¿Cada cuánto hay que celebrar un Congreso?


Cada_cuánto_hay_que_echar_a_lavar_un_pijama_de_Luis_PiedrahitaEn uno de sus monólogos, que a su vez da título a uno de sus libros recopilatorios, el mago y humorista Luis Piedrahita, también conocido como “el rey de las pequeñas cosas”, se pregunta y nos pregunta: “¿Cada cuánto hay que echar a lavar un pijama?”

Por su talento para observar y para hacernos ver esas “pequeñas cosas” que hacen adorablemente imperfecto nuestro mundo (“Dios creó el mundo en siete días. Y se nota”), Luis Piedrahita es uno de mis monologuistas favoritos, junto con el gran Leo Harlem, cada uno en su estilo, siempre alejado el del mago-humorista de la actualidad y de la política, salvo algún que otro chiste suelto, como el de del exprimidor de naranjas, que “primero exprime hacia la izquierda y cuando no puede más, lo hace hacia la derecha, es como el sistema electoral español”, o aquel otro chiste memorable sobre el diario ABC.

Creo que no nos vendría nada mal a los partidos políticos contar en nuestras filas con algún que otro humorista, pero de los de verdad, es decir, de los que saben reírse de sí mismos, que hacer chistes sobre los demás es demasiado fácil y no necesariamente implica tener sentido del humor. Y no me refiero a fichar a señores graciosos y algo pasados de vueltas para presentarlos como candidatos al Senado, sabiendo que no existe ninguna posibilidad de que salgan elegidos, sino a adoptar un cierto distanciamiento de la propia actividad, a introducir algo de sana ironía en lo que hacemos y en lo que decimos, tanto hacia afuera como entre nosotros.

Nos evitaríamos de ese modo posturas maximalistas y fundamentalistas como las que se están viendo estos días entre los partidarios de que se celebre un Congreso Extraordinario Urgente como única posibilidad ante el inevitable colapso de nuestro partido; los Integristas del Segundo Congreso que consideran que todo lo allí decidido es incuestionable durante los siguientes cuatro años, así gane las próximas elecciones Podemos, caiga el cielo sobre nuestras cabezas, se reorganicen las tierras y mares por medio de una nueva deriva continental o llegue por fin el tan anhelado apocalipsis zombie; o los Defensores del Manifiesto Fundacional, que algunos invocan como si fueran las Tablas de la Ley y hasta pretenden encontrar en él Todas las Respuestas, cuando en dicho Manifiesto lo que se puede encontrar, en el mejor de los casos, son los principios y los fines, pero no los medios.

“Keep calm and reflexiona un poco sobre lo haces y dices”, tendríamos que decirnos unos a otros a cada momento, que las cosas se están empezando a salir de madre, la verdad. Los detalles se magnifican, las cosas pequeñas se hacen grandes y las grandes desbordan el recipiente por todos lados. Así que, centrándonos (hoy) en la cuestión inicial, pregunto: ¿cada cuánto ha de celebrar un Congreso un partido político? Pues depende, claro está. ¿Y de qué depende? que decía Pau Donés. Pues de en qué fase de su vida está dicho partido político y de cómo está el panorama político en un momento dado.

Veamos, por no irnos más lejos, a tiempos y lugares no comparables, cómo hicieron al respecto los partidos políticos españoles desde la restauración de la democracia, hace casi cuarenta años.

De los dos grandes partidos nacionales, el PSOE celebró su primer Congreso tras el exilio, que fue el número XXVII, en diciembre de 1976. Dos años y medio después, en mayo de 1979, celebró el XXVIII, aquel en el que dimitió Felipe González, secretario general desde el XXVI Congreso de Suresnes en 1974, para lanzar el órdago de la renuncia al marxismo. En septiembre de ese mismo año 1979 el PSOE aceptó el órdago de González, se convocó un Congreso Extraordinario, renunciaron al marxismo y González volvió a ser secretario general. Aún le dió tiempo al PSOE a celebrar otro Congreso, el XXIX, en octubre de 1981, antes de llegar al poder un año después. Es decir, desde la restauración de la democracia hasta su llegada al poder, en un periodo de seis años, el PSOE celebró tres Congresos Ordinarios y uno Extraordinario, todo  ello con la finalidad de definirse en el nuevo entorno democrático, tan diferente al de los años 30, y con notable éxito, todo hay que decirlo. Desde entonces el PSOE ha celebrado sus Congresos con bastante regularidad, cada 3 ó 4 años, desde el XXX Congreso de diciembre de 1984 hasta el XXXVIII de febrero de 2012, en el que fue elegido secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba. Nueve Congresos en unos treinta años, los de estabilidad para el PSOE, esa que se mantuvo con altibajos durante un cuarto de siglo pero que desapareció con la crisis iniciada en 2008, y a la que el Partido Socialista, como el dinosaurio que es, ha tardado tanto en reaccionar, primero como gobierno y luego como partido. Y para cuando han querido despertar y convocar un nuevo Congreso Extraordinario, en julio de este año 2014, cambiando al menos las caras visibles (y por ahora no sabemos si algo más), se han dado cuenta de que el dinosaurio seguía allí y que eran ellos mismos. Pero un dinosaurio grande e inofensivo, un vegetariano brontosaurio, fácil presa para los nuevos y ágiles velociraptores.

Y en cuanto al otro dinosaurio, que aunque se crea un feroz Tiranosaurio también lleva camino de convertirse en otro bicho con menos dientes y mucha menos ferocidad, nació con el nombre de Alianza Popular y como una agrupación de figuras notables en 1977. Ese mismo año tuvo lugar su Congreso Fundacional, seguido por los de 1978, 1979, 1981, 1982, 1984, 1986, 1987 y 1989, que fue el de refundación como Partido Popular. Fueron por tanto nueve Congresos en apenas doce años, un tiempo en el que la derecha española estuvo buscándose a sí misma entre los restos del tsunami socialista que tuvo un primer embate en las elecciones municipales de 1979 y su oleada principal en las generales de 1982. Tras esos doce años en los que se probaron todo tipo de combinaciones y alianzas con otros pequeños partidos del ámbito ideológico conservador, liberal o democristiano, fuera nacional, regional o local, comenzó la exitosa andadura del Partido Popular como el partido hegemónico en la mayor parte de España, aglutinando a los votantes de un espectro ideológico realmente amplio. Ya en las elecciones municipales y autonómicas de 1991 le comió al PSOE gran parte del terreno, y la cosa fue a más en los siguientes años, especialmente tras ganar las generales de 1996. En estos momentos el PP acumula más poder que ningún otro partido en la historia de la democracia pues gobierna la nación con mayoría absoluta en Congreso y Senado, en once comunidades autónomas más Ceuta y Melilla, y en la mayoría de los ayuntamientos, incluidas casi todas las capitales de provincia. Veinticinco años de éxito creciente (para el PP, no para España) que muy probablemente se venga abajo de aquí a unos meses estrepitosamente, durante los que el PP ha celebrado sus Congresos X al XVII, ocho en total, a razón de uno cada tres o cuatro años.

En cuanto a Izquierda Unida, no es un partido propiamente dicho, sino una federación de partidos, y sus Congresos se llaman Asambleas Federales. En teoría se celebran cada tres años, pero tras la creación de IU en 1986 hubo Asambleas Federales en 1989, 1990, 1992 y 1994, y a partir de entonces sí que se han celebrado cada tres años, salvo la extraordinaria del año 2004, tras la estrepitosa debacle de las elecciones generales de marzo de ese año, en las que IU fue casi fagocitada por el PSOE de Zapatero y obtuvo nada más que cinco escaños y el 4,96% de votos (muy similar a los resultados de UPyD en 2011).

A la Unión de Centro Democrático le dio tiempo en sus apenas cinco años de vida, de 1977 a 1982, a celebrar dos Congresos, en 1978 y 1980, pero como aquello era la jaula de grillos que era, no sirvieron para consolidar un partido de centro. En cambio, el Centro Democrático y Social, creado sobre las ruinas de la UCD, celebró tan sólo tres Congresos mientras Suárez estuvo al frente, en 1982, 1986 y 1990, uno cada cuatro años justamente. Al fin y al cabo no era un verdadero partido político sino una prolongación de la figura del ex-presidente, así que no había demasiado que debatir.

 ¿Y qué es lo que ha pasado o está pasando con UPyD? Pues que nuestro partido nació en septiembre de 2007 pero su Primer Congreso no tuvo lugar hasta noviembre de 2009, más de dos años después, y el Segundo se ha celebrado en noviembre de 2013, cuatro años más tarde justamente, apurando el plazo que establecen los Estatutos, entre tres y cuatro años. En ese sentido se puede decir que UPyD ha nacido como un partido adulto, pues no ha tenido un Congreso Fundacional propiamente dicho ni ha habido hasta ahora un verdadero debate interno reflejado en sus Congresos. Nos hemos apuntado directamente al modelo de Congreso hecho para la galería, para salir un fin de semana en las televisiones y en los periódicos, pero no para debatir de verdad los temas políticos, y esto lo puedo afirmar con rotundidad porque he participado como delegado en ambos Congresos y sólo he sacado la sensación de haber hecho de figurante en una representación teatral, a pesar de las muchísimas horas dedicadas a estudiar ponencias y a preparar enmiendas.

Hemos nacido como un partido adulto, sí, pero como un adulto más bien bajito, enano incluso, un partido bonsai al decir de algunos, sin opciones de crecer, o solo de crecer torcidos. Y eso nos quita muchas opciones de cara al electorado, porque no todos los enanos son tan atractivos como Tyrion Lannister, verdadero “rey de las pequeñas cosas”, y si hay que votar la gente prefiere hacerlo por los partidos grandes, fuertes y poderosos, o al menos por los que tienen voluntad y apariencia de serlo. Y para serlo y aparentarlo nos hace falta, y mucho, un auténtico Congreso en el que se debatan las cuestiones políticas en profundidad, en el que se decidan estrategias y alianzas, y en el que se dé oportunidad de renovar las caras visibles, en ese orden de importancia. No digo que antes de las elecciones de mayo próximo, que no creo que haya hueco, pero desde luego sí antes de los dos o tres años que faltan para el próximo Congreso Ordinario, una eternidad en estos tiempos revueltos.

Tyrion

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5 respuestas a ¿Cada cuánto hay que celebrar un Congreso?

  1. aurorasotos dijo:

    Un auténtico artículo pedagógico, ¡Sí, señor!.
    Sabes que no coincidimos en la oportunidad de los plazos y me encantaría poder decirlo como Luis Piedrahita, pero no me gustaría que llegásemos a mayo sin hacer nada “extraordinario”, porque con lo ordinario que hacemos habitualmente, los ciudadanos nos van a echar del escenario. Un abrazo.

  2. Pilar dijo:

    Me resulta curioso, después de los resultados de la última encuesta del CIS, que Podemos precisamente esté quitando votos a los partidos con menos o nula corrupción; esto es IU y UPyD. Y nadie habla de ello…

    Quizás para clarificar el panoráma electoral español, en lugar de dividirnos entre inzquierdas o derechas, habría que hacerlo entre votantes críticos y hooligans/fanáticos de unas siglas (o contra unas siglas, más bien). Hecha esta división y teniendo en cuenta de que en este país no se sabe lo que es la izquierda y la derecha de verdad, ya que todo se tamiza según la Guerra Civil, habría que ver qué techo electoral tiene cada partido y actuar en consecuencia. Pedro Snchez hace oposición al PP de Rajoy no al Podemos de Pablo Iglesias.IU anda perdida esperando fagocitar a Podemos cuando realmente será fagocitada por Podemos… y el Rivera tiene su lucha particular en Cataluña, apenas va a saltar a la política nacional… ¿Y UPyD en qué anda?

    Esto si sería un buen punto de partida para comprender la necesidad de que debatáis en un Congreso o en un bar entre cañas no el de donde venís, si no el adónde váis y quien os acompaña.

    Lo que pasa que UPyD, como el resto de los partidos, está esperando el “ensayo” de las Municipales y Autonómicas para tomar decisiones de cara a las Generales… Políticos dignos del país que pretenden representar: no dejes para hoy lo que puedas hacer mañana, que aquí somos mucho del carpe diem o del más cristiano “Dios dirá”

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