Releyendo a Maquiavelo


MaquiaveloAprovechando el descanso vacacional y celebrando que se cumplen quinientos años de su publicación, nada menos, he releído estos días de agosto “El príncipe” de Nicolás Maquiavelo, un libro siempre ameno e instructivo. Y muy breve, por cierto. En la edición que tengo el texto ocupa apenas 124 páginas, que a razón de 30 líneas por página y 50 caracteres por línea, vienen a ser unos 1300 tuits. Más o menos los que un tuitero medio puede leer en un día. E incluso los que algunos son capaces de enviar en el mismo periodo de tiempo.

Pero volviendo a “El príncipe”, lo considero un libro más que recomendable, indispensable, y no solo como guía para el que quiera dedicarse a gobernar a los hombres, que es la idea que sobre el libro tiene el autor, sino para todo aquel que quiera hacerse una correcta idea de la realidad de la política. Porque, aunque hayan transcurrido cinco siglos completos desde aquel lejano 1513 en que vio la luz, y aunque el mundo haya evolucionado tecnológicamente de un modo espectacular, las pasiones que mueven a los hombres son idénticas entonces y ahora, y lo mismo su relación con el poder.

Y es los consejos de Maquiavelo, a pesar de su fama, no están guiados por una visión retorcida (¿maquiavélica?) de la realidad. Al contrario, son de un sentido común aplastante, aunque en ocasiones pueden resultar crueles, entonces y ahora, basados como estaban en su gran conocimiento de la realidad política de su época, debido a su trabajo como diplomático al servicio de los Borgia, y a sus lecturas sobre la Antigüedad griega y romana, algo imprescindible para cualquier hombre culto renacentista.

Nos dice Maquiavelo (capítulo XV) que “muchos han imaginado repúblicas y principados que nunca vieron ni existieron en realidad“, pero que él solo pretende hablar de los principados que existen o que han existido, dejando de lado las ficciones, porque “el que deja el estudio de lo que se hace para estudiar lo que se debería hacer aprende más bien lo que debe obrar su ruina que lo que debe preservarle de ella: porque un hombre que en todas las cosas quiera hacer profesión de bueno, entre tantos que no lo son, no puede llegar más que al desastre” (¿Les suena de algo?)

Y ya que el príncipe (el gobernante) no puede hacer sólo el bien, también tiene que tomar decisiones que incomoden a los gobernados en un momento u otro. Por ello Maquiavelo aconseja (cap. VIII) que estos “actos de rigor se deben hacer todos juntos, a fin de que, habiendo menos distancia entre ellos, ofendan menos; en cambio los beneficios se deben hacer poco a poco, a fin de que se saboreen mejor“. Recomienda además que dichos “actos de rigor” se hagan al principio del mandato, para que vayan cayendo en el olvido, y el pueblo sólo tenga en cuenta los beneficios concedidos al final. Justo lo contrario de lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero, a quien alguien bautizó, con absoluta falta de puntería o de conocimiento, como “el Maquiavelo de León”. Nunca un apodo estuvo tan mal puesto.

Pero el capítulo que me parece más apropiado a la actual situación de España (y de la mayoría de los países de Europa) es el XVI, “De la liberalidad y de la avaricia“. Se pregunta Maquiavelo si es más conveniente para un príncipe practicar la liberalidad o la avaricia (y para ese lector que tengo que no ha leído El Quijote aclaro que aquí “liberalidad” es sinónimo de “generosidad”) y se responde y nos responde que, como norma general, es mejor lo segundo. Porque “para poder mantener entre los hombres el nombre de liberal es necesario no abstenerse de parecer suntuoso, hasta el extremo de que siempre, un príncipe así hecho, consumirá en semejantes obras todas sus riquezas; y al fin, si quiere conservar su fama de liberal, estará obligado a gravar extraordinariamente a sus súbditos, y a ser fiscal para hacer todas aquellas cosas que se pueden hacer para conseguir dinero. Esto empezará a hacerle odioso a sus súbditos, y al empobrecerlos perderá la estimación de todos; de manera que con esta liberalidad, habiendo perjudicado a muchos y favorecido a pocos, sentirá vivamente la primera necesidad, y peligrará al menor riesgo; y si quiere retroceder, porque reconoce su error, incurrirá súbitamente en la infamia del miserable“.

Y un par de páginas más allá, tras aportar algunos ejemplos de la Antigüedad y de su presente, entre ellos una mención admirativa al rey Fernando de España (y esto no es una adaptación moderna, en todo momento Maquiavelo habla del “Re di Spagna”, como se puede comprobar en el texto original, y de esto hace cinco siglos), concluye nuestro autor el capítulo con unas frases que habría que esculpir en mármol y colocarlas delante de las sedes de los gobiernos y de los partidos políticos:

No hay nada que se consuma tanto a sí mismo como la liberalidad; mientras la ejerces, pierdes la facultad de ejercerla; te vuelves pobre y despreciable, o, para escapar de la pobreza, rapaz y odioso. Entre todas las cosas de que un príncipe debe preservarse está la de ser menospreciado y aborrecido; y la liberalidad te conduce a ambas. Por tanto, hay más sabiduría en soportar la reputación de avaro, que produce una infamia sin odio, que en verse, por el deseo de tener fama de liberal, en la necesidad de incurrir en la nota de rapaz, que produce una infamia con odio.”

En ese punto exacto están nuestros gobernantes, los nacionales, los regionales y los locales, los de un signo politico y los de otro, los nacionalistas y los que, en teoría, no lo son. Compitieron entre ellos por ver quien era más liberal como medio de ganar votos y ahora que tienen que recular, obligados por la necesidad y por poderes superiores, han obtenido lo que con tanta claridad nos anunciaba el gran Maquiavelo hace ya quinientos años: una infamia con odio.

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9 respuestas a Releyendo a Maquiavelo

  1. Francisco Soto dijo:

    Magistral, Alex! Gracias y enhorabuena!!!

  2. Te repito lo de Francisco ¡Magistral!
    Un Abrazo Alex 🙂 .

  3. PERI dijo:

    Mas exacto que un reloj suizo.
    Habría que darle una copia de este artículo a cada uno de los políticos que pululan por este país y obligarles por ley a que lo repasasen cada noche antes de acostarse y someterlos a un examen oral por la mañana a ver si lo han asimilado, aunque de poco sirven las lecciones de saber hacer para quien utiliza las instituciones para delinquir con la impunidad que sus cargos les confiere.
    Esperemos que si algún dia eres tú el que gobierna, dicho cargo, no te haga perder esa lucidez y sabiduría de la que gozas.
    Un abrazo, amigo.

  4. manuel ruiz dijo:

    ¡Pues vaya mierda de artículo! …. que nooooo, que es broma …., pero es que como te han besado tanto la oreja me siento en la obligación de decirte algo feo. Ahora fuera de coña ¿Tú crees que alguien lee a Maquiavelo? O, yo qué se, ¿a Ortega?.
    Yo lo que leo en los periodicos es que toma posesión de la presidencia de una Comunidad autónoma alguien que no ha hecho nunca NADA fuera de su partido. ¡Que no ha currao jamás, vaya!
    ¡Ay, pena, penita, penaaaaaaa,
    pena de mi corazooooooooón!

  5. Pilar dijo:

    Aunque tarde, te quería decir que fantático post

    Me apunto El Príncipe como lectura pendiente. El Quijote, no 😉

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