Reductio ad Francorum


FrancoCreo que es sobradamente conocida la falacia denominada reductio ad Hitlerum, es decir, “reducción a Hitler”, pero por si acaso dejo aquí la correspondiente definición tomada de Wikipedia:

La expresión reductio ad Hitlerum (Reducción a Hitler, falacia del tipo Ad hominem), argumentum ad Hitlerum o argumentum ad nazium fue creada originalmente por el filósofo político alemán Leo Strauss (1899-1973), profesor de la Universidad de Chicago. Se plantea que cuando una discusión se alarga demasiado, siempre aparecerá quien acuse de fascismo hitleriano a su contraparte. Fue planteada en 1951 en un artículo de “Measure: a critical journal”. Es una combinación de varias falacias: la típica falacia de asociación y argumento ad nauseam al suponer que no es necesario mayor debate tras la acusación. Reductio ad Hitlerum es una falacia en la forma: “Adolf Hitler apoyaba X, por lo tanto X debe ser malo”.

Directamente relacionada con la reductio ad Hitlerum está la Ley de Goodwin que dice que “A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno”. (Y no necesariamente online, diría yo.)

Ni que decir tiene que la versión hispana de la mencionada falacia, que entiendo que debe llamarse reductio ad Francorum, no sólo existe sino que disfruta de una presencia ubicua y que, sorprendentemente, apenas ha menguado desde la muerte del dictador. Es más, yo diría que está arreciando en estos últimos años de crisis y aumento de la polarización de la sociedad española.

Buscando en Google el término, por si se le había ocurrido a alguien antes que a mí, he encontrado que, en efecto, así es (ninguna sorpresa), y además un magnífico artículo, “The antifranquist way of life” del que entresaco un párrafo especialmente certero:

El hecho de que el anti-algo sea un fundamento sobre el que edificar toda una filosofía de vida es un misterio de la naturaleza humana. Quizá el único nexo de unión, cuando ha acabado un ciclo de destrucción, es el odio a lo que está a punto de morir o a lo que ya es pasado inmediato. Es un síndrome de Estocolmo para adelantarse a la llegada de los nuevos líderes. Una vez asentado en el poder bajo la ideología anti- es lógico que esos líderes procuren alargar ese odio hasta el fin de los tiempos si es preciso. También hay algo de rebelión adolescente contra la generación anterior, que, vistos los réditos, los jóvenes de entonces han prolongado hasta la senectud, convirtiéndola, de una etapa corta pero necesaria del desarrollo personal, en una época completa de la historia de España.”

Y es que, efectivamente, así es como creo que se ha instaurado ese antifranquismo que dura ya tanto como lo hizo la dictadura de Franco, y del que se sirven tanto los partidos de izquierda como los nacionalistas sin ningún tipo de pudor, aunque quienes lo hagan vistieran pantalón corto o ni siquiera fueran un proyecto de embrión en los tiempos en que el dictador estaba vivo.

Lo más sorprendente es que la falacia todavía funcione, como bien sabemos en UPyD, acusados reiteradamente de franquistas por querer devolver competencias al Estado central, por defender la igualdad de los españoles independientemente de su lugar de origen o de residencia, por pretender que en Cataluña haya un bilingüismo real o, simplemente, por denunciar los abusos y chantajes de los nacionalistas, de los separatistas o de los que juegan a ser antisistema. A nosotros nos resbala, obviamente, pero no por ello algunos siguen intentando asociarnos a esa etiqueta con entusiasmo digno de mejor causa. A otros, en cambio, no parece resbalarles tanto, a juzgar por su modo acomplejado de actuar. Me refiero al PP, claro está, que no sé si por no ser tachados de franquistas o por querer confundirse con el paisaje, ha renunciado a defender aquellas cosas mencionadas al principio de este párrafo, y de las que ha hecho bandera UPyD.

Y es que la falacia de la Reductio ad Francorum funciona así de bien porque forma parte de un sistema mitológico completo y muy elaborado, sin fisuras, como corresponde al pensamiento mítico. Un mito según el cual la Historia de España comenzó en 1931 (se supone que lo anterior era Prehistoria), con el advenimiento de la Segunda República, ese Paraíso de los trabajadores en la Tierra. Un Paraíso destruido apenas cinco años después por las fuerzas del Mal, encarnadas en un militar bajito y de voz aflautada, un Satán que mantuvo bajo su bota a los españoles durante cuatro largas décadas, anulando cualquier progreso que se hubiera podido producir durante la Edad de Oro republicana (casualmente, o puede que no, hoy he leído esta misma expresión en la Ponencia Política de UPyD para el próximo Congreso, a celebrar en noviembre) y que se las arregló para que a su muerte su espíritu permaneciera presente entre nosotros, obstaculizando los nuevos y heroicos intentos de las “fuerzas progresistas” para retomar la perdida senda de la libertad, la igualdad y la fraternidad no ya de los ciudadanos españoles, sino de los pueblos de España, que suena mucho más romántico, épico y mítico.

¿Exagero? No lo creo. Últimamente me ha dado por interrogar a mis contrincantes políticos en profundidad, para hacerme una idea de su grado de conocimiento de la historia política de España. Y me he encontrado con un casi total desconocimiento del modo, cuando menos turbio, en que se proclamó la Segunda República, y de quiénes participaron en ella, siendo bastante frecuente escuchar que era cosa tan sólo de los partidos de izquierda, más concretamente de socialistas y comunistas, grandes demócratas ellos en aquellos tiempos. Es más, ya son varias las ocasiones en que he escuchado que la bandera rojigualda fue un invento de Franco y que la tricolor es la de España de siempre (!!) y por tanto la legítima. Y aún que Madrid estuvo desde el principio de la guerra del lado de Franco, y hasta que la Guerra Civil fue una guerra de Madrid contra el resto de España. Todas estas cosas en boca no de nacionalistas radicales catalanes o vascos o de adolescentes víctimas de la LOGSE, sino de personas adultas con estudios superiores y bastante funcionales en casi todos los aspectos de sus vidas. Pero no en el político, desde luego. Ahí, muy habitualmente, han preferido apuntarse al mito, a la ignorancia y a la visión sectaria de la historia de España. En definitiva, a una exitosa patraña socialmente bien vista, que siempre se agradece el calor que da pertenecer a un amplio grupo social. Alguno de ellos, si es que me lee, pensará que este post es claramente franquista, por supuesto.

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9 respuestas a Reductio ad Francorum

  1. Emilio Díaz Fernández dijo:

    Querido Alex: hace una semana , en paso fugaz por Madrid, cené con unos amigos, surgiendo en la conversación un asunto relacionado con este post. Mi conclusión fue: Si la alternativa era elegir entre Franco, su fascismo (y lo que vino después) y Largo Caballero y su comunismo (y lo que vino después) pues me quedo con Franco. Por si acaso, no vaya a ser que alguno a los que preguntaste lea a escondidas tu blog, prefiero la dictadura Franquista a las del Telón de Acero.
    Menos mal que ahora estamos donde estamos y podemos elegir una vía alternativa.( Y debemos alegrarnos por ello)
    Desde Luanda, saludos.
    Emilio.

  2. manuel ruiz dijo:

    ¡Buen artículo, y valiente! Mira que lo dices claro, pero desde ahora me quedo esperando al reduccionista de turno que se vuelva loco llamándote FACIIIIIIISSSSTAAAAA (así sin “s”).
    A mi los “anti”, en principio, siempre me dan mucho miedo, en primer lugar porque prefiero a los “pro”. Y en segundo porque siempre pretenden tener la verdad absoluta y la decisión de acción sobre el asunto del que se declaran “anti”. Como muestra un botón: esos antifascistas que defienden sus ideas a botellazos y patadas en la cabeza ….¡joé, qué miedo! ¡Deja, deja, que para luchar contra el fascismo ya me apaño sin tu ayuda y con lo que hay …..!

  3. Fenrir dijo:

    Que graciosos sois los de UPyD cuando vais de víctimas. Con esa forma tan frívola y demagógica de tratar la figura de Franco os retratáis pero bien.

    • alexroa dijo:

      No, no. Aquí no se trata ni se retrata la figura de Franco sino la de los “antifranquistas”, esos que ahora se encuentran por todas partes, tan valientes ellos ahora que el dictador lleva casi cuarenta años muerto.

      • Fenrir dijo:

        Hablo del párrafo en tono irónico-frívolo sobre Franco como un “Satanás” alguien que impidió todo progreso, que aplastó con bota militar etc ¿negáis acaso que fue un dictador y genocida? ¿Qué no hubo fuerzas progresistas que participaron en la transición? No creo que la república fuese la panacea, pero lo cortés no quita lo valiente.

      • alexroa dijo:

        Franco fue un dictador y un genocida, en efecto. También es cierto que hubo fuerzas progresistas en la transición, que fue pactada entre franquistas y antifranquistas. La Segunda República fue sin duda un experimento interesantísimo dentro del conjunto de la Historia de España, aunque bastante desastroso en su ejecución. Pero el artículo no va de eso, sino de la construcción de una Historia mítica que va calando entre los españoles de hoy en día, sobre todo entre los que se dicen de izquierdas y entre los nacionalistas y que les sirve para explicarlo todo, el pasado, el presente y el futuro, y para poder siempre echar la culpa a otros de los errores propios. El pensamiento mítico es propio de personas y de culturas poco desarrolladas. Mañana en Cataluña podremos ver un nuevo ejemplo de esta forma de pensar. Ya me imagino que, además de a Felipe V y a Rajoy, se responsabilizará a Franco de todos los problemas de Cataluña. Porque los que la llevan gobernando desde hace cerca de 40 años no tienen la culpa de nada, por supuesto.

      • Fenrir dijo:

        Bien, ahora coincido bastante más. Gracias por su respuesta. Un saludo.

  4. Jorge Crespo dijo:

    A mi se me ha ocurrido el mismo concepto de “reducción a Franco” al leer una de tantas noticias dónde algo es malo porque es “propio de Franco”; así he llegado aquí.

    Tengo que decir, que yo he estudiado con la LOGSE (estoy en segundo de carrera) y que en Historia de España estudié desde los reyes católicos hasta Zapatero, por supuesto viendo la proclamación de la segunda república y las consecutivas campañas de la guerra civil. Ahora, si hay gente que prefiere tener una venda en los ojos y creer otra cosa no se que se puede hacer. Creo que éste es el problema de muchas de las personas que mencionas.

    Un saludo,
    Jorge Crespo

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