… Y lo llamaron transparencia (Por José Manuel Ferradas)


ElPadrinoDifuso. Gris entre un aire espeso que sombreaba las copas. Los dedos anudados. Apoyados los codos en la vieja madera del mostrador y la vista perdida en el espejo desconchado. Solo su voz sonaba mas opaca que los sueños. Desde su lógica mafiosa sentaba las bases  – La droga es un buen negocio. Obtienes grandes beneficios pero solo la vendes una vez. Por eso el mejor de todos es el de las mujeres. Puedes venderlas muchas veces –

Salí del cine con la nuez atravesada. Lo peor del cinismo es la veracidad que encierra. El cínico no se siente mentiroso. Él inventa una realidad paralela que, a veces, acaba calando en nosotros como un principio inamovible. Solo depende de su capacidad creativa, de su nivel de poder y de nuestra necesidad de creer.

Andaban mis neuronas ubicando estas ideas, paso a paso, al ritmo de mis pies camineros cuando un latigazo cristalizó mi frente con el frío de un grito en la caverna. Un déjà vu que se aparecía confuso. Un recuerdo ausente y pertinaz. Tan próximo que no lo podía percibir de tan pegado a mi cuerpo. ¿Dónde…?

De pronto vi partidos vendiendo programas que nunca tuvieron intención de cumplir. Políticos que nos tendieron la una mano para, en un aire magistral de prestidigitación, afanarnos con la otra hasta lo que nunca tuvimos. Grupos virginales con aura santa en lo público exigiendo a periféricos lo que ni se ruegan en sus adentros. Carnes de horca juzgando al universo por sus propios desmanes. Amores políticos tan ilegítimos que convertirían la violación en un momento de afecto. Almas trémulas sin pórtico de futuro bailando el agua a buhoneros de aire. Hombres, hombres y mujeres. Parlantes y silentes. Y comprendí la mafiosa conclusión. Era tan obvio…

La verdad en política es un buen negocio. Obtienes grandes beneficios pero solo tiene una dirección. Mientras, la mentira, es mucho mas rentable. Camina por mil senderos y puede venderse tantas veces como disfraces la inventemos.

Y decidí. No se hace tanto camino para observar desde una loma.

Porque algunos pensamos quedarnos hasta que la luz sea la norma.

José Manuel Ferradas

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