Los “antipatizantes”


DislikeCreo que no descubro nada si afirmo que los españoles nos movilizamos más por los sentimientos negativos que por los positivos, que tendemos a ser pesimistas y destructivos antes que optimistas y constructivos, y que nuestra reacción primera ante cualquier novedad es la de desconfianza y hasta la de oposición. No digo que todos los españoles seamos así porque, al igual que cuando le preguntaron a Churchill su opinión sobre los franceses dijo no conocerlos a todos, tampoco conozco yo a todos los españoles, ni siquiera a uno de cada diez mil. 

Pero gracias a internet sí que leo muchas opiniones de españoles a los que no conozco, especialmente en los foros que los medios de comunicación habilitan para comentar las noticias, o en blogs y redes sociales. Y nunca dejo de asombrarme de la enorme cantidad de mala baba que es capaz de destilar la ciudadanía española. Hasta con nuestro indiscutible superhéroe nacional, Rafael Nadal, se han cebado algunos durante años y años afirmando nada menos que era un mal jugador de tenis y un segundón. Su espectacular reaparición esta temporada ha acallado a muchos, pero aún quedan algunos irreductibles.

¿Y qué decir de los cineastas españoles? Políticos aparte, no creo que haya un colectivo más vilipendiado por sus compatriotas, con una saña que a veces asusta. Actores y directores cargan desde hace décadas con la inquina de una considerable parte de los españoles. Bien es verdad que hasta cierto punto se justifica por el habitual y acrítico posicionamiento político hacia la izquierda de buena parte de ellos, pero eso no significa que sus películas sean pura bazofia, como afirma gente que quizás no ha visto nada de cine español desde los tiempos de Pajares y Esteso. Las hay buenas y malas, como en todas las cinematografías del mundo, o al menos las que yo conozco.

Y si ya pasamos a los políticos directamente, para qué contar. La inquina, no diré que inmerecida en su (nuestro) caso, llega aquí a unos valores estratosféricos, como reflejan perfectamente las encuestas de los distintos medios. No es ya que ningún líder político apruebe desde hace años en la valoración de los ciudadanos, es que ya no hay ninguno que llegue siquiera al 4, ni Rosa Díez, que podríamos decir que es la menos impopular. Pero más llamativo aún es que los propios votantes de cada partido no aprueben ni al partido al que votan ni a sus líderes. Concretamente a Rajoy y a Rubalcaba sus propios votantes los suspenden ignominiosamente. Y otro dato que también llama la atención encuesta tras encuesta es que en la intención directa de voto, es decir, la simpatía declarada, la suma de los votos a los partidos queda muy debajo de la que realmente consiguen luego. Véase un ejemplo tomado del barómetro electoral de Metroscopia para El País de abril de este año:

IntencionVoto

Como se puede observar, la intención declarada de votar en blanco es altísima, un 7,3% del total, una intención que luego no se cumple nunca, siendo lo más habitual que el voto en blanco se quede alrededor del 2% (columna de la derecha). Se ve también que el porcentaje de indecisos es muy alto y que el de los que declaran que van a abstenerse se corresponde bastante con los resultados reales. Pero lo que más llama la atención es la enorme disparidad entre la intención declarada de voto a partidos y los resultados que se obtienen posteriormente, espectacular en el caso de los dos mayores partidos. En el caso del PP, solo un 13,4% de los votantes afirma que lo van a votar, cuando en las últimas elecciones obtuvo el 31,6% de votos respecto del censo (equivalente a un 44,6% de votos emitidos válidos, es decir, quitando la abstención y los votos nulos), mientras que el PSOE muestra una intención del 8,8%, cuando el 20N obtuvo el 20,3% (28,7% de votos válidos).

Vale que el PP ha sufrido mucho desgaste y que el PSOE no remonta, pero es que a ambos partidos las encuestas les siguen dando alrededor de un 30% de votos válidos (equivalentes aproximadamente a un 20% de votos sobre el censo, es decir, 7 millones de votos a cada uno). ¿Dónde está la clave para esa enorme diferencia, que no se da, por ejemplo, en el caso de UPyD? Pues en algo que podemos ver en otra encuesta de Metroscopia, previa a las últimas elecciones generales, en la que se pregunta “¿A qué partido no votaría usted en ningún caso?”

NoVoto

A simple vista se observa cómo los dos primeros partidos ganan en esta encuesta por goleada: un 34% de los entrevistados dice que nunca votaría al PSOE y un 38% que nunca lo haría por el PP. El que la respuesta sea espontánea hace suponer que la mayoría de los entrevistados ni siquiera contempla la existencia de otros partidos, como si no hubiera más que PP y PSOE. Porque, quiero creer, cualquier votante de uno de esos partidos votaría antes al contrario que a Amaiur, la marca de los batasunos en aquellas elecciones, y hubiera elegido esa opción si el entrevistador se la hubiera presentado. Quiero creer, ya digo.

Y ésta es la clave del porqué de los resultados electorales del PP y PSOE, de que hagan lo que hagan, pase lo que pase, se hunda lo que se hunda España y los españoles, no bajan del 30% de votos en las elecciones generales desde hace décadas. Los votos que consiguen no son la suma de la “intención de voto + simpatía”, como aparece en los barómetros del CIS, sino la resta “intención de voto – antipatía (hacia el contrario)”.  Al menos ha sido así durante muchos años. No son los simpatizantes los que deciden quién gana las elecciones, son los “antipatizantes”.

Parece, sólo parece, que ese bipartidismo sostenido en la mutua antipatía empieza a resquebrajarse. Siendo así, resulta bastante tranquilizador para UPyD ser, como muestra la tabla de arriba, el partido nacional por el que menos antipatía muestran los ciudadanos, con notable diferencia. Lo que sin duda es la causa de que sea el partido por el que mayor antipatía sienten los otros partidos nacionales (y los nacionalistas también, pero entiendo que en ese caso está más que justificado por nuestra defensa de la igualdad de todos los españoles, lo opuesto diametralmente a lo ellos defienden).

A veces tengo la impresión de que si las elecciones se hicieran por un sistema eliminatorio, al estilo de las nominaciones en Gran Hermano, UPyD podría ganarlas. Primero un 60% o un 70% de españoles votaría por expulsar al PP; de los restantes, una mayoría conseguiría expulsar al PSOE. Y así sucesivamente hasta que sólo quedaran dos partidos. Lo malo sería que esos dos partidos fueran UPyD y Amaiur, empatados en el 1% de antipatía según la tabla de arriba. Inquietante posibilidad. Casi mejor seguimos como hasta ahora, votando contra los que menos nos gustan y luego poniendo a parir a los que han ganado y a los que no, que menudos somos los españoles para la crítica política, unos fieras.

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4 respuestas a Los “antipatizantes”

  1. mararoa84@hotmail.com dijo:

    veo que nada cae en saco roto, se lo mando a mi cabo

  2. Bueno Álex. De momento y hasta donde sé, Amaiur solo se presenta en el País Vasco mientras UPyD es un partido nacional. Así que ese peligro parece descartarse. Lo mejor es que de una vez por todas la ciudadanía comprenda que no podemos seguir igual, votando alternativamente al PSOE o al PP en función de lo mal que lo hacen. Cada partido tiene su cantera y eso es difícil de superar, pero ese electorado flotante que cambia su voto es por el que hay que pelear y captar. Ofrecer una verdadera alternativa política al poder omnímodo de las dos grandes formaciones políticas. Porque lo difícil es romper ese muro. Luego el camino será mucho más sencillo.

  3. manuel ruiz dijo:

    Si sus propios votantes ponen a caldo al partido que votan ¿qué no harán con el otro?. En mi opinión se trata simplemente de la enorme falta de madurez del electorado, que no es otro que la misma sociedad. Siempre es mucha más facil poner pegas y esgrimir desencuentros que adoptar una actitud crítica y positiva. Para lo primero basta con lo animal. Para lo segundo es necesario pensar e intentar crear, ¡no digamos ya comprometerse … de eso ni hablo!.

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