Laicismo vs laicidad (Por Óscar Ibáñez Vicente)


OscarIbañezSi te pones a viajar podrá ser que encuentres ciudades sin murallas, sin literatura, sin leyes, sin casas, sin riquezas y sin moneda, pero no encontrarás ninguna sin templos o sin dioses“.

PLUTARCO

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Escribo este artículo tras leer y observar la polémica generada por la posición del partido en el que milito, dándo mi punto de vista personal, único y totalmente discutible sobre el artículo que toma cierta cita del evangelio, y a la posición general del partido, que aboga por un sistema de relaciones estado-confesiones religiosas de configuración “laicista”.

Estoy en desacuerdo, porque tanto el hecho de pertenecer a mi partido, como mi conciencia, obligan a mi persona a generar valoraciones de lo que creo necesario mejorar y matizar, y me gustaría exponer como creo detectar cierta controversia en el uso de términos, para algunos compañeros sinónimos, pero para mí completamente diferentes: Laicismo y laicidad.

El sistema del laicidad, se basa en la separación de las confesiones religiosas (no es justo englobar en “la iglesia” a todas estas) del estado, pero sin embargo, promueve la relación positiva entre estas, e incluso la cooperación en ciertos ámbitos. El estado no toma la religión, el hecho religioso, como algo negativo, sino como un valor positivo y presente, que tiene una repercusión en la sociedad. Ejemplos de estados que siguen un sistema de laicidad, son España, Alemania o Italia.

Por otra parte, el sistema laicista, aboga por una separación entre confesiones y estado, pero de un modo absoluto. No es bueno que se relacionen, no se considera un hecho ni positivo, ni negativo. Simplemente, se retira a la religión al ámbito privado de cada ciudadano, desentendiéndose el estado de este factor que influye en el ámbito cultural, social y espiritual. El ejemplo paradigmático, es Francia.

¿Qué problemáticas plantea esta diferencia? ¿Por qué sistema apuesta un servidor?

Hace unas horas, debatiendo con compañeros, expliqué que no considero que sean sinónimos los términos “laicismo” y “laicidad”, y que interesadamente, el derecho eclesiástico estatal se haya propuesto crear esta división. Es un hecho que la posición ante la religión en diferentes estados puede englobarse en diferentes tipologías, requiriendo de una clasificación. Es frontalmente diferente la relación confesiones-estado de Francia, con la de España o con la de la República Popular China, por lo que es necesario para el derecho, crear divisiones a efectos docentes y de investigación.

De todos modos, soy un ferviente defensor de la separación confesiones-estado, pero no considero negativo para la democracia que la gente pueda expresar públicamente sus ideas religiosas, siempre que no alteren el orden público y la paz social. Parafraseando al gran Savater y permitiéndome una licencia, yo no diría que “El laicismo no es una opción institucional entre otras: es tan inseparable de la democracia como el sufragio universal”, sino que afinaría, y diría que lo que es inseparable de la democracia, no es el laicismo, sino la separación confesiones-estado, que puede ser manifestada de diversos modos (como el propio laicismo).

Hay que dejar claro que laicidad no significa privilegios, significa más bien un reconocimiento de la envergadura social del hecho religioso que se manifiesta en los ciudadanos y en sus vidas. Personalmente, abogo por un sistema de autogestión de las confesiones religiosas, similar al alemán, eliminando partidas y porcentajes dedicados específicamente a las confesiones de cualquier tipo. El que se sienta parte de una religión, debería tener el deber de mantenerla, no solo espiritualmente, sino económicamente mediante una aportación, revisada en todo caso por las autoridades tributarias estatales, sin generar necesariamente un beneficio fiscal posterior al contribuyente.

No obstante, debería incidir en que el sistema de laicidad, desde mi particular punto de vista, es el que más aboga por una sociedad intercultural, donde las diferentes culturas conviven en diversidad unidas por algo en común: los derechos fundamentales, y teniendo como límite estos mismos, perfilados por el orden público de cada estado.

El estado no debe considerarse indiferente ante un factor influyente en las culturas como es la religión de ciertos colectivos y poblaciones. No puede ponerse una venda en los ojos, sabiendo que diferentes ciudadanos con religiones y creencias diversas, pueden generar conflictos entre ellos.

La solución a este hecho patente, no es declarar la neutralidad del estado y no colaborar con las confesiones para generar un clima de convivencia adecuado, sino que el estado debe de dialogar con las confesiones, llegando a acuerdos con estas, en pos de una sociedad intercultural.

Se gana mucho más con el diálogo que con la imposición de una neutralidad laicista aparente, que realmente, si toma posición del hecho religioso, eliminándolo de la vida pública, como se ha hecho en Francia, donde se comienza asimilando a la población religiosamente mediante una supuesta posición neutral, y se acaba asimilando culturalmente, desembocando en una uniformidad peligrosa.

De ahí, que la eliminación completa de los símbolos religiosos en los funcionarios estatales, me resulte un tema bastante rebatible ¿Generan estos un perjuicio en el servicio que los funcionarios deben prestar? ¿Atentan contra el orden público y la seguridad? ¿Acaso un crucifijo en un colgante o un hiyab generan un aura de conversión religiosa a los ciudadanos que asisten a los edificios públicos? ¿No es acaso positivo que el funcionario también refleje la realidad social de los ciudadanos del país, mientras no atenten contra la seguridad o los requisitos de todo buen servicio público?

Finalmente, y ante el constante argumento de si el reconocimiento de las religiones es o no un privilegio, dejo una cita del jurista romano Domicio Ulpiano, que definió en su momento, el concepto de justicia, contraria a los privilegios:

La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho

Siempre discutible, siempre escuchando y siempre aprendiendo:

Óscar Ibáñez Vicente

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4 respuestas a Laicismo vs laicidad (Por Óscar Ibáñez Vicente)

  1. aurorasotos dijo:

    Se agradecen las posiciones abiertas y argumentadas, ante tanto ruido que nos circunda. Es importante no enredarse en la semántica y más importante aún reconocer el derecho del otro al mismo nivel que el mío propio. Gracias Oscar.

  2. Yolanda Guío dijo:

    Interesante artículo y reflexiones Oscar, aunque no comparto tus conclusiones. Sinceramente no veo la necesidad de estar distinguiendo entre laicismo y laicidad. Me temo, ayudada en la reflexión por Savater que “laicidad” es la “cantidad de laicismo que la iglesia tolera”. Los que consideramos que el Estado ha de ser laico, no solo aconfesional, y que el laicismo es un requisito imprescindible de la democracia no necesitamos más ambages. Soy partidaria de dar igualdad de oportunidades a cualquier religión que respete los derechos humanos y constitucionales de nuestra sociedad democrática, respeto su existencia y punto. Ello no me lleva a querer acuerdos entre iglesias y estados, ni a considerar que en horario lectivo se hayan de dar contenidos religiosos. La religión pertenece a la esfera de lo privado, o de lo social, pero no de lo “público”. Los valores que todos hemos de compartir para vivir en democracia, se han de enseñar en los centros educativos, y no han de ser tamizados, ni cuestionados, por ningún credo. Por ello en los centros escolares no debiera impartirse religión alguna.
    Por otro lado, conviene recordar, como hace Savater, que el cristianismo fundó las bases de la separación Iglesia-Estado, y que, si no he olvidado, nuestro gran Díez del Corral, nos mostró como el concepto de progreso es judeocristiano y ha condicionado nuestro sentido histórico lineal (que permite un gran avance tecnológico) muy diferente al de otras religiones.
    En todo caso he encontrado este documento en la red que habla sobre el tema a través de diversos autores, empezando por Savater, y siguiendo por Stasi que, sin embargo, dice que lo que se hace en Francia es laicidad (cosa que creo ver que no compartes):
    http://www.izqrepublicana.es/elpartido/democracialaica.pdf

    Un saludo afectuoso

  3. chemalarrea dijo:

    Hay que establecer nivel estatal la diferenciación Iglesia-Estado (o cualquier religión-Estado). Pero no por ello ser laicistas. El laicismo supone una reacción frente a las posiciones de la Iglesia católica (o de la confesión correspondiente). Por ello abogo por un Estado laico, no laicista.

  4. Estimados compañeros, aunque con retraso me gustaría comentar sobre este interesantísimo asunto. Mi percepción es muy similar a la de Chema Larrea en este caso. Creo que el laicismo, como lo expresa Sabater, es más una comprensible (hasta cierto punto) sobrerreacción a los siglos de oscurantismo y manipulación de las jerarquías religiosas, que una postura equilibrada y racional. Tanto es así, que hoy en día, necesitamos más cuidarnos casi, del reduccionismo nihilista ateo, que de las esferas eclesiásticas. Es la corriente mencionada, una forma más de creencia que, muchas veces, por no decir siempre, roza el más rancio de los sectarismos de las religiones que pretende denunciar o combatir. Negar que el ser humano tiene un hemisferio derecho que se rige por analogías simbólicas y emociones, es como negar que tiene uno izquierdo que se rige por la razón y la lógica. Y negar la realidad no es más que una forma de locura. Sacar a las religiones de la política sí… Pero incluido el nihilismo ateo.

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