inmobiliaria que, entre otras cosas, ha permitido a los Ayuntamientos seguir gastando dinero a espuertas para tener contentos no a sus ciudadanos, sino a sus súbditos. Pues la categoría de súbdito no implica necesariamente la obligación de trabajar para los señores ni siquiera la de humillarse ante ellos. Basta con aceptar sus dones a cambio de seguir votándoles.

Estamos muy, pero que muy lejos, de conseguir que los ciudadanos españoles lo sean de verdad, que no elijan a sus representantes en función de lo que estos puedan darles, que es la mentalidad de los siervos (con derecho al voto, eso sí). Muy lejos de que la mayoría de los ciudadanos entienda que lo público es de todos y que la misión de los políticos es administrar eso que es público y de todos y no ninguna otra misión. Desde luego no la de “conseguirnos trabajo”, “traernos el AVE”, “darnos … lo que sea”. Tienen que ser nuestros gestores, no nuestros señores ni tampoco los Reyes Magos.

Aunque el que los políticos deban cumplir esa misión no implica que no deban tener ideas propias de cómo hacerlo. Unas serán mejores que otras y es bueno que en eso haya oferta, como en todo, para que los votantes tengan dónde elegir. Esto viene a cuento porque no sé dónde, creo que en alguno de los diversos foros que frecuento, he leído hace poco a alguien que escribía que “los políticos teníamos que escuchar a los ciudadanos, no los ciudadanos a los políticos”. Pues vale, como eslógan un tanto demagógico y simplista, puede valer. Pero la política es una actividad especializada, como la medicina, por ejemplo. Y a un médico no le vale con escuchar lo que le digan sus pacientes, que además, como dice el Doctor House, siempre mienten. Y si la frase del cínico doctor televisivo puede parecer un diagnóstico exagerado en el caso de los pacientes-ciudadanos, dejémoslo en que no mienten pero tampoco tienen una visión de conjunto, generalmente sólo la tienen de sus necesidades personales y poco más. Esa es la misión que debería corresponder a los políticos, no la de satisfacer necesidades individuales o de “colectivos”, esto último tan de moda últimamente, sino la de tomar decisiones en función del interés común. Y para eso hace falta visión, conocimiento y erradicar de una vez la relación de señores y vasallos de nuestra mentalidad colectiva.

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6 respuestas a ¿Súbditos o ciudadanos?

  1. Pingback: Tweets that mention ¿Súbditos o ciudadanos? | Política (i)lógica: el blog de Alex Roa, candidato de UPyD a la alcaldía de Guadarrama -- Topsy.com

  2. Alicia dijo:

    ¿Pero cuál es realmente el bien común? Yo creo que no hay consenso. Las prioridades , lo que se considera justo y necesario varía de una persona a otra. Y no es sólo porque a la gente le falte empatía , es que , a causa de nuestra naturaleza, nuestra educación y nuestras circunstancias ,nuestra visión de la vida es diferente de una persona a otra. Yo, personalmemte, considero innecesario utilizar el dinero público en crear trenes más rápidos. Considero una inmoralidad que los ayuntamientos gasten dinero en traer vaquillas a las fiestas para que las torturen , en cuanto a las fiestas populares creo que están bien pero me parecen excesivas. Creo que habría que gastar más dinero público en guarderías gratuitas para madres trabajadoras, en residencias de ancianos dignas y gratuitas también, en residencias para animales abandonados, veterinarios gratuitos(cómo no se le habrá ocurrido a nadie ?’) ..creo en que la gestión del dinero debe ser un mecanismo que sirva para que aquellas cosas que nos diferencien desaparezcan. Es decir , creo que estaría muy bien utilizar el dinero público para darle a aquellos que lo necesitan la misma calidad de vida que tienen las personas con posibles. ,la misma educación, el mismo médico, la misma comida…en resumen la misma vida. De modo que exista una verdadera igualdad. Esa es mi idea del bien común.
    Yo siempre estoy de acuerdo contigo pero esta vez no del todo. Creo que el bien común es la suma del bienestar individual y que cada cual tiene su propia escala ética y su propio concepto. . Es cierto que hay ,o al menos debe haber valores universales pero sólo son los grandes rasgos de los valores universales lo que nos une. pero no los detalles, no las formas en las que se deben aplicar esos valores .El bien de una comunidad no puede (no debe ) en ningún caso contradecirse con el bien individual por lo tanto creo que sí que somos las personas quienes debemos determinar cuál es ese bien común.
    Me quedé preocupada, si los carriles para bicis son financiados por los ayuntamientos, también lo son las marchas ciclonudistas?? .
    BUENO Y DESPUÉS DE ESTE ROLLO LO MÁS IMPORTANTE;FELIZ CUMPLEAÑOS.

  3. maria alonso dijo:

    Yo me uno a lo de Feliz Cumpleaños. Hloy me he dado una jartá de leer porque iba atrasada y veo que este año estás tan lúcido como el pasado. Besos

  4. Emilio si si el de Hoyo dijo:

    El profesor Montañes, en uno de sus libros, introduce en lo que ahora se llama gobernanza en el cuarto sector (y en la primero, segundo y tercero) . Pocos y menos aún en nuestra clase política municipal serrana saben ni tan siquiera que es un DAFO, como hacer coherente recursos con necesidades y otras herramientas básicas de gestión. Poner guarderías si pero con eficacia y eficiencia.

    • alexroa dijo:

      ¡Eh! Yo sí se lo que es DAFO, y hasta una “sinergia”, y lo que de verdad significa “sostenibilidad”. Pero eso sí, no me oirás decir o escribir esas palabrotas.

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