Yo no me metí en política, yo me metí en UPyD


Dedicado a una querida compañera y amiga, ya sabe ella quién es

***

integralmagentaNo sé si corren malos tiempos para la lírica, para la política, para el sentido común o para todo ello a la vez, el caso es que día a día la confusión aumenta, el ruido ambiental crece e impide pensar con claridad, los sentimientos están a flor de piel, especialmente los malos y los peores, y los puñales están en alto en las manos de políticos de todos los partidos, prestos para amenazar a los rivales de los otros partidos o, más habitualmente, para apuñalar a los del propio, pues es una regla universal de la política el que los adversarios están fuera de casa y los enemigos dentro.

Es año de elecciones, en efecto, el más importante en mucho tiempo, no sólo porque tras la confirmación de las de Andalucía se acumularán todas las citas posibles salvo las autonómicas gallegas y vascas, sino porque se espera que se produzca el mayor vuelco electoral en España desde hace más de tres décadas, las que llevamos los españoles “disfrutando” del oasis del bipartidismo, ciénaga más bien, por lo que ahora sabemos todos y hasta hace bien poco deseaba ignorar la mayoría, al modo de los tres monos místicos, esos que no ven, no oyen y no hablan. Un vuelco que ya anunciaron las recientes elecciones europeas, hace apenas ocho meses, a modo de prólogo del gran año electoral.

Frente a nosotros ha aparecido, como quien no quiere la cosa, y por si la confusión y el sinsentido no fueran suficientes, el espejo deformante de Grecia. Muy útil espejo y muy productiva manipulación para los viejos “hunos” y los nuevos “hotros”, ese PPP que tan bien ha descrito el arponero ingenuo en su artículo del domingo 25 de enero.

De creernos lo que muestra el reflejo griego o las encuestas que publican los medios de toda clase, nos acercamos a un nuevo bipartidismo en poco o nada diferente del que hemos sufrido durante más de treinta años. La única diferencia es que se habrá cambiado el binomio  derecha-izquierda por el de casta-pueblo. Pero el discurso será el mismo por un lado y por el otro: el del miedo y el del odio. Achicando, de nuevo, el espacio de la razón, que con tanto esfuerzo se había ido abriendo camino durante estos últimos años.

Un discurso, el de la razón, que fue el que me hizo unirme a UPyD casi en sus inicios, en el otoño de 2007. Porque, por vez primera, tenía la sensación de que existía un partido político en España que no pretendía encontrar su hueco basándose en cuestiones identitarias, en “ser” de izquierdas o de derechas, o en “ser” catalán, vasco o simplemente español, una posición que siempre se construye contra otros, que son los malvados por definición. Lo que me atrajo de UPyD fue el discurso de “hacer” frente al del “ser”. Porque “hacer” todos podemos en un momento u otro, según nuestra disponibilidad y nuestro grado de compromiso, pero no todos podemos “ser” lo que otros quisieran que fuéramos; es más, los discursos identitarios necesitan que haya otros que sean diferentes y, si no existen, los inventan. Es el discurso de la tribu, de la caverna, da igual si la caverna se corresponde con un territorio geográfico como con un supuesto territorio ideológico, que más bien suele ser emocional.

Y el caso es que, durante algunos años, el discurso de la razón, el del análisis crítico de la realidad española con intención de cambiarla progresivamente, de modo que nos fuéramos acercando a los países más avanzados de Europa, ha tenido su recorrido. Ahora se debate públicamente sobre cuestiones que hace ocho años, antes del nacimiento de UPyD, apenas tenían eco: sobre transparencia y rendición de cuentas, sobre controles a la Administración, reducción de organismos públicos, gobierno abierto, participación ciudadana, acceso a la información y muchos otros temas relacionados con una democracia de calidad, esa que en la España del clientelismo, la hipertrofia de la Administración y la confusión de lo público y lo privado deseamos y nunca alcanzamos. Resumidamente, durante unos pocos años el debate sobre la razón y la ciudadanía se ha dejado oir ligeramente por encima del ruido y la furia de las pasiones identitarias. Esas que de nuevo arrecian en forma de nacionalismos inclinados cada vez más al independentismo o en forma de “conciencia de clase”, aunque para crear y definir las clases tengas que deformar la realidad española hasta la  caricatura, con mucho ingenio eso sí, que para eso algunos han estudiado ciencias políticas.

Ha sido bonito mientras duró, podríamos concluir. Eso, si nos diéramos por vencidos, claro. Y es que hay motivos para el desánimo magenta estos días. Se podría decir que desde las elecciones europeas del pasado mes de mayo hasta la “minifestación” del pasado lunes 19 de enero en la Puerta del Sol no hemos dado pie con bola, y no hago un repaso aquí de todo lo que ha pasado porque mis lectores ya lo conocen y porque tampoco hay que recrearse en los errores. Aunque sí que hay que señalar el mayor de ellos, en mi opinión, que es el de crearse enemigos innecesariamente entre aquellos más cercanos a nosotros, al menos en apariencia. Pocas cosas pueden señalar mejor la decadencia de UPyD que el hecho de señalar al partido rival Ciudadanos y a su líder Albert Rivera como el enemigo que nos quiere destruir, malvado por definición como se demuestra por el hecho de que esté plagado de antiguos miembros del PP, cosa que tiene su gracia cuando se dice desde un partido cuya dirección lo está de ex miembros del PSOE. Puede que a algunos no nos guste C’s por lo que “hace”, pero criticarles por lo que “son” es para mí la mayor muestra de la pérdida de rumbo del partido al que sigo y seguiré afiliado.

Y sí, seguiré afiliado a UPyD, a pesar de sus muchos defectos y errores, porque creo que sigue siendo el partido que mejor representa los valores de la razón y del sentido común, de la unión de todos los españoles considerados como ciudadanos y no como integrantes de una u otra tribu, una u otra clase social, uno u otro género o colectivo. Porque eso está en la raíz de UPyD y en su tronco, aunque no en alguna de sus ramas, que más que ramas parecen pasarelas de egos. Decía una compañera de Jaén que UPyD es un árbol de crecimiento lento, como la encina, y como ella sólido y duradero. Otros, en cambio, opinan que es un partido bonsai, por la voluntad de sus dirigentes. Yo creo que ambas cosas son ciertas y que bastaría con quitar de las manos de estos dirigentes las herramientas de podar y mutilar para que continuara el crecimiento lento y sostenido que llevábamos en nuestros primeros años. Habrá que seguir luchando por ello, por ambas cosas.

Con lo que no se consigue nada, creo yo, es abandonando la lucha y recalando en otros partidos por el hecho de que nos den unas “facilidades” que no encontramos en el nuestro. Ya ha habido casos de compañeros que se han ido a Ciudadanos y en unos pocos meses han salido escaldados. Y sí, ya sé que hay casos y casos, y a algunos de los que se han ido los tengo en gran aprecio, lo mismo que a muchos de los que se han quedado. Pero es que no me va nada eso de ir picoteando de partido en partido convirtiendo lo que era una herramienta para mejorar la sociedad en una plataforma para la proyección personal. Yo mismo salí elegido concejal en mi pueblo hace cuatro años por encabezar la lista de UPyD, el partido de Rosa Díez, no por ser Alejandro Roa, un vecino no nacido en Guadarrama y apenas conocido allí. Tendría muy fácil ahora que sí soy conocido dar el salto a algún otro partido, quejándome al tiempo de lo mal que me tratan en el mío y de lo autoritaria que es la dirección, y de lo poco que se preocupa de los afiliados de a pie y de los municipios pequeños, cosas todas ellas ciertas. Al fin y al cabo ya “me he metido en política” y da lo mismo un partido que otro con tal de seguir ahí, desde cualquiera se puede trabajar en beneficio de los ciudadanos, ¿verdad?

Pues no, la verdad es que no creo que sea cierto. A día de hoy, y en espera de ver cómo evoluciona nuestro pseudohermano Ciudadanos, si supera la fase de “expansión a toda costa” y se convierte en un partido de verdad, con ideología, estructura, organización y esas cosillas, el único partido que siento que representa aquellas cosas en las que creo sigue siendo UPyD, y como creo que es necesario que siga existiendo, yo seguiré diciendo y demostrando, junto con algunos amigos y renovadores magentas, que “yo no me metí en política, yo me metí en UPyD”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Política nacional y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

11 respuestas a Yo no me metí en política, yo me metí en UPyD

  1. Soberbio! Me siento plenamente identificado con el articulo grande Alex.

  2. Paco Lara dijo:

    Estupendo!!, suscribo íntegramente lo manifestado por Alex.

  3. juancorbera dijo:

    Más de medio año han tardado en darse de cuenta de las intenciones reales de Ciudadanos. Pero lo grave ha sido la inestimable colaboración del consejo de dirección de UPyD para que eso ocurra.

    La coherencia entre lo que se hace y lo que se dice es el elemento esencial para que cualquier producto, empresa, organización o proyecto político sea creíble. Es esta falta de credibilidad la que hace que cualquier acto de comunicación en UPyD se convierta en destrucción del proyecto, como vimos la semana pasada con la manifestación de Sol.

    UPyD lleva más de 7 años en la política de este país con una estrategia permanente a medio y largo plazo cuando los ciudadanos de este país reclaman un cambio profundo en la política, hoy. Que nos es más que otra falta de coherencia que ha dejado fuera de la Política de este país a esta organización que hemos construido entre muchos.

    En Ciudadanos lo ven claro y saben que todo lo que se haga va a su favor y en contra de UPyD.
    Al final sin animo de parecer machista, UPyD ha calentado a la chica y Ciudadanos se la va a llevar a casa …

  4. manuel ruiz dijo:

    ¡Gran artículo, Alex! Como dices, UPyD ha logrado introducir en el común de los ciudadanos temas y aspectos que nunca antes habían sido objeto de comentario. Eso ya es un éxito, pero se me hace corto. UPyD es, o era, mucho más. En los buenos momentos no supimos trasladar nuestras ideas de forma correcta (con independencia del tan manido boicot de los medios) y los ciudadanos ni siquiera saben reconocer a nuestra propia criatura cuando se indignan por lo que desde hace años nos indigó a nosotros. Yo también sigo afiliado, y todavía con ilusión. A lo mejor aparece el genio desde la lámpara y nos concede tres deseos …. ¡quien sabe!

  5. José Manuel Ferradas dijo:

    Soberbio y cristalino análisis. UPyD. Qué gran proyecto si tubiera buen señor… Pero aún hay esperanza. Todavía hay esperanza porque quedan muchos mimbres.

  6. Víctor del Hoyo dijo:

    ¡Brillante Álex! Enhorabuena. Para mí, lo más redondo que has escrito últimamente (sin querer desmerecer por supuesto todo lo demás). Un abrazo.

  7. Yo también me metí en UPyD por algo parecido.
    Mirar al horizonte y dejar de dar codazos.

  8. mesbert dijo:

    Hacer frente a ser, la ética del compromiso en transformar y mejorar la realidad frente al engolamiento narcisista, el humilde y trabajoso ‘hago’ frente al estéril y rimbombante ‘soy’… impecable criterio lúcido que corta y ordena la realidad como pocos. Gracias de nuevo y de acuerdo, aún no tiro la toalla.

  9. mesbert dijo:

    En definitiva, el ideal del yo frente al yo ideal. El primero se estructura como resultado de la salida del sujeto al mundo abandonando su autocentramiento infantil y la consecuente necesidad de encontrar guías, alianzas y principios por los que regirse para aportar su grano de arena a la sociedad: ‘este orden social es para mí el mejor y haré lo posible por conseguirlo’. El yo ideal, por el contrario, corresponde a la organización infantil de pretender ser maravilloso a los ojos de los padres y brillar entre los hermanitos en un triunfo de rivalidad fraternal: ‘soy el mejor, más que vosotros, soy, soy, soy…’. Es triste que la dirección de UPyD haya derivado de un hacer inicial maduro y necesario a un ‘ser más que, mejor que’ y haya quedado atrapada en una estéril rivalidad con Cs sobre la pureza del ser en vez de sobre posibles tareas compartidas.

  10. Ri dijo:

    Donde vivo Ciudadanos crece engullendo pecios y quincalla.
    Donde vivo UPyD tiene unos candidatos risibles, ganapanes y trepas.
    Me alegra de que sigas ahí. Ax. Creo, yo también, que UPyD es la mejor opción, muy a pesar de Rosa Díez, que cada vez da más pena.

    Saludos de Ri

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s