Europa y las trampas del lenguaje (Por Aurora Sotos)


“El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
Una representación lógica de hechos es un pensamiento. 
Un pensamiento es una proposición con significado”.

L. WITTGENSTEIN

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Con la palabra Europa nos encontramos ante un término polisémico, equivalente a un poliedro de infinitas caras. Como ocurre con todos los mitos, el mito de Europa sustenta la cosmovisión de un pueblo y tiene múltiples interpretaciones.

Sabemos que el nombre del continente, surge de las obras de Homero como reina mitológica de Creta, que es seducida y raptada por el dios Zeus, por enamoramiento, o por venganza, según las interpretaciones de Ovidio, o de Herodoto.

RaptoEuropa

El rapto de Europa (Acuarela de Gustave Moreau, 1869)

Hasta el siglo XVI el término Europa no era de uso general, se prefería referirse a ella como “La Cristiandad”. Esta expresión, desde el Renacimiento y la Reforma, comenzó a ser sustituida por el nombre propio del continente, con menos connotaciones confesionales-culturales.

Actualmente, Europa suele ser usada tanto de manera amplia, para designar a la península más occidental de Eurasia, como de modo más restringido, los estados miembros de la Unión Europea (UE). También se utiliza para aludir a una serie de naciones que comparten una identidad cultural común a la cual se califica de “europea”. Mientras que los habitantes de algunas islas europeas -especialmente Irlanda o el Reino Unido y Escandinavia-, se refieren a la Europa continental como “el Continente”.

Los terribles desastres que produjeron las dos guerras mundiales en territorio europeo y la pérdida de la preeminencia en los asuntos mundiales, que Europa tenía desde el s. XVI, llevaron al liderazgo a EEUU y la Unión Soviética. Surge entonces la idea de formar una Unión Europea.

Esta unión política y económica viene marcada por la existencia de un ente al que actualmente pertenecen 28 países y al que muchos otros están interesados en incorporarse.

Europa28

Uno de los veintiocho es España, por lo que cada vez que oigo hablar de Europa como lo otro, lo que está fuera, lo que nos determina desde arriba, siento la necesidad de preguntar, ¿será que España no forma parte de Europa?, ¿será que Europa es un ente abstracto en forma de gobierno que toma decisiones que nos afectan, sin que participemos en ello?

Si tenemos en cuenta que el lenguaje expresa nuestros pensamientos y sentimientos, podemos fácilmente deducir que cada vez que pronunciamos la palabra Europa de esta manera, nos estamos posicionando fuera o, como mínimo, al lado. Nunca formando parte intrínseca de esa unidad.

Cuando decimos que Europa nos prescribe lo que debemos hacer los españoles, siendo miembros del club UE, estamos asumiendo una posición de victimismo que justifica la asignación de ciertas ventajas socioeconómicas para compensar nuestra condición de marginalidad.

Como se indica en los estudios antropológicos, este sentimiento de pertenencia y de referencia al otro al mismo tiempo, es característico de los grupos liminales, los que están en el límite. Este sentir es el que expresa el lenguaje: ni claramente dentro, ni claramente fuera.

Esta situación la define muy bien mi amiga Yolanda Guío en su ensayo Ideologías excluyentes: “…la liminalidad siempre es vivida como un peligro, un foco de contaminación que hay que extirpar o tener a buen recaudo. En todo caso, hay que estar muy atentos al autoconcepto”.

Las clasificaciones quedan patentes en el lenguaje de todos: hablamos de países europeos periféricos, o se dice que los mediterráneos tienen unas pautas socioeconómicas diferentes de lo que se espera desde el centro y norte de Europa, o desde la burocracia que regula la UE.

DiaEuropaEs decir, cuidado con la forma en que nos perciben, pues no es ajena a cómo nos percibimos nosotros mismos. ¿, como hablas de Europa?

¿Cómo se construye la identidad, mediante el talento y la singularidad? No, se construye sobre todo desde la diferencia, no desde lo complementario. Esa construcción parece exigir la eliminación del contrario.

Por primera vez en la historia de conflictos e incompatibilidades, la guerra no es el recurso omnipresente, cohabitamos y compartimos un mundo de conversaciones en red que produce un relato diferente.

Cambiar la identidad supone una metamorfosis. ¿Cambiarán estos sentimientos y pensamientos de los ciudadanos sólo por la vía de la economía y la política?.

En una época en que nos pensamos globalizados, eso nos configura espacialmente como reticulares y funcionalmente como interdependientes. La identidad posiciona en jerarquía vertical y esto es irreconciliable con un modelo integrador de funciones interdependientes.

En una sociedad configurada en red, ¿qué sentido tiene, competir por unas posiciones diferenciadoras y exclusivas?

Si todos los elementos están interconectados en la red, el resultado individual es causa y efecto del resultado global. Cuando alguno de los nodos de la red reivindica su identidad, selecciona las señas de pertenencia que le fortalecen y contribuye a la debilidad del conjunto. El tipo de liderazgo nodal es liderazgo de seguidores, y es frontalmente diferente del liderazgo de líderes que caracteriza a la configuración reticular.

En este contexto, cuando un grupo de hombres se pregunta por su identidad, la situación está retrocediendo en el tiempo, ya que en una configuración reticular-global las respuestas a esa pregunta son, o tautológicas, o tan genéricas que no permiten la operación de identidad, es decir, ni diferencian, ni cohesionan.

¿Necesitamos una identidad europea, o bastará con que cambiemos el lenguaje?

Aurora Sotos

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3 respuestas a Europa y las trampas del lenguaje (Por Aurora Sotos)

  1. Rosa González dijo:

    La identidad europea se irá desarrollando con el tiempo (y muchas cañas) y se moldeará según el devenir de los acontecimientos a lo largo de los años. El lenguaje ahí, siempre presente, impregnándolo todo aunque a veces no seamos conscientes de ello. Llegará el día en que hablemos de Europa en 1ª persona de singular y plural, lo que no sé, es si nosotros llegaremos a verlo.
    Gracias Aurora, por favor sigue escribiendo.
    Rosa González

  2. aurorasotos dijo:

    Gracias a ti, Rosa, por tu aportación. Te propongo que el próximo lo escribamos juntas, ¿aceptas?. Un abrazo.

  3. Yolanda Guío dijo:

    Aurora qué estupendas reflexiones, si todo esto que planteas lo vislumbraran solamente un poco la mayoría de nuestros políticos europeos los resultados electorales hubieran sido otros. Pero hete aquí que sabemos, según últimas noticias, que tendremos en torno a 100 escaños de euroexcépticos, la mayoría enfermos de identidad de las que excluyen, de las populistas, de los que buscan chivos expiatorios. Habrá que seguir luchando para que no quieran campar a sus anchas una vez más por nuestra querida Europa.

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