¿Reformar o refundar?


No puedo evitar publicar aquí la viñeta de hoy, viernes 20 de abril, del humorista gráfico Ricardo en el diario El Mundo, pues me viene al pelo para el artículo que tenía en mente escribir y me va a permitir ahorrarme (y ahorrar a mis lectores) más de mil palabras.

Ricardo Martínez es desde 1989 subdirector de ilustración de El Mundo, y sus viñetas diarias en la tercera página, hasta hace unos años en colaboración con Nacho (Ignacio Moreno, con el que mantiene la colaboración en la página semanal de “Goomer”) y en los últimos tiempos en solitario, tienen rango de editorial. La de hoy, como digo, me parece especialmente acertada y, por supuesto, no necesita explicación o comentario alguno (salvo quizá el hecho de que el farmacéutico se dé un aire a Ruiz-Gallardón de joven, que podría ser una casualidad … o no).

Y hubiera sido igualmente acertada si en vez de Rajoy y una anciana pensionista los protagonistas hubieran sido Zapatero y un funcionario, u otro pensionista, y se hubiera publicado hace ahora casi dos años, en mayo del año 2010, fecha del fatídico “Decretazo”. E igualmente sería válida en la actualidad con Artur Mas de protagonista, acompañado de sus asesores, o de sus “embajadores” en “países extranjeros”, España entre ellos. O si fuera José Antonio Griñán, o Ana Botella, o cualquier otro presidente autonómico o alcalde, acompañado de … lo que a los lectores les parezca mejor. Que a estas alturas, y gracias a los cinco años de crisis, hemos llegado a saber muchas, muchísimas cosas acerca de la administraciones españolas que durante treinta años se han preocupado de tapar los “hunos” y los “hotros”, con la ayuda impagable (es un decir, porque se ha pagado más que de sobra por ello) de los “de más hallá” (o sea, de más allá del Ebro, del Sil, del Golfo de Valencia o del de Cádiz, sin pretender ser exhaustivo, que en todas partes tenemos representación del “más hallá”, salvo quizás en Madrid y en Castilla-La Mancha).

La cosa ha llegado a tal extremo, está tan asumida, que hace unas días, tras la reunión de los consejeros de Sanidad de las autonomías gobernadas por el PP con Mariano Rajoy y la ministra de Sanidad para anunciar el copago farmacéutico, el responsable de Castilla-La Mancha, en su turno de palabra, dijo que era una medida necesaria para poder mantener la Administración de su región, recurriendo de paso al tan socorrido recurso de “la herencia recibida” del PSOE. A ese mismo consejero, que también es secretario de Sanidad de su partido, le han puesto a caldo por decir que el copago farmacéutico equivale a “cuatro cafés” al mes para los pensionistas, pero en cambio no he leído ninguna crítica a sus otras declaraciones, que me parecen mucho más graves, lo que demuestra lo poco que se fija la gente en las cuestiones esenciales y lo fácilmente que se distrae con las tonterías.

Y es que, en mi opinión, resulta de una gravedad extrema que demos por buena la afirmación de que lo que hay que salvar son las distintas administraciones, es decir, las diecisiete comunidades autonónomas, los ocho mil y pico ayuntamientos, las cincuenta y tantas diputaciones provinciales o forales, o cabildos o consejos insulares … acompañados de sus incontables (ya no sé si son cinco mil, diez mil o veinte mil) adherencias en forma de empresas públicas, patronatos, fundaciones, observatorios y no sé qué más cosas. Y que a lo más que se llegue es a eliminar algunas, muy pocas, de esas excrecencias o a proponer la fusión voluntaria de algunos ayuntamientos.

Que demos eso por bueno demuestra que hemos perdido por completo el norte, y que en vez de considerar a la Administración, en sus distintos niveles y ámbitos, como un medio para suministrar los necesarios servicios a los ciudadanos, hemos pasado a considerarla como un fin en sí mismo, un monstruo insaciable al que hay que alimentar y proteger. Esto, desde luego, está más que inventado desde hace siglos, por lo menos desde Hobbes y su Leviatán, y seguramente es una tendencia inevitable en cualquier régimen que dure demasiado tiempo.

Y así llegamos al punto clave: ¿cuánto tiempo es suficiente para mantener el mismo régimen político sin hacer una reforma radical o, incluso, refundarlo? Pues dependerá de las sociedades, y así como hay algunas, como la británica, que han sabido mantener sin interrupción el mismo régimen de monarquía parlamentaria durante casi  cuatro siglos, haciendo los cambios gradualmente, en España no hemos sido capaces durante los últimos y convulsos doscientos años de pasar de un régimen a otro sin que mediaran grandes dosis de violencia y guerracivilismo … salvo en la Transición del Franquismo a la actual Democracia del 78, donde sí que hubo bastante violencia, pero no guerra civil.

Han pasado ya cerca de cuarenta años y el régimen presenta todos los síntomas de agotamiento, síntomas que la profunda crisis se ha limitado a poner en evidencia porque, como dice un sabio que conozco, “cuando baja la marea se ve quién se estaba bañando desnudo”.

Pocas personas sensatas pondrán en duda a estas alturas que hace falta un cambio radical. Este cambio puede tomar la forma de una reforma en profundidad o incluso de una refundación del Estado, tal y como propone UPyD desde sus inicios. Algo en lo que, como partido político, se encuentra solo por ahora. Y no es éste un debate que haya que abrir, pues está abierto desde hace mucho tiempo. Son muchas las voces autorizadas que llevan años hablando y escribiendo sobre la cuestión. Claro que a algunos lo que les va es debatir sobre las hojas en vez de sobre el rábano, como al periodista Pablo Sebastián en este artículo en el que refuta a Rosa Díez, negando que sea sea posible refundar un Estado.

Y quizás tenga razón Pablo Sebastián desde algún abstracto punto de vista propio de especialistas, no digo que no. Pero a los que no lo somos, a los que nos preocupa resolver o que alguien resuelva el tremendo lío que tenemos montado, lo que nos gustaría es que tuviera lugar una auténtica reforma, no el parcheo que está haciendo el gobierno del PP, una reforma tan profunda que fuera indistinguible de una refundación del Estado. Al fin y al cabo, de la dictadura de Franco se pasó a la Democracia del 78 yendo “de la ley a la ley a través de la ley”. Ciertamente no se “refundó” el Estado, pero los cambios fueron radicales. Claro que, desgraciadamente, no tenemos hoy en día entre nosotros a un Torcuato Fernández Miranda ni a un Adolfo Suárez, que está pero que no está. Y el único de los grandes protagonistas de aquella Transición que sí continúa en activo, Juan Carlos I de Borbón, hace tiempo que ya no es el que era.

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Una respuesta a ¿Reformar o refundar?

  1. manuel ruiz dijo:

    Alex Roa, Alex Roa …. he tardado algunos días en ver este artículo …. ¡me haces pensar, cabr….. me haces pensar…..!

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