¿Podrá? (Por Óscar Ibáñez)


«Quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro».

Adolfo Suárez

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PodemosHan pasado más de cinco meses, y tras recibir un brutal bombardeo mediático, descalificaciones, declaraciones con los ánimos encendidos, y otros menesteres, creo que es necesario hacer un análisis sucinto, pero objetivo, del resultado de las elecciones europeas de 2014.

La lista clave de estas elecciones ha sido la de “Podemos”, encabezada por Pablo Iglesias. Y a pesar de que se han escrito grimorios sobre dicha persona (o personaje para muchos), no voy a centrarme en su persona.

No le conozco, simplemente puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con sus actividades o puntos de vista. Pero está claro que el autodenominado fenómeno “Podemos”, que está en proceso de convertirse en partido, no ha sido solo gracias a él, pese a que sea denominado como líder, o haya sido la punta de lanza que ha causado un escozor terrible a los partidos de la “casta”, sino a un aparato tras él.

Y es que aunque parezca lo contrario, Podemos es un partido creado por especialistas en comunicación, y en análisis político; controlan el “marketing” político a la perfección, y han creado un producto ideal, idóneo, que contenta a una mayoría brutal de la población que precisamente ha sufrido y está sufriendo la crisis económica. Sus consumidores, o público, es diverso, ya que este último lustro la crisis ha golpeado a prácticamente toda la sociedad: desde jóvenes que han tenido que emigrar (los famosos jóvenes llenos de afán aventurero a los que se refería el gobierno), pasando por jubilados empobrecidos, familias que han tenido que volver a los hogares paternos porque el banco ha decidido ejecutar la hipoteca, los recién llegados a los 18 bombardeados por internet y que han contemplado cómo sus esperanzas de futuro se han desmoronado por políticos corruptos, etc.

Estaba claro. A la gente no le gustaban los políticos, y los que surgían, pese a las alternativas de “regeneración democrática”, o bien no conseguían suficiente poder político, o bien sus propuestas no llegaban a la ciudadanía. La ciudadanía habla desde hace tiempo en otro idioma, y ese ha sido uno de los grandes fallos del sistema y de sus partidos.

Al ciudadano de a pie, le importa bien poco que el gobierno cambie, que se pida que las nóminas salgan publicadas, que se elimine el Senado si no sirve, mientras ve como la corrupción campa a sus anchas, que se indulta a corruptos, que las viviendas se las quedan los bancos que son rescatados, y que tienen que subsistir los afortunados con trabajos terriblemente remunerados en dinero no declarado, o los desafortunados, con prestaciones. Y si no les queda, vivir de las ayudas familiares, o acabar en un comedor social.

Al ciudadano que ha sido azotado por la crisis, sea producida por los (h)unos o por los otros, le importa tener un plato de comida en la mesa. Le importa que le señalen culpables, y que dejen de echarle la culpa los mismos que salen indultados, tienen aforamiento y cuyos partidos roban a manos desnudas, para descargar su ira. Necesitan un enemigo al que derribar, un dinero que ganar, y un plato de comida para alimentar a su familia y a sí mismo; salir de la humillación que ha supuesto para cientos de españoles volver a casa de sus padres tras perder sus casas, tras haber conseguido una vida.

No necesita realmente análisis críticos sobre quién, cómo y por qué surgió la burbuja inmobiliaria, aunque tal vez fuera interesante hacerlo. El análisis suele hacerse con la mente despejada, y no es precisamente claridad lo que abunda en una persona con una situación de las anteriormente mencionadas. Necesita soluciones, encontrar al rival y descargar su frustración. Y lo necesita ya.

Podemos lo ha conseguido: ha agrupado a todo el bipartidismo, sus colaboracionistas, y sus adversarios políticos en una denominación que parece inspirada en una de las máximas de la propaganda de Joseph Goebbels, el unificar a todos los adversarios en un único cuerpo para que sea más fácilmente identificable: “la casta”; ha dicho lo que gran parte de la gente necesitaba oír por políticos que no hubieran sido pillados con las manos en el erario público, aprovechado que son en su mayoría recién llegados en política: que parte de la deuda es ilegítima, que las ejecuciones a las hipotecas son ilegales, que hay que garantizar mediante diversos mecanismos que la gente tenga dinero para comer y un trabajo digno, y que los corruptos y los más ricos deben pasar por el aro, les guste o no.

¿Y esas propuestas son viables, y se reflejaron en el programa de europeas?

Sí y no. Realmente, para los que nos manejamos minimamente en el mundo del derecho, rápidamente nos dimos cuenta de que como todo en Podemos, el programa también estuvo tasado y mínimamente preparado. Tasado, porque ciertas propuestas fueron puestas en clave, tanto para no preocupar al lector no especializado y preparado, porque al ser este lector mayoría, no se daría cuenta que buena parte de ese programa, sin entrar en lo inviable o no, no era un programa de europeas. Era un programa de autonómicas como poco, ya que desde Europa no se podían tomar muchas de las medidas que estaban expuestas (y eran en su mayoría las más populares), por toda la voluntad que se le pusiera.

Dicho programa, también tenía una defensa fundamental: tanto el exponerlo como inviable, o como directamente imposible de realizar por una cuestión competencial, automáticamente te calificaba de colaboracionista de la casta. O que no comprendías y te solidarizabas con el drama social. O que no hablabas el idioma de el autodenominado “pueblo”, sujeto poseedor de la verdad absoluta, ya que contempla una supuesta mayoría ciudadana (aún teniendo un índice de abstención superior a 50% en las últimas elecciones).

Podemos lo ha logrado. El PP ganó las elecciones, pero en las redes sociales, que son el nuevo campo de batalla de la comunicación, la victoria de Podemos fue absoluta y demoledora. Los viejos partidos no han sabido adaptarse a esta nueva guerra, y los menos viejos, no han conseguido llegar al público, mediante un mensaje sencillo, claro y esperanzador, que no llegue a la demagogia. Podemos, ha conseguido de un modo mucho más patente que los que se asignan este logro de modo cuestionable, lo que el bipartidismo temía: el probable principio del fin de éste; y su reacción ha sido un ataque masivo por los medios, que solo ha hecho reforzar la convicción sobre el intento de la casta a aferrarse al sillón, cambios de imagen que llegan demasiado tarde, y en muchas ocasiones, reverencias a la japonesa, no solo por partidos, sino por medios de comunicación.

La conclusión es bien sencilla: el quid de la cuestión, no es que parte de la ciudadanía haya decidido votar a un partido que ha ofrecido soluciones utópicas, cuya realización en un mundo globalizado y capitalista (le pese a quien le pese), tienen un coste terrible e inadmisible para buena parte de la población. No es sorprendente. Ni mucha gente tiene esa formación, y es una respuesta lógica ante casos de desesperación el acabar votando a quien te solucione la vida.

El meollo del asunto, dicho en plata, es que más de un millon de españoles prefiriera votar a esta opción antes de votar al bipartidismo, o a las opciones que apuestan supuestamente por una regeneración. Que dicho millón de personas, ascienda como la pólvora y esté rozando a la segunda fuerza política del momento. Que la gente se haya dado cuenta, que es posible, que “sí se puede” acabar con el bipartidismo, con la casta, a base de votar a este partido. Que su líder, sea de los más valorados (si no el que más). Que su mensaje se entienda a la perfección, y en definitiva, que los anteriores y el actual gobierno, hayan gobernado de un modo tan nefasto, que el ciudadano de a pie este prefiriendo votar a unas propuestas que se reconocen como utópicas, antes que tirar su voto en la urna a favor de los partidos de la casta.

Señor Iglesias: ¿podrá?

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2 respuestas a ¿Podrá? (Por Óscar Ibáñez)

  1. Veremos. Todo depende de lo que salga de la Asamblea Ciudadana. Muchos círculos están en espera, incluso manifiestamente críticos con algunas de las propuestas presentadas. La ciudadanía está harta de que la roben y mientan. Los partidos de la “caspa” no pueden hacer frente a esta oleada de indignación, asuntos como la reciente tarjeta negra de Cajamadrid-Bankia no hace más que añadir gasolina, estaban todos pringados, PP, PSOE, IU, CCOO, UGT. Las personas se han dado cuenta de que sí se puede terminar con el bipartidismo, que es alcanzable, y todo parece indicar que así será. Es muy probable que veamos una coalición PP-PSOE para continuar perpetuándose en el poder. Estas próximas elecciones se antojan muy interesantes.

  2. aurorasotos dijo:

    Gracias Óscar, por el estupendo análisis. El problema del estamento político no es muy diferente del que he leído en 1914, es decir, que algunas cosas no cambian. Estoy esperando a ver si “la ciudadanía” es diferente esta vez (siento rechazo visceral a aceptar que la historia se repite).

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