Esa permanente tentación de ir a lo fácil …


En los muchos años que llevo trabajando en meteorología (ocho trienios, recién cumplidos) me he encontrado con infinidad de profanos en la materia que, o bien opinaban que los verdaderos expertos en cuestiones meteorológicos son los pastores de cabras que predicen con toda seguridad y sin margen de error el tiempo a nivel local, o bien estaban convencidos de que la predicción del tiempo se hace exclusivamente a partir de las imágenes recibidas del satélite Meteosat.

Lo cierto es que, pastores, ya van quedando pocos, y que por muy expertos que fueran en sus predicciones locales, que no lo discuto, la predicción meteorológica es algo bastante más amplio en el espacio y en el tiempo, desde lo inmediato hasta los próximos meses, y desde los lugares densamente poblados hasta los vacíos desiertos y océanos en que no hay ni observadores humanos, ni ovejas ni cabras.

Y en cuanto al Meteosat, hace ya 35 años, concretamente el 24 de noviembre de 1977, que fue lanzado al espacio el primer satélite de la serie, pero desde entonces se han lanzado otros muchos, ya que su tiempo de vida es limitado, desde hace varios años de la segunda generación, mucho más avanzados y con multitud de canales, y próximamente de la tercera, que ya serán la repera. Además de los satélite polares, que no están fijos sobre el ecuador sino que orbitan la Tierra alrededor de los polos a poca altura y “ven” con mucho más detalle. Satélites que forman parte de una ingente constelación en la que participan desde los inicios de la carrera espacial los EE.UU. y Rusia, antes U.R.S.S., pero a la que han hecho aportaciones también Japón, China y la India, y que proporcionan tal cantidad de información que los modelos numéricos de predicción meteorológica que corren en superordenadores de varios lugares de la Tierra son incapaces de asimilarla toda con tiempo para suficiente como hacer predicciones útiles. Modelos numéricos y superordenadores que son el verdadero meollo y cogollo de todo el asunto, que reciben toda la información que proporcionan no sólo los satélites, sino la de los observatorios terrestres, con o sin intervención humana, los datos de los globos-sonda, de las boyas marítimas, de los radares meteorológicos, de los aviones en vuelo, y muchas cosas más, información con la que se hace una “foto” del instante actual de la atmósfera y a la que se aplican las ecuaciones de la dinámica y de la termodinámica para predecir los estados futuros, dentro de una hora, de seis horas, de un día, de dos o de diez. También con varios meses o años vista, si hablamos de predicciones climatológicas, que no meteorológicas. Predicciones que además se hacen a nivel global, continental, de países o de localidades. Es decir, las predicciones meteorológicas se hacen para todas las escalas espaciales y temporales a partir de los mismos datos iniciales, que son globales.

Y al principio y al final de esta cadena, se encuentran los meteorólogos: unos, que crean los modelos numéricos con los que trabajan los superordenadores, unos modelos progresivamente más complejos, según se van conociendo mejor las interacciones entre los distintos fenómenos atmosféricos; otros, que interpretan lo que dicen los ordenadores y se lo cuentan al gran público, o a los usuarios aeronáuticos, a las protecciones civiles … Así es la ciencia y la profesión meteorológica, un complejísimo sistema en el que el primer Meteosat tuvo un importantísimo papel en un pasado más o menos lejano, pero cuyos descendientes, aunque importantes también, forman parte de una gran multitud con la que entran en competencia, y donde la importancia de las predicciones locales de los equivalente a los pastores de hoy en día, que son la gran familia de los aficionados a la meteorología, radica en que comparten sus observaciones en el ciberespacio, proporcionando una inestimable y gratuita ayuda a los profesionales. Y es que, ni la gran mayoría de los aficionados a la meteorología son profesionales, ni buena parte de los profesionales de la meteorología son aficionados a ella.

Y ahora, para los pacientes lectores que hayan aguantado hasta aquí, es cuando damos el salto al tema principal de este blog, o sea, la política. Otra actividad compleja, con múltiples niveles que van desde lo local hasta lo global, pasando por el autonómico, el nacional y el europeo, en nuestro caso. Con sus normas, sus reglas y sus procedimientos, así como sus condicionantes, económicos sobre todo, pero también sociales y culturales. En cada ámbito, los suyos, pero entremezclados de modos que pueden ser sumamente complejos, tanto como los modelos numéricos meteorológicos con los que trabajan los superordenadores. Y así, en el nivel local o municipal, donde me ha tocado trabajar, contamos con normativa de ese nivel, pero sobre todo con la legislación autonómica y estatal aplicada a los entes locales, que a su vez viene condicionada por las directrices europeas. Normativa que se refleja de diversas maneras en los presupuestos, que han de incluir en el apartado de ingresos las aportaciones directas de los vecinos del municipio en forma de impuestos (el IBI, sobre todo), tasas y precios públicos, más las transferencias de la parte correspondiente de los tributos estatales (IVA e IRPF principalmente), las subvenciones de las comunidades autonónomas, la de Madrid en este caso, y las del Estado. Y que en el apartado de gastos ha de tener en cuenta las obligaciones que, por ley, tienen que asumir los ayuntamientos, que no son pocas, así como aquellas “competencias impropias” que, por regla general, corresponden a las administraciones autonómicas, que deberían asumirlas en su totalidad, caso de la Sanidad, la Educación y los Servicios Sociales.

Estas y otras muchas y variadas cosas son las que hay que tener en cuenta a nivel local. Un conocimiento que para un municipio no muy grande, como es Guadarrama, es asumible por quien quiera dedicarse a la política en ese nivel. Siempre y cuando quiera hacer el esfuerzo, claro está. Y supongo que lo mismo se puede decir de los niveles autonómicos y estatal, en los que, inevitablemente, dada la creciente complejidad, no ha de quedar otro remedio que especializarse. Y a nivel europeo, para qué hablar, con esas sesiones plenarias que tienen en el Parlamento Europeo sobre los aranceles a la importación de frutas y hortalizas de países del Magreb, por poner un ejemplo al azar.

Pero esta complejidad de la acción política no es lo que percibe de ella el ciudadano medio, normalmente aficionado pero casi nunca profesional. Lo que se percibe es, principalmente, la capa más superficial, que también es la más áspera y tosca: la de los insultos y descalificaciones entre políticos de distintos partidos, o incluso del mismo; la del trazo grueso y la valoración tópica, indiscriminada, carente de toda sutileza y de todo análisis de detalle, de las iniciativas que presentan los demás y aún de las propias; la de los argumentos, más que emocionales, viscerales; la del desprecio, llegando a veces hasta el odio, al supuestamente diferente, por cualquiera que sea la zanja en la que se ha elegido profundizar. Y como es eso lo que se percibe, eso es lo que arrastra el voto y lo que, al fin y al cabo, lleva a controlar los mecanismos del poder, propósito primero de cualquier partido político, que debería ser un medio con el que llevar a cabo su programa, pero que indefectiblemente acaba convirtiéndose en un fin.

Que este tosco mecanismo funcione es responsabilidad sobre todo de los votantes, pues está en nuestra mano rechazar toda esa charlatanería, esa demagogia, ese permanente engaño y esos continuos insultos a la inteligencia a los que nos someten los políticos. Y, desde el otro lado, está en manos de los políticos, en nuestras manos, el superar ese modelo de actuación, esa permanente tentación de ir a lo fácil, esa pretensión de actuar en el nivel local como los pastores que son capaces de predecir el tiempo para el día siguiente en su pueblo, pero que no son capaces de ver ni un día más lejos ni un pueblo más allá de distancia; o, a nivel nacional, hemos de intentar adaptarnos a la complejidad creciente de nuestro mundo globalizado, con una España no del todo vertebrada, pero al mismo tiempo integrada en una Europa en construcción, que a su vez se relaciona y compite con otras potencias establecidas o emergentes, como los EE.UU., Rusia, Japón, China y La India, y dejarnos de nostalgias de tiempos más sencillos en los que líderes carismáticos conducían a sus naciones por la senda de la properidad y la modernización. Como aquel Felipe González que homenajean hoy sus conmilitones, y que fue lanzado al espacio político español el día de las primeras elecciones generales de la Democracia, el 15 de junio de 1977, apenas unos meses antes que el primer satélite Meteosat, de glorioso recuerdo, pero hace ya varias décadas obsoleto y jubilado.

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4 respuestas a Esa permanente tentación de ir a lo fácil …

  1. Raquel Vicente dijo:

    Me ha encantado esta entrada!
    Nunca pensé que la meteorología, de la cual soy aficionada y a la que casi me dediqué profesionalmente, tenía algo en común con la política, de la que me estoy empezando a aficionar.
    Al final todo girar alrededor del grado de conocimiento: conforme más sabemos de un tema más legitimados estamos para opinar sobre él y para que otros nos oigan y aprendan de eso.
    Por desgracia, esta sociedad sólo escucha a los que menos saben y menos capacitados están. Se tiende a ir a lo fácil.
    Un saludo

    • alexroa dijo:

      Realmente ese paralelismo se puede hacer con cualquier rama del conocimiento, lo que pasa es que lo que yo más conozco es la meteorología, y de ahí saco mis símiles. Lo importante es la conclusión: que en política ir a lo fácil tiene recompensa, desgraciadamente, por lo que la tentación de recurrir a ello es muy grande, y en ocasiones hay que hacer un gran esfuerzo de autocontrol para no dejarse llevar por ese camino.

      Un saludo y gracias por tu interés, en la meteorología (ya digo que los aficionados son de gran ayuda para los profesionales) y en la política (me gustaría poder decir lo mismo, pero aquí no estoy tan seguro).

      • manuel ruiz dijo:

        Entrando como siempre a hurtadillas (`ditos e.mengues) digo lo de tantas veces … esos ciudadanos … que poquito de poquito se esfuerzan … si “en política entrar a lo fácil tiene recompensa”

      • alexroa dijo:

        Si es que no nos trabajan nada, los ciudadanos.

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