¿El final de la escapada?


Llevo diez días sin actualizar mi blog, cosa poco habitual. Y es que al ritmo que van los acontecimientos políticos en España casi no da tiempo ni de reflexionar sobre ellos. Lo que hemos vivido en las últimas semanas de junio y primeras de julio sin duda se recordará en los libros de historia, y no me refiero a la consecución de la Eurocopa de fútbol.

Parece que con la aceptación por parte de Europa del rescate a la banca española (a las cajas, en realidad) y los tremendos recortes o aumentos de la recaudación que va a aplicar el Gobierno del PP hemos llegado al final de la escapada, y que a partir de ahora las cosas van a empezar a ir a mejor, aunque sea despacio. Digo que parece porque eso es lo que quieren transmitirnos Rajoy y los suyos, así como los medios afines, incluida Televisión Española, ya por fin embridada (el Informe Semanal de ayer fue un infame publirreportaje de los éxitos del PP en la gestión de la crisis y de la excelencia de su política de comunicación, una vez corregidos algunos “pequeños errores” iniciales).

Pero si ya está todo bajo control o, al menos, la solución está bien encaminada, ¿por qué no nos lo creemos nadie? ¿Por qué no baja la famosa prima de riesgo? ¿Por qué las agencias calificadoras siguen rebajando la deuda de España, de sus autonomías y de sus bancos hasta niveles de “bono basura”? ¿Por qué voces autorizadas en Europa insisten en que España tendrá que ser rescatada como país y que ya se ha provisto para ello una cantidad de 500.000 millones de €, cinco veces más que lo destinado a rescatar a la banca y casi la mitad del PIB español?

A lo mejor algunos titulares nos dan una idea del porqué:

Beteta: las CC.AA. solo han liquidado dos empresas públicas de las 600 previstas

Tres comunidades del PP se rebelan a los ajustes del déficit (y no hace falta decir que las cinco que no gobierna el PP también)

 – Los nueve directivos de la EMT de Madrid cobran 84.340 € brutos cada uno

En España hay 445.568 políticos empleados en la Administración pública.

Merece la pena detenerse en este último artículo y en el estudio al que hace referencia, pues hay quien dice que las cifras están infladas (el número de políticos sería casi el doble que los que tiene el segundo país de Europa, Italia, y 300.000 más que Alemania). Una de las cuestiones más controvertidas es que se incluye a los liberados sindicales y patronales. Concretamente, según el artículo: “El informe también considera como políticos a los liberados sindicales y patronales, y por primera vez se les pone cifras. En el caso de las organizaciones sindicales, en España contamos con 65.130 liberados sindicales. Las patronales cuentan con 31.210 personas empleadas con responsabilidad en la dirección política de sus organizaciones. En el informe se especifica que el número de liberados sindicales y patronales se incluye puesto que realizan funciones de organización política del Estado, y sus organizaciones son sufragadas por fondos procedentes de la administración central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos.”

Sin liberados sindicales y patronales quedan “sólo” unos 350.000 políticos cobrando de la Administración, una cifra mareante, y más si tenemos en cuenta que apenas unos 80.000 son cargos electos, es decir, diputados nacionales, senadores, alcaldes y concejales, diputados autonómicos y de las diputaciones forales, cabildos o consejos insulares (pero no de las diputaciones provinciales “normales”, que no son elegidos directamente por los votantes). El resto son cargos de confianza (unos 40.000), empleados en empresas públicas o con participación estatal (unos 131.000), y así hasta sumar los aproximadamente 270.000 cargos políticos no electos. Aunque también hay que hacer notar que algunos de ellos son funcionarios que ocupan puestos de libre designación, es decir, puestos políticos. Lo que nos lleva a esa turbia zona en la que se solapan la función pública y la política y que se merece otro artículo aparte.

Creo que a estas alturas no hace falta insistir más. Todo el mundo tiene más o menos claro que el problema es la propia estructura del Estado español, con sus diecisiete miniestados, o diecinueve si contamos a Ceuta y Melilla, ciudades autónomas. O muchos más si contamos a todas las ciudades grandes, o no tan grandes, que han creado alrededor de su núcleo básico toda una parafernalia de empresas públicas, fundaciones, patronatos y no sé cuántas figuras más, todas ellas con sus altos cargos que cobran en ocasiones más que los alcaldes, y sus colocados a dedo, que no funcionarios. Que se deduce que si los elegidos directamente por los políticos son llamados “personal de confianza”, los funcionarios han de ser para los mismos políticos “personal de desconfianza”, como se describe de modo absolutamente certero en este artículo de Elsa López: “Las víctimas propiciatorias“.

Así que no, no estamos al final de la escapada, de la permanente huida hacia adelante, y de la pertinaz negación de la realidad. Nos rescaten como país o no, creo que ninguna persona sensata debería tener dudas a estas alturas de que hay que rehacer el edificio del Estado de arriba abajo. Y también de que los dos grandes partidos, PP y PSOE, no van a hacerlo, pues se juegan su propia supervivencia como organizaciones. Y lo mismo se puede decir de los nacionalistas CiU, PNV, CC y todos los demás, bien asentados en sus respectivas regiones. Y hasta de IU, que les gusta mucho jugar a que son antisistema, pero que no desaprovechan casi ninguna oportunidad para “pillar cacho”, como se ha visto últimamente en Andalucía.

Evidentemente estoy barriendo un poco para casa, para UPyD. Pero tampoco quiero decir que UPyD seamos capaces por nosotros solos de enderezar el entuerto. Eso sería irreal, además de prepotente. Hace falta la colaboración de todos los partidos mencionados, que están bien asentados y no van a desaparecer de hoy a mañana, aunque en algunos casos pueda bajar su apoyo popular. Pero hace falta, sobre todo, que los ciudadanos, los que les votan y los que no les votan, sean conscientes de que los partidos tienen que cambiar su forma de hacer las cosas, que no elegimos a los políticos para solucionarles la vida sino para que nos la solucionen  ellos a nosotros (o nosotros a ellos, hablando desde el punto de vista del político). Hace falta, en suma, que toda esta información que ahora tenemos sobre cómo funcionan de verdad las cosas, y que ha sacado a la luz la interminable crisis, sea útil para la formación del criterio de los ciudadanos españoles. Que dejemos de votar a los “hunos” para que no gobiernen los “hotros”, que son unos malvados por definición, o viceversa, y que superemos los planteamientos aldeanos y el interesado mito de que cuanta mayor es la descentralización y la autonomía mayor es la calidad de la democracia. Y que seamos conscientes de que la ética, la responsabilidad y el sentido común no son patrimonio de ningunas siglas políticas.

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6 respuestas a ¿El final de la escapada?

  1. alexroa dijo:

    Me comento a mí mismo, a cuenta de este artículo: http://latiradera.wordpress.com/2012/07/15/445-568-politicos-y-tres-piedras/
    en el que no sólo se cuestiona la cifra de los 445.000 políticos sino que se rebaja hasta apenas unos 100.000. Yo también creo que la cifra de 445.000 está inflada en varios sentidos, el mencionado de los sindicalistas y representantes de la patronal, que ya he descontado para dejarla en 350.000, y el de los funcionarios que son cargos de libre designación, y por tanto también cuentan en cierto modo como cargos políticos. Esta cifra puede ser bastante importante, aunque no me veo capaz de estimarla. En cualquier caso, la cifra de 100.000 cargos políticos, sumando los electos y los nombrados a dedo, me parece excesivamente baja.

  2. DAVID dijo:

    Gracias por tu artículo. Sabes que te sigo hace tiempo y, de vez en cuando, me gusta felicitarte por tu claridad de ideas y por tu forma de practicar la “pedagogía política”. Felicidades. Un abrazo. David

  3. asiessiasiosparece dijo:

    AMÉN…
    Mejor con la rectificación.
    Un abrazo

    • alexroa dijo:

      Muchas gracias, Luisa. Ya sabes que a mí no me gusta engañar con los números, y tengo muy claro que la cifra de 445.000 políticos está inflada por muchos sitios. Lo mismo que la que se da de 3.200.000 funcionarios, que incluye a todo aquel que cobra de la Administración. Precisamente estoy preparando un post titulado “Pero … ¿hubo alguna vez tres millones de funcionarios?” (homenaje a Jardiel Poncela, ya sabes), pero resulta muy difícil conseguir datos fiables, pues las fuentes difieren mucho. Lo que sí está claro es que los funcionarios propiamente dichos son (somos) aproximadamente 1,6 millones.

      Otro abrazo.

      • asiessiasiosparece dijo:

        Como sé que eres riguroso te difundo… Hay mucho “panfleto” a veces, sólo a veces, involuntario porque realmente no hay quien encuentra una cifra… porque no las hay. Y si no tenemos datos para hacer un buen diagnóstico, mal vamos a aplicar un tratamiento eficaz.
        Otro abrazo

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