El beso que no dí, las oportunidades perdidas y el pensamiento grupal (Por Gregorio Pintor)


PensamientoGrupalDesde los 30 meses hasta los siete años mis abuelos maternos me criaron, ya era el mayor de tres hermanos; cosas de los años sesenta, no había televisión. Mis padres vivían en un sótano de la Calle Labrador, esquina al Paseo De La Esperanza, en el barrio de Embajadores, mis abuelos en el mismo portal en la cuarta planta. A mis abuelos les recuerdo como si fuesen omniscientes, buenos, sabios, casi todopoderosos. Mi mundo era mi calle, con su estación de tren, su fábrica de hielo, sus “ultramarinos”, el puesto verde de chuches donde cada domingo compraba mis pastillas de leche de burra, y el colegio de doña Juanita.  Entonces todo tenía sentido; los niños nacían porque les traía la cigüeña, previa lectura y consideración de una carta que los padres escribían, la lluvia la generaban los angelitos que hacían pis desde las nubes, y estas se creaban  del espeso humo  que expulsaban las chimeneas de los trenes de vapor. Sí, todo tenía sentido.

Con la adolescencia llegó el grupo de amigos, las complejas relaciones sociales grupales y la preocupación por la posición o imagen dentro del mismo. Recuerdo sus rostros, nombres y el papel que cada uno desempeñaba en el grupo: El jefe era Serrano, Ibernón era su mejor amigo, fuerte y pegón; Millán era el más listo pero muy tímido, de mirada huidiza y hablaba muy bajito, Antonio era el gracioso, siempre contaba chistes y era el más atrevido a la hora de hablar con las chicas, José Carlos era intrépido, el “anti sistema” del grupo; cuando ser anti sistema consistía en escupir al suelo, decir palabrotas, apedrear a un golondrino y saltarse alguna que otra clase de doña Juanita.

Una día con mis amigos me crucé con mi abuelo, me adelanté al grupo para llegar antes y le ofrecí  la mano para saludarle.  -“¿qué haces? ¡a mí no de des la mano que soy tu abuelo!  – y me abrazó y besó de manera exagerada ¡Delante de todos! la peor humillación delante de mis amigos, tratado como un niño, y no lo era, ¡ya tenía 12 años!. Durante algunos días sufrí las lógicas bromas, que soporté estoicamente. Desde ese día procuraba evitar a mi abuelo en la calle, especialmente si yo iba acompañado.

Una tarde de algunas semanas después, de regreso a casa desde el colegio con los amigos, mi abuelo estaba charlado con un grupo de vecinos cerca del portal; para no pasar delante de él y evitar la bochornosa escena de los besos y carantoñas, crucé la calle oculto entre los coches aparcados, volví a cruzar y apresuradamente me introduje en el portal para que no me viese. Batalla ganada. Había evitado la bochornosa escena, mi orgullo estaba a salvo. Esa noche se puso enfermo y le ingresaron en el hospital, no le volví a ver.

Fue una dura lección de la vida, luego vendrían otras. Aprendí de repente que es muy importante decir a la gente que quieres, que les quieres, que nunca sabes cuándo va a ser la última vez que ves a alguien. También aprendí acerca de las oportunidades perdidas, de la influencia que los demás ejercían sobre mi y de todos sobre todos. Esa mano invisible (real o imaginada) que te empuja a comportarte ante los demás como tú crees que los demás esperan que te comportes. A lo largo de los años he pertenecido a muchos grupos de amigos, de trabajo, culturales, estudiantiles… he intentado esquivarla, pero con relativo éxito. Conocer la existencia de esta mano invisible, y saber su funcionamiento, ha sido y es un arma de control social de primer orden; permite el control puntual de reuniones y asambleas y hasta determinar el destino de empresas y países.

No hace falta que este mecanismo de presión social esté dirigido, pues está enraizado en cada uno de nosotros, normalmente no valoramos  el grado en que somos inducidos a seguir al grupo, y nos plegamos a la opinión mayoritaria para buscar la aprobación de la mayoría y así evitar la “disidencia” del desacuerdo; Aunque es cierto que cuanto más autoridad tiene el individuo tiene dentro del grupo, es mucho más aceptada una opinión o una conducta distinta. Quizá porque soy consciente de esto, me esfuerzo mucho en mi trabajo, se que cuanto más reconocimiento y “saber hacer” más libre me siento para expresar opiniones disidentes, cuando las tengo.

En las organizaciones políticas es un verdadero problema, pues favorece vicios como el amiguismo  y la toma de toma de decisiones erróneas; más teniendo en cuenta que muchos dirigentes se rodean consciente o inconscientemente de personas que apenas muestran desacuerdo con el líder. Es importante rodearse de personas creativas, con criterio para mostrar el desacuerdo si lo consideran, ya que un grupo dirigente cohesionado de manera inconsciente (otra vez la mano invisible) hace que las personas busquen la coincidencia y esta búsqueda de la coincidencia les retroalimenta y hace descartar otras posibles vías de acción.

En nuestra joven organización política no estamos a salvo de estos peligros, pero tenemos poderosas herramientas que tratan de impedir este “pensamiento Grupal” o “Capillismo” como se le denomina en algunos textos. La regeneración democrática es este mecanismo que nos diferencia de los demás, que nos permite sentirnos más libres para mostrar opiniones no mayoritarias, que nos permite contrastar los argumentos con los demás en igualdad de condiciones. Porque ser de UPyD nos permite ejercer nuestro derecho a discrepar y a participar en el proceso de mejora continua que necesita nuestro partido, que está destinado, no me cabe duda, de cambiar la historia de nuestro país.

Gregorio Pintor Dargel

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5 respuestas a El beso que no dí, las oportunidades perdidas y el pensamiento grupal (Por Gregorio Pintor)

  1. Pingback: Cuando el Marketing supera la Honestidad. Cuando se cae en negar la realidad. Resultados de UPyD en las Elecciones al Parlamento Europeo 2014 | Opinión del Fantasma Magenta

  2. Yolanda Guío dijo:

    ¡Qué bonito lo has contado Gregorio! Felicidades.

  3. Interesante y muy pertinente reflexión. Ese ser consciente y a la vez saber sostener la presión de la “mano invisible grupal” es lo que nos hace Ciudadanos y no miembros de una tribu o de una secta. La diferencia entre grupo y secta, no es nada más que esa consciencia y esa madurez. Un saludo y gracias.

  4. José Manuel Ferradas dijo:

    Recuerdos tan actuales que forman parte de todos los tiempos. Coincido en la influencia coexistente con la afirmación de la personalidad. Porque quien no se tiene a sí mismo nada tiene que ofrecer.
    Un abrazo

  5. Rosa González dijo:

    Me ha gustado lo que has escrito. Gracias por compartir tus reflexiones Gregorio.
    Rosa González (sobrina-nieta de Doña Juanita)

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