Sobre plataformas, trapecios, saltos mortales y otras acrobacias político-gimnásticas


trapecio_-_custom_por_zorrojl_dvd_802Hace casi seis meses publicábamos aquí un artículo titulado “Sobre tiro al blanco, submarinismo, paracaidismo y otras tácticas político-militares“, a propósito de ciertas maniobras que estaban ocurriendo en el seno de mi partido, tan similares a las de otros con mayor experiencia en el uso de las (malas) artes marciales. Y hoy, convertido UPyD en un circo de tres pistas con acróbatas, magos, payasos y toda la tropa habitual en estos casos, fieras incluidas, toca dedicarle un post a los más arriesgados de entre los artistas circenses, los trapecistas, máximos protagonistas de “el mayor espectáculo del mundo”, que evidentemente se trata del circo de la política.

Y es que el mundo del trapecio, con o sin red, requiere de unas habilidades extraordinarias, al alcance de muy pocos, y es además una labor de equipo, tal y como nos enseñaban en la maravillosa película “Trapecio”, dirigida por Carol Reed en 1956, que vi varias veces en mi infancia y nunca más desde entonces, protagonizada por los guapísimos Tony Curtis y Gina Lollobrigida y por el muy varonil Burt Lancaster (o “Burlan Cáster”, como le llamábamos entonces), que había sido trapecista de verdad antes que actor. Una labor de equipo, puesto que tan importante es la habilidad del trapecista que ejecuta las acrobacias como la del portor que le recoge al final de ellas, papel que en la película interpreta Burt Lancaster, un trapecista lesionado que hace de maestro del joven Tony Curtis.

Para practicar el trapecismo es necesario en primer lugar que el acróbata se suba a una plataforma, mejor cuanto más elevada. Desde esa plataforma se agarra al trapecio, sencillo ingenio que se balancea de un lado a otro y sobre el que se ejecutan las diversas acrobacias. Las hay muy sencillas, como el cambio de agarre, de modo que en vez de mirar en una dirección el acróbata pasa a mirar en la contraria sin cambiar de columpio. Claro que hay quienes intentan hacernos creer, con total lozanía y desfachatez, que el cambio de agarre lo habían hecho hace tiempo, o que incluso siempre se habían balanceado mirando en la dirección en que lo hacen ahora. Pero un acróbata no es un mago, que es lo que haría falta para creerse tan burdo truco.

Otra maniobra muy sencilla es la de pasar un trapecio a otro, sin florituras, con o sin portor. No es un ejercicio muy vistoso, pero sí puede ser efectivo si de lo que se trata es de mantenerse en el aire indefinidamente, como en el caso de cierto concejal de Ávila que lo fue con el PP entre los años 2007 y 2011, con UPyD desde 2011 hasta hace unos pocos meses, y que el próximo 24 de mayo se presentará con las siglas de Ciudadanos, asegurándose otros cuatro años en el Consistorio abulense. Sin florituras, ya digo, simplemente saltando en el momento justo.

Peor les ha ido a otros que han querido hacer saltos más complejos y se han encontrado con que el portor no estaba en posición ni en disposición de recogerlos, como le ha pasado al candidato de UPyD para el gobierno de Baleares, que ha intentado saltar a Ciudadanos en el último momento, con un doble salto mortal con tirabuzón incluido, el de haber insultado a Albert Rivera hace apenas dos meses, que menudo buzón tienen algunos, y claro, el portor ha pasado de recogerle y se ha estampado contra el suelo. Y puede que esté feo, pero yo es que con estas cosas me parto y me mondo, como dice el Luisma.

Alguno hay que tiene siete vidas, como nuestro particular Tony Curtis, pero como en el plazo de poco más de un año ha perdido tres de ellas, las dos últimas de golpe, es comprensible que ahora sea reacio a intentar una nueva acrobacia y prefiera ver el espectáculo desde abajo, como hacemos la mayoría, unos pocos atornillados a sus asientos, con telúrica tenacidad, y otros muchos sentados de modo más relajado, moviéndonos de un lado a otro del escenario, tentados quizá a subirnos a esas plataformas y a probar suerte; o a hacernos con las herramientas para desatornillar a los atornillados; o a abandonar el recinto del circo hastiados del espectáculo, viendo a los últimos artistas todavía en el aire, pendientes de si prenderán del portor al final de sus saltos o se desprenderán ellos también; o no sabemos muy bien qué.

Y esto, como decía Forrest Gump, es todo lo que tengo que decir sobre este tema.

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