“También la lluvia”: Cine y política


Hoy me apetece escribir sobre cine, una de mis más persistentes aficiones, a cuenta de la última película que he ido a ver, “También la lluvia”, producción española rodada en Bolivia, dirigida por Icíar Bollaín, multinominada para los próximos premios Goya y elegida por la Academia de Cine para competir en los Oscar en la categoría de mejor película en lengua no inglesa.

“También la lluvia” me parece una película muy estimable desde muchos puntos de vista, así que espero que gane muchos premios, tenga una buena recaudación y anime a los cineastas españoles a ampliar sus horizontes, que el mundo es muy grande como para andar siempre contando “nuestras cosas”. Me mueve además a desear su éxito la gran simpatía que siento por su directora, antigua actriz que aún ejerce ocasionalmente, protagonista de la mítica “El Sur” de Víctor Erice cuando aún era una niña, y que dio el paso a la dirección con la modestísima y agradable película de personajes “Hola, ¿estás sola?” en 1995, se encontró con su actor emblemático, el magnífico Luis Tosar, en la apreciable “Flores de otro mundo” (1999), maduró como directora y cosechó todos los Goyas posibles con “Te doy mis ojos” (2003), y tras la al parecer fallida (no la vi) “Mataharis” (2007), ha dado otro salto cualitativo al dirigir una producción de 5 millones de euros, presupuesto altísimo en el cine español, con guión ajeno por vez primera, el de su pareja y habitual guionista de Ken Loach, Paul Laverty.

Todo esto lo ha hecho Icíar Bollaín sin prisa ni pausa, sin estridencias ni excentricidades, sin dárselas de diva y sin perder su aparente modestia y humildad. Al menos esa es la imagen que proyecta en público, la que conocemos los aficionados al cine. Por su parte, el magnético Luis Tosar, principal aunque no único protagonista de “También la lluvia”, ha conseguido en los últimos años, gracias sobre todo al personaje de “Malamadre” de “Celda 211”, alcanzar el estátus de primera figura del cine español, a la altura de Bardem aunque todavía sin su proyección internacional.

“También la lluvia” es ante todo un drama, pero un drama con gran contenido político. Por si alguien no la ha visto aún, la sinopsis (tomada de Wikipedia) es la siguiente:

También la lluvia es una historia inspirada en la Guerra del Agua que tuvo lugar en Cochabamba en Abril del 2000 y cuenta la historia de Sebastián y Costa, un director y un productor que quieren hacer una película sobre Cristóbal Colón que dé la vuelta al mito. La historia de un Colón obsesionado por el oro y represor de indios y también la de quienes lo denunciaron: los padres Bartolomé de las Casas y Antonio de Montesinos. Pero mientras ruedan en Cochabamba estalla el conflicto por la privatización y venta a una multinacional del sistema de aguas de la ciudad, la tristemente famosa (y real), Guerra del Agua del año 2000.

Un drama político pues, que establece un paralelismo entre dos hechos ocurridos con 500 años de diferencia, la conquista de América por los codiciosos españoles y su dominio por las no menos codiciosas multinacionales norteamericanas, como aquella que era titular de la concesión del suministro de agua potable en Bolivia y que con su pretensión de subir el precio un 300% desató una oleada de protestas de los más humildes entre los bolivianos, indígenas en su mayoría, a quienes el Gobierno impedía abrir pozos para abastecerse ellos mismos, lo que llevó a que, al menos en la película, los sublevados acusaran a los poderosos de quitarles “también la lluvia”.

Reconozco que fui a ver la película con un poco de aprensión, temeroso de encontrarme con el típico panfleto demagógico que en el cine europeo, español incluido, se suele encuadrar con la etiqueta de “cine político”. No tanto por parte de su directora, que no ha dado muestras hasta ahora de deslizarse por esa pendiente, como por la del guionista, colaborador habitual de Ken Loach, como decía más arriba.

Precisamente el inglés Ken Loach está considerado como uno de los más importantes, si no el que más, entre los directores europeos que afrontan los temas políticos en sus películas. Nacido en 1936, es uno de los más veteranos cineastas de Europa y lleva muchísimos años haciendo cine y televisión, casi cincuenta, siempre bajo el prisma de su declarada ideología trotskista, aquello de la “revolución permanente”. Vi algunas de sus películas hace unos veinte años y me parecieron más o menos interesantes, pero a partir de “Ladybird, ladybird” (1994), un drama basado en hechos reales sobre una mujer a la que los implacables servicios sociales británicos le habían quitado una tras otra la custodia de sus cuatro hijos, manipulador y tendencioso en grado sumo, y, sobre todo, de “Tierra y Libertad” (1995), ambientada en la Guerra Civil española y casualmente protagonizada por Icíar Bollaín, un auténtico panfleto proanarquista, dejé de frecuentar su cine. Y como el suyo el de otros muchos cineastas “políticos”, aunque sería mejor definirlos como “sociales”, con mucho prestigio en algunos festivales europeos que al parecer valoran más el contenido ideológico de determinado signo que la calidad artística de las películas (pienso por ejemplo en el soporífero franco-argelino Robert Guédiguian o en el francés a secas Bertrand Tavernier).

Mucho más interesante me resulta el cine político norteamericano, centrado habitualmente en intrigas que implican a los más altos escalones del poder. Por ejemplo el clásico “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976) sobre la investigación del caso Watergate. O alguna de las películas que hizo Oliver Stone cuando todavía su ego no abarcaba varios continentes, digamos “JKF”, de 1991, sobre el asesinato de John F. Kennedy. Incluso el cine documental de Michael Moore, también tendencioso en grado sumo, resulta mucho más ameno que los habituales docudramas sociales europeos.

Volviendo a España el cine político no ha tenido hasta ahora mucho éxito, salvo las películas sobre la Guerra Civil, un asunto casi invariablemente abordado desde el mismo punto de vista y de modo machacón durante varios lustros a partir de 1975. Creo que aún ha de nacer la generación de cineastas que se anime a afrontar aquello con ecuanimidad. En cuanto a la historia reciente, tan rica en acontecimientos, empieza a ser tema para modestas miniseries televisivas con mejor voluntad que acierto, excesivamente complacientes quizá al tratar a personajes vivos, sobre todo si siguen reinando (¡ejem!).

El asunto político que más ha llamado la atención de los cineastas durante estos años de democracia ha sido, como no podía ser menos, el terrorismo de ETA. Pero se ha tardado mucho, demasiado, en dejar de buscarle el lado favorecedor, en dejar de presentar a los etarras o a sus asimilados como héroes románticos (véase “La muerte de Mikel”, Imanol Uribe, 1984, o “Dias contados”, del mismo director y diez años posterior). Yo diría que no fue hasta hace unos diez años cuando se empezó a perder el miedo a presentar en el cine la verdadera cara de ETA, posiblemente con el documental “Asesinato en febrero” (Eterio Ortega, 2001), al que siguieron otros documentales (“Perseguidos”, también de Eterio Ortega, 2004, “Trece entre mil” de Iñaki Arteta, 2005, o “El infierno vasco”, del mismo autor, 2008) y alguna película de ficción, como “Todos estamos invitados” (Manuel Gutiérrez Aragón, 2007) o “El Lobo” (Miguel Courtois, 2004) . Entre el documental y la ficción se mueve “Tiro en la nuca”, una recreación del asesinato de dos guardias civiles en la localidad francesa de Capbreton el 2 de diciembre de 2007. Su autor, Jaime Rosales, está considerado uno de los más dotados cineastas de la nueva hornada del cine español, y estaba yo considerando si ir o no a verla cuando leí en una revista que Rosales declaraba ante las críticas sobre la equidistancia que parecía mostrar que “lo importante para resolver el conflicto es el diálogo; el etarra tiene que dialogar con el español del PP; el verdugo con la víctima”. No fui a verla, claro. Estaba demasiado ocupado vomitando.

No me gustan nada las críticas indiscriminadas que recibe el cine español por parte de ciertos medios de comunicación o de algunos periodistas en concreto, toda esa colección de insultos y descalificaciones que no voy a repetir aquí, ese menosprecio constante a su trabajo. Pero por otra parte hay algo de base en esas críticas, especialmente en lo de que el cine español está politizado en exceso en una dirección, algo fácilmente comprobable y que lo empobrece en conjunto. Como ejemplo reciente, me pareció sumamente triste que José Luis Cuerda, a quien admiro sin reservas por “Amanece, que no es poco”, cogiera la exquisita y sutil novela de Alberto Méndez, “Los girasoles ciegos”, y la transformara en un panfleto antifranquista y anticlerical.  Y como ese, otros muchos casos.

No ha llegado a tanto, a convertirse en un panfleto anticolonialista y antiimperialista, la película de Icíar Bollaín, “También la lluvia”, gracias sobre todo al contrapunto del personaje interpretado por el gran Karra Elejalde, que en la película dentro de la película interpreta el papel de Cristóbal Colón. No cuento más porque recomiendo ir a verla.

Imagino que la presión dentro del gremio del cine y del de los actores en general, es bastante fuerte. Y así me lo corroboró un conocido actor, más por sus papeles en teatro y televisión que por los que ha interpretado en el cine, y que es afiliado de UPyD, algo que sus compañeros de profesión consideran casi un anatema. Quizá llegue un día en que hasta un actor o un director de cine pueda adscribirse sin temor ni vergüenza a cualquier ideología e incluso carecer de ella en absoluto.

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7 respuestas a “También la lluvia”: Cine y política

  1. Delia dijo:

    Estoy de acuerdo en que la peli es muy buena, buen guión, buenos actores, trabajo bien hecho. No es un panfleto, pero precisamente es fácil llamar panfleto a todo lo que no sea equidistante. Cuando yo creo que definirse con entusiasmo y claridad es una bonita virtud. A veces echo de menos más radicalismo y menos tibieza en la política como en la vida. Me gusta la gente, y el arte, respetuosa y tolerante, pero aguda y radical también…

    • alexroa dijo:

      Yo llamo panfleto cinematográfico a la propaganda descarada de una ideología en concreto. Durante el franquismo las películas históricas españolas eran puramente panfletarias, y si se nos contaba la vida de Colón era un santo y altruista varón cuya única motivación era extender la cristiandad por el mundo, amparado por los aún más santos Reyes Católicos. ¡Y qué decir de las hazañas del Cid o de Agustina de Aragón! Hasta el mismísimo Francisco Franco se metió a guionista de cine con “Raza”, ejemplo para “buenos españoles” ambientado en la aún humeante Guerra Civil. Ese tipo de cine fue el que imperó en España durante los años 40 y 50, mientras que en los años del desarrollismo se tendió a un cine más ligero. Al morir Franco y acabar la dictadura era lógico y sano que hubiera una reacción y que se contaran las cosas desde el otro punto de vista, para compensar y para deshacerse de muchos fantasmas. Lo que no es lógico es que 35 años después, casi tantos como duró el franquismo, no hayamos superado aún esa fase. Y querer que se cuenten las cosas con objetividad no es lo mismo que mostrarse equidistante. Yo me considero bastante radical (y en ocasiones también agudo), pero no me identifico con uno de los dos bandos con los que se empeñan que nos identifiquemos, ni siquiera creo que tengan verdadera existencia a estas alturas, como ya he dicho más de una vez por aquí.

      • Delia dijo:

        Por suerte nadie tiene que identificarse con un bando hoy en día, pero si estuviéramos en el 36, yo sabría cuál elegir, y, pase el tiempo que pase, la historia seguirá siendo la misma, no crees. Alejandro, para mí está más que demostrado que eres agudo, y que eres radical, espero seguir viéndolo. Un beso.

      • alexroa dijo:

        Que yo sepa en el 36 hubo tres bandos, el de los que quisieron mantener la República democrática y los dos que quisieron cargársela, y lo consiguieron, por ambos lados. Eso es lo que yo he leido cuando he estudiado Historia. A los primeros se les llama a veces la Tercera España, y con ellos me identifico. No eran muchos pero algunos sí muy famosos como Ortega y Marañón. Besos.

  2. Pingback: Tweets that mention “También la lluvia”: Cine y política | Política (i)lógica: el blog de Alex Roa, candidato de UPyD a la alcaldía de Guadarrama -- Topsy.com

  3. manuel ruiz dijo:

    Estoy de acuerdo contigo Alex, precisamente por lo que dices es por lo que nuestro ínclito ZP pregunta aquello de ¿”Y tú de que lado estás”?

  4. Cristobal dijo:

    ‘“lo importante para resolver el conflicto es el diálogo; el etarra tiene que dialogar con el español del PP; el verdugo con la víctima”. No fui a verla, claro. Estaba demasiado ocupado vomitando.’
    Hay tanto avanzado en lo que compete a represaliados vs. represores, terroristas vs. victimas, los de un bando vs. otro bando…
    Es triste que la palabra diálogo te provoque arcadas. Y es una barrera. Seguramente no hay nada que desee mas una victima (que ha dejado de serlo) que poder enfrentarse, dialogar con aquel que le agredió.
    La falta de diálogo solo puede llevar a perpetuar los crímenes y el dolor de los que lo padecen.
    Tu vómito es rencor. Y no deberías hacer política desde el rencor. No le sirve a los que necesitan justicia y que su rabia y dolor desaparezcan.

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