Sobre plataformas, trapecios, saltos mortales y otras acrobacias político-gimnásticas


trapecio_-_custom_por_zorrojl_dvd_802Hace casi seis meses publicábamos aquí un artículo titulado “Sobre tiro al blanco, submarinismo, paracaidismo y otras tácticas político-militares“, a propósito de ciertas maniobras que estaban ocurriendo en el seno de mi partido, tan similares a las de otros con mayor experiencia en el uso de las (malas) artes marciales. Y hoy, convertido UPyD en un circo de tres pistas con acróbatas, magos, payasos y toda la tropa habitual en estos casos, fieras incluidas, toca dedicarle un post a los más arriesgados de entre los artistas circenses, los trapecistas, máximos protagonistas de “el mayor espectáculo del mundo”, que evidentemente se trata del circo de la política.

Y es que el mundo del trapecio, con o sin red, requiere de unas habilidades extraordinarias, al alcance de muy pocos, y es además una labor de equipo, tal y como nos enseñaban en la maravillosa película “Trapecio”, dirigida por Carol Reed en 1956, que vi varias veces en mi infancia y nunca más desde entonces, protagonizada por los guapísimos Tony Curtis y Gina Lollobrigida y por el muy varonil Burt Lancaster (o “Burlan Cáster”, como le llamábamos entonces), que había sido trapecista de verdad antes que actor. Una labor de equipo, puesto que tan importante es la habilidad del trapecista que ejecuta las acrobacias como la del portor que le recoge al final de ellas, papel que en la película interpreta Burt Lancaster, un trapecista lesionado que hace de maestro del joven Tony Curtis.

Para practicar el trapecismo es necesario en primer lugar que el acróbata se suba a una plataforma, mejor cuanto más elevada. Desde esa plataforma se agarra al trapecio, sencillo ingenio que se balancea de un lado a otro y sobre el que se ejecutan las diversas acrobacias. Las hay muy sencillas, como el cambio de agarre, de modo que en vez de mirar en una dirección el acróbata pasa a mirar en la contraria sin cambiar de columpio. Claro que hay quienes intentan hacernos creer, con total lozanía y desfachatez, que el cambio de agarre lo habían hecho hace tiempo, o que incluso siempre se habían balanceado mirando en la dirección en que lo hacen ahora. Pero un acróbata no es un mago, que es lo que haría falta para creerse tan burdo truco.

Otra maniobra muy sencilla es la de pasar un trapecio a otro, sin florituras, con o sin portor. No es un ejercicio muy vistoso, pero sí puede ser efectivo si de lo que se trata es de mantenerse en el aire indefinidamente, como en el caso de cierto concejal de Ávila que lo fue con el PP entre los años 2007 y 2011, con UPyD desde 2011 hasta hace unos pocos meses, y que el próximo 24 de mayo se presentará con las siglas de Ciudadanos, asegurándose otros cuatro años en el Consistorio abulense. Sin florituras, ya digo, simplemente saltando en el momento justo.

Peor les ha ido a otros que han querido hacer saltos más complejos y se han encontrado con que el portor no estaba en posición ni en disposición de recogerlos, como le ha pasado al candidato de UPyD para el gobierno de Baleares, que ha intentado saltar a Ciudadanos en el último momento, con un doble salto mortal con tirabuzón incluido, el de haber insultado a Albert Rivera hace apenas dos meses, que menudo buzón tienen algunos, y claro, el portor ha pasado de recogerle y se ha estampado contra el suelo. Y puede que esté feo, pero yo es que con estas cosas me parto y me mondo, como dice el Luisma.

Alguno hay que tiene siete vidas, como nuestro particular Tony Curtis, pero como en el plazo de poco más de un año ha perdido tres de ellas, las dos últimas de golpe, es comprensible que ahora sea reacio a intentar una nueva acrobacia y prefiera ver el espectáculo desde abajo, como hacemos la mayoría, unos pocos atornillados a sus asientos, con telúrica tenacidad, y otros muchos sentados de modo más relajado, moviéndonos de un lado a otro del escenario, tentados quizá a subirnos a esas plataformas y a probar suerte; o a hacernos con las herramientas para desatornillar a los atornillados; o a abandonar el recinto del circo hastiados del espectáculo, viendo a los últimos artistas todavía en el aire, pendientes de si prenderán del portor al final de sus saltos o se desprenderán ellos también; o no sabemos muy bien qué.

Y esto, como decía Forrest Gump, es todo lo que tengo que decir sobre este tema.

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Renovación sí, Ciudadanos no (UPyD en la encrucijada)


encrucijadaMe había propuesto no volver a escribir de los asuntos internos de UPyD al menos hasta después de las elecciones de mayo, y por eso había dejado mi blog en barbecho y hecho desaparecer mi condición de concejal de UPyD, mi emblema de San Jorge y el dragón, y hasta mi efigie, tragados todos ellos por el agujero negro Gargantúa. Pero como en estos días de Pasión upeydera adelantada todos y cada uno de mis superiores jerárquicos se han explayado en distintos medios, internos y externos, hasta el punto de que la Portavoz desveló los supuestamente secretos debates del Consejo de Dirección en el que se debatió y votó su dimisión y la de todos sus compañeros, tras haber dado una rueda de prensa ANTES del propio Consejo en la que anunció que no iba a dimitir ni a cambiar nada, me sentiría (aún más) estúpido si no me atreviera a dar mi opinión por este modesto medio particular.

Ya lo hice en cierto modo antes de ayer, al publicar el artículo de mi querida amiga Belén, que suscribo por completo pero que no hubiera podido escribir con tanta bondad. Pero hoy de lo que quiero hablar es de la encrucijada en la que se encuentra UPyD y en la que el Consejo Político Nacional que se reúne mañana sábado 28 y del que formo parte, tendrá que tomar una decisión, posiblemente la más importante desde la fundación del partido.

Se ha hablado tanto estos días y se ha sembrado tanta confusión que no parece fácil tomar una decisión. Por mi parte, como cartesiano que soy (que es como los cuadriculados nos llamamos a nosotros mismos, que mola más) voy a intentar resumir aquí las distintas posturas, obviando a sus promotores, que ni siquiera tengo muy claro quiénes son, tal es el follón que tenemos montado.

Pero antes hay que apartar la idea maniquea de que lo único que se debate es o Rosa o Ciudadanos, confundiendo interesadamente al partido con su líder y a la crítica de cualquier nivel con la traición.

Veamos cuáles son esas posturas, en mi opinión:

0) La “opción cero” sería seguir igual que hasta ahora en todo, con las migajas de una Conferencia Política para después de las elecciones de mayo. Una opción suicida, en mi opinión, aunque se intente revestir de dignidad y se evoque el espíritu del general Custer.

1) Hay que conseguir que dimita el Consejo de Dirección exclusivamente por los desastrosos resultados de Andalucía. Esta sería la opción “resultadista”, muy propia del fútbol, y a la que se están adhiriendo con sospechoso entusiasmo muchos candidatos en las próximas elecciones de los que no se conocía el más mínimo espíritu crítico hasta ahora, aunque sí su capacidad fotocinética en algunos casos, esa que comparten con los girasoles. Como subopciones:

  • A) A continuación hay que entregar UPyD con armas y bagajes a Ciudadanos, que son el caballo ganador. Me ahorro las valoraciones.
  • B) A continuación hay que intentar reflotar UPyD, con unos nuevos dirigentes y un Congreso Extraordinario en el que se decida qué relación queremos tener con el partido Ciudadanos (y con cualquier otro). Esta opción tiene el riesgo de que en mayo, sin la actual dirección, no consigamos resultados que permitan la continuidad del partido.

2) Hay que conseguir que dimita el Consejo de Dirección por el conjunto de su gestión, que incluye arbitrariedades como la anulación de las elecciones al Consejo Territorial de Murcia, una desastrosa política de comunicación, una tremenda falta de respeto a los afiliados (por ejemplo a los que se presentan a un cargo sin el beneplácito del CD, como fue mi caso) y el linchamiento del eurodiputado Francisco Sosa Wagner en agosto pasado tras su propuesta de acercamiento a Ciudadanos. El mal resultado en Andalucía también sería algo a valorar, pero secundario, por ser consecuencia de todo lo anterior. Esta sería la opción verdaderamente crítica en mi opinión, basada en los actos y no sólo en sus consecuencias. También podría haber las mismas dos subopciones que en el caso 1:

  • A) Entregar UPyD con armas y bagajes a Ciudadanos.
  • B) Intentar reflotar UPyD, con unos nuevos dirigentes y un Congreso Extraordinario en el que se decida qué relación queremos tener con el partido Ciudadanos (y con cualquier otro).

3) Desentendernos de todo lo anterior y seguir jugando a que queremos refundar UPyD por medio de corrientes internas o patrañas similares cuando lo único que nos importa es tener nuestros minutos de gloria en la prensa. Esta sería la opción estrafalaria.

4) Desentendernos de todo lo anterior y dar por muerto y enterrado a UPyD. Esta opción debería llevar a la renuncia de cualquier cargo al que hayamos accedido por formar parte de UPyD, pero ya se sabe que hay gente pa’ to’.

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Mi opción, para finalizar, es la 2-B. Y creo que también es la de otros muchos, aunque ese “muchos” sea como el de los niños, que cuentan “uno, dos, tres y muchos”.  Pero aunque seamos sólo cuatro, me sentiré muy bien acompañado por la gente a la que más quiero y respeto en UPyD, esos compañeros que de verdad creen en el Manifiesto Fundacional y en la posibilidad de hacer una política ética.

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Querida Rosa … (Por Belén Moreno)


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Los resultados en las elecciones andaluzas han sido sólo el detonante de algo que lleva bastante tiempo latente.

Bien es cierto que tú eres la única que podría haber “montado” de la nada un proyecto político con un Manifiesto Fundacional tan magnífico como el de UPyD. También es cierto que sólo tú podrías haber conseguido la audiencia necesaria para sacar el proyecto adelante, conseguir tanta representación en tan poco tiempo de vida. Sin duda tus ideas, talante y carácter nos abrieron a los demás las puertas de la Ciudadanía Mayor de Edad, la Política del Sentido Común y la adhesión a un proyecto Inequívocamente Nacional. Por todo eso, no podemos más que entonar un enorme GRACIAS.

No obstante, hay un “pequeño” detalle que no habías tenido cuenta: que tú misma estabas creando y formado un partido político compuesto por gente que no se resigna a lo que hay, que es coherente, objetiva y que lucha con todas sus fuerzas por su proyecto. El proyecto de la gente, de los afiliados. El proyecto de Unión Progreso y Democracia, no de Rosa Díez.

Y es que, querida Rosa, el proyecto con el que tanto se te llena la boca es el proyecto de UPyD, no tuyo. Las ideas, el Manifiesto, el trabajo realizado a pie de calle son UPyD, no tuyo. Y UPyD soy yo. Y Carmela y Paco y Alex y Tono y Mari y Chema y Edu y Emilio. Y todos los demás. No tú.

Desde la pequeñez de ser afiliada de base, sin cargo ni orgánico ni electo (ni aspiración a ello) te cuento que somos muchos los que queremos implantar en nuestro propio partido eso que hemos, gracias a ti, interiorizado: la REGENERACIÓN. Estoy contigo en que este concepto no siempre tiene que ver con gente joven, sino con ideas jóvenes. Pero esas ideas jóvenes tienen que estar comunicadas de manera que el contenido sea concuerde con el continente. Y, perdóname, pero después de más treinta años sentada en un escaño, esta concordancia no sólo no se da, sino que no es creíble.

Todavía hay quienes creemos que UPyD tiene mucho recorrido. Muchísimo. Sin coaliciones ni fusiones ni cosas raras. Siendo únicamente auténticos, eficaces y coherentes como hemos sido hasta ahora. No haciendo política de asientos sino política para los ciudadanos.

Por eso necesitamos tu ayuda, para continuar el proyecto que España necesita y por el que tanto estamos trabajando. Necesitamos tu ayuda, tu referencia moral, tu consejo. Y necesitamos también que des un paso al lado. Que nos sueltes de la mano. Que permitas que hagamos lo que iniciamos contigo: una España mejor, más unida, más igualitaria, más democrática, más progresista.

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Yo no me metí en política, yo me metí en UPyD


Dedicado a una querida compañera y amiga, ya sabe ella quién es

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integralmagentaNo sé si corren malos tiempos para la lírica, para la política, para el sentido común o para todo ello a la vez, el caso es que día a día la confusión aumenta, el ruido ambiental crece e impide pensar con claridad, los sentimientos están a flor de piel, especialmente los malos y los peores, y los puñales están en alto en las manos de políticos de todos los partidos, prestos para amenazar a los rivales de los otros partidos o, más habitualmente, para apuñalar a los del propio, pues es una regla universal de la política el que los adversarios están fuera de casa y los enemigos dentro.

Es año de elecciones, en efecto, el más importante en mucho tiempo, no sólo porque tras la confirmación de las de Andalucía se acumularán todas las citas posibles salvo las autonómicas gallegas y vascas, sino porque se espera que se produzca el mayor vuelco electoral en España desde hace más de tres décadas, las que llevamos los españoles “disfrutando” del oasis del bipartidismo, ciénaga más bien, por lo que ahora sabemos todos y hasta hace bien poco deseaba ignorar la mayoría, al modo de los tres monos místicos, esos que no ven, no oyen y no hablan. Un vuelco que ya anunciaron las recientes elecciones europeas, hace apenas ocho meses, a modo de prólogo del gran año electoral.

Frente a nosotros ha aparecido, como quien no quiere la cosa, y por si la confusión y el sinsentido no fueran suficientes, el espejo deformante de Grecia. Muy útil espejo y muy productiva manipulación para los viejos “hunos” y los nuevos “hotros”, ese PPP que tan bien ha descrito el arponero ingenuo en su artículo del domingo 25 de enero.

De creernos lo que muestra el reflejo griego o las encuestas que publican los medios de toda clase, nos acercamos a un nuevo bipartidismo en poco o nada diferente del que hemos sufrido durante más de treinta años. La única diferencia es que se habrá cambiado el binomio  derecha-izquierda por el de casta-pueblo. Pero el discurso será el mismo por un lado y por el otro: el del miedo y el del odio. Achicando, de nuevo, el espacio de la razón, que con tanto esfuerzo se había ido abriendo camino durante estos últimos años.

Un discurso, el de la razón, que fue el que me hizo unirme a UPyD casi en sus inicios, en el otoño de 2007. Porque, por vez primera, tenía la sensación de que existía un partido político en España que no pretendía encontrar su hueco basándose en cuestiones identitarias, en “ser” de izquierdas o de derechas, o en “ser” catalán, vasco o simplemente español, una posición que siempre se construye contra otros, que son los malvados por definición. Lo que me atrajo de UPyD fue el discurso de “hacer” frente al del “ser”. Porque “hacer” todos podemos en un momento u otro, según nuestra disponibilidad y nuestro grado de compromiso, pero no todos podemos “ser” lo que otros quisieran que fuéramos; es más, los discursos identitarios necesitan que haya otros que sean diferentes y, si no existen, los inventan. Es el discurso de la tribu, de la caverna, da igual si la caverna se corresponde con un territorio geográfico como con un supuesto territorio ideológico, que más bien suele ser emocional.

Y el caso es que, durante algunos años, el discurso de la razón, el del análisis crítico de la realidad española con intención de cambiarla progresivamente, de modo que nos fuéramos acercando a los países más avanzados de Europa, ha tenido su recorrido. Ahora se debate públicamente sobre cuestiones que hace ocho años, antes del nacimiento de UPyD, apenas tenían eco: sobre transparencia y rendición de cuentas, sobre controles a la Administración, reducción de organismos públicos, gobierno abierto, participación ciudadana, acceso a la información y muchos otros temas relacionados con una democracia de calidad, esa que en la España del clientelismo, la hipertrofia de la Administración y la confusión de lo público y lo privado deseamos y nunca alcanzamos. Resumidamente, durante unos pocos años el debate sobre la razón y la ciudadanía se ha dejado oir ligeramente por encima del ruido y la furia de las pasiones identitarias. Esas que de nuevo arrecian en forma de nacionalismos inclinados cada vez más al independentismo o en forma de “conciencia de clase”, aunque para crear y definir las clases tengas que deformar la realidad española hasta la  caricatura, con mucho ingenio eso sí, que para eso algunos han estudiado ciencias políticas.

Ha sido bonito mientras duró, podríamos concluir. Eso, si nos diéramos por vencidos, claro. Y es que hay motivos para el desánimo magenta estos días. Se podría decir que desde las elecciones europeas del pasado mes de mayo hasta la “minifestación” del pasado lunes 19 de enero en la Puerta del Sol no hemos dado pie con bola, y no hago un repaso aquí de todo lo que ha pasado porque mis lectores ya lo conocen y porque tampoco hay que recrearse en los errores. Aunque sí que hay que señalar el mayor de ellos, en mi opinión, que es el de crearse enemigos innecesariamente entre aquellos más cercanos a nosotros, al menos en apariencia. Pocas cosas pueden señalar mejor la decadencia de UPyD que el hecho de señalar al partido rival Ciudadanos y a su líder Albert Rivera como el enemigo que nos quiere destruir, malvado por definición como se demuestra por el hecho de que esté plagado de antiguos miembros del PP, cosa que tiene su gracia cuando se dice desde un partido cuya dirección lo está de ex miembros del PSOE. Puede que a algunos no nos guste C’s por lo que “hace”, pero criticarles por lo que “son” es para mí la mayor muestra de la pérdida de rumbo del partido al que sigo y seguiré afiliado.

Y sí, seguiré afiliado a UPyD, a pesar de sus muchos defectos y errores, porque creo que sigue siendo el partido que mejor representa los valores de la razón y del sentido común, de la unión de todos los españoles considerados como ciudadanos y no como integrantes de una u otra tribu, una u otra clase social, uno u otro género o colectivo. Porque eso está en la raíz de UPyD y en su tronco, aunque no en alguna de sus ramas, que más que ramas parecen pasarelas de egos. Decía una compañera de Jaén que UPyD es un árbol de crecimiento lento, como la encina, y como ella sólido y duradero. Otros, en cambio, opinan que es un partido bonsai, por la voluntad de sus dirigentes. Yo creo que ambas cosas son ciertas y que bastaría con quitar de las manos de estos dirigentes las herramientas de podar y mutilar para que continuara el crecimiento lento y sostenido que llevábamos en nuestros primeros años. Habrá que seguir luchando por ello, por ambas cosas.

Con lo que no se consigue nada, creo yo, es abandonando la lucha y recalando en otros partidos por el hecho de que nos den unas “facilidades” que no encontramos en el nuestro. Ya ha habido casos de compañeros que se han ido a Ciudadanos y en unos pocos meses han salido escaldados. Y sí, ya sé que hay casos y casos, y a algunos de los que se han ido los tengo en gran aprecio, lo mismo que a muchos de los que se han quedado. Pero es que no me va nada eso de ir picoteando de partido en partido convirtiendo lo que era una herramienta para mejorar la sociedad en una plataforma para la proyección personal. Yo mismo salí elegido concejal en mi pueblo hace cuatro años por encabezar la lista de UPyD, el partido de Rosa Díez, no por ser Alejandro Roa, un vecino no nacido en Guadarrama y apenas conocido allí. Tendría muy fácil ahora que sí soy conocido dar el salto a algún otro partido, quejándome al tiempo de lo mal que me tratan en el mío y de lo autoritaria que es la dirección, y de lo poco que se preocupa de los afiliados de a pie y de los municipios pequeños, cosas todas ellas ciertas. Al fin y al cabo ya “me he metido en política” y da lo mismo un partido que otro con tal de seguir ahí, desde cualquiera se puede trabajar en beneficio de los ciudadanos, ¿verdad?

Pues no, la verdad es que no creo que sea cierto. A día de hoy, y en espera de ver cómo evoluciona nuestro pseudohermano Ciudadanos, si supera la fase de “expansión a toda costa” y se convierte en un partido de verdad, con ideología, estructura, organización y esas cosillas, el único partido que siento que representa aquellas cosas en las que creo sigue siendo UPyD, y como creo que es necesario que siga existiendo, yo seguiré diciendo y demostrando, junto con algunos amigos y renovadores magentas, que “yo no me metí en política, yo me metí en UPyD”.

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Paralelismo divergente (Por José Manuel Ferradas)


caminos-paralelosLlueve fuego sobre los campos. El camino aparece infinito. Recto. Todo apunta a un horizonte donde el sol guiñará su mueca cómplice al ocaso. Un gesto pizpireto de recuerdo a todo lo andado. Llevamos mucho camino en poco tiempo. Mucho tiempo en pocos años.  Vivimos felices en nuestra soledad compartida con todos.Pero existir es truculento y si damos opción a un suceso él siempre nos sorprende y se presenta.

Tras una loma aparece otra senda. Paralela. Parece que ya de antiguo caminaba junto a la nuestra pero algunos guadianismos en su origen y leves promontorios nos impidieron apreciarla. Aunque poco poblada no carece de un número de ciudadanos que transitan entre sus lindes. Llevan nuestra misma dirección. Les miro a los ojos buscando un reflejo que me haga sentir proximidad. Pretendo encontrar el parecido que de los propios se espera. No lo consigo.

Muchos proponen que hagamos la ruta juntos. Que las fuerzas del destino son mas livianas si mayor es la manada. Dicen que un sueño parejo puede tornarse en único si se afronta de la mano. Sigo sin verlo.

Hacemos charlas de diván escondido. Pamplinas de chaiselonge con fin de protocolo. Nos mentimos en baladas cariñosas con los dientes apretados simulando una sonrisa. Pero es aire. Aire de ceniza venido del fondo púrpura del egoísmo. Tantas luces avistando y los dedos cruzados a la espalda. No tenemos intención. Ellos tampoco. Unos vienen a nutrirse, otros vamos de conquista. Ellos tapan la mentira, nosotros mentimos de tapado.

Al cabo proseguimos cada uno en su rodada. Tan cerca y tan distantes como una balsa de mercurio en agua pura. Nada nos une. Nada nos separa. No existimos. Los primeros de cada hilera siguen queriendo serlo y guardar su plataforma vestidos de domingo.

Para el futuro debo estar pendiente de los caminos que corren con paralelismo divergente pues nada como dos hermanos puede parecerse tanto y ser tan diferente.

José Manuel Ferradas

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Interstellar: Amor gravitatorio


Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.  Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.  El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá.

San Pablo. Epístola a los Corintios 13:1

AgujeroGusano

No todo en la vida es política, ni mucho menos, pero sí que es posible que sea cierto que, como decía Aute versionando a Calderón de la Barca, todo en la vida es cine y los sueños cine son. Y un sueño cinematográfico es lo que nos ha regalado el trío formado por los hermanos Christopher y Jonathan Nolan, director y guionista respectivamente, y el físico teórico Kip Thorne, verdadero creador de esa obra maestra cinematográfica que es Interstellar, para mí claramente superior a la fría 2001 de Kubrick, por muy herético que suene, y a cualquier otra película de ciencia ficción que haya visto.

De Christopher Nolan tuve claro desde que en el año 2000 ví su primera película estrenada en España (ya que la primera, Following, de 1998, no llegó a nuestros cines), la sensacional Memento, que había nacido una estrella cinematográfica. Una estrella que a diferencia de otras nacidas en esa misma época no ha sido fugaz o, como le ha pasado a M. Night Shyamalan, que en 1999 estrenó El sexto sentido, se han convertido en agujeros negros. Al contrario, Christopher Nolan ha ido creciendo con cada una de sus posteriores siete películas, a razón de una cada dos años, descontando quizá Insomnio (2002), obra menor en comparación con la colosal trilogía de Batman (2005, 2008 y 2012) entre la que ha intercalado otras dos películas magníficas, El truco final (The Prestige, 2006) y Origen (Inception, 2010), para rematar en 2014 con la extraordinaria Interstellar. Todas ellas, salvo Insomnio y Following, entre las 100 primeras del Top 250 de la base de datos cinematográfica por excelencia, IMDb, algo que convierte a Christopher Nolan en un director único.

Y en cuanto a Jonathan Nolan, hermano menor de Christopher, basta decir que ha sido el coguionista de Memento, basada en un relato propio, El truco final, la segunda y la tercera partes de la trilogía de Batman, y de Interstellar. Como dice el gran Stan Lee, creador de la mayoría de los superhéroes de Marvel, Nuff said.

Sin embargo, el auténtico creador de Interstellar no es ninguno de los hermanos Nolan, sino el físico Kip Thorne, que tuvo la idea para una película que iba a dirigir inicialmente Steven Spielberg. Pero el guión llegó a manos de Jonathan Nolan, Spielberg se desentendió del proyecto y la dirección recayó en las mejores manos posibles, por encima incluso de las del maestro Spielberg, las del hermano director de Jonathan, sin que por ello Thorne perdiera el control de la historia.

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El gran mérito de los hermanos Nolan ha sido, por tanto, ser capaces de transformar en una obra cinematográfica épica las ideas de Thorne, respetando las leyes de la Física hasta el extremo al que llegan nuestros conocimientos actuales y derrochando imaginación y creatividad a partir de ese punto. Interstellar es, sin lugar a dudas, la película de ficción con mayor contenido científico que haya visto nunca, y si no parece rigurosa en algunos momentos se debe más a la ignorancia del espectador, incluso la de aquellos que estudiamos Física en nuestra juventud, que a la fantasía de sus creadores.

Del rigor científico de Interstellar da buena cuenta este artículo publicado en el blog La Ciencia de la Mula Francis, por ejemplo. También se puede ver el documental del Discovery Channel The Science of Interstellar, que nos ilustra sobre la relatividad general, los agujeros negros, los viajes espaciales, los agujeros de gusano o la posibilidad de viajar en el tiempo. O ir a la fuente y leer el libro del mismo título escrito por el propio Kip Thorne, de momento sólo en inglés.

Pero no sólo hay rigor científico en Interstellar, pues de ser así no pasaría de ser un magnífico documental de ciencia ficción. Hay también excelentes actores, empezando por el protagonista, el cowboy Cooper interpretado por Matthew McConaughey, que entre otras cosas hace de nexo entre los espectadores y los científicos que comparten la aventura con él; siguiendo por la extraordinaria Jessica Chastain, la actriz del momento, y por la pequeña y fascinante Mackenzie Foy, ambas en el papel de Murphy, la hija de Cooper, en distintas edades; para acabar con el actor fetiche de Nolan, el siempre impecable Michael Caine en el papel del sabio profesor Brand, alter ego del propio Thorne. Y no faltan guiños o referencias a otras películas de ciencia ficción, por supuesto a 2001, pero también a Contact, con la que tiene bastante en común, e incluso con una obra que nada tiene que ver con la ciencia ficción, Las uvas de la ira, según me hizo observar mi buen amigo Luis Ortego, con esas escenas iniciales de los campos de maíz cubiertos de polvo como en los tiempos de la Gran Depresión, cuando el Dust Bowl asoló las llanuras de Norteamérica, unos campos que se ve obligado a seguir cultivando el hijo mayor de Cooper, de nombre Tom, como el protagonista de la novela de John Steinbeck llevada al cine por John Ford.

Hay ciencia, hay drama, fantasía y humor (curiosamente este último lo aporta casi todo un robot, el bueno de TARS), y hay buenos profesionales en todas las labores, muchísimas, que contribuyen a hacer buena una película. Pero hay algo más en Interstellar, algo que hará que, en mi opinión, llegue a considerarse una de las películas esenciales de la historia del cine, por encima de 2001 y de todas las demás de su género. Y es que el verdadero motor de la historia de búsqueda y exploración extrema que es Interstellar (no en vano la nave espacial se llama Endurance, como el navío del explorador de la Antártida Ernest Shackleton, cuyas hazañas están en la cima de las historias épicas realmente ocurridas), el poder que guía las voluntades de todos los protagonistas implicados, más allá de sus enormes conocimientos científicos o de sus habilidades como pilotos o exploradores, es el del amor, en todas sus variantes. Un amor del que se teoriza repetidamente a lo largo de la película que es la única fuerza, junto con la gravitación, capaz de atravesar el espacio-tiempo en cualquier dirección, sin limitaciones, incluso en dirección al pasado. Un amor que se manifiesta de distintas formas, desde el más abstracto amor a la Humanidad del intelectual profesor Brandt, que no por ello ama menos a su hija Amelia, hasta el más concreto amor a los humanos existentes del terrenal Cooper, enfocado especialmente en su hija Murphy, sin olvidar el amor romántico de Amelia por el astronauta Edmunds que le hace sentir que el mundo explorado por él es el correcto.

Todas las decisiones que toman los protagonistas de Interstellar basadas en el amor son correctas, aunque aparentemente choquen entre ellas. Lo es la decisión del profesor Brand de salvar a la Humanidad como especie al verse impotente para salvar a los humanos que sobreviven en la Tierra; lo es también la pretensión frustrada de Amelia de acercarse primero al planeta de Edmunds; y, por supuesto, lo es la que toma Cooper para permitir que Amelia pueda llegar a ese planeta; una decisión que le lleva al interior del agujero negro y al teseracto cuatridimensional en el que consigue comunicarse con su hija y enviarle las claves necesarias para la salvación no de la Humanidad en abstracto, sino de los humanos concretos que viven en la Tierra. Tan sólo el comportamiento extremadamente egoísta del astronauta Mann (un estupendo Matt Damon) es lo que está a punto de echar todo a perder.

Si la calidad de una propuesta artística de cualquier clase se mide por la relación entre lo que se intenta y lo que se consigue, Interstellar sólo puede ser calificada con la máxima nota. No sólo es magnífica desde el punto de vista cinematográfico (argumento, guión, imagen, sonido, música, intepretaciones, efectos especiales, referencias y homenajes a otras películas) y no sólo es rigurosa desde el punto de vista científico (¡las ecuaciones de las pizarras son de verdad, algo inaudito!) sino que va más allá y nos interroga sobre dos de los grandes enigmas no resueltos por el intelecto humano. Uno de ellos es el gran problema pendiente de la Física desde hace décadas, que es la unión entre la fuerza gravitatoria, propia de los objetos masivos, y la teoría cuántica, que explica las otras tres fuerzas conocidas (electromagnética, nuclear débil y fuerte) en términos de partículas subatómicas. La condición de ser al tiempo un objeto masivo y de muy pequeño tamaño sólo se da en los agujeros negros, y de ahí las especulaciones de Interstellar sobre la información que se podría obtener introduciéndose en Gargantúa, que podría permitir resolver el problema de la gravedad cuántica, el objetivo del profesor Brand-Thorne. Y el otro gran enigma no resuelto por el intelecto humano, tal y como nos recuerda Amelia, la hija del profesor Brand, es el de la naturaleza del amor, una fuerza que va más allá de lo que pueden explicar la Física y la Química, una fuerza que habita en la pequeña escala de los humanos concretos (Cooper, Murphy, Brand, Amelia) pero que a la vez no conoce límites y es tan poderosa que es capaz de atravesar el espacio y el tiempo y de proporcionar las claves para la salvación de la Humanidad.

El profesor Thorne y los hermanos Nolan no habrán conseguido resolver el problema de la gravedad cuántica, eso ya llegará en su día, pero sí que han creado una maravillosa película y un concepto nuevo, el amor gravitorio, una teoría unificada de las más poderosas fuerzas que rigen a la Naturaleza y a la Humanidad. Debemos darles las gracias por ello y disfrutar de Interstellar como se merece. Creo que esta tarde iré a verla por tercera vez.

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Los 400 posts


Los 400 golpesCoincidiendo con el final de año publico mi artículo número 400, recopilatorio y conmemorativo, como lo fueron los números 100, 200 y 300. Han sido cuatrocientos posts, como “los cuatrocientos golpes” del mítico film de Truffaut, título que, según Wikipedia, está tomado de la expresión popular francesa “faire les 400 coups” que significa “hacer todas las tonterías posibles” y que en español se puede traducir por “hacer las mil y una”.

Mil y una tonterías no he cometido aún en estos cuatro y años medio de blog, al tiempo, pero sí cuatrocientas, y entre ellas las siguientes han sido algunas de las más populares, por número de lectores, comentarios y valoración:

 

1- Hechos diferenciales, infinitesimales e integrales, publicado el 10 de julio de 2010, origen del símbolo de la integral magenta, que luego ha tenido una fructífera vida posterior.integralmagenta

2- ¿Hoy tampoco tlabajas?, del 17 de mayo de 2010, recién inaugurado el blog, con el premonitorio “mapamundi chinorri”, cada vez más en vigor.

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3- El “top ten” de las descalificaciones a UPyD, del 19 de febrero de 2012, pero intemporal, hay cosas que no cambian.

4- Teatro Alcázar, tres años y tres días después, 15 de enero de 2011, un capítulo de la pequeña historia de UPyD.

5- ¡Que no, que lo culpa no la tiene el Señor d’Hondt!, 8 de junio de 2011, una explicación permanentemente necesaria sobre nuestras Leyes Electorales y un descargo al siempre vapuleado sin apenas motivo Sr. d’Hondt.

6- Tres años de UPyD en la Sierra Noroeste de Madrid, 11 de diciembre de 2010, historia local de mi partido, de los tiempos en que ejercí de coordinador comarcal en compañía de algunos de los mejores amigos que he hecho en UPyD.

7- Ni de izquierdas ni de derechas sino todo lo contrario, 22 de agosto de 2010, primero de una larga a la par que apasionante serie de cuatro entregas, que no es que lo diga yo.

8 – UPyD-Test, 1 de noviembre de 2010, esencial para conocer la posición de uno mismo en el espectro político, aún en vigor.

9- Nosotros también sabemos hacerlo, del 15 de junio de 2010, sobre la elegancia del lenguaje, uno de los artículos que más he disfrutado escribiendo.

10- Las borrascas son de izquierdas y los anticiclones de derechas, del 6 de octubre de 2013, con el que disfruté aún más que con el anterior, si cabe.

Y, aunque no han sido de los más visitados, incluyo como extra un par de artículos de este año 2014 por su especial significado:

11- De soldados y guerreras

12- Yo sigo

Pues eso, que por aquí sigo, al menos hasta cometer las mil y una tonterías o hasta recibir los cuatrocientos golpes, como el protagonista de Truffaut. Agradezco a mis lectores su fidelidad y sus comentarios, aunque cada vez más vayan a Facebook y menos aquí. Y agradezco también su colaboración al habitual José Manuel Ferradas y a los esporádicos o puntuales Óscar Ibáñez, Manuel Ruiz, Paco Conesa, José Antonio Gavira, Carmela Abraldes, Gregorio Pintor, Chema Larrea, Aurora Sotos, Yolanda Guío, Juan Rubio, Encarna Hernández, Mari Ángeles Sánchez, Víctor Cortecero. Emilio Díaz , María Ruiz, Juan Ramón Sánchez y Daniel Tosantos Q.E.P.D.

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