¿Política o divulgación?


Creo que más o menos todo el mundo tiene vagamente clara la diferencia entre hacer ciencia y divulgarla. Aunque tampoco demasiado, pues a lo largo de estos más de veinte años que llevo ejerciendo mi profesión de meteorólogo no han sido pocas las ocasiones en las que, tras hacer saber a alguien a qué me dedico, mi interlocutor me ha preguntado: “¿Y por qué no sales en la tele?” Y cuando digo que no han sido pocas estoy usando un eufemismo, realmente han sido tantas las ocasiones en las que me ha ocurrido, lo mismo que a cualquiera de mis colegas, que ya tengo la respuesta mecanizada: “Los que salen dando la información meteorológica en televisión son periodistas más o menos especializados, sin excepción en estos momentos desde que jubilaron José Antonio Maldonado, que sí que era meteorólogo de profesión”.

A partir de ahí suele haber varias opciones, de cada una de las cuales tengo también automatizada la respuesta, lo mismo que las aperturas en el ajedrez. Desde el que responde con un bovino “¡Ahh…!” que no requiere aportar más información ni casi prestar mucha más atención a esa persona, hasta el que se interesa sinceramente por la cuestión, lo que siempre es de agradecer, pasando por los vagamente informados que creen que para hacer las predicciones basta con el satélite Meteosat (también en estas cosas de la ciencia hay quien se ha quedado en los años 70 del siglo pasado) o los graciosillos que preguntan si hacemos la predicción mirando el vuelo de los pájaros o atendiendo a nuestros dolores reumáticos, a lo que les suelo responder que el mejor y más acreditado método de predicción meteorólogica, desde los antiguos egipcios, mayas y sumerios hasta ahora, es la lectura de vísceras, preferiblemente humanas, y que si tienen algo que hacer el próximo jueves.

Igualmente, desde que entré en política, hace poco más de tres años, me he encontrado con la natural incomprensión de las personas que no se dedican a esa actividad, que son la inmensa mayoría, claro. Pero a diferencia de lo que pasa con la meteorología, de la que se suele hacer burla pero no sangre, en el caso de la política la incompresión va acompañada de una hostilidad más o menos declarada. Para algunas personas, como me decía el otro día una querida amiga, la palabra “político” tiene la calidad de insulto. Sin llegar a tanto, existe un general desprecio por la actividad, quizá acompañado de envidia por los privilegios de los que, aparentemente, gozan los políticos.

Y es que existe la percepción de que los políticos no pegan un palo al agua. Que los diputados, por ejemplo, lo único que tienen que hacer es ir a los plenos a votar, y encima la mayoría de ellos faltan. Existe también la idea de que la política consiste tan sólo en los insultos y acusaciones que se cruzan entre ellos quienes son sus caras visibles. Y, por supuesto, existe la percepción no sé si mayoritaria, pero al menos sí muy extendida, de que todo el que se mete en política lo hace movido por el ánimo de lucro y/o la ambición de poder.

Todas estas percepciones son muy difíciles de combatir, especialmente porque tienen una base real. Son muchos los políticos que no cumplen con su trabajo, los que emplean sus energías en insultar a sus rivales y los que tienen como principal objetivo mejorar sus propias condiciones de vida, en vez de preocuparse por las de los ciudadanos que les han votado y aún las de los que no lo han hecho.

Pero lo que sí creo que es posible hacer llegar al gran público es que la actividad política es, como casi cualquier otra, un trabajo especializado. En política no vale cualquier cosa y, evidentemente, no todo el mundo tiene talento para la política. Sobre todo hay que conocer las leyes y reglamentos, pues las principales tareas de los políticos son la de legislar, en los parlamentos nacionales o autonómicos, y la de administrar, en el gobierno nacional y en los autonómicos y municipales. Pero también, y en esto quizá la política se diferencia de otras actividades, es una obligación de los políticos el divulgar lo que hacen. Por supuesto que los científicos también lo hacen, pero normalmente los que crean ciencia publican sus resultados en revistas especializadas y son otros los que divulgan los avances científicos entre el gran público. En política, en cambio, son los propios responsables políticos los encargados de hacer llegar al gran público las ideas que defienden sus partidos, y precisamente se considera un gran político no al teórico, al que genera las ideas, sino al que sabe hacerlas llegar a la gran mayoría de votantes. En este sentido, UPyD cuenta con la que posiblemente es el político más dotado de España, Rosa Díez, una verdadera maestra en hacer llegar al gran público con sencillez ideas bastante complejas. Esto es, al mismo tiempo, una ventaja y un riesgo. Ventaja por tener a alguien capaz de comunicar a los votantes con tan gran habilidad las ideas que desde UPyD queremos hacer llegar. Riesgo porque esos mismos votantes tienden a personalizar demasiado y les cuesta ver más allá de la persona que divulga esas ideas.

En esa trampa podemos caer todos aquellos a los que las circunstancias nos han llevado a ser las caras visibles de un partido político, UPyD en mi caso. Tras mi intervención del otro día algunas personas me dijeron que les había gustado porque parecía un profesor más que un político. Y si eso se puede tomar como un elogio por una parte, por la otra no deja de ser despectivo hacia los políticos. Ciertamente a mí me gusta más explicar la lógica de las cosas que recurrir a argumentos emocionales, y además no me veo utilizando el típico tono mitinero, me sentiría ridículo. Pero también hay que tener en cuenta que esas ideas que intento divulgar y explicar son producto de la reflexión de otras personas, mucho más sabias e inteligentes que yo por lo general. Y el que me resulte más o menos fácil transmitirlas tiene una explicación muy sencilla: que creo en lo que digo, en las ideas que propone UPyD.

En UPyD creemos, como se deduce del significado de las siglas, en la unión, en el progreso y en la democracia. Y como creemos de verdad en la unión y en la democracia pensamos que no hay que excluir a nadie ni crear “cordones sanitarios” salvo, por supuesto, alrededor de quienes quieren destruir la propia democracia. Y como creemos en el progreso, que no necesariamente en el progresismo, una etiqueta al fin y al cabo, analizamos cada propuesta política en función de su contenido, no según quien la propone, y apostamos por aquellas que puedan llevar a mejorar las condiciones de vida del conjunto de los ciudadanos españoles, frente a aquellas otras que sólo benefician a algunos, sean pocos o muchos.

Sí, una de las funciones de los políticos es la divulgación, una que a mí me resulta bastante satisfactoria y en la que creo que puedo aportar algo. Mucho mejor, en cualquier caso, que dedicarse a insultar a los rivales o a repetir eslóganes trasnochados en los que ya casi nadie cree, impropios de una sociedad del siglo XXI.

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13 respuestas a ¿Política o divulgación?

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  2. Ri dijo:

    Creo que te equivocas aquí. Desde que uno se afilia, deja la divulgación y pasa a la propaganda. Más o menos fina, pero propaganda a fin de cuentas. El que no os deis cuenta de ello es mal síntoma. O simplemente ínfulas.

    • alexroa dijo:

      Si lo dices por la lobotomía a la que me sometieron cuando me dieron el carnet de UPyD, te aseguro que no me ha afectado en absoluto, sigo siendo igual de crítico. O quizá un poco menos pero lo compenso siendo más optimista, ahora veo la vida en rosa, digo en magenta.

  3. Ri dijo:

    Monocroma en cualquier caso. ¿El magenta tiene negro? Creo que no. No sé. El negro. A una marea granate me entragaría ahora mismo.

  4. maria alonso dijo:

    No te extrañe que se hable mal de los políticos con figuras como la Ministra de Cultura que ya ves como se expresa o con otros que también dejan mucho que desear. Pero la política es necesaria, ¡qué le vamos a hacer! y no todo el mundo va de propagandista, hay quien lo vive con ilusión y buenos deseos, como alguno que yo sé, porque en caso contrario para qué tanto trabajo y tanto esfuerzo, mejor estar tomando cervecitas en el bar.

  5. Emilio si si el de Hoyo dijo:

    Una cosa es la divulgación de las actuaciones “Hemos hecho esto, hemos hecho lo otro, nos queda por hacer lo de más allá…” y otra la opinión de las actuaciones en las que “la fijación de la posición del partido” y el “argumentario de preguntas y respuestas” no dejan opciones a ninguno de los militan.
    Con respecto a la primera es muy lícito e incluso el termino propaganda no está mal usado (etimologicamente hablando). Con respecto a la segunda propaganda tiene el uso despectivo actual y efectivamente a algunos les (nos) produce urticaria.

    • alexroa dijo:

      Supongo que “propaganda” viene de “propagar”, que en principio no tiene por qué ser una actividad ni un término despectivo. Lo mismo que “política” y “políticos”. ¿Pero dónde ponemos la separación entre divulgación y propaganda? ¿Informar de que el Gobierno vasco ha gastado entre 15.000 y 20.000 millones de euros en fomentar el euskera y que aún así no ha conseguido que los vascos lo usen apenas es divulgación o es propaganda? Como ese podríamos poner montones de ejemplos, es el primero que me ha venido a la cabeza.

      • Emilio si si el de Hoyo dijo:

        Bueno para eso está la inteligencia del lector. Ellos informan y nosotros analizamos. Y te tocará informar y otros te lo analizarán.

      • alexroa dijo:

        A mí me gustan las dos cosas: informar y analizar. También debatir, que es otra forma de informarse y de analizar.

  6. Jose dijo:

    ¿Sólo 15000 millones, pues? Ayvalaostia, Álex, con eso no nos da ni para aprender a contar hasta hiru.

  7. Ciclón dijo:

    Llego a la conclusión después de muchíiiiisimos días de dudas, que NO soy política, ni divulgadora, soy “GUERRILLERA”.
    P.D. Un besazo a todos los enamorados (por si no os acordáis: estáis a tiempo…).

  8. Ri dijo:

    En las últimas Fiestas fui propagandista de UPyD. Me lo pasé bomba callejeando y bordeando con/a los ciudadanos. Recuerdo a Savater entregando propaganda amablemente a todo pobre o monja que se tropezaba. Imborrable. También eché propaganda en los buzones, bajeza que no pienso repetir. Lo demás sí, faltaría más.

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