De los idiotas (I). (Por Aurora Sotos)


ElRoto-Idiotas“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. L. WITTGENSTEIN

El filósofo Fernando Savater ha hecho célebre entre nosotros la palabra idiota (del griego idiotes), utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.

¿Tienen acceso a la política todos los ciudadanos que deseen dedicarse y se consideren capacitados para ello? ¿Existen pruebas de acceso objetivas, o procesos de selección, al menos al estilo del famoso método Grönholm?.

Si la respuesta es afirmativa, entonces podremos animar a todos a que participen en las tareas de la gestión de la polis, pero si no es así, cada individuo que quiera participar en política sin haber sido invitado al “club”, debería saber que estará gastando una gran cantidad de recursos en intentar jugar sin conocer las reglas. Estaríamos, por el contario, ante la acepción de la palabra idiota (del lat. Idiōta) que todos conocemos.

Cuando se considera que el estatus de ciudadano lleva implícita la participación en los asuntos de la polis, en la media en que es objeto y sujeto de sus resultados, es preciso concebir un sistema para que cuando cualquier ciudadano se decida a implicarse en la política, existan ya los cauces para dicha participación.

El sistema construido no puede contener premios ni penalizaciones, sino mecanismos de acceso objetivos y en condiciones de igualdad, de acuerdo con las reglas atribuidas a la democracia.

En ocasiones, las personas necesitan un empujoncito para desarrollar todo aquello de que son capaces. Unas veces es una idea inspiradora y otras es un pequeño reconocimiento de su modo de afrontar la vida y el trabajo lo que las hace conscientes de que pueden cambiar la trayectoria y contribuir al bien general.

No somos organismos que viven por instinto. Experimentamos, aprendemos y actuamos. El mundo cambia con cada paso que damos yhay que aceptar que esto implica un aprendizaje continuo.

¿Cuál puede ser el interés o la atracción de los ciudadanos para participar en la política activa?.

¿Dónde lo aprenderemos, en una escuela, directamente de la experiencia, en internet, o mediante qué mecanismos de aprendizaje?.

En una noticia reciente (octubre 2013) se habla del acceso a la política mediante la creación en España de la carrera “Filosofía, Política y Economía”, como el primer proyecto conjunto de Alianza de cuatro Universidades (A4U): Carlos III, Pompeu Fabra, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid (ofrecen 40 plazas, 20 para cada Comunidad autónoma).

Esta carrera empezó siendo ofrecida por la Universidad de Oxford, a principios del siglo XX. Desde entonces, ha sido uno de los programas con más prestigio en el Reino Unido y ha sido copiada por universidades de todo el mundo. Un ejemplo de ello es el Grupo Russell, que representa 24 importantes universidades del Reino Unido que están comprometidas a mantener la mejor investigación, un destacado cuerpo docente y el aprendizaje de la experiencia, más los vínculos sin igual con las empresas y el sector público.

En la noticia se pregunta, ¿una escuela de políticos?, ¿una carrera elitista? La respuesta está incluida en el propio artículo: Desde la II GM, de los doce Primeros Ministros, tres de ellos (Edward Heath, Harold Wilson y el actual David Cameron) han estudiado esta carrera en la misma universidad. En el gobierno de Cameron, compuesto por 22 ministros (incluidos él y el viceprimer ministro Clegg), tiene a cinco graduados en Política, Filosofía y Economía por Oxford.

Siguiendo la línea de reflexión, ¿quién decide qué hombres y mujeres se dedican a la política?, ¿en qué consiste la libertad y la igualdad de cada ciudadano en las sociedades actuales?, ¿cómo le afecta el desarrollo tecnológico alcanzado al liderazgo y a la forma de hacer política?

Conocemos las organizaciones socio-económicas y políticas que nos han permitido llegar hasta aquí. ¿Qué tipo de organizaciones necesitaremos en el futuro? ¿Qué papel juega la política en todo ello? ¿Cuáles son las causas por las que algunos ciudadanos participan activamente en política y otros no; y por qué las mujeres participan menos que los hombres?

Y, para concluir, ¿son las necesidades de las organizaciones y de las instituciones españolas y europeas del momento, las mismas que las de 20 ó 30 años atrás? ¿Qué estamos haciendo los ciudadanos para dar respuesta a las demandas de los requerimientos de hoy?.

Tomo como referencia, uno de los análisis posibles de nuestras actuales sociedades, el que hace Byung-Chul Han (pensador coreano afincado en Berlín, nueva estrella de la filosofía alemana). La asfixiante competencia laboral, el exhibicionismo digital y la falaz demanda de transparencia política son los males contemporáneos que Han analiza en su obra y selecciono algunas de sus conclusiones:

El esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento. Uno se ve libre y se explota a sí mismo hasta el colapso.

La transparencia que se exige hoy a los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador.

Llama la atención, sobre la contradicción implícita en la frase de que la transparencia pone las bases de la confianza, ya que donde rige la transparencia no hay lugar para la confianza. Y añade que, lo que habría que decir es que la transparencia suprima la confianza. ”Solo se pide transparencia insistentemente en una sociedad en la que la confianza ya no existe como valor”.

Y se ha diluido también la “verdad”, porque en la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia. En la actual sociedad del espectáculo domina la importancia del parecer, de la apariencia. Ahí está el ejemplo de las RRSS, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate. La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.

Seguiremos reflexionando y buscando respuestas a éstas y otras preguntas en las próximas entregas.

Quiero cerrar con una frase que me parece importante tener en cuenta para la futura configuración de las organizaciones privadas o públicas:

“Un hombre inteligente es aquel que sabe ser tan inteligente como para contratar gente más inteligente que él”. JOHN F. KENNEDY

…Continuará.

Aurora Sotos

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10 respuestas a De los idiotas (I). (Por Aurora Sotos)

  1. María Ángeles dijo:

    En ascuas estoy esperando la segunda parte. Mucho me queda que aprender de ti.

  2. Yolanda Guío dijo:

    Querida Aurora, cómo he disfrutado leyendo tu artículo, ¡Qué sabio el señor Han! No puedo estar más de acuerdo, mal que me pese, por lo que ello supone del endiablado mundo de espejismos en el que nos movemos.
    Y por otro lado, ¡brindemos por la inteligencia que se manifiesta sobre todo en saber buscar y valorar la inteligencia ajena!
    Y hagamos del lenguaje un mundo de creatividad y reflexión porque a través de él generamos el mundo en el que vivimos, huyamos de eufemismos y otros males que nos aquejan en el uso de la palabra.
    ¡FELICIDADES!
    Queremos más.

    Un abrazo

  3. aurorasotos dijo:

    Gracias amigas, me alegro de que os haya gustado. ¡Tomadlo con calma! porque, como dice Alex, os llegarán más. Buen fin de semana a todos.

  4. José Luis Zamarriego dijo:

    “La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.

    Lo que temo, amiga Aurora, es que la acumulación de poder en pocas manos posibilite la manipulación de la información.
    No sería necesario destruir el conocimiento como en Alejandría, únicamente pervertirlo.

  5. Rosa González dijo:

    Sé que no soy “idiota” en el sentido griego del término, pero a veces me siento “idiota” en la acepción latina de la palabra.
    ¿Qué tendría que suceder para que los ciudadanos recuperáramos la confianza en la política y los políticos y dejar así de pedir una transparencia que, en muchos casos, no sabemos interpretar por ser “idiotas”?
    Gracias Aurora por esta primera parte de tan interesante reflexión.

  6. aurorasotos dijo:

    Gracias a ti, Rosa, por tu aportación.

  7. Eduardo dijo:

    Muy buenas. Seré breve porque el formato no da para más.
    Sigo pensando que el mejor perfil de político nos lo dió nuestro profesor Camacho: un especialista con una formación transversal.
    Me parece erróneo pensar que una determinada formación o una determinada profesión, además por separado, cualifica especialmente para ser político; porque restringe el acceso a esa noble función y favorece la cooptación.
    Otra idea: desde luego la transparencia en el ejercicio de potestades públicas es exigible siempre, y aunque pueda generar confianza ésta no puede menoscabar de ningún modo a la transparencia, la cual debe ser siempre tan plena con confianza como sin ella.
    Y, bueno, me parece totalmente cierto que la apariencia se confunde con la verdad y que una manera de desinformar es enterrarnos en información. Un abrazo.

  8. aurorasotos dijo:

    Muchas gracias por tu aportación, Eduardo. Una pena que hayan pasado días y la verán menos interesados (es la inmediatez que nos exigen las RRSS). A ver si hay suerte y algunos se vuelven a pasar por aquí. Un abrazo.

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