Tolerancia Zero


zeroAl igual que a un amigo mío le llueven las invectivas y hasta los objetos contundentes cuando dice que “él no ayuda en casa”, que en realidad es una provocadora forma de hacer notar que a los hombres no nos corresponde “ayudar” sino compartir las tareas del hogar, cosa que él hace más que sobradamente, a mí me toca sufrir toda clase de insultos y descalificaciones cada vez que digo que no soy nada tolerante con la homosexualidad.

Y es que, aunque pudiera ser que yo estuviera equivocado, que a veces pasa, no vayan mis lectores a creer que no, siempre he entendido que para ser tolerante a algo o con algo, ese algo te tiene que incomodar de alguna manera. Eso está implícito o explícito en cualquiera de las definiciones y acepciones de “tolerancia”, además de en su raíz latina tolerare, que significa “aguantar o soportar”. Veamos algunas de esas definiciones:

1) En ingeniería y diseño: es el margen de error admisible en la fabricación de un producto (Wikipedia). Luego se admite que el producto no es perfecto, que tiene un error en su fabricación, pero aún así se lo acepta porque se considera que no va a producir daños en el mecanismo del que forme parte.

2) Capacidad de un organismo para soportar ciertos fármacos o drogas (Wordreference). Así pues, la tolerancia es en este caso la capacidad para sufrir algo que nos hace daño.

3) Condición que permite que un organismo conviva con parásitos sin sufrir daños graves (Wordreference). No hacen falta comentarios.

Estas  tres definiciones se refieren al campo de las Ciencias Naturales (o sea, el quesito verde del Trivial), que en muchos aspectos han sido el paradigma de las Ciencias Sociales, las cuales son posteriores y han tomado conceptos de las Naturales. De ahí que el término “tolerancia”, en su acepción social, tenga una clara equivalencia con las definiciones anteriores:

1) Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias  (DRAE).

2) Reconocimiento de inmunidad política para quienes profesan religiones distintas de la admitida oficialmente  (DRAE).

3) Derecho reconocido por la ley para celebrar privadamente actos de culto que no son los de la religión del Estado (DRAE).

Desde el punto de vista social, por lo tanto, es evidente que la tolerancia se entiende más o menos desde el mismo punto de vista que desde el natural, es decir, que significa la capacidad que tiene una sociedad para soportar “cuerpos extraños” sin romperse o al menos deteriorarse demasiado, pero dando por hecho que podría llegar a hacerlo. Y este es un debate que está en primera línea en los países con culturas más tolerantes, que son los de Europa occidental sobre todo: hasta qué punto pueden tolerar la presencia en su seno de esos “cuerpos extraños”, especialmente si provienen de otros países o de otras culturas menos tolerantes, que es lo más habitual.

O bien se puede entender la tolerancia como el mayor o menor aguante hacia determinadas prácticas nocivas dentro la propia sociedad. Un caso paradigmático sería el de la violencia de género o machista (no quiero entrar aquí en una discusión sobre el mejor término para definirla, que no es asunto sencillo) que, efectivamente, ha sido tolerada durante demasiado tiempo, en el sentido de que nos parecía mala pero no insoportable.

Pero es dando el salto desde el conjunto de la sociedad hasta la particularidad de cada uno de sus miembros donde, en mi opinión, se producen los mayores equívocos en relación con el término tolerancia. Porque una cosa es que la sociedad en su conjunto sea tolerante con ciertas prácticas o comportamientos y otra que lo sean todos y cada uno de sus integrantes. Y con respecto a la homosexualidad, que es con lo que arrancábamos este artículo, yo diría que la sociedad española se ha hecho tolerante durante las últimas décadas, es decir, que no acaba de asumirla como algo normal, que globalmente sigue produciendo disgusto, pero que se soporta. La homofobia sigue ahí, eso es una realidad.

Pero no es ese mi caso, dado que no recuerdo haber sentido nunca homofobia (y debe de ser una de las pocas fobias que no tengo), ni siquiera cuando era muy joven, por lo que nunca he tenido que hacer el proceso de aceptación o de tolerancia de la realidad homosexual. Vamos, que no la tolero sencillamente porque no me incomoda ni nunca lo ha hecho.

Y lo mismo que me pasa con la homosexualidad me ocurre con la religiosidad mientras no salga del ámbito de lo privado, si bien en este caso sí que he tenido que hacer una evolución personal desde mi total rechazo adolescente a cualquier forma de religión.

No lo soy en cambio, tolerante, con muchas otras cosas con las que creo que sí que lo son muchos de mis compatriotas a título personal y la sociedad española considerada en conjunto. Esos comportamientos que habitualmente se achacan a los políticos o a los poderosos en general pero que realmente están extendidos por todas las capas de la sociedad, no creo que haga falta detallarlos. Y no lo soy de modo tan evidente que recibo el epíteto de “intolerante” con bastante frecuencia. A lo que respondo “y a mucha honra”.

Y es que el que se considere el ser tolerante como un valor positivo por sí mismo y el ser intolerante como negativo sin más, no deja de ser una de esas perversas desviaciones del lenguaje por las que las palabras acaban ocultando lo que hay detrás. Y en vez de considerar si aquello de lo que se trata es o puede ser dañino y por tanto ha de ser tolerado en mayor o menor medida, se cambia el objeto del debate y se cuestiona a las personas por ser más o menos tolerantes. Algo similar a afirmar que lo importante es el diálogo en toda coyuntura, poniéndolo por delante de la consecución de acuerdos y, sobre todo, de la acción y resolución.

Más allá de las crisis económica, social, política e institucional que arrecian cada día más en nuestro país, y no sé si como causa, como consecuencia o como ambas cosas a la vez, se otea una crisis que algunos llaman de valores pero que yo prefiero definir como de conceptos. El que llegara a Presidente del Gobierno un sofista que afirmaba que “las palabras deben estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras” es sólo una etapa más de ese descenso vertiginoso por el tobogán del sinsentido y de la falta de lógica y de rigor ético e intelectual que nos afecta como sociedad, de ese “llamar a las cosas por el nombre que no son” que decía la madre de Joseba Pagazaurtundúa, víctima de ETA.

Una falta de rigor y un pensamiento “light” y buenista que consideran que ser tolerante es, por sì mismo, una cualidad positiva, independientemente de su objeto. Y una sociedad que, si bien en algunos casos acierta de pleno al proponer la “tolerancia cero” con ciertos comportamientos, como la mencionada lacra de la violencia de género, en la mayor parte de las ocasiones patina al practicar una “Tolerancia Zero” con algunos otros que deberían ser inaceptables. Siendo esta “Tolerancia Zero” un típico producto de marketing de nuestra descafeinada y desazucarada sociedad, un sucedáneo similar en apariencia a la verdadera tolerancia o capacidad de soportar algo que nos disgusta, pero que en el fondo no es más que pasotismo, desinterés, ignorancia o falta de criterio ante lo que nos rodea. Y es que queda muy bien como etiqueta eso de definirse como “tolerante”, lo mismo que pasa con “dialogante”. Es lo guay.

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19 respuestas a Tolerancia Zero

  1. Alejandro dijo:

    Dos definiciones de tolerancia, una de un idiota, otra de Savater, a ver si adivinas:

    “Tolerancia es permitir un mal, pudiendo atajarlo, por prudencia; típicamente por considerar que erradicarlo traerá perores consecuencias. La tolerancia, en principio, es un vicio (permitir el mal), no una virtud. Solo es una virtud relativamente, como ejercicio del cálculo político.”

    “La tolerancia es la disposición cívica a convivir armoniosamente con personas de creencias diferentes y aun opuestas a las nuestras, así como con hábitos sociales o costumbres que no compartimos. La tolerancia no es mera indiferencia sino que implica en muchas ocasiones soportar lo que nos disgusta: por supuesto, ser tolerante no impide formular críticas razonadas ni obliga a silenciar nuestra forma de pensar para no herir a quienes piensan de otro modo[…]”

    • alexroa dijo:

      Me lo pones difícil 😉

      • Sí, yo tampoco logro diferenciarlo: “Una de un idiota, otra de Savater”.
        Comunicado: El contenido de este comentario, una broma metalinguística, es tan fácilmente confundible con un insulto personal que entiendo que sea borrado.
        Nótese que la gracia sería la misma con cualquier nombre común o propio.
        Ah y que no se me olvide el 🙂

      • alexroa dijo:

        Marín, eres tan sutil, metalingüístico y e intertextual que a veces no hay quien te siga. Aquí va un 😉

    • alexroa dijo:

      Si al final vamos a ser almas gemelas. Por cierto que una compañera y yo colamos una enmienda en la Ponencia Política de UPyD sobre promover el respeto a los animales.

  2. Muy buena reflexión Álex. En más de una ocasión he sido tachado de intolerante. Pero ¿Dónde están definidos los límites de la tolerancia o de la intolerancia? Porque lo que para una persona puede ser tolerable para otra resulta intolerable. Esa es la cuestión. Y en función de la educación o de la ideología, unos comportamientos o actitudes harán que las personas sean calificadas como tolerantes o intolerantes. Me declaro intolerante con los intolerantes. Y eso es con aquellas personas que no respetan a las demás por el simple hecho de pensar de distinta forma, que insultan y mienten, que roban o asesinan. Sí. Definitivamente soy un intolerante.

  3. Frase de la semana: “No queremos tolerancia, exigimos respeto”

  4. Pilar dijo:

    Muy buena entrada, entonces ¿qué es mejor, ser tolerante o intolerante? O depende… como diría Jarabe de Palo

    Por cierto: el rspeto no se exige, se gana… por lo menos el repeto que a mi me gusta, el que te otorgan y no el que impones

  5. Pingback: Bitacoras.com

  6. Filósofo , que eres un filósofo aunque te revistas de meteorólogo….
    Me encanta el comentario, pero yo cambiaría “ninguna” por “alguna” en el tercer renglón del segundo párrafo…. 😀 ( no me salen “las caritas”)
    Lo “mejor” de las palabras, que lo aguantan todo, es cuando se las utiliza como arma arrojadiza y descalificadora por personas que no saben ni lo que significan… de vez en cuando, solo de vez en cuando , se convierten en certeros bumeranes.
    Siempre nos quedará Savater para poner las cosas en su sitio.
    Brillante, Alex, brillante.
    Un abrazo

    • alexroa dijo:

      Cambiado lo de “ninguna” por “alguna”. Era una errata evidente consecuencia de que la frase originalmente era algo distinta y no lo corregí al cambiarla. No se te escapa una.

      Y hablando de Savater, ¿has visto el vídeo con la intervención en el Congreso en la web de upyd?

      • …. Pues no, la verdad, pero me he leído y releído el artículo que escribió en El País sobre Albert Camus 🙂 Fascinante.
        Escuche una “interesante” entrevista en Herrera en la Onda, en la que se hablo de tema y fue un ejemplo perfecto de que la soberbia es uno de los máximos exponentes de la estupidez humana, cuando el mediocre ser humano no da más de si.
        Te regalo una frase de Maquiavelo:” La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.”
        Voilá.
        Besos

      • alexroa dijo:

        Lo de que si habías visto el vídeo de Savater era una pregunta retórica. Es que no está 😉

  7. ¡Ja,ja,ja,ja,ja,…. ” Las caritas 😀 salen solas…!!!!

  8. manuel ruiz dijo:

    Pues siguiendo con el tema: “Por supuesto, la tolerancia exige un marco compartido de instituciones que deben ser acatadas por todos: quien las niega o las hostiliza está negando también su propio derecho a ser tolerado” (seguro que Alejandro pilla la cita, como yo la suya)

  9. marujaalonso dijo:

    Estáis a un nivel que no lo logro tolerar

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