Blindando el bipartidismo


A la salida de la crisis no habitaremos el mismo planeta que hemos conocido. Habrán cambiado las reglas, habrán cambiado las condiciones de vida, habrá cambiado el peso relativo de los países y su cotización internacional. Habrá cambiado hasta la manera de participar en el proyecto europeo.”

Estas solemnes y hasta grandilocuentes palabras forman parte del discurso de investidura de Mariano Rajoy, allá por el lejano 19 de diciembre de 2011, que parece que haya pasado una eternidad desde entonces. Y creo que están muy cargadas de razón. Es más, en su momento me parecieron de lo más adecuadas. No a la altura del famoso discurso de Churchill sobre “sangre, sudor y lágrimas”, pero al menos apropiadas a los tiempo turbulentos que nos ha tocado vivir. Estas palabras y las que vinieron a continuación parecían sugerir un cierto idealismo y altura de miras por parte de nuestro recién elegido Presidente.

Pero, como él mismo ha reconocido hace poco, la “realidad” ha venido a frustrar sus planes (mira que es puñetera). Y quien dice sus planes dice los del Partido Popular. Lo que, en condiciones normales, sería un motivo de satisfacción para su eterno rival, el Partido Socialista.

Pero se ve que esta vez la “realidad” está castigando a ambos rivales por igual y así lo refleja la encuesta publicada hoy mismo por la Cadena Ser, basada en 1.100 entrevistas, y que da al PP el 31,1% de los votos (13’5 puntos que en las generales del 20N) y al PSOE el 24’8% (3’9 puntos menos que en noviembre). Es decir, que el bipartidismo podría perder nada menos que 17’4 puntos en apenas diez meses, que se sumarían a los más de 10 puntos que ya perdió entre 2008 (sumaron el 83’81%) y 2011 (pasaron al 73’37%), quedándose con apenas el 55’9% de los votantes. Al mismo tiempo se aprecia un fuerte ascenso de UPyD, que según la encuesta de la Cadena Ser llegaría al 13% (casi el triple que el 20N) y se convertiría en la tercera fuerza nacional, y de IU, que obtendría el 11’3% (3’4 puntos más que en noviembre). Sube también de modo espectacular el voto en blanco, y es de imaginar que también otros partidos pequeños, pero no especialmente los nacionalistas.

Y aunque no tengo ninguna duda de que a Rajoy y a los suyos, lo mismo que a Rubalcaba y compañía, les preocupa la situación económica española (¿quién quiere gestionar la miseria?), menos dudas tengo todavía de que como mínimo, les preocupa por igual la situación en la que van a quedar sus partidos, el PP y el PSOE, si las cosas continúan como hasta ahora. La posibilidad de perder el favor de los votantes y, con ello, las enormes parcelas de poder que han ocupado, y hasta invadido, durante las últimas décadas, repartiéndoselas como buenos compinches, tiene que producirles verdaderos escalofríos.

Sólo así se explican algunas de las medidas que, a modo de globos sonda, van lanzando los “hunos” y los “hotros”, aprovechando el descontento popular contra la clase política. Medidas que, supuestamente, mejorarían el sistema democrático y eliminarían muchos puestos políticos, pero que en realidad están destinadas a blindar el bipartidismo, reforzando al tiempo el poder de las cúpulas de los partidos.

Ejemplos perfectos los tenemos en la pretensión de Esperanza Aguirre de reducir el número de diputados de la Asamblea de Madrid de los actuales 129 a la mitad, 65 (hasta ahí bien, y de hecho UPyD ya propuso hace un año reducir a 70 diputados), y al tiempo dividir la Comunidad en circunscripciones, con la excusa de aumentar la cercanía entre electores y elegidos. Pero la realidad es que dividir en circunscripciones, cada una con un número pequeño de diputados, tiende a convertir el sistema electoral proporcional en mayoritario, reforzando al partido que más votos tiene. La propuesta de Aguirre tiene como verdadero transfondo asegurar la mayoría del PP en la Comunidad de Madrid aunque pierda muchos votos.

Un paso más allá ha ido Dolores de Cospedal, Presidenta de Castilla-La Mancha y Secretaria General del PP. Su propuesta de reducir el número de diputados de la comunidad que gobierna desde los actuales 53 a sólo 25, y que además no cobren sueldo, ha sido recibida con alborozo. Parece que iría en línea con el clamor popular, y aún con lo que desde UPyD venimos reclamando, pero nada más lejos de la realidad. Porque, en primer lugar, reducir tan drásticamente el número de diputados manteniendo al tiempo el número de circunscripciones, una por cada una de las cinco provincias castellano-manchegas, eleva aún más el umbral para obtener representación, que podría estar entre el 15% y el 20%. En segundo lugar porque el hecho de no cobrar un sueldo no implica que los diputados que queden vayan a ganar menos dinero. Lo más probables es que sea al revés, que es lo que suele ocurrir cuando se cobra por asistencia a plenos y comisiones. Y encima sin que ni el trabajador ni la empresa coticen a la Seguridad Social. Y, en tercer lugar, y esto es lo verdaderamente importante, rebajar la importancia del parlamento, es decir, del poder legislativo, redunda en beneficio de las cúpulas de los partidos. No olvidemos que Dolores de Cospedal es, antes que Presidenta de Castilla-La Mancha, Secretaria General del Partido Popular.

Esta pérdida de poder proyectada para los parlamentos regionales no es sino un trasunto de lo que está pasando en el Parlamento Nacional. Y es que parece que el Congreso se ha convertido en un mero convalidador de los Decretos Leyes del Gobierno. Y vale que estamos en una situación de emergencia, pero es que en los últimos años, tanto en los menos de diez meses que lleva gobernando el PP como en la segunda legislatura de Zapatero, el Decreto Ley, que debería ser algo excepcional, se ha convertido en la forma habitual de legislar.

La propuesta de reducir el número de concejales en un tercio pero manteniendo el mismo número de ayuntamientos va en el mismo sentido de reforzar el bipartidismo, al dificultar la entrada a los partidos pequeños. Y en cuanto a los otros poderes, ya hemos visto como el Ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, dio rápidamente marcha atrás en su idea de despolitizar (iba a escribir “desparasitar”, qué cosas tiene el inconsciente) el Poder Judicial. Y qué decir de los consejos de administración de las empresas publicas o participadas, o de las televisiones o las cajas de ahorro: de ahí no los movemos ni con agua caliente.

Casi todas las medidas mencionadas han sido propuestas por el PP, que al fin y al cabo ahora gobierna la nación y la mayor parte de las autonomías y ayuntamientos. Pero, ¿a que no hemos oído al PSOE protestar contra ellas si no es con la boca pequeña? Pues claro que no, porque por mucho que sigan haciendo su teatrillo, arrojándose entre sí los muertos de la Guerra Civil, el matrimonio homosexual o cualquier otro de sus temas recurrentes, por mucho que finjan que se odian a muerte, PP y PSOE se han convertido en un matrimonio indisoluble que lucha por el mismo fin: mantenerse en el poder a cualquier precio. Un precio que pagaremos todos los españoles. Aún más de lo que lo hemos hecho ya.

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2 respuestas a Blindando el bipartidismo

  1. Federico Linares dijo:

    Audaz análisis Alex, como de constumbre.

  2. manuel ruiz dijo:

    En el común de los casos en los partidos (menos uno, hasta hoy)
    1º.- El interés del partido
    2º.- El interés de los ciudadanos
    Y luego mil pajas mentales para justificar que lo primero es lo mismo que lo segundo … pero noooooo

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