Sólo UPyD mira hacia el futuro


El verdadero progresista tiene sus raíces en el futuro, no en el pasado

Fernando Savater

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ProclamacionJuanCarlosI 001Vivimos tiempos interesantes en España, no cabe duda. Ya tocaba, por cierto, dada esa costumbre que tenemos los españoles de ponerlo todo patas arriba cada treinta y cinco o cuarenta años. La vez anterior me tocó siendo niño. Un niño que se fijaba en todo, como el búho del chiste, y que con nueve o diez años ya leía los periódicos y revistas que compraba mi padre, además del Mortadelo y del Zipi y Zape, niño al fin y al cabo, aunque rarito. Guardo bastantes periódicos y revistas de aquella época, heredados de él, incluyendo el diario ABC del 23 de noviembre de 1975, día siguiente al de la proclamación de Juan Carlos I, y resulta bastante curioso leer las cosas escritas entonces, tan similares a las publicadas casi cuarenta años después con motivo del inicio del reinado de su hijo. Es verdad que entonces casi todos los comentarios eran esperanzados, porque veníamos de donde veníamos, de la pobreza cierta y de la incuestionable falta de libertades, mientras que ahora venimos de una riqueza incierta y de una  cuestionable mezcla del grado adecuado de libertad con dosis claramente insuficientes de responsabilidad, solidaridad y visión de futuro.

Será por eso que, oyendo a unos y a otros estos días, podría dar la impresión de que esta vez sí que es el fin del mundo. O al menos el fin de España tal y como quedó configurada hace cinco siglos, más o menos. Que la caída del bipartidismo, el ascenso de la nueva fuerza política Podemos, el desafío independentista catalán y la abdicación de Juan Carlos Primero van a suponer un trauma irreparable para la nación española, un antes y un después, un corte nítido entre un tiempo histórico y otro.

Pero ni Juan Carlos Primero es el primer rey que adbica en España, en absoluto, ni las pulsiones independentistas catalanas y vascas son una novedad; ni la crisis económica que aún nos golpea es la peor de todos los tiempos, ni es la primera vez que desaparece un partido político o que aparecen otros nuevos. Paradójicamente, tanta desmemoria me trae a la mente el personaje borgiano de Funes el Memorioso, que como consecuencia de un golpe en la cabeza había adquirido una memoria perfecta, absoluta, aunque a cambio se había quedado inválido, cosa a la que daba poca importancia, porque “sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho“, y porque “podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero“.

Sin embargo, Funes, precisamente por tener tanta memoria, “era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez.”

Como a Ireneo Funes, que ese era el nombre completo del personaje, a los españoles de hoy en día el exceso de información, que no de memoria, nos hace que nuestra cara en el espejo, nuestras propias manos, nos sorprendan cada vez. Hace que no concibamos que el perro de las tres y catorce, visto de frente, sea el mismo que tres y cuarto, visto de perfil. Pero lo cierto es que las cosas se repiten con insistencia, aunque cambien ligeramente de aspecto o de postura, para que las veamos desde otro punto de vista y nos engañemos creyendo que son nuevas.

Por eso podemos mantener la ficción de que el cambio del titular de una institución milenaria, encarnada en una familia que lleva tres siglos en el puesto, pero que desciende de otras familias que en siglos anteriores lo ocuparon, manteniendo de ese modo un privilegio de cuna, frontalmente contrario a uno de los principios esenciales de la democracia, supone un paso adelante y una renovación, y nos consolamos unos a otros diciendo que es un mal menor, sin habernos siquiera planteado seriamente la alternativa.

Por eso un partido que encarna sin disimulo el conservadurismo y la cultura más tradicional de España en todos los sentidos, incluyendo el amiguismo, la chapuza y la corrupción en todas las escalas, se permite día sí y día también anunciar una montaña de reformas para mejorar la transparencia, la ética pública y la participación ciudadana, para día sí y día también parir un ratoncito, o bien directamente echarse atrás y decir que no es el momento, que ahora lo que toca es la economía. Y así, con el freno de mano permanentemente puesto, pretende que avancemos no se sabe hacia dónde.

Por eso otro partido más que centenario que se llama a sí mismo progresista, pero que no es capaz de reconocer su propia cara en el espejo, ni sus propios añicos desperdigados por el suelo, pretende volver a recuperar su antigua gloria por el solo hecho de poner en la primera fila a un líder joven, mejor si no ha hecho nada fuera del partido y aún mejor si dentro tampoco ha destacado mucho. O sea, lo mismo que hicieron hace catorce años con el nefasto resultado ya conocido por todos y hasta reconocido por ellos mismos. Y así, con la vieja etiqueta de “progresistas” descolorida y a punto de despegarse del todo, continúan su firme rumbo hacia la irrelevancia total, añorando los buenos tiempos de Felipe, aquellos años 80 del pasado siglo en los que tuvieron todo el poder en sus manos, casi hasta el del pensamiento único, obligatorio y políticamente correcto, pero aún así no consiguieron hacernos a todos los españoles a su imagen y semejanza. No es sólo que sean conservadores, es que están enfermos de nostalgia, de lo que pudo haber sido y no fue, y esa enfermedad del alma no tiene remedio.

Por eso siguen existiendo y aún proliferando partidos basados en la nostalgia de un tiempo que nunca fue y de unos hechos que nunca tuvieron lugar en un territorio que tampoco fue el que ellos quieren creer y hacernos creer. Pero, ¿quién puede luchar contra los mitos? ¿De qué sirve hacerles ver que su idealizado pasado, lo sitúen en la Alta Edad Media o en una Arcadia primordial y atemporal, a la fuerza era mucho peor que el presente, porque, como bien sabe cualquiera que haya estudiado historia, el pasado era un asco? A ellos les da lo mismo, son totalmente inmunes y refractarios a esas críticas. Y la verdad es que a veces les entiendo, porque a mí también me gusta perderme de vez en cuando en la Tierra Media, en el Universo Marvel o en el de Star Wars. Eso sí, no lo incluiría en un programa político.

Y por eso aparecen con impresionante fuerza movimientos totalmente bienintencionados de reforma de la vida pública, pero movimientos sin forma ni dirección, que son rápidamente aprovechados por iluminados que se ponen al frente del “pueblo” (no de los ciudadanos, del pueblo, matiz importante, pues “los ciudadanos”, sustantivo en plural, tienen voces individuales, pero “el pueblo” se supone que sólo ha de tener una como sustantivo en singular que es) para llevarlo en la dirección que les interesa, que no es otra que la de repetir los errores ya cometidos desde hace cien años en la vieja Europa y desde hace décadas en la nueva América. Errores que han llevado sistemáticamente a los países en los que se han aplicado a la ruina, la miseria, el caos y hasta la guerra civil. Miedo da pensar que algunos de los que pretenden liderar este movimiento ciudadano legítimamente indignado tengan como paradigma la desastrosa Segunda República Española, para ellos una especie de Edén en el que los árboles daban leche y miel, destruido por el Maligno de corta estatura y voz aflautada y sus negros, azules y pardos secuaces, pero que realmente fue un desastre desde el primero hasta el último día de su breve y convulsa existencia.

Y entre este batiburrillo de fuerzas políticas con el retrovisor puesto, sea en el pasado inmediato e intemporal, en los felices años ochenta del siglo XX, en la paradisíaca Segunda República de hace ocho décadas, en los épicos tiempos de Jaime el Conquistador, ocho siglos nos separan, en la Arcadia primordial en la que vivían los pueblos del norte de la Península desde hace al menos ocho milenios hasta que llegaron esos romanos fascistas e imperialistas con sus calzadas, sus termas y su civilización, o en las felices repúblicas bolivarianas a ocho mil kilómetros de nuestro país pero a un mundo sociológico de distancia; entre ese batiburrillo de fuerzas políticas, decía, hay al menos una, y quizás sólo una, que prefiere mirar hacia el frente, con las luces más cortas o más largas, según días, pero que tiene claro que la única dirección correcta es el futuro, que lleva en la guantera mapas que aunque en algunos casos sean del siglo XVIII no dejan de ser eternos, porque los concepto de ciudadanía, de separación de poderes o de libertades públicas no son perecederos, y que si usa el retrovisor es tan sólo para reconocer lo que hemos dejado atrás, por si nos lo volvemos a encontrar, y para ver como el resto de fuerzas políticas, perdidas en sus bucles nostálgicos, se van quedando retrasadas irremisiblemente, sin siquiera ser conscientes de ello.

PresentePasadoFuturo

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7 respuestas a Sólo UPyD mira hacia el futuro

  1. aurorasotos dijo:

    Querido Alex, tardabas y me impacientaba, pero la larga espera ha sido muy muy recompensada: sólo puedo decir como en los grandes eventos, ¡Bravo!.

    • alexroa dijo:

      Gracias, Aurora, pero era necesario un proceso de reflexión para escribir adecuadamente sobre todo lo que ha ocurrido este último e intenso mes. Varias veces inicié este artículo y varias veces lo tiré.

  2. Jose Pantoja dijo:

    Parece que en el Partido no se plantea la cuestión republicana, diría mas bien que se deduce un apoyo más o menos explicito a la monarquía condicionada a mejoras. Quizás sea lo más sensato, teniendo en cuenta que “España es diferent” La cuestión es que si reivindicamos la igualdad de deberes y de derechos de todos los ciudadanos pero admitimos privilegios de cuna, parece que no encaja el asunto. Esta cuestión va a tener cada día un mayor peso e importancia porque la mayoría de los jóvenes son republicanos. Sería muy positivo ofrecer, negro sobre blanco, nuestra apuesta de futuro.

  3. Pilar dijo:

    Estos últimos días he entendido más que nunca la idea lampedusiana de que todo cambie para que todo siga igual.

    Estos último días he sido insultada en RRSS y en persona, por gente muy “demócrata” y “comprometida” por defender la idea de la necesidad de un referendum. Pero curiosamente también he sido vilipendiada por los pro-repúblicanos simplemente por defender una República no excluyente y que marcara ruptura con la Segunda.

    Me da igual. Ya sé que en esta vida siempre me voy a encontrar con oponentes, pero siempre he defendido la discusión desde el respeto y admitiendo que el contrario puede tener algo o incluso mucha razón.

    Pero hoy he dedidido que mi próximo voto irá a Podemos. No porque crea que sea lo mejor para España, de hecho no he dejado en este mes de advertir del peligro de Podemos y de Pablo Iglesias. Sin embargo hoy he decidido que me voy a salir de la rueda lampedusiana y a España que la den por donde amargan los pepinos. Los españoles tenemos un problema: nunca sabemos pensar en el bien común, pensamos en nuestro culo y en nuestra conveniencia. UPyD es más o menos igual: hace sus cálculos y ahora toca esto o lo otro, pensando sólo en el partido; ni siquiera, pensando sólo en lo cómodo para las cabezas visibles del partido.Y la mayoría de los upeydianos con los que me cruzo no se quieren mover ni un milímetro de las proclamas de sus líderes. He visto tan poco espíritu crítico como entre los simpatizantes del PP y del PSOE.

    Yo en 1975 no leía periódicos ni revistas. Estaba seguramente con Los 3 Cerditos o algo por el estilo, pero 10 años después si empecé a leer, mucho, muchísmo, y a preguntar y a cuestionar… y a eso le añado una memoria prodigiosa y muy pocas ganas de perdonar a quien un día tuvo la confianza de todo un pueblo (si, fuimos pueblo) y lo echó todo a perder. Este Rey lo ha hecho muy mal y no veo porque tengamos que seguir regalando más oportunidades a esta familia, que nos ha empantanado en más de una ocasión (que Alfonso XIII, el “falangista de primera hora”, salió corriendo de su país con nocturnidad y alevosía, para que se las apañaran como fuera sus queridos súbditos)

    Y no, no soy jóven. Y no, no tengo nostalgia de la Segunda República. Y si, soy republicana desde hace más o menos 15 años. Y si, soy una próxima votante de Podemos sólo por darme el gusto de ver al Borbón salir de nuevo corriendo cobardemente. Advierto, ellos saldrán los primeros pero yo seré la segunda porque ya sé a donde iremos a parar… ahora, todo con tal de que esto termine de explotar y ya no funcione nada para nadie, porque ahora sólo no funcionan las cosas para algunos.

    Y simplemente por recordar:

    * a ese Rey se le compró una cinta andadora de 14.000 EUR en plena crisis (2011),
    * a ese Príncipe “tan bien preparado” le salió el ramalazo “democrático” cuando una ciudadana le gritó “Viva la República” contestándole despectivamente que “ya había tenido su minuto de gloria”
    * a ese Príncipe se le construyó una “casita” de 900 m cuadrados… otro más para mantener con cargo a Patrimonio cuando toda una generación se hipotecaba hasta los 40 años para comprarse una solución habitacional
    * a esas hermanas de ese Rey sólo se las conocen las labores de ser titulares de múltiples SICAV
    * a ese Rey se le descubrieron fondos en Suiza. La explicación de traca… se habían olvidado de regularizar la herencia de D. Juan

    Y conste que no he citado ni a Cristina ni a Iñaki, ni a Noos, ni a Corina, ni los elefantes de Bostwana… y podría seguir, pero he de trabajar mucho para pagar todo lo que cuesta esta Jefatura del Estado, que no, no son los 8 millones de euros anuales que muchos dicen….

  4. Un saludo alex, lamento la derrota, aunque no he estado ahi para apoyar si creo que upyd hubiera ganado mucho con tu eleccion. Habra seguro mas ocasiones y espero con mejor resultado. Tu trabajo y seriedad siempre han destacado. Mu poco tiempo no me permite estar ahi pero tienes mi apoyo.

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