23-F: El golpe que no fue y los roces, trucajes y apaños que sí fueron


Se conmemora estos días el trigésimo aniversario del golpe de Estado que no fue. A lo grande, con nuevas revelaciones, gran despliegue de información en los diversos medios y hasta una película preparada para ser estrenada en los cines el día exacto del aniversario.

¡Treinta años ya! ¡Ahí es nada! Y sin embargo, todos los que tenemos edad suficiente recordamos perfectamente qué estábamos haciendo cuando ocurrió aquello. En mi caso, me encontraba entrenando en el gimnasio (iba para deportista) a las 6 y pico de la tarde cuando alguien entró con la noticia del asalto al Congreso de los Diputados. Luego fue la noche de las radios y del mensaje del Rey, ya de madrugada. Y al día siguiente, en el instituto, en vez de dar clase el profesor de la primera hora trajo una radio por la que escuchamos cómo iban siendo liberados los diputados.

¿Quién no recuerda lo que hizo aquel día en que la casi recién estrenada Democracia española estuvo a punto de estrellarse, repitiendo un ciclo de cerca de dos siglos de avances y retrocesos en la implantación de un régimen democrático en España? Entonces apenas llevábamos cinco años mal contados con el nuevo vehículo. Eso si contamos desde la muerte de Franco. Menos aún si consideramos que el nuevo régimen comenzó con el referéndum de la Ley para la Reforma Política el 15 de diciembre de 1976, las primeras elecciones democráticas el 15 de julio de 1977 o el referéndum sobre la Constitución, que tuvo lugar el 6 de diciembre del año siguiente.

Y ahí estábamos, con nuestro nuevo vehículo, casi recién estrenado, a punto de estrellarnos una vez más, como tantas veces a lo largo de la historia reciente. A estas alturas sigo sin tener claro quienes fueron los verdaderos responsables de intentar que el coche se estampara y quién fue el que sostuvo firmemente el volante y lo evitó. Pero el caso es que el golpe se evitó y que treinta años después seguimos con el mismo coche, al menos en apariencia. Porque, ¿realmente el régimen democrático español es el mismo que sobrevivió a aquel intento de golpe de Estado treinta años atrás?

Y es que es normal que al cabo de tres décadas haya habido cierto desgaste, los inevitables roces de los que al principio tanto se preocupa uno y en los que luego acaba por no fijarse. Pero es que la Democracia española no sólo se ha desgastado por el paso del tiempo y el rodaje, que sería natural y poco preocupante. Es que desde que evitó aquel golpe que hubiera obligado a declararla como siniestro total ha recibido otros muchos, menos vistosos pero mucho más insidiosos.

Porque, ¿acaso alguien se acuerda de lo que estaba haciendo el 1 de julio de 1985? Pues ese fue el día en que se promulgó la Ley Orgánica del Poder Judicial que establecía que los 20 vocales del Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de gobierno de los jueces, serían elegidos por el Congreso y el Senado. Es decir, por los partidos políticos. Esa temprana voladura de la división de poderes fue obra del primer gobierno del PSOE, una de las muchas trapacerías que nos han conducido al actual régimen partitocrático, que no democrático. Más que un golpe, esa y otras maniobras similares podríamos decir que han sido un trucaje, de modo que el coche siguiera siendo aparentemente el mismo pero en realidad su funcionamiento fuera diferente: en vez de separación de poderes y predominio de las instituciones, ahora tenemos una transmisión directa desde la cúpula de los partidos hacia el resto de la sociedad.

San Basilio, Moscú

O eso es lo que les hubiera gustado a algunos, porque lo cierto es que las cúpulas de los partidos políticos españoles cada vez se parecen más a las de las iglesias de Oriente: más que una única cúpula son un montón de ellas de distintos tamaños y colores, sin una clara jerarquía, pero eso sí, muy vistosas. Y quien dice las cúpulas de los partidos dice también las de las correspondientes administraciones autonómicas, feudos de esas cúpulas no tan secundarias.

¿Y quién se puede acordar de lo que estaba haciendo el día en que el PSOE o el PP transfirieron determinada competencia a determinada autonomía a cambio del puñado de votos del partido nacionalista pertinente que les permitía conseguir la mayoría suficiente para aprobar los Presupuestos Generales del Estado o cualquier otra ley? Días de esos ha habido muchos, muchísimos, a lo largo de estos últimos treinta años, pero especialmente durante estos últimos quince, cuando la falta de mayorías absolutas y la absoluta falta de sentido de la medida y de la vergüenza han convertido el mercadeo de votos a cambio de privilegios en una rutina habitual.

Y ahora nos encontramos no sólo con un coche desgastado y trucado, sino con un coche que tiene varios dueños para cada una de sus partes, cada uno de los cuales hace las reparaciones, o los apaños mejor dicho, cuándo y cómo le parece, sin importar si las piezas de recambio que usa son compatibles con las del resto del vehículo. Que el coche siga en movimiento en esas condiciones se debe sin duda al milagro de la inercia. Recientemente Frau Merkel, el BCE el FMI y otros organismos nos han hecho pasar la ITV y hay que decir que no la hemos superado. Lo que hemos conseguido es una prórroga para intentar arreglar los muchos desperfectos del coche. Pero me da que la cosa no tiene remedio y que más nos valdría comprar uno nuevo.

Sí, aquel 23 de febrero conseguimos evitar un golpe que hubiera acabado con el régimen democrático. Reaccionamos como se reacciona ante los ataques directos e indisimulados: con firmeza, decisión y una manifestación multitudinaria en defensa de la Democracia. Igual que reaccionamos, por lo general, a los salvajes golpes de la banda asesina de la boina, el hacha y la serpiente. Pero ante lo que no hemos sabido reaccionar, quizá porque no nos hemos dado cuenta, ha sido a los continuos e insidiosos ataques al régimen democrático por parte de quienes tendrían que ser sus guardianes y se han convertido en sus carceleros: los partidos políticos que se han alternado en el poder durante estos treinta años.

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8 respuestas a 23-F: El golpe que no fue y los roces, trucajes y apaños que sí fueron

  1. Jose dijo:

    Genial el recuerdo de la fecha del fin de la independencia del poder judicial. A ver si no la olvido.
    Y luego el fenómeno que nos gobierna dándoselas de admirador de la revolución francesa (en la que mezclaba churras con merinas, metiendo al campesinado de por medio).

  2. spes dijo:

    Muy bien hilado el argumento desde el golpe que todos recordamos hasta los sucesivos apaños que han ido deteriorando nuestra democracia y que han ido pasando desapercibidos.
    La foto corresponde a la catedral de San Basilio en Moscú.

  3. Ciclón dijo:

    Sí, sí nos hemos dado cuenta de este ataque a la Democracia por parte de los partidos políticos, pero creo que no reaccionamos por desgaste, desgaste emocional, de saberte redotado antes de empezar la batalla.
    Muy bueno el enlace que haces desde el 23 F hasta hoy, breve y claro.
    Un besito muackis. Ciclón

    • alexroa dijo:

      Es como lo de la rana: si coges a una rana y la metes en una olla de agua hirviendo, reacciona, salta y se salva. Si la metes en una olla de agua fría y la vas calentando al fuego poco a poco la rana no se da cuenta, siempre está a gusto, se va adaptando y al final muere escaldada. Besotes, Ciclón.

  4. ralpherns dijo:

    Si crees que el 23-F nos salvamos de algo, échale una hojeada a esta entrada de mi blog y ya me dirás.

    El golpe del 23-F en España

    Un saludo y muy buenos los otros recordatorios.

  5. maria alonso dijo:

    Muy acertado el texto Alex, como todos. Recuerdo que en aquella época era más joven y más dada al asombro y la preocupación, ahora te vas adaptando a todo y ya casi nada te sorprende. :Loa años, hijo

  6. manuel ruiz dijo:

    Recuerdo lo que hacía yo el 23F … ¡Estaba en la mili, mira que soy viejo! Y además le juro a Udes que tuve el desgraciado privilegio de pertenecer a la última decena de soldados que fueron desacuartelados en todo el territorio nacional cuando las cosas se tranquilizaron.
    ¿Cuerpo de élite?, ¿Comado de acción imprescindible? ¿Escolta del Rey o del Presidente? NOOOOOOOO, éramos los diez soldados destinados en la farmacia militar de la calle Maudes (menudo enchufe) y ¡se olvidaron de nosotros en el Ministerio del Ejército!

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