Dicho sea en términos jurídicos (por José Manuel Ferradas)


la-justicia-se-rinde.el-rotoCorría la segunda mitad de los 40 cuando mi padre fue a estudiar Derecho a Valladolid. Le acompañaba en la misma tarea un antiguo amigo suyo con el que había compartido multitud de vicisitudes a lo largo de su todavía corto recorrido. Fernando, que así se llamaba el tal compañero (nombre que heredó mi hermano pues fue su padrino) era el melómano con peor oído que pisó y pisará la tierra por muchos siglos que ésta permanezca. Sus frases musicales tenían un chirrido propio de gozne medieval. Era imposible determinar si cantaba zarzuela o se había hecho prisionero con la cremallera de la bragueta. No así sus frases verbales desbordantes de ingenio. Precisas, prodigiosas.

Cuentan que una noche, en la pensión que compartían, preguntó la patrona cómo querían el huevo de la cena a lo que Fernando contesto: “El huevo lo quiero fritosss y con muchasss patatasss”  lo que no impidió que le sirvieran un huevo mollet.

Esta  pareja dispar, mano del cariño atávico, tan próxima de sí como distante en el devenir de su tiempo, hizo de la fraseología una pauta, un juego en el que descargar con sutileza las sombras amargas de lo diario.

De aquellos tiempos y a lo largo de una amistad que solo se rompió con la muerte de ambos por riguroso turno, quedan en mi cerebro cientos, tal vez miles de frases que me han forjado una visión de lo cotidiano tendente a lo irónico. Una postura ante lo real que me procure una invulnerabilidad al menos simpática. Poder hablar sin morir en el intento sorteando lo legal con lo correcto y lo inefable a fuer de sortilegio.

Bajan de las nubes a la memoria los latinajos propios de su calaña y, de vez en cuando, resuenan en mis sienes los “in dubio pro reo”, “excusatio non petita acusatio manifesta” y el muy olvidado pero imprescindible “nemo tenetur…” que me reconfortan con mi infancia. Mezclan el olor a goma y pupitre con el más interno aroma de lo aprendido, lo que te forma.

Pero de todos aquellos juegos florales hay uno que late impaciente. Una frase que hace roma cualquier punta hiriente que brote de nuestra boca acalorada.

Cuando la vehemencia mediterránea llevaba a mi padre por el camino del insulto, aunque fuera dentro de razón, siempre cerraba el improperio con una apostilla entre legal y torera que dejaba sin efecto el contraataque. Así, si en un momento dado quería hacer notar a su interlocutor su mala actitud ante un planteamiento o durante una discusión podía decir “señor mío es usted un cretino” y remataba con el infalible “dicho sea en términos jurídicos”  lo que le eximía de responsabilidad y la transfería a las leyes y su jeroglífica interpretación.

Pues bien, siendo fiel a mis orígenes y en atención a mi parecido con los míos, lo que debería darme honor, me dirijo a quienes miden la igualdad fiscal con el rasero torcido de la nobleza, a quienes confunden bienestar con vasallaje, a los que piensan que la seguridad es hija de la represión, a aquellos que comercian con la salud y la educación, a todos los que piensan que trabajar es una deuda y no un derecho, a  esos que reparten sus tartas judiciales degradando el valor de la palabra independencia, a… Y quiero decirles: “Señores míos son ustedes unos miserables”. “Dicho sea en términos jurídicos”.

José Manuel Ferradas

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5 respuestas a Dicho sea en términos jurídicos (por José Manuel Ferradas)

  1. villuela dijo:

    Lo que puedas decir en dos palabras no lo digas en varios párrafos. Dicho sea en términos Gracianescos.

  2. manuel ruiz dijo:

    ¡Ah, la terminología del Foro! ¡Ah de sus retóricas! Ya se que al titular de este blog le resulta el leguleyo como un ser extraño, y su vocabulario un sinsentido incomprensible digno de desaparición, pero …. ¡es que hay que saber por donde se mueve uno!. Ejemplo:

    – Si el jurista inicia su informe (trámite final del juicio donde se suelta el consabido rollo) con un “Con su Venia, Señoría, seré breve”, será anuncio inevitable de tremendo y largo tostón que aconsejará abandonar la Sala de inmediato a quien pueda hacerlo aún.

    – Si tu escuchas a tu abogado alegar ante el juez aquello de “da mi factum dabo tibi Ius” (dame los hechos, que yo te daré el Derecho) no creas que es el rey de los litigios, sino más bien que ha errado hasta el momento en toda la legislación alegada y, ante el desatre, no le queda más remedio que intentar salvar a su cliente con cargo a la presumible sabiduría del Juez.

    – ¡Qué decir de la cita “in dubio pro reo”!, si ve ve forzado a alegarla es que el cliente tiene tal marronazo encima que sólo puede salvarle de galeras la mínima duda razonable, aunque el único que albergue esa duda sea el propio cliente, el pobre.

    Pero no siempre se trata de largar más que nadie, no. Competían dos letrados antes de entrar en Sala sobre cual de los dos era capaz de realizar un Informe con la mayor brevedad. Ganó el segundo. LLegado el momento de efectuarlo, tras la total y larga celebración del juicio, tomo la palabra el primero y dijo “Hágase justicia”. Dio entonces Su Señoría la palabra al segundo que, muy seriamente, dijo: “Sea”.

    Se podría escribir un artículo con este tipo de anécdotas ¿Se admiten invitados? Ejemplo verídico que han visto mis ojos: Atestado de la guardia civil, años setenta, realizando labores de control de menudeo de drogas en una discoteca. “En el local no se observa tráfico de ilícitas sustancias. Solamente una relajación de la moral y las costumbres. Todas las parejas allí presentes se besaban y acariciaban. EXCEPTO LA QUE SUSCRIBE”

    • alexroa dijo:

      Ya sabes, Nono, que estás permanentemente invitado a escribir en este blog y a contarnos tus ardides de leguleyo, tus juveniles andanzas allá por el Cretácico, cuando la Tierra era joven y la deriva de los continentes no había separado aún a Villalba de Woodstock, o lo que Vuesa (que no Buesa) Merced quiera. Es más, yo ya sólo aspiro a ser el editor de este blog y escribir algún artículo de cuando en cuando, como Pedro J., pero no lo consigo, no me aportáis suficiente material. Abrazo.

    • José Manuel Ferradas dijo:

      Querido Tío Nono:
      El abogado era mi padre y la terminología leguleya un juego, una excusa, un recuerdo.
      …Y la fraseología didáctica una llave minúscula que abre mis sentidos a la expresión. Un legado que atesoro.

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