UPyD: Cinco años de “oportunismo” y “demagogia”


Si por cada vez que a los de UPyD nos han llamado oportunistas y demagogos nos hubieran dado un euro, a estas alturas estaríamos en condiciones de rescatar a la banca española y hasta al Estado español, si es que a Rajoy se le pasa la vergüenza y se anima a pedir el rescate un día de estos.

Pero lo cierto es que han pasado cinco años desde la fundación de Unión Progreso y Democracia. Quinto aniversario que se celebró el pasado sábado en Vitoria, aprovechando de paso las próximas elecciones en el País Vasco.

En este tiempo hemos conseguido superar el millón de votos en la últimas elecciones generales del pasado mes de noviembre (concretamente 1.140.242, que suponen el 4,69% del total de votos válidos) y ya tenemos representación en numerosas instituciones: 5 diputados en el Congreso Nacional, 8 diputados en la Asamblea de Madrid, uno en el Parlamento de Asturias, otro en el del País Vasco, un eurodiputado, y unos 150 concejales en más de 90 municipios de España, entre ellos 6 capitales de provincia: Madrid, Burgos, Ávila, Alicante, Murcia y Granada. Y hasta en Guadarrama (Madrid) tenemos un concejal, quién nos lo iba a decir.

Todo eso es mucho, muchísimo más, de lo que ha conseguido ningún otro partido nacional de nueva creación en los últimos 20 años, como mínimo. Dos décadas que han estado dominadas por el bipartidismo imperfecto del PPSOE, acompañados de sus habituales socios nacionalistas y de IU, que suele actuar como complemento del PSOE. ¿Se habrían conseguido los resultados logrados por UPyD sólo a base de oportunismo y demagogia?

Para que el lector no upyedero o el upeydero recién llegado pueda juzgar cuánto hay de cierto en lo que nuestros muchos y poderosos enemigos repiten continuamente de nosotros, por aquello de que quede grabado en el inconsciente colectivo, incluyo aquí unos fragmentos de dos textos de los primeros tiempos de UPyD.

El primero, del Manifiesto fundacional, en el que tuvo una importante participación Fernando Savater:

Partimos de un supuesto revolucionario: que los ciudadanos no nacen siendo ya de izquierdas o de de derechas ni con el carnet de ningún partido en los pañales. Vamos aún más lejos,a riesgo de escandalizar a los timoratos: consideramos a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en consecuencia, de acuerdo con las ofertas de los partidos y su experiencia de la situación histórica que vivimos. Por tanto no creemos que nadie esté obligado a votar siempre lo mismo o a resignarse a las opciones políticas vigentes, cuando ya le han decepcionado anteriormente.

Ser considerados de izquierdas o derechas no nos parece el centro del problema, aunque nos apiadamos cordialmente de quien carece de mejores argumentos para descalificar al adversario. En realidad, ni la izquierda ni la derecha son ideas platónicas, invulnerables al paso del tiempo y a los cambios sociales. Cuando hablamos de izquierda o derecha no estamos refiriéndonos a la Guerra Civil, ni a la Segunda Guerra Mundial, ni a la Revolución Rusa o Francesa… sino a los muy concretos partidos que se ponen esa etiqueta en el día de hoy. Y resulta evidente que ha habido notables transformaciones: por ejemplo, ayer la izquierda y la derecha parecían representar clases o niveles económicos, pero hoy abundan los multimillonarios estruendosamente izquierdistas (sobre todo en medios de comunicación o artísticos) y asalariados modestos que son belicosamente derechistas. Nosotros no tenemos reparo en declarar que si ser de izquierdas ahora es apoyar en España las exigencias nacionalistas o separatistas, la asimetría regional o el diálogo político con los terroristas, y en política exterior tener como referentes a Fidel Castro o Chávez… entonces somos de derechas. Y que si pertenecer a la derecha exige considerar la homosexualidad una enfermedad (y el matrimonio entre personas del mismo sexo una indecente aberración), un delito el aborto o la experimentación genética con fines curativos, y tener a los padres por exclusivos responsables de la formación ética de sus hijos aún en cuestiones cívicas, además de estar obligados a apoyar la invasión de Irak, o a considerar inalterable la distribución de la renta y resignarse ante la pobreza de millones de hombre y mujeres… pues entonces no habrá más remedio que ser de izquierdas.

Para evitar este falso dilema, nosotros preferimos hablar de progresismo en vez de izquierda o derecha. Ser progresista es luchar contra las tiranías que pisotean la democracia formal, así como contra la miseria y la ignorancia que imposibilitan la democracia material. Y ni los actuales partidos de izquierda ni los de derechas tienen el monopolio del progresismo, aunque ambas tradiciones políticas han contribuido a él. A nosotros nos gustaría ser capaces de aprovechar los elementos positivos de unos y de otros, pero sin tener que cargar con sus prejuicios y resabios reaccionarios, que existen en los dos campos. No denunciamos que los partidos actuales lo hagan todo mal, sólo señalamos que ninguno lo hace tan bien como para que debamos renunciar a buscar alguna alternativa mejor. Ser progresista, además, significa creer que la actividad política puede y debe mejorar las condiciones de nuestra vida como colectividad: a algunos no les interesa la política más que como medio para defenderse del Estado, pero nosotros queremos lograr por medio de la política un Estado que nos defienda mejor a todos. Los ciudadanos no podemos excluirnos de la vida política, ni refugiarnos cuando no nos gustan las leyes o las decisiones gubernamentales en la abstención o en la renuncia a exigir el respeto a nuestros derechos y libertades. Porque, queramos o no, sí que es en nuestro nombre como se legisla o se gobierna: luego no hay más remedio que implicarse para que nuestras ideas tengan voz y estén lo mejor representadas que sea posible. Por eso emprendemos esta aventura y recabamos el apoyo de nuestros conciudadanos.”

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En segundo lugar, la introducción del programa electoral con el que nos presentamos a las elecciones del 9 de marzo de 2008. Hay que hacer notar que el programa fue elaborado entre finales de 2007 y principios de 2008, es decir, hace prácticamente cinco años, cuando el entonces inquilino de la Moncloa negaba hasta la existencia de una crisis. Se puede observar cómo la mayoría de los temas que proponía UPyD entonces (y nadie más), están hoy en día en el centro del debate. Así pues, ¿quién es el oportunista? ¿El que detecta los problemas y propone las soluciones con tiempo suficiente o el que lo hace (y sin convicción) cuando ya la caída en el abismo es irremediable?

1 – Unión Progreso y Democracia (UPyD) se constituyó desde el principio en torno a un núcleo de programa muy definido, resumido en tres ejes.

2 – El primero es la reforma de la Constitución de 1978 en tres líneas principales: cerrar la cuestión territorial igualando las competencias y la financiación de todas las comunidades autónomas y devolviendo al Estado algunas de las competencias estratégicas cedidas a éstas, como la educación; mejorar la separación de poderes y en especial reforzar la autonomía del poder judicial, y reforzar las libertades ciudadanas y la igualdad de todos los ciudadanos españoles.

3 – En segundo lugar, proponemos reformar la Ley Electoral para hacerla más representativa y equitativa, de modo que deje de primar a los pequeños partidos arraigados en algunas provincias, en muchos casos partidos nacionalistas o regionalistas, mientras penaliza a las formaciones políticas nacionales de modo que no
sea posible la aparición de terceras fuerzas distintas al PSOE y el PP.

4 – En tercer lugar, nos hemos comprometido a impulsar medidas legales de regeneración democrática que contribuyan a acercar los representantes a sus representados, disminuyan el exceso de poder acumulado por las burocracias de los partidos, introduzcan la transparencia en las finanzas y actuaciones de los partidos políticos, devuelvan a muchas instituciones públicas la autonomía que han perdido por la injerencia partidista y, en resumen, corrijan la actual tendencia del sistema democrático español a degenerar en un oligopolio al servicio de las cúpulas de los partidos políticos y de los grandes poderes mediáticos y financieros a las que están asociados. En definitiva, se trata de devolver la política a la ciudadanía.

5 – Todas las personas que se han integrado en Unión Progreso y Democracia comparten estas propuestas políticas y los principios en que se sustentan. Entre nosotros, algunos de encuentran más próximos a la izquierda crítica y otros a la derecha liberal, o bien se reconocen en aspectos de una u otra tradición ideológica, lo que nos llevó a declarar que nuestro partido es transversal por el amplio abanico de ideas del conjunto de personas que lo formamos. Finalmente, UPyD se declara también partido laico porque consideramos que el laicismo es un elemento fundamental de una verdadera democracia, respetuosa con todas las creencias religiosas, espirituales y humanistas compatibles con sus grandes principios de igualdad y libertad personal.

6 – En resumen, somos un partido inequívocamente nacional -es decir, comprometido a defender el mismo programa electoral en todos los territorios de España-, transversal y laico. Además, apoyamos la mejora de un Estado del Bienestar compatible con el respeto y el estímulo de la libre iniciativa privada, y todas aquellas políticas sociales y económicas conducentes a progresar tanto en la igualdad de oportunidades de los ciudadanos como en su libertad personal. En sentido contrario, nos oponemos activamente a todas las amenazas contra la igualdad y la libertad, como las procedentes del nacionalismo que pretende dividirnos y alzar fronteras interiores, de la degeneración del sistema democrático que aleja a los ciudadanos de la política desanimando su participación, o del excesivo poder de entidades opacas al margen del control y supervisión de los ciudadanos.

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Y, para terminar, un texto conmemorativo de Carlos Martínez Gorriarán, principal cerebro entre los muchos y muy brillantes que hay que en UPyD:

Cinco años de UPyD, y muchos años por delante

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3 respuestas a UPyD: Cinco años de “oportunismo” y “demagogia”

  1. chemalarrea dijo:

    Muy buen artículo Alex!!! Muy interesante

  2. Pingback: ¿Oportunista, demagogo? ¡Va´a usté al peo, oportugogo! | UPyD Collado Villalba

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