Lo que (más o menos) dije el 19 de mayo en Guadarrama


ActoGuadarrama(2)19-05-2013El domingo 19 de mayo de 2013 tuvo lugar un acto de UPyD en la Plaza Mayor de Guadarrama, con mi participación y la del diputado de la Asamblea de Madrid, Enrique Normand, que presentó el Manifiesto por la Regeneración Democrática y la Refundación del Estado de nuestro partido, acompañados por los compañeros de Guadarrama y otros pueblos cercanos, así como por los vecinos de nuestro pueblo que vinieron a escuchar nuestro mensaje y a plantearnos sus preguntas y dirigirnos sus propuestas. Mi intervención fue (más o menos, ya que no las pongo previamente por escrito, salvo algunos apuntes) la siguiente:

Bienvenidos a este acto de UPyD, en la calle, como acostumbramos desde nuestros inicios, para estar en contacto con los ciudadanos. Un acto que no es electoral pues hace ahora casi justo dos años desde las elecciones del 22 de mayo de 2011 en que conseguimos representación en Guadarrama y aún faltan otros dos años para la próxima cita electoral.

Fueron 436 votos los que nos permitieron entrar, a mí en concreto, en el Consistorio de Guadarrama. Desde que lo hicimos hemos llevado a cabo una labor que en todo momento ha buscado ser útil, dejando aparte la crítica fácil y los sectarismos e intentando colaborar con las demás fuerzas políticas con representación en nuestro Ayuntamiento. En el que se da un caso curioso, único en España, y es que gobierna en minoría un partido local, escisión del PP, y los cuatro grandes partidos nacionales (PP, PSOE, IU y UPyD) estamos en la oposición.

Esa situación de gobierno en minoría de un partido local y presencia de los cuatro partidos nacionales permite alcanzar acuerdos en muchas cuestiones sin tener que sufrir el rodillo de la mayoría absoluta que con tanto entusiasmo aplica el PP en casi todos los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid (por no irnos más lejos) en los que UPyD tiene representación. Y ha permitido que la mayoría de mociones presentadas por UPyD en Guadarrama, más del ochenta por ciento, hayan sido aprobadas. Claro que el que hayan sido aprobadas no implica que se hayan implementado, pues para eso hay que insistir mucho al equipo de Gobierno.

En estos dos años la actividad de UPyD en Guadarrama se ha centrado en tres líneas de trabajo, ya enunciadas en el discurso de toma de posesión en junio de 2011: transparencia, austeridad y participación ciudadana.

En cuanto a la transparencia tengo la satisfacción de que este blog personal y el oficial del grupo municipal, operativo desde septiembre de 2012, se han convertido en una referencia de la política de nuestro pueblo. Y que la página web oficial del Ayuntamiento, recientemente rehecha, contiene cada vez más información de todo tipo, más de la que suele ser habitual, incluida la ejecución trimestral de los presupuestos, en gran medida a causa de las mociones y de la insistencia de UPyD.

Sobre la austeridad, habría que precisar que se le está dando un mal uso a esta palabra en los últimos tiempos, pues austero es el que teniendo dinero para comprarse un Audi o un Mercedes se compra un Renault, justo lo contrario de lo que se ha hecho en España durante la “década prodigiosa”. Y lo que ahora se impone no es la austeridad, ya que no hay dinero que no gastar, ni tampoco crédito, sino el control del gasto. En ese sentido UPyD en Guadarrama ha apoyado medidas impopulares como la subida de los precios públicos del polideportivo (que estaban subvencionados por encima del 90%) y el Plan de Ajuste aprobado el año 2012, aún no siendo decisivo el voto para que salieran adelante, y aún a pesar de que no se aceptaron algunas propuestas de UPyD, como la absorción de los Patronatos de Cultura y Deportes, cuya existencia no está justificada, ya que están muy lejos de autofinanciarse. Lo fácil en ambos casos hubiera sido oponerse o abstenerse y decir lo malos que son la Alcaldesa y los suyos, que suben precios y recortan prestaciones y servicios, pero también hubiera sido una irresponsabilidad. Los resultados del Plan de Ajuste ya se han podido ver menos de un año después de su aprobación: el Ayuntamiento de Guadarrama ya casi no tiene deuda con proveedores, se está pagando en el plazo legal de 30 días, y en 2012 ha habido un superávit de más de dos millones de euros, que servirán para amortizar deuda y para inversiones que den puestos de trabajo. Los planes de Ajuste para ayuntamientos ligados a los planes de pagos a proveedores han sido, en mi opinión, de las pocas cosas buenas y útiles que ha hecho el PP en el año y medio que lleva gobernando. Seguro que hay alguna más pero ahora mismo no consigo acordarme.

Y en cuanto a la participación ciudadana, es lo más difícil de llevar a cabo, pues hace falta disposición por las dos partes: las administraciones tienen que suministrar los medios para esa participación no creando derechos que no existen sino implementando los que sí existen, y los ciudadanos tienen que ser conscientes de que lo público es de todos, que los gobernantes son tan solo administradores, y animarse a participar de verdad. No solo tomando las calles y las plazas que, al fin y al cabo ya son nuestras, no es necesario tomarlas, y, desde luego, no acosando a los políticos en sus domicilios familiares. Porque a los españoles nos pasa como al personaje de Robert de Niro en “Huida a Medianoche“, al que su compañero de huida, Charles Grodin, le reprocha que solo tiene dos formas de expresarse, la ira y el silencio. Y así, cuando las cosas han ido bien, cuando ha habido dinero para que los gobernantes nos “regalasen” polideportivos, escuelas de música, conciertos con primeras figuras y todo lo demás, hemos estado en silencio (político), y cuando se ha acabado el dinero, el crédito en realidad, y han empezado los recortes, nos hemos revuelto con ira contra quienes gobiernan.

La participación ciudadana, sea a título individual o sea por medio de asociaciones, se encuentra en el amplio recorrido que hay desde el silencio a la ira. En eso hay que trabajar y a eso pienso dedicar mis esfuerzos durante los dos años que me quedan del actual mandato como concejal de UPyD en el Ayuntamiento de Guadarrama.

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Yo no me metí en política, yo me apunté a upeydé


ImprimirMe lo dicen unos y otros, más cercanos y menos cercanos, compañeros de trabajo, amigos, familiares y rivales de los otros partidos (aunque muy raramente compañeros de UPyD), ya se ha convertido en una coletilla habitual: “tú que estás en política …” o “tú que te has metido en política…”

Me recuerda a otras coletillas que he oído en mi vida, como cuando a los veinte años aprobé unas oposiciones al extinto (absorbido por el Santander, en realidad) Banco Hispano Americano, y dos años después, no muy contento con el trabajo que allí me mandaban, decidí opositar al cuerpo de Observadores de Meteorología ante la extrañeza de muchos de quienes me rodeaban, que no entendían que quisiera cambiar de trabajo “ahora que había metido la cabeza en un banco”. Y puede que tuvieran razón, que hubiera ganado más dinero que como funcionario y que ya estuviera a punto de prejubilarme, pero dicho así, con lo de “meter la cabeza”, y joven e impresionable como era, no podía dejar de imaginar mi cabeza en el agujero de la guillotina, a punto de caer la cuchilla. Aunque lo que quisieran decir es que ya tenía la vida solucionada y que no tendría que preocuparme nunca más por buscar trabajo, pues así eran entonces los bancos.

Pero por otro lado me recuerda a lo que me decía mi madre también en mi juventud, cuando estudiaba la carrera de Física, aquello que empezaba con lo de “tú que eres físico…” y que podía terminar con “… mira a ver si puedes arreglar la aspiradora”, “… sintonízame los canales de la televisión”, “… a ver si reparas la persiana, que se ha vuelto a romper”, o cualquier otra cosa que hiciera falta, que para eso los físicos sabemos de todo, es un decir.

Y yo diría que la frasecita de marras, “tú que estás metido en política…”, conjuga elementos de las dos tradiciones, así sea inconscientemente: por una parte se da por hecho que el “meterse en política” te resuelve la vida, te asegura cargos y prebendas para el futuro; y por otra, que al estar en política eres poco menos que un experto en toda clase de cuestiones, sean nacionales, locales o mundiales, de economía, de sanidad, de empleo, de medio ambiente, de lo divino, de lo humano y hasta de los estados de ánimo de Mourinho.

De lo primero, diría que es un reflejo de la escasísima cultura política que tenemos los españoles, de nuestra mentalidad tercermundista según la cual los políticos no son servidores de los ciudadanos sino parásitos de lo público, y que si les va mal en un partido, una vez que ya han “metido la cabeza” siempre se pueden apuntar a otro para seguir viviendo de la política. Y de lo segundo, que no hay nadie que sepa de todo, ¡ni siquiera los tertulianos de la radio! (cuesta creerlo, lo sé), y que los que nos dedicamos a la política tendemos a especializarnos en ciertos temas y a hablar de oídas en el resto (o a tirar de argumentario, que viene a ser lo mismo, pero con disciplina y organización). A mí me ha tocado ser concejal en el ayuntamiento de mi pueblo y es de algunos aspectos de la política local, no de todos, de los que tengo opinión fundada y bien formada. Pero que no me pregunten por la reforma laboral o por la política educativa, que en eso no tengo más que unas ideas escasas pero, eso sí, muy confusas.

Concluyendo, que yo no “me metí en política”, yo me apunté a “upeydé”; ese movimiento reformista y regenerador de la vida pública española; esa voluntad de intentar solucionar nuestros problemas desde la raíz, dejando al margen prejuicios ideológicos y absurdas etiquetas, especialmente las nefastas de “izquierda” y “derecha”; ese interés en hacer una limpieza integral del terreno de juego, no para que nuestro equipo se imponga sí o sí, sino para que todos puedan jugar en igualdad de condiciones, siempre que respeten las reglas, claro está; esa visión de la política y de su inseparable compañera, la ética, a la que llamo “upeydé” por haberse encarnado en gran medida en el partido llamado “UPyD”.

En eso es en lo que estoy. Y lo estaré mientras tenga ganas de seguir, mientras se mantenga la confianza en mí por parte de quienes me rodean, y mientras considere que las inevitables diferencias entre el ideal de “upeydé” y la realidad de “UPyD” no superen el umbral que las haga incompatibles, que se pueda defender que son la misma cosa sin grave quebranto de la salud ética e intelectual. Vamos, que no nos pase lo que les ha sucedido a los que se dicen “socialistas”, un respetable ideal, con respecto al Partido Socialista Obrero Español, una impresentable realidad.

Y, por si las dudas y los mal pensados, diré que considero que estamos muy lejos de que nos ocurra tal cosa.

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El pecado de ser madrileño (por José Manuel Ferradas)


Topographia de la Villa descrita por Don Pedro Texeira. Año 1656Toda la vida, desde muy pequeño, he tenido envidia de mis amigos de pueblo. Mis compañeros del Ramiro de Maeztu componían el catálogo de la diáspora rural que, en aquellos años, lanzaba ríos de gentes tras una quimera en forma de cemento y ladrillo (industria y progreso le nombraban) que aplanara las distancias entre hambre y conocimiento. Extremadura, Andalucía… todos, incluso Ceuta aportaba parte de su padrón a la nómina de aquel Madrid amable y receptivo. Ciudad de promisión y acogida. Quién iba a sospechar que tal sería la razón de la neodiáspora invertida.

Pues bien, yo envidiaba todo lo que de apego a la tierra ellos huían. Una parte de mí era consciente de la identidad. Chamberi, mi barrio, mi raíz, mi útero social, condujo con mano paciente y maternal aquel aprendizaje tan cotidiano de la esencia. Me susurró el sentido de palabras como integración e igualdad. Hasta la palabra hermano que, aún nacida en La Milagrosa, hizo de mi piel alfombra cosmopolita.

Hice manitas con asturianas y sevillanas. Me rechazaron gallegas y valencianas. Incluso con una extremeña ando a estas alturas en dudas sobre qué o quién empezó qué, si es que algo hubo. Todos eran mi gente. Todos mi pueblo.

Pero el tiempo, ese gran juez, se ha puesto farruco y pendenciero. Ya de antiguo se muestra pertinaz en demostrarme lo ingenuo del niño soñador que se alzaba de puntillas intentando rozar una nube con su mano. Tal era el utópico sentido de la distancia.

Ahora todo es distinto. Aquel Madrid que vivía en lenguas diversas, que acogía aromas diferentes mientras canalizaba ilusiones y futuros sin preguntar la procedencia, es el enemigo que parece haber invadido todos los territorios. Ese canalla que oprime y subyuga libertades e independencias.

Están bombardeando el aire con razones tan heroicas como el hecho diferencial. Planean escisiones por causas históricas, a veces reinventadas para que cuadren, mientras el mundo intenta borrar fronteras dejando así correr libre el sentimiento sin barreras.

Hoy, ya mayor, sigo envidiando a mis amigos de pueblo. No así a quienes pretenden liderar un camino que convierta la raíz en cepo y la historia en cárcel. Quienes quieren convertir a mis amigos en paletos ilustrados encerrados en su concha tribal. No son tiempos para complejos. Solo el cobarde se atrinchera.

José Manuel Ferradas

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Feliz Día de la Madre


Poema2013

María Alonso

Publicado en la revista on-line Oleaje nº 5 

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¿Ideología, sociología o psicología?


ideologiasComo a casi todo el mundo, cuando me hablan de Marx me vienen a la mente los hermanos que hicieron famoso ese apellido, en especial el gran Groucho y sus geniales frases, mucho antes de acordarme siquiera de aquel barbudo pensador decimonónico autor de ese monumental tocho que es “El capital”, que confieso no haber leído ni aún en versión “Reader’s Digest”. Y no como todo el mundo, pero sí como cualquier friqui que se precie, cuando me hablan de Hayek visualizo a una macizísima mejicana bailando semidesnuda con una serpiente pitón blanca sobre la barra de un tugurio perdido en medio del desierto y a punto de ser invadido por una horda de vampiros zombis. Y luego, si acaso, me acuerdo de ese señor viejecito defensor del libre mercado.

Vamos, que mi formación política es bastante tenue, siendo generosos, y ha consistido en la lectura de algunos títulos dispersos a lo largo de las últimas tres décadas, desde Maquiavelo (que no me parece tan maquiavélico como se suele decir, valga la paradoja) hasta nuestros días. Recuerdo, por cierto, una colección de libritos publicada en los albores de nuestra actual democracia titulada genéricamente “¿Qué es …?”, y específicamente dedicada a “el comunismo”, “el anarquismo”, “la socialdemocracia”, “el liberalismo”, etc. No los encuentro en Google ni recuerdo bien quienes eran los autores, me suena que alguno era de Ramón Tamames que en aquella época todavía era comunista. Cualquier día de estos los sacarán en “Cuéntame”, me imagino.

Y aún así, a pesar de mi escasa formación en materia política (y económica), que estoy intentando compensar desde que me dedico ella, aunque sea a tiempo parcial, creo que es muy superior a la de la inmensa mayoría de mis conciudadanos. Incluyendo a una buena parte de quienes se dedican a la política a tiempo parcial, como yo, y puede que a algunos de quienes lo hacen full-time.

Sin embargo, y al igual que pasa con el fútbol, la meteorología o el arte, por poner algunos ejemplos, no hay ciudadano español que no crea ser un experto en materia política. Y desde que comenzó la interminable crisis, más específicamente en materia de Economía Política, o de Política Económica. Así, con mayúsculas, para que se vea que son materias muy serias.

Pero demos unos pasos atrás, hasta los felices tiempos pre-crisis, cuando el número de catedráticos de Economía no se había multiplicado exponencialmente en España, y reparemos en los mecanismos que llevan a unos u otros españoles a decidir que etiqueta política autoasignarse y, consecuentemente, a qué bando acogerse.

Y es que, en mi opinión, ese es el punto clave de la cuestión. Pues descartado que, en la inmensa mayoría de los casos, la adscripción a una u otra ideología se deba a un proceso de estudio y reflexión culminado en la madurez vital, y constatando más bien que esa adscripción se suele producir en la adolescencia o en la primera juventud, independientemente de las muchas o pocas lecturas o experiencias acumuladas, es fácil concluir que la adopción de una u otra ideología obedece a una necesidad primaria de encajar en el mundo, de ser aceptados por el entorno. En el de mi adolescencia y primera juventud, en un barrio de clase media-baja, entre el instituto y la universidad, allá por los primeros años 80, contemporáneamente con el ascenso al poder del PSOE, no cabía ninguna duda: o “eras de izquierdas” o eras poco menos que un fascista criminal. Esas cosas dejan huella, y tres décadas después sigue siendo casi un acto reflejo declararse “de izquierdas” por parte de personas cuya actividad diaria no se distingue en absoluto de la de quienes ellos consideran que son de derechas. Vamos, que no serían capaces de decir en qué minuto de qué hora de cada día hacen alguna cosa que pueda ser considerada “de izquierdas”, salvo la hora de ver el programa del Gran Wyoming o el día, cada cuatro años, en que votan a sus siglas preferidas.

Lo expuesto arriba sirve igualmente para quienes se consideran de derechas. E igualmente para los nacionalistas, sean del tipo tradicionalista, pastoril y bucólico, o sean del tipo ultranacionalista radical, ese híbrido entre lo peor de la izquierda, lo peor de la derecha y lo peor de cada casa.

Desde ese punto de partida sociológico por el que la adscripción a una u otra ideología se define inicialmente del mismo modo en que uno se hace hincha de uno u otro equipo de fútbol (o bien rechaza por completo ese deporte, como me pasó a mí durante décadas), se puede evolucionar en un sentido u otro a lo largo de la vida. Y aquí es donde más probablemente puede influir la psicología. Ya dicen que “quien a los veinte años no es de izquierdas es que no tiene corazón y quien a los cuarenta no es de derechas es que no tiene cabeza”. Pero yo creo que esa es una visión demasiado simplista y no muy correcta.

Porque hay quien en esta cuestión no evoluciona en ningún sentido durante su vida, que a los quince o veinte años se autodefine ideológicamente como de izquierdas, de derechas, nacionalista o apolítico, y ni se plantea que pueda “ser” (no “pensar”, “ser”) otra cosa. Bastante tiene con llegar a fin de mes, mantener a su familia o seguir las peripecias de los concursantes de Gran Hermano. Muy probablemente este es el grupo mayoritario, un colectivo sobre el que no hace ninguna mella la realidad y que, pase lo que pase y hagan lo que hagan, seguirá votando a “los suyos”. O no votando nunca, que eso no va con él, que es de la tribu de los que no quieren ser de ninguna tribu, como más o menos decía Mafalda.

Luego están los que sí evolucionan. Los unos, gradualmente, debido a la experiencia, a un mayor conocimiento de la realidad y a la capacidad de dejar a un lado los prejuicios adquiridos en su juventud, en cuyo caso la evolución se puede dar en cualquier dirección, no necesariamente en aquella que marca el dicho mencionado sobre el corazón y la cabeza. Quiero pensar que ese es mi caso, pero claro, uno nunca es buen juez de sí mismo. Otros hay que evolucionan de golpe, al modo de Saulo cayéndose del caballo, y se vuelven feroces defensores de la ideología que por la razón que sea hayan elegido, aunque hasta hace nada hubieran defendido la contraria con igual pasión. Algo que, para mí, roza lo patológico. Y los hay que evolucionan tan solo por contacto con el medio ambiente. Digamos que tienden a confundirse con el paisaje, y si por ejemplo el paisaje es nacionalista, ellos también, por no incomodar y no incomodarse. O si se impone el lenguaje políticamente correcto, pues no van a ser ellos los que lo cuestionen. Esta especie es probablemente la segunda en población tras la de los fieles a sus siglas de siempre. O incluso pueden ser la misma especie, ya que no es incompatible el pretender ser fieles a una ideas y a unas siglas con el pensamiento blando y la adaptación gradual al medio. Y ahí tenemos como ejemplo más acabado el PSOE de los últimos quince o veinte años.

Después está el indignado, que, por mucho que lo pretendan los partidos de izquierdas, no es ni puede ser uno de los suyos. Porque el indignado puro y duro, no el que se indigna puntualmente por una injusticia en concreto, el indignado “de profesión” es alguien que sólo sabe expresarse por medio de la crítica y la queja constantes, habitualmente en muy alta voz, para que todo el mundo le oiga, que descalifica por sistema a quienes ejercen el poder y la autoridad, sean del signo político que sean, pues sólo él mismo es puro, eficaz e incorruptible y los demás, por definición, todos unos chorizos y unos ineptos.

No podemos dejar de mencionar a los conspiranoicos, entusiastas adeptos a cualquier teoría que sea capaz de explicar la complejidad de la realidad por medio de una única causa, un mecanismo de autodefensa psicológica propio de personas maduras del que ya traté en un artículo antiguo/reciente. Igualmente el conspiranoico puede caer en el lado de la izquierda o de la derecha, aunque yo diría que básicamente es un antipolítico individualista, una especie que en España aún no ha dado mucho juego, pero que parece ser muy corriente en los Estados Unidos.

Y emparentado con las especies anteriores, la del indignado y la del conspiranoico, aunque a primera vista no lo parezca, se encuentra una especie que últimamente ha proliferado mucho, abonada por la inacabable crisis que ha traído al primerísimo plano la macroeconomía y su relación con la política. Esta especie son los “expertos” en economía, titulados o más bien no, que, como son capaces de entender así sea de modo aproximado las complejas interrelaciones de la economía mundial, parecen creer que están situados en un plano superior al de los pobres mortales ignorantes que pretendemos hacer política sin estar dotados de tan elevados conocimientos. Estos autodenominados “expertos” que por lo general no disfrutan enseñando a los demás sino humillándoles, tienden a adoptar una visión determinista de la historia y de la sociedad, según la cual la voluntad humana y el deseo de cambiar el mundo a mejor no tienen sentido, regido como está éste por las inexorables relaciones macroeconómicas. O bien creen que sí se puede influir en la economía, pero tan solo de unas formas muy concretas, y en ese caso son muy dados a los dogmas y a los gurús, a citar a Keynes, a Hayek (la de la serpiente no, el otro, el viejecito) o a Krugman. A estos “expertos” que a mí me resultan especialmente cansinos me dan ganas de responderles citando las leyes de la termodinámica y las de la física cuántica, que están muy por encima de las de la enonomía y son mucho más inexorables. Y es que, como dijo muy enfadado Homer Simpson cuando su hija Lisa construyó un móvil perpetuo para la asignatura de ciencias de su colegio, “en esta casa se respetan las leyes de la termodinámica”.

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P.S. Me recuerdan desde WordPress que este blog cumple hoy tres años, así que me felicito a mí mismo.

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El 4% (por Emilio Díaz)


Mi buen amigo y compañero upeydero, Emilio Díaz, motivado por mi anterior post, me ha enviado una carta que ayuda a poner las cosas en perspectiva y que, con su permiso, publico aquí.

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AngolaEl 4% . El tres por ciento fue un invento de ZP

Una de nuestras labores aquí en Angola es intentar asesorar al gobierno sobre políticas de medio ambiente, también lo hacemos en gestión del agua, relacionadas con la conservación de la biodiversidad, impacto ambiental de infraestructuras y últimamente con la gestión de residuos sólidos urbanos. Los RSU.

Viviendo aquí la mayor parte del año, estás un poco al tanto de lo que ocurre en España por la TVE internacional, y sobre todo la edición digital de los diarios españoles. Normalmente leo El Mundo, algo El País y La Vanguardia, no me preguntes por qué, como tengo un amigo que trabaja en La Razón pues miro, que no leo, los editoriales por si sale alguno de él. En un artículo de El País, la noticia es la siguiente: en España los Bancos de Alimentos no dan abasto y se tiran mas de 8 millones de toneladas de comida, mas o menos.

Los Bancos de Alimentos alertan de que no pueden atender todas las peticiones“.

“Las organizaciones critican que en España se despilfarren más de 8 millones de toneladas de alimentos al año.”

En mi último viaje a España, joder que frío, trabajé con uno de nuestros técnicos en la preparación de una propuesta de gestión de RSU para una ciudad mediana de Angola, pequeña en España, en la que se proponían una serie de actuaciones para la limpieza y saneamiento, como se dice por aquí, de la ciudad. Las  ideas no estaban mal y podían encajar con las disponibilidades económicas y financieras de la ciudad intentando asegurar una permanencia en el tiempo (sostenibilidad dirían algunos) con una cierta eficacia. Preparamos un magnífico power point, con fotos de la cuidad, esquemas, flechas y los conocimientos del experto matizados por mis aportaciones como “conocedor de la realidad africana”. Quedó bien. Todo ufano lo presento en el Ministerio correspondiente a la Directora Nacional de Residuos Urbanos (tanto sólidos como líquidos). Nos conocemos de hace tiempo y me recibe inmediatamente. Hablamos de la educación de los niños, ella tiene dos “miudos” de 8 y 10 años y algo de experiencia tengo en eso. (Menos mal porque no sabía como había resultado el emparejamiento de la Champions). Por fin entramos en materia. Avanzamos en la propuesta, una página… otra… otra… va bien le gusta el planteamiento… hemos pensado en la economía local, las inversiones parecen razonables… llegamos a la  descripción del proceso… ummm se detiene ante una cantidad expresada en porcentaje… ¿cómo? ¿que el rechazo de MATERIA ORGÁNICA  (en la basura) es del 45%?  No, en Angola ese volumen no supone mas de un 3 ó 4%.  Aquí se come todo.

Ese 4% puede suponer las cáscaras de los huevos (si lo consideramos orgánico), unas espinas de pescado y lo que pueda quedar de yogurt en un envase vacío.

¿En España estamos, estáis, en crisis? Me pueden llamar…, puede que mucha gente lo esté pasando mal… pero ¿bajo qué parámetros? Como diría un clásico, qué vara utilizo para medir.

Muchas veces cuando llego a Madrid y tomo un taxi, el conductor me da la murga con lo mal que están aquí (en España) las cosas… la crisis…  Si en ese viaje hace poco que he pasado por las aldeas del interior (bueno no hace falta, en Luanda muchas veces no tenemos electricidad o no tenemos agua o incluso simultáneamente ninguna de las dos cosas) y alguna noche he tenido que dormir en el coche o algo así, le pregunto si en su casa tiene agua caliente, energía eléctrica y si sus hijos o nietos van al colegio todos los días… cuando me responde afirmativamente tengo dos opciones, echar una cabezada después de un vuelo nocturno de 8 horas pensando que ya estoy en casa o ser … y decirle que un 80 % (o más pero no quiero exagerar) de la población mundial no responde de forma afirmativa  simultáneamente a esas tres preguntas.

¿Entonces? ¿Realmente estamos en crisis? ¿Gestionamos bien?

Allá va  un doble salto “mortal” con pirueta, regreso a mis orígenes . El Estado Español (la sociedad occidental por extensión) ¿no necesita algún que otro retoque (profundo muy profundo)? ¿Los que estuvieron, se fueron y volvieron, los que ahora están aunque también se fueron… quieren, tienen ganas de ello? O se conforman con un poco de luz, un poco de agua y algo de educación…

En este salto casi me parto los tobillos al caer.

Ánimo Alex, ánimo Fernando, ánimo a todos los que seguís dando el callo.

Me gustaría que un día, al regresar, el % parte orgánica de basura fuera del 4%, no por pobreza sino porque democráticamente hemos progresado para alcanzar un verdadero estado del bienestar (4% de rechazo orgánico en la basura), me falta la unión, pero si lo cuelo me parto, al caer, no solo los tobillos sino también el espinazo.

Desde Luanda un abrazo.

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Dudas a mitad de camino


PensadorRodinNo a mitad del camino de la vida, el “mezzo del camin” que decía Dante, que creo que eso ya lo sobrepasé hace unos pocos años desde el punto de vista estadístico. Bien es verdad que la estadística no es la vida, aunque una vida pueda ser una estadística.

Dudas a mitad del camino de ese periodo de cuatro años, un mandato, que no una legislatura como les gusta decir a algunos, puede que por ignorancia, puede que por presunción, para el que has sido elegido cargo público con los votos de una fracción de tus vecinos.

Dudas de que la labor que desempeñas tenga o vaya a tener alguna transcendencia, de que el trabajo serio y más discreto de lo que uno quisiera debido al silencio al que le someten los partidistas medios locales, tenga alguna repercusión en el futuro, al menos en ese futuro casi inmediato que representan las próximas elecciones.

Dudas cuando ves cómo todos tus rivales, de unas u otras siglas, sea en el gobierno o sea como tú, en la oposición, recurren a la demagogia y al engaño continuo a los votantes y rehúsan mantener el mínimo rigor, la necesaria honestidad y el esencial  respeto a la verdad. Y dudas porque ves que, aún así, consiguen incrementar su apoyo o, al menos, no perder demasiado del que tuvieron.

Dudas cuando te parece que tu capacidad de trabajo o tu talento para hacer llegar el mensaje que quieres transmitir no están a la altura del reto. Cuando te parece que no siempre encuentras todo el apoyo que debieras por parte de quienes tienen asignada esa misión.

Dudas cuando ves que, como dice Savater, siempre Savater, en una situación de auténtico drama nacional, la mayoría de quienes eran apolíticos han pasado a ser antipolíticos en vez de asumir su parte de responsabilidad y meterse en política para cambiar las cosas desde dentro, que es la única forma de cambiarlas de verdad.

Dudas cuando observas que personas a las que consideras sensatas y equilibradas se declaran partidarias, al menos en teoría, de la coacción, el acoso y la violencia, por el momento sólo verbal, contra quienes no piensan como ellos con la excusa de que son los culpables de todos sus males. Cuando personas a las que consideras inteligentes y formadas defienden una visión del mundo simplista y maniquea en las que hay unos poderosos malvados dedicados a acosar a un ente llamado “pueblo”, que no se sabe exactamente quién lo compone, pero que es inocente y bondadoso por definición, y que si cometió algún error en el pasado fue inducido y engañado por los poderosos malvados.

Dudas cuando constatas que, a pesar de que tu opción sigue creciendo espectacularmente en las preferencias de los votantes, al decir de las encuestas, siguen siendo muy pocas, poquísimas, las personas que se animan a participar, a trabajar para que se impongan las ideas por las que dicen que están dispuestas a votar. Y dudas porque piensas que si tu partido llega a gobernar y no lo hace todo lo bien que se espera, esas mismas personas que lo han votado lo pondrán en la picota y negarán toda responsabilidad, lo mismo que hacen ahora con los que gobiernan o con los que gobernaron hasta hace nada.

Dudas, en fin, de todo y de todos. Es lo humano, al fin y al cabo. Pero tomas aliento, te despejas las telarañas y continúas con tu tarea, pues para eso has dado un paso al frente y para eso han confiado en tí o en las siglas que representas unos cuantos cientos de conciudadanos. Continúas, al menos, hasta el final de la etapa. Luego ya se verá.

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