Yo SÍ soy político


SteveMcCroskeyNo pasa un día sin que me acuerde del inolvidable personaje interpretado por el gran Lloyd Bridges en “Aterriza como puedas”, la película con mayor número de chistes por minuto de la historia, al menos hasta el momento de su estreno, allá por el lejano 1980. Recordemos cómo al pobre jefe de los controladores aéreos Steve McCroskey, el personaje interpretado por Bridges, la tensión creciente de la situación le hace recaer en los vicios que había dejado atrás, empezando por el tabaco (“elegí un mal día para dejar de fumar”) y continuando por la bebida, los tranquilizantes … y el pegamento.

Y no, no es que me haya dado últimamente por esnifar pegamento ni nada de eso. Lo que me trae a la mente la película, al personaje y a su famosa frase, son las declaraciones disparatadas, las exhibiciones de ignorancia, el sectarismo, las acciones que bordean la legalidad o la sobrepasan de largo,  los abusos de poder, la prepotencia, la desvergüenza y los continuos escándalos de la clase política española. Una clase política cada vez más despreciada por los ciudadanos, que se ha convertido por sí misma en el tercer problema que más preocupa a los españoles, según reiteran las encuestas del C.I.S. desde hace varios años. Unos políticos que ya no es que no aprueben en las valoraciones de las distintas encuestas, es que no llegan ni al 4 ninguno de ellos. Y eso que por lo general se pide a los encuestados que valoren del 1 al 10, obviando la existencia y la rotundidad del 0.

Así que, en efecto, elegí un mal día para meterme en política.

Pero claro, si hubiera pretendido caer bien a la gente hubiera dedicado mi tiempo libre a alguna actividad inofensiva mientras me unía al numeroso coro de aficionados a las tertulias políticas, tertulias que suelen consistir en despellejar sin misericordia a unos y otros políticos, más a unos que a otros, según las preferencias personales, en criticar todo lo que hacen y dicen, lo que no hacen y lo que no dicen, lo que ganan y lo que ocultan que ganan, los privilegios que tienen o que se les suponen, lo corruptos que son todos ellos, sin excepción, y lo bien que estaría erradicarlos de la faz de la  Tierra, con métodos más o menos expeditivos. Puede hacerse uno muy popular siguiendo la corriente antipolítica y antipolíticos tan de moda, da igual que en el camino renuncie a las valoraciones razonables y mesuradas, al análisis crítico y ponderado, o que deje de lado la natural desconfianza hacia cualquier información anónima de las que circulan por el ciberespacio siempre y cuando confirme la tesis de la absoluta corrupción e indignidad de los políticos, sobre todo los españoles.

El caso es que no me van mucho los razonamientos a bulto y la crítica indiscriminada. Menos aún tengo tendencia a creerme cualquier bulo que circule por la red, da igual que sea sobre políticos, funcionarios, banqueros, abogados o cualquier otro colectivo. Me va más el análisis detallado y el conocimiento informado, que requiere un mayor esfuerzo. Aunque lo que de verdad me va es ir al cine o al teatro con los amigos, pasear en bicicleta o andar por el monte, o simplemente quedarme en mi casa leyendo novelas o tebeos, o viendo vídeos en YouTube, que tiene un vicio que no veas. 

Pero ya que un no muy lejano día, hace poco más de cinco años, decidí dar el salto y participar en política de modo activo, lo menos que puedo hacer es ser consecuente. Y eso significa, en primer lugar, no avergonzarme de dedicarme a la política, sensación que no puedo evitar cada vez que sale a la luz un nuevo escándalo o una nueva muestra de la incapacidad, la ignorancia y el sectarismo de quienes nos gobiernan actualmente, aunque a título individual se puedan encontrar personas capacitadas, bien preparadas y no sectarias en la mayoría de los partidos políticos del mercado, o del espectro, como cada uno prefiera.

El que no me avergüence de dedicarme a la política no implica que tenga una opinión mejor que la que tiene la mayoría de la gente sobre el gremio en conjunto, individualidades aparte. Es más, probablemente la tengo peor, pues tengo la oportunidad de ver “las tripas” del asunto, la inquina que se tienen entre ellos los políticos de distintos partidos, o incluso dentro del mismo, la falta de respeto a las normas y procedimientos que ellos mismos se han dado, el oportunismo, el arribismo, el sectarismo y, lo que para mí es lo peor de todo, la falta de respeto a la verdad. Que aunque nunca se pueda considerar absoluta, siempre podemos esforzarnos por acercarnos lo más posible.

Y el que no me avergüence de dedicarme a la política implica que tendré que soportar toda clase de insidias y descalificaciones, incluso de gente próxima, puesto que muy habitualmente se dará por hecho que mi partido, UPyD, es como todos los demás, y que si no somos corruptos (todavía) es porque no hemos gobernado (todavía). O que si proponemos que no haya políticos en los consejos de administración de las cajas de ahorro, en los de las televisiones públicas o en las cámaras de cuentas es porque no entendemos en qué consiste la política, o porque nos da rabia que estén otros partidos y nosotros no o cualquier otra tontería, como si la despolitización de los órganos que controlan a los políticos, de los organismos técnicos o del poder judicial no estuviera en nuestro programa desde el primer día de nuestra existencia y fuera una ocurrencia de última hora para ganar votantes.

Como la de todos los que estamos en UPyD, al menos eso espero, mi idea de la actividad política es que tiene que restringirse a lo propiamente político, que es gobernar y legislar, y no invadir las competencias y ámbitos que no le corresponden, algo que hasta ahora han hecho todos los partidos políticos en España, de izquierdas y de derechas, centralistas, nacionalistas o independentistas. Y no hablo sólo de los consejos de administración de las cajas, de las televisiones o de las empresas públicas, ni tampoco del poder judicial. Me refiero también a las asociaciones de todo tipo, desde las de consumidores hasta las de víctimas del terrorismo, todas ellas invadidas y desnaturalizadas por los partidos políticos, que han pretendido, y conseguido, apropiarse de su fuerza, de sus recursos y de su mensaje.

Así que, lo dicho: los políticos, a dedicarse a la política. Con dignidad, honradez, responsabilidad y conocimiento de lo que se traen entre manos. Y a procurar no meterse, no meternos, en donde no nos llaman.

Elegí un mal día, una mala década y un mal siglo, pero al fin y al cabo ¡Yo SÍ soy político!

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6 respuestas a Yo SÍ soy político

  1. jabapa dijo:

    buena entrada. La comparto plenamente a pesar de no ser politico

  2. Maruja Alonso dijo:

    Lo de Aterriza como puedas te tiene marcado Alex, en cuanto a lo de montar en bicicleta… algo más olvidado ¿no?. Los políticos son com o todos los personajes, pero tenían que estar a cala y a prueba como los melones. Creo que pocos iban a ir a la mesa (bueno a su mesa sí).

  3. alexroa dijo:

    No creas, últimamente he empezado a coger la bicicleta a menudo. Cualquier día hasta me monto en ella y pedaleo. Buen símil el de los melones para los políticos. Algunos son unos auténticos melones, en efecto.

    • manuel ruiz dijo:

      Entro por la tangente (ya me es habitual) “Con lo que nos ha costado conseguir colocar a toda nuestra gente” …. no me parece nada defendible. Ejemplo de última hora: Durán compara la situación de Unió(n) con el pobre vecinillo que se deja el grifo abierto e inunda al de abajo. ¡pobrecito!. La diferencia es que al vecino lo inundan de agua y le joden la casa, pero a Unió(n) la inundan de billetes y le compran sedes …. ¡Se podrá tener morrrrrrrooooo!

      • alexroa dijo:

        Algún día habrá que rastrear en qué punto se perdió la vergüenza. Debió de ser hace mucho, yo ya ni me acuerdo.

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