Cuidado con las reformas electorales, que las carga el diablo (3ª parte)


En el segundo capítulo de esta serie establecimos cuál podría ser un reparto justo de escaños con un sistema proporcional, con circunscripción única y sin umbral mínimo para entrar. Estas dos características, el tamaño de las circunscripciones y la exigencia de unos umbrales o listones de porcentaje de votos que los partidos tienen que superar, son las principales fuentes de distorsión respecto de la proporcionalidad pura,  mientras que la aplicación de un sistema u otro para el reparto de restos, sea el de d´Hondt, el de Hare, el de Sainte-Laguë o cualquier otro, supone tan sólo una corrección menor.

Veamos en primer lugar las implicaciones que tiene la exigencia de un umbral mínimo de porcentaje de votos. Este umbral es de un 3% en las elecciones generales y de un 5% en las autonómicas y municipales. Para las europeas, en cambio, no hay ningún umbral, y como además la circunscripción es única, los 50 escaños que corresponden a España se reparten de un modo casi perfectamente proporcional entre los partidos y coaliciones que concurren. Y se aplica el sistema d’Hondt, por cierto.

Como en tantas otras cosas, y más en estos turbulentos días, Europa nos va a servir como ejemplo de cómo hacer bien las cosas, así que veamos cuáles fueron los resultados y la distribución de escaños en las últimas elecciones europeas, las de junio de 2009.

El número total de votos fue de algo algo más de 15 millones y medio (la participación fue bajísima, tan sólo el 46%).  Los seis primeros partidos o coaliciones, con algo menos de 15 millones de votos, equivalentes al 94,96% de los emitidos, se repartieron los 50 escaños en disputa. Se puede observar que el reparto fue casi perfectamente proporcional comparando los valores de la cuarta columna con los de la sexta, donde aparece el reparto proporcional una vez eliminados los votos en blanco y los de los otros partidos, 35 en total, que no consiguieron representación. Una vez más, el único efecto del sistema d´Hondt es que los dos mayores partidos consiguen una ligerísima sobrerrepresentación, en detrimento de los menores. Con un sistema que favoreciera a los pequeños ocurriría lo contrario, y es posible que PP y PSOE perdieran un escaño cada uno, redondeando hacia abajo, y CEU y UPyD ganaran uno, redondeando hacia arriba. CEU, por cierto, son las siglas de Coalición por Europa, que agrupó a CiU, PNV, CC y otros partidos nacionalistas.

Y aunque no hay umbral mínimo establecido, al repartir los escaños según el sistema d’Hondt (o cualquier otro similar) aparece lo que podríamos llamar un “umbral natural“. Pues si hay que repartir el 100% de algo entre X, el 100% de los votos entre 50 escaños aquí, a cada uno le tocará 100/X, o en este caso:

100%/50 escaños = 2% por cada escaño

Es decir, para conseguir un escaño de 50, con un reparto proporcional, hace falta el 2% de los votos. Y en efecto, vemos que el último de los partidos que entra lo hace con algo más del 2% de los votos. El siguiente, que no entró, consiguió el 1,12% de votos. Por cierto, que fue Iniciativa Internacionalista, otra “marca blanca” de Batasuna.

El “umbral natural” puede bajar, y de hecho baja, si alguno de los partidos queda por debajo, pues el reparto se hace entre menos del 100%. En el ejemplo del Parlamento Europeo que acabamos de ver bajaría hasta 94,96%/50 escaños = 1,89%, algo inferior al 2%, aunque no mucho.

En las elecciones municipales y autonómicas el umbral está establecido en el 5% en todas partes, pero sus efectos no son iguales. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de Guadarrama, donde se eligen 17 concejales, el que hemos llamado umbral natural sería 100/17=5,88%, por lo que podría ocurrir que un partido obtuviera un 5% de votos y se quedara fuera. Por tanto aquí el umbral es casi irrelevante. En cambio, en la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde se eligen 129 escaños en circunscripción única, al establecer el umbral del 5% se da la situación, bastante absurda, de que si se obtiene el 4,99% de los votos no se consigue ningún escaño, pero si se alcanza el 5,00% se consiguen 6.

En cuanto a las elecciones nacionales, el umbral para poder entrar en el Congreso es del 3% en cada una de las circunscripciones, que son provinciales. Pero este umbral es irreal en todas las provincias salvo en Madrid, que cuenta con 6.5 millones de habitantes y en Barcelona, con 5.5 millones, donde se eligen 35 y 31 diputados respectivamente, por lo que a cada uno le corresponden más o menos el 3% de votos (100/35=2,8 y 100/31=3,2) que sería el umbral real o natural. La siguiente provincia por población es Valencia, con 2.5 millones de habitantes. Allí se eligen 16 escaños, por lo que el umbral real viene a ser el 6%. Luego vienen Alicante y Sevilla, con unos 2 millones de habitantes y 12 escaños cada una y un umbral real de aproximadamente el 8%. Y así todo seguido hasta llegar a Soria, con sus 95.000 habitantes y 2 escaños, donde el umbral está por tanto cerca del 50%, y a Ceuta y Melilla, con 80.000 y 73.000 habitantes, respectivamente, y con un diputado cada una, por lo que el umbral es irrelevante, ya que realmente es un sistema mayoritario en el que el ganador se lo lleva todo, no uno proporcional.

Así pues, en relación con el tamaño de las circunscripciones, la existencia de umbrales para que los partidos puedan tener representación es una cuestión menor. La madre del cordero, por así decir, está en el tamaño de las circunscripciones, cuestión a la que dedicaremos el cuarto y último post de esta serie.

Los umbrales sólo son relevantes cuando el número de escaños por circunscripción es grande, como hemos visto en el caso de la Asamblea de Madrid. Así que veamos lo que pasaría si se aplicaran al Congreso de los Diputados en el caso de que sus 350 escaños se eligieran en circunscripción única. Volvemos a incluir la tabla que usamos en el anterior artículo, quitándole alguna columna y añadiéndole otras nuevas.

Las columnas que hemos quitado son las correspondientes a los cálculos del reparto proporcional, pues ya vimos que usando los métodos de Sainte-Laguë o de d’Hondt obtenemos una buena aproximación, por exceso o por defecto, según nos refiramos a partidos grandes o pequeños. Las que hemos añadido son las tres de la derecha.

En la tercera por la derecha tenemos los resultados que se obtendrían imponiendo un umbral del 3% a nivel nacional. Vemos que la representación queda ahora reducida a cuatro partidos, PSOE, PP, IU y CiU, los únicos que superan dicho umbral.

En la segunda por la derecha tenemos los correspondientes a un umbral del 5%. Ahora ya sólo hay dos partidos, el PSOE y el PP, que se reparten los 350 escaños. ¿Qué bien, no? Ya nos hemos librado de los molestos partidos nacionalistas, que utilizan sus escaños para chantajear al resto de los españoles. Eso sí, de paso hemos dejado sin representación a todos los demás partidos, instaurando un auténtico bipartidismo.

Esto de “librarse de los partidos nacionalistas” no lo digo yo, es lo que se deduce de modo más o menos explícito de algunas de las propuestas de reforma de la Ley Electoral que andan pululando por ahí. Y es que hay quien piensa (me temo que demasiada gente está en ese caso) que los partidos nacionalistas, al no ser de ámbito nacional, no deberían tener representación en el Congreso. Y en vez de proponer que la Ley Electoral lo prohíba explícitamente, creen que bastaría con poner un umbral suficientemente alto, por ejemplo el 5%, para dejarlos fuera. O sea, en vez de proponer un atropello democrático indisimulado, proponen cometerlo disimuladamente.

Pero claro, ante semejante trampa para osos la solución es bien sencilla. Fijémonos en la primera columna por la derecha. Bastaría con los tres principales partidos nacionalistas “de derechas”, CiU, PNV y CC, formaran una coalición, como hacen para las elecciones europeas, y superarían cómodamente ese 5% (y si no llegan, hay muchos más candidatos para integrar esa coalición) y obtener 18 escaños, lo mismo que cuando se presentan por separado. E igualmente a IU no le costaría nada coaligarse con partidos nacionalistas “de izquierdas”, como también hace en las europeas, para asegurarse superar el 5% de votos. En el ejemplo, los 21 escaños los conseguiría uniéndose a ERC y BNG, algo que beneficiaría a los tres partidos (que por cierto es lo que ha propuesto Llamazares para las próximas elecciones, lo cual me congratula y me reafirma en mi tesis, porque yo había escrito esta última frase antes de leer sus declaraciones).

Con esto conseguiríamos una situación muy similar a la actual, en la que los nacionalistas, según las circunstancias, seguirían actuando como árbitros. Y además con los dos grandes partidos nacionales debilitados, pues bajaría su número de escaños.

Y es que, claro, cuando uno intenta hacer trampas, se expone a ciertos riesgos. Porque intentar dejar fuera del Parlamento mediante la Ley Electoral a partidos que cumplen la Ley de Partidos, que es la que tienen que cumplir, a mí me parece que revela un espíritu poco democrático. Y si nos molesta que los partidos nacionalistas tengan la llave de las decisiones, pues que los partidos nacionales pacten entre ellos, como están haciendo estos días a cuenta de la reforma constitucional sobre el déficit, pero que no se les pongan trabas absurdas y antidemocráticas que además son muy fáciles de superar. Y mira que a mí me gustan poco los partidos nacionalistas…

Y un detalle final: hay quién propone que ese umbral del 3% o del 5% deban superarlo los partidos en todas las circunscripciones, y que éstas sean autonómicas, lo que sería una muestra de que son partidos nacionales. De ese modo una coalición nacionalista CiU-PNV-CC, aunque pudiera presentar listas en toda España, podría quedar excluida al no superar esos umbrales en Madrid, las Castillas o Murcia. ¿Qué ingenioso, verdad? Pero yo me sé de un partido nacional en proceso de crecimiento, que aunque supere esos umbrales en casi toda España en un futuro más o menos cercano, es muy posible que nunca lo haga en una parte de ella, en Cataluña concretamente, donde en las últimas elecciones autonómicas consiguió poco más de 5.000 votos, el 0,17%. Así que ese partido “casi-nacional” podría quedarse fuera del Congreso aunque consiguiera 2 ó 3 millones de votos siempre y cuando en Cataluña no superara el umbral establecido, por sí solo o en coalición con algún partido afín.

¿Y cómo solucionar o anterior? ¿Proponiendo que sólo puedan entrar los partidos o coaliciones que obtengan un mínimo de votos en cierto número de circunscripciones autonómicas? Así nos aseguramos de que entran los partidos “casi-nacionales” pero no los nacionalistas, ¿verdad? ¿Que no funciona como queremos? Pues se hace algún otro apaño hasta que lo consigamos, ¿no? En fin, que más vale no transitar por esos caminos, dudosamente democráticos en mi opinión.

En la próxima y última entrega de esta serie trataremos de la cuestión más importante desde el punto de vista numérico relativa a las leyes electorales, el tamaño de las circunscripciones. Y de las trampas que algunos nos están intentando colar con la excusa de una mayor transparencia y cercanía al votante.

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6 respuestas a Cuidado con las reformas electorales, que las carga el diablo (3ª parte)

  1. Es lo que digo yo, que un sistema electoral tiene que ser lo suficientemente completo como para procurar de la mejor forma posible que se cumple la voluntad de la mayoría, pero no tiene sentido trucar el sistema diciendo que hace falta para que no se altere la voluntad de la mayoría y encontrarnos con que se impide a algunas sensibilidades que son conforme a la ley participar en la formación de la mayoría, por lo que al fin y al cabo también se ha alterado de todas maneras la voluntad de la mayoría porque como no participa todo el mundo no se puede saber si de verdad una propuesta o no era respaldada por la mayoría.

    Así que lo mejor es un sistema proporcional pero con toda una serie de elementos que imposibiliten que lo votado por ningún partido sea fruto de un chanchullo en vez de su posición de verdad en representación de sus votantes.

  2. Muy buenos posts, Alex. Felicidades.
    Mariano

  3. manuel ruiz dijo:

    Me sorprende ¡aún te sigo!

  4. Buen análisis, pero realmente en las europeas los partidos reciben en la circunscripción española lo que les corresponde. Cada escaño vale 287261 votos. Los otros sistemas sobrerrepresentan a los partidos pequeños.

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