“Usted pregunte lo que quiera, que yo responderé lo que me parezca” (Tontadas de verano, nº 4, 2ª serie)


Hace unos días me llamó la atención una entrevista radiofónica con un escritor para mí desconocido, un tal Javier Moreno, que andaba promocionando su último libro, titulado “Alma” y recién publicado. Me llamó la atención porque el entrevistado respondía exactamente a lo que le preguntaba la entrevistadora, con toda claridad y precisión y sin divagar lo más mínimo. Me resultaba sorprendente esa cualidad en alguien que se dedica a la literatura hasta que más adelante se desveló que su formación inicial había sido la carrera de Matemáticas, con lo que ya me sorprendió bastante menos. Luego he mirado en Google (iba a decir “he investigado”, je) y he encontrado que también tiene estudios de Filosofía y de Teoría de la Literatura, y que su obra se considera como fantástica con componentes científicos.

El caso es que despertó mi interés por su obra, lo que siempre es algo de agradecer, pues para mí uno de los mayores placeres, que afortunadamente no va a menos con los años como otros, es descubrir nuevos escritores que me puedan enriquecer. Aún no he leído nada de Javier Moreno, aunque espero hacerlo pronto. No me vaya a pasar como a Sofía Mazagatos, aquella famosilla que andaba siempre en el candelabro y que decía que seguía a Vargas Llosa pero que aún no había leído nada de él. Imagino que Vargas Llosa tomaría las medidas adecuadas y denunciaría ante la policía a la autoconfesa acosadora.

Quizá luego me decepcione este nuevo escritor, o quizá no, pero de momento me ha hecho reflexionar sobre lo poco habitual es que las figuras públicas respondan de verdad a las preguntas que se les hacen o simplemente que sean capaces de mantener una conversación o un debate propiamente dichos, y no un diálogo de besugos. Y es que ésta es para mí la principal pega que tiene la actividad política, al menos tal y como se ve desde fuera, que para los ciudadanos/votantes es lo único que existe.

Como en todo, en esto de los diálogos de besugos hay categorías, pero centrándonos en nuestros máximos líderes nacionales no me cabe ninguna duda de que Zapatero es el Number One. Nuestro Presidente saliente se ha caracterizado desde el primer día por exhibir un discurso ajeno a la realidad, incluso ahora que ésta le ha puesto en su sitio con ayuda de Merkel, Sarkozy, Obama y otros mandamases, que visto lo visto estos últimos días parece que tampoco ellos lo son tanto. Puede que la sobredosis de realidad le haya suavizado un poco, al menos en apariencia, pero hasta hace apenas un año y medio, cuando Zapatero estaba todavía en forma y era capaz de negar hasta la misma existencia de una crisis global, sus entrevistas televisadas eran algo memorable. Aún en fecha tan reciente como el 9 de marzo de 2010, fue entrevistado en TVE conjuntamente por Ana Blanco, Juan Ramón Lucas y Pepa Bueno, y es digno de verse y oírse cómo ante las preguntas del trío de periodistas, sean éstas las que sean, Zapatero coloca su discurso, el que mantenía por entonces, casi un año después de que la ministra de Economía, Elena Salgado, dijera aquello de los “brotes verdes” y un par de meses antes del “decretazo”, y ni siquiera ante la insistencia de la admirable Pepa Bueno en repreguntar cuando Zapatero no responde de verdad a sus preguntas, es decir, siempre, cede el Presidente lo más mínimo y sigue con su discurso-mítin.

No es de extrañar que con alguien así como Primer Mandatario nos haya ido como nos ha ido durante estos últimos siete años. Ya sé que la crisis está ahí, que es global, viene de antiguo, de los felices años de las “burbujas”, y que con cualquier otro gobierno también la hubiéramos sufrido, en mayor o menor grado. Pero al menos se hubiera agradecido que cuando la realidad nos arrolló hubiéramos tenido al frente del Gobierno de España a alguien que no viviera en su propio mundo de fantasía.

Y en general, sería de desear que todo el mundo, pero especialmente los políticos que tienen las mayores responsabilidades, fuera capaz de reconocer la realidad en la que vive. Y para conseguir eso se puede empezar con algo muy sencillo: escuchar a los demás, que no consiste en mantener la pose de una esfinge y los ojos como platos cuando hablan, que al parecer es lo que algunos entienden por escuchar. Y si te preguntan algo, responder a eso que te preguntan, y no soltar el rollo que llevas preparado.

Vale que el dominio de la dialéctica y de la retórica son grandes cualidades para un líder político, pero en mi opinión el respeto a la verdad debería contar mucho más que lo anterior. Desgraciadamente nos dejamos embaucar por quienes hablan bien o, peor aún, por quienes parece que lo hacen. Un caso paradigmático fue el de Felipe González, que se caracterizaba por su pico de oro pero que realmente acostumbraba a decir cosas sin sentido. Coloco aquí una autocita de un post que publiqué hace algo más de un año, “Delitos de lesa razón“:

“… hace algunos años se publicó un libro sobre la oratoria de los políticos actuales a través de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados. En él se reflejaba la opinión de alguna de las linotipistas o estenotipistas o lo que sea que allí han trabajado de que a la hora de transcribir las palabras dichas por los políticos el que mejor parado salía era Rubalcaba, al que sólo había que colocar los puntos y las comas, que por otra parte él marca con claridad, para que la transcripción de su discurso hablado al texto escrito fuera perfecta, mientras que el que se llevaba el premio en sentido contrario era Felipe González, cuyo discurso, al ser puesto por escrito, carecía por completo de sentido.”

Y ahí tenemos también a Rubalcaba, varios meses antes de su ascenso a Vicepresidente, candidato a Presidente y actual líder del PSOE, esto último según sus propias palabras, que nadie ha desmentido. Y es que efectivamente, el discurso de Rubalcaba es sintáctica y gramaticalmente muy preciso, y domina la dialéctica como nadie. Ahora bien, en cuanto a su relación con la verdad, ahí habría mucho que objetar. Sin meternos en GALes ni en faisanes, que son palabras mayores, estos días le estamos oyendo proponer todo tipo de medidas para combatir la crisis y crear empleo ¡como si no hubiera formado parte importantísima del Gobierno durante los últimos cinco años! Oyéndole, podría parecer que es el candidato de algún partido de la oposición, no un destacadísimo miembro del Partido Socialista desde hace casi cuarenta años, con grandes responsabilidades en el partido y en el Gobierno durante los últimos treinta.

Tampoco es que Mariano Rajoy se libre del vicio de contestar lo que le parece cuando le preguntan, eso sí, a su gallega manera, pero en general parece que tiene una mejor relación con la realidad que Zapatero (bueno, eso cualquiera). En cambio Aznar, que presumía y presume de ser muy directo y de decir lo que le pasa por la cabeza, creo que perdió bastante del sentido de la realidad durante su segundo mandato, cuando se codeaba con sus amigos Bush y Blair, quizá soñando con reverdecer los laureles del Imperio Español donde nunca se ponía el sol.

Aquí tocaría mencionar a Rosa Díez como un contraejemplo de todo lo anterior, alguien que tiene una relación bastante buena con el mundo real, que dice lo que piensa y que piensa lo que dice, y que, volviendo al tema del post, contesta a lo que se le pregunta en las entrevistas y demás actuaciones públicas. Pero claro, qué voy a decir yo. Y eso que no entré en UPyD por ella, sino por las ideas que defiende el partido, concretadas en el Manifiesto fundacional, ese que empieza diciendo:

    “Partimos de un supuesto revolucionario: que los ciudadanos no nacen siendo ya de izquierdas o de derechas ni con el carnet de ningún partido en los pañales. Vamos aún más lejos, a riesgo de escandalizar a los timoratos: consideramos a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en consecuencia, de acuerdo con las ofertas de los partidos y su experiencia de la situación histórica que vivimos…”

Pues eso, que respetamos a los ciudadanos porque les consideramos capaces de pensar por sí mismos. Y el respeto se demuestra, en primer lugar, dialogando con la gente. Y si alguien nos hace una pregunta, respondiendo a lo que nos están preguntando, por espinosa que sea la cuestión, y no soltando un mítin o recurriendo al habitual “y tú más” al que nos tienen acostumbrados los partidos que nos han gobernado hasta ahora.

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5 respuestas a “Usted pregunte lo que quiera, que yo responderé lo que me parezca” (Tontadas de verano, nº 4, 2ª serie)

  1. Pilar dijo:

    Lo malo son los matices, cosa que lo científicos no comprenderéis nunca; para vosotros 2+2 son siempre 4 y no se puede decir con menos palabras ni con ninguna inflexión/entonación que enmascare la cruda realidad de ese 4.

    A mi lo que digan los políticos me da igual, siempre y cuando HAGAN, pero reconozco que algunos tienen un discurso que casi te hace comulgar con rudas de molino… lástima que muchos después de los oídos, hacemos funcionar el cerebro (aunque sea unineuronal) y hasta ahí llegan sus bonitas palabras enfretándose al muro del sentido común.

    Para mi, la mejor frase de ZP fue en “Tengo una pregunta para Ud.” al contestar a un chico acerca de la venta de nuestras armas a Israel cuando con cara de bobalicón se atrevió a asegurar “que estaba convencido de que nuestras armas no mataban” pero sssssshhhhhhhhh que no se enteren los compradores, que igual nos las devuelven :p

    • alexroa dijo:

      Bueno, yo soy de Ciencias y de Letras, o al menos he estudio carreras de ambas ramas, entre otras cosas. Y alguna cosa creo haber aprendido, por ejemplo que los números no son las Ciencias, ni siquiera las Matemáticas, y que la lógica no es exclusiva tampoco de las Ciencias, en absoluto. En donde primero se manifiesta la lógica (o no) es en el lenguaje, algo al alcance de cualquiera, y a mí me dice mucho de alguien cómo lo use. Por eso no me da igual nunca lo que se dice ni cómo se dice, aunque lo más importante sean las acciones, los hechos, como tú dices. Y menos, lo que dicen personas que tienen responsabilidades importantes. El mismo Zapatero, entre otros disparates varios, nos ha dejado estas dos perlas para la posteridad: “La política no debe estar al servicio de las palabras sino las palabras al servicio de la políticica” (sic) y también “Ideología significa idea lógica (¡SIC!) y en política no hay ideas lógicas”. Son disparates, pero no son inocentes, y además guardan mucha relación con sus acciones.

  2. manuel ruiz dijo:

    No es ya sólo que se les pregunte una cosa y te respondan invariablemente sobre otra, o con algo que no tenga nada que ver. Es que luego actuan y …. no se ruborizan lo más mínimo en actuar de forma distinta a lo que sugería lo preguntado ni a lo que fue respondido. No es ya un diálogo de besugos, es un diálogo de besugo, así, en singular, con él mismo.

  3. Emilio si si el de Hoyo dijo:

    Pilar:
    La definición de recta: es el arco de una circunferencia cuyo radio es infinito. Eso además de matemáticas es poesía., y nosotros los científicos también sabemos de poesía. Tienes razón uno puede ir contra sus palabras (miente) pero no contra sus acciones, esas son las que perduran.

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