Las Reglas de Homer


Tras más de veinte años de emisión y casi 500 episodios, pocas dudas cabrán acerca de que “Los Simpson” es una serie de alto valor educativo a pesar de su, cada vez menos, corrosiva apariencia. Hasta el personaje aparentemente más negativo, Homer, realmente es una fuente de sabiduría, pues ya sabemos de antemano que cualquier cosa que haga o que diga por iniciativa propia es exactamente lo que no hay que hacer ni que decir. Un contraejemplo, vaya.

En alguno de esos casi 500 capítulos, no sabría decir en cuál a pesar de que llevo varias horas documentándome intensamente para escribir este post, Homer le explica a Bart las reglas para llegar a ser el chico más popular de su colegio. Creo recordar que eran más o menos así:

1) No hables hasta que lo hayan hecho todos los demás.

2) Presta atención y observa cuál es la postura de la mayoría.

3) Una vez que hayas concluido cuál es la postura mayoritaria, adóptala como tuya y defiéndela con pasión y agresividad.

Esas no eran las palabras de Homer, claro. El lo decía de modo más llano y conciso. Pero la idea sí que era esa, se me quedó perfectamente grabada. Ya digo que “Los Simpson” son una fuente de sabiduría, para mí al nivel de Confucio, Sócrates, Punset y las galletitas de la suerte chinas.

Como todo lo que dice Homer, sus “sabios” consejos a Bart son realmente lo que no hay que hacer, y el desarrollo del capítulo (que no recuerdo bien cómo fue, tendré que seguir documentándome luego otro rato) así lo demuestra: siguiendo las Reglas de Homer, Bart no sólo no consigue ser el chico más popular de su colegio y el líder en que esperaba transformarse,  sino que acaba convirtiéndose en un apestado.

Se diría que nuestro Bart Simpson particular, el que nos ha gobernado estos últimos ocho años, ha seguido a rajatabla las Reglas de Homer. Pero eso sí, con la diferencia de que sólo ha tenido en cuenta a los de “su lado de la zanja” y, de entre éstos, tampoco a la mayoría, sino a aquellos que más se hacían oír, los ecologistas, feministas o nacionalistas más radicales. Aunque esto último es inevitable, pues la verdadera mayoría, la numérica (y no la supuesta “mayoría” que conformamos los varones blancos, heterosexuales, castellanohablantes, de edad y salario medio, etc., que realmente somos cuatro gatos), suele ser silenciosa, o al menos no tiene una voz única que la represente. Y así, creyendo quizás contentar a una mayoría de los de “los suyos”, ha conseguido ofender a la inmensa mayoría de la población, a uno y otro lado de la zanja que él mismo se ha empeñado en profundizar. Y claro, ha acabado como Bart, convertido en un apestado.

Ahora llega un nuevo dirigente que, en principio, no parece que vaya a ser tan torpe como Bart Simpson, aunque me temo que tampoco esté dotado de la sabiduría y el idealismo de su hermana Lisa. Ya me conformaría yo con que fuera como Milhouse, el amigo aburrido y algo tontorrón de Bart, que al menos es un buen chico que hace lo que le dicen sus mayores.

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5 respuestas a Las Reglas de Homer

  1. Ri dijo:

    No hay dejarse llevar por los prejuicios. Irene Lozano se zambulle hoy en uno: “Rajoy no me inspira ninguna confianza”. Creo que un político debe evitar estas cosas.

    • alexroa dijo:

      A mí, personalmente, Rajoy sí que me inspira confianza, que no sé si es un prejuicio. Pero el problema es su partido y la gran inercia que supone.

      • Ri dijo:

        La cuestión es quién lo dice. A mi juicio un político debe abstenerse de manifestar públicamente sus intuiciones acerca de personas. Y quizá también acerca de sus posibles actos.

      • alexroa dijo:

        Estoy de acuerdo. Es verdad que tenemos la mala costumbre de hacer juicios de intenciones. Por mi parte, en mi labor en el Ayuntamiento de Guadarrama, procuro no hacerlos.

  2. Maruja dijo:

    Hola Alex, hace mucho que no te mando ningún comentario, `pero es que yo no estoy a tu nivel político ni de otras cosas. Eso sí veo muchos debates, normalmente porque las cadenas son muy aburridas pero luego se me olvida quien es quien, porque casi todos hablan igual. En cuanto a Homer sí le conozco, aunque no me gusten los dibujos animados, pero si creo que tiene mucha más sabiduría que bastantes de nuestros dirigentes. Te leo aunque no te escriba. Un abrazo

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