Contra el silencio cómplice (Por Yolanda Guío Cerezo)


Mani22-03-2014

Acabo de leer un artículo de Lorenzo Silva en El Mundo, titulado “Dejadlos morir” (http://www.elmundo.es/espana/2014/03/24/532f6856ca4741116a8b457a.html), que os recomiendo y que me ha llevado a escribir estas rápidas reflexiones sobre la violencia que se desató al final de la las Marchas del 22 M. Agradezco al señor Silva este artículo, uno de los que necesitamos para no perdernos en consignas sectarias de uno u otro lado.

Yo estuve en la manifestación, viví su ambiente festivo, fraternal, durante casi 3 horas y media con cientos de miles de personas (muchísimos más de los que reconoce el gobierno). Yo sí creo que hay motivos para hacer Marchas de la Dignidad, por ello fui, acompañada entre otros por  una amiga que vota a la derecha y que también sabe que sobran razones. Y sin embargo creo que este artículo que habla de las “sombras” del final de este encuentro, es necesario. Me fui justo antes de que comenzaran los altercados, no los viví, pero seguro que el amigo de Lorenzo Silva, que sí estuvo, ha sabido transmitirle al autor muy bien lo que vivió. Y no me gusta, no me gusta nada.

En él cuenta que su amigo estuvo como personal médico en las ambulancias que atendieron a los heridos que hubo al final de la manifestación,  y vivió como muchos de los manifestantes que les rodeaban aplaudían cuando llegaba un policía herido e incluso les conminaban a no atenderlos. Y esto al señor Silva y a su amigo, que tienden a la izquierda, les parece de lo más indigno. No es para menos.

Yo también tengo un corazón de izquierdas, todo lo que tenga que ver con la justicia social me cala hondo, por ello me muevo, aunque seguro que podría hacer mucho más, pero milito en un partido transversal, UPyD, porque me encuentro más cómoda en ambientes donde las consignas no son aquellas en las que se hace manifiesto que los que no están conmigo están contra mí, porque además creo que de todo se puede aprender y todo se puede volver a repensar. Y para ello lo mejor es militar donde el sectarismo no fluye y se dan alas a la libertad y al sentido crítico, esto es lo verdaderamente progresista. Pero no hago este comentario para hacer propaganda de mi partido que, por otro lado, como todos, comete errores en su acción política interna y externa, que habremos de ir corrigiendo, a mi humilde parecer.

Este artículo simplemente me ha recordado por qué a mí me resulta tan difícil el diálogo razonado con unos (muchos de los de derecha) o con otros (bastantes de los de izquierda). Y no lo digo porque necesite hablar de mí, quizá sí, y esta sería la primera vez que lo hago en un medio público, lo digo porque creo que es uno de los peores males de nuestra sociedad, la incapacidad para ponerse en la piel del otro. El gobierno de Mariano Rajoy ha dado muestras reiteradas de esa incapacidad, pero desde luego que los que decían “dejadlos morir”, o los que les alentaban, no tienen perdón, al menos mi perdón, ni deberían tenerlo de ninguna persona de bien, entre los que conozco bastantes en la izquierda, algunos de ellos muy amigos míos. También los conozco en la derecha y en UPyD, un partido transversal donde los haya, pero no es el momento de hablar ahora de ellos.

Ahora lo que me pide el corazón y la cabeza es recordarles a los líderes de la izquierda que han de denunciar alto y claro que no va con ellos la violencia, ni el deseo de ver heridos a los miembros de las fuerzas de seguridad, por mal que a veces, solo a veces y más en unos sectores que en otros, lo hagan (motu proprio o por un erróneo sentido de la disciplina). Es muy probable que entre aquellos de los que habla Lorenzo Silva que acosaban a los policías heridos y a los sanitarios que los curaban no hubiera ningún líder auténtico de la izquierda, por ello seguramente no son directamente responsables de esa falta de humanidad, pero sí que son responsables de su silencio, si lo tienen, ante estos hechos. Porque yo, como Whitman y tantos otros, creo que el silencio muchas veces es culpable: “No caigas en el peor de los errores: el silencio” (Poema “No te detengas” de  Walt Whitman).

Yolanda Guío Cerezo es autora de Ideologías Excluyentes, Ed. Catarata

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14 respuestas a Contra el silencio cómplice (Por Yolanda Guío Cerezo)

  1. aurorasotos dijo:

    ¡Emocionante, sabes llegar al corazón, querida amiga!. Todos podemos cometer errores, pero en nuestra sociedad, hasta ahora, no se permite. Ojalá logremos que cada vez seamos más en salir del silencio. Un abrazo enorme.

    • Yolanda Guío dijo:

      Muchas gracias a tí, Aurora. En ello estamos, y no lo conseguiremos si no le ponemos corazón y coraje. Un fuerte abrazo

    • Raúl Guzzo Conte-Grand dijo:

      Su relato es bello e inteligente.Y muy femenino. La noticia que debíamos comentar es lo numerosa y mansa que fue la gente.Pero, los energúmenos como los de la Rambla, con su violencia organizada y sus invectivas han sido la noticia. La que le convino al gobierno. Idiotas que a mi no me ocultan el verdadero sentido de esa marcha

  2. alexroa dijo:

    Creo que es muy cierto que la izquierda española aún tiene que evolucionar en muchos aspectos. Entre otras cosas tiene que entender aquello que planteó Max Webber sobre el monopolio de la violencia (o de la fuerza, en alemán “Gewaltmonopol des Staates”) como definición del Estado. Se entiende que fuerza o violencia legítimas, claro está, la que ejercen las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad. Donde no existe ese monopolio no hay Estado, como pasa en Afganistán, Somalia, Siria o en amplias zonas de México y, no hace mucho, en Colombia.

    • Yolanda Guío dijo:

      Estimado Alex, evidentemente estás hablando de un estado democrático, que como tal ha de ser lo más legítimo posible, con un estado de derecho que respete los derechos humanos y ciudadanos básicos, y esté constantemente dirigido por personas con sentido democrático auténtico. Todos, políticos y ciudadanos de cualquier signo, pero demócratas, hemos de velar, con nuestra acción o nuestra denuncia, porque nadie haga un uso de la fuerza ilegitimo y/o indigno, ni los ciudadanos, ni, si fuera el caso, las fuerzas de seguridad del estado.

  3. José Manuel Ferradas dijo:

    Magnífico Yolanda. Sensible pero firme como un buen cirujano.
    Por razones del tiempo que recorre mi estructura soy notario de que la barbarie y la violencia no tienen credo solo orientación. Quien silencia la indignidad a sabiendas es partícipe de ella pero me temo, y ya no estoy para temores, que el precio de las urnas les importa más que la decencia.

    • Yolanda Guío dijo:

      Gracias José Manuel, contra la política que solo está atenta a las urnas estamos y seguiremos estando. La POLÍTICA de verdad es otra. Como muchos de ese mundo no lo ven así, así nos va en España, y no solo aquí.

  4. chemalarrea dijo:

    Muy buen artículo además parafraseando a Walt Whitman 😉

  5. mariano lópez dijo:

    Mi querida amiga Yolanda. Este artículo que has enviado está bien estructurado y llevado con fina pluma. Algunos aspectos de tus reflexiones, según mi opinión, son discutibles, pero modestamente este no es el foro ideal para ello. Te felicito por tu texto que como siempre es signo de un estilo de elegante e inteligente escritora

    • Yolanda Guío dijo:

      Querido Mariano, gracias por tu reconocimiento. Ya tendremos ocasión para conversar sobre esos “algunos aspectos” de mis reflexiones que son discutibles. Me gustará escucharte.

  6. Rosa González dijo:

    Querida Yolanda, como comentario de apoyo a tu reflexión no voy a dejar cita de perfil académico o filosófico. Me voy a remitir al refranero popular: “Quien calla…otorga”
    Rosa González

  7. Gloria dijo:

    Hace un par de años decidí no asistir a ninguna manifestación multitudinara, aunque me pese, para proteger mi salud ante problemas de contaminación aerea y/o química
    y lo lamento por que no puedo sentirme en condiciones de opinar con rigor. Pienso siempre que con el tiempo, las aguas vuelven a sus cauces y en unas semanas se podrán analizar mejor todos los elementos que intervinieron en este sarao, que las fuerzas de seguridad comenzaran a actuar antes de la hora que se puso como final de la manifestación fue la gota que colmó el vaso, no se pudo hacer peor. Estaba ansiosa de llegar a casa y escuchar cómo se había desarrollado a lo largo del día y en realidad todo lo que iba viendo no me hizo presagiar un mal final. Puede que hubiera alguien más que presintiera lo mismo, quien sabe, quizas no sería adecuado finalizar la jornada sin algo ciertamente violento que diera un vuelco tal que se tuviera ya tema para los diarios de esa noche incluso para los del los siguientes días.

    • Gema dijo:

      Siento disentir contigo y no por ello eso significa que defiendo la violencia.
      VIOLENCIA:La violencia1 es el tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, 2 provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual o psicológico) a un individuo o una colectividad;3 o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras.4.
      Esta es una definición de violencia y creo que es perfectamente reconocible en ella la actitud y, por qué no decirlo, la aptitud de Gobiernos , instituciones e individuos instalados en el muy conveniente escudo de la democracia, este bendecido sistema que nos somete.
      Estoy harta de la hipocresía, el doble rasero, la ley del embudo y todos los sinónimos que puedan usarse de esta idea, por la cual se juzga desigual e injustamente algunos actos, ideas e individuos.
      Estoy harta de la amenaza guerracivilista contínua y cada vez menos velada si despreciamos o cuestionamos esta mal llamada democracia.
      Yo no tengo que condenar, ni respaldar, ni defender más que aquello que me dicte mi conciencia y en el momento que yo decida y no cuando me lo exijan, ni cuando sea según algunos, el momento políticamente correcto porque entonces no tendría ningún valor.
      Lo siento pero yo me siento maltratada, engañada,acosada por este sistema y no creo que el remedio venga de la misma enfermedad.

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